{"id":474,"date":"2016-11-11T10:05:53","date_gmt":"2016-11-11T09:05:53","guid":{"rendered":"https:\/\/elasombrario.publico.es\/bonsauvage\/?p=474"},"modified":"2016-11-11T10:05:53","modified_gmt":"2016-11-11T09:05:53","slug":"mi-vecino-leonard-cohen","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elasombrario.publico.es\/bonsauvage\/mi-vecino-leonard-cohen\/","title":{"rendered":"Mi vecino Leonard Cohen"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_475\" style=\"width: 600px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-475\" class=\"size-medium wp-image-475\" src=\"https:\/\/elasombrario.publico.es\/bonsauvage\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/11\/tumblr_mtlihtXfd41qced37o1_1280-590x447.jpg\" alt=\"Leonard Cohen\" width=\"590\" height=\"447\" srcset=\"https:\/\/elasombrario.publico.es\/bonsauvage\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/11\/tumblr_mtlihtXfd41qced37o1_1280-590x447.jpg 590w, https:\/\/elasombrario.publico.es\/bonsauvage\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/11\/tumblr_mtlihtXfd41qced37o1_1280-768x582.jpg 768w, https:\/\/elasombrario.publico.es\/bonsauvage\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/11\/tumblr_mtlihtXfd41qced37o1_1280-1024x776.jpg 1024w, https:\/\/elasombrario.publico.es\/bonsauvage\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/11\/tumblr_mtlihtXfd41qced37o1_1280-160x120.jpg 160w, https:\/\/elasombrario.publico.es\/bonsauvage\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/11\/tumblr_mtlihtXfd41qced37o1_1280.jpg 1054w\" sizes=\"(max-width: 590px) 100vw, 590px\" \/><p id=\"caption-attachment-475\" class=\"wp-caption-text\">Leonard Cohen<\/p><\/div>\n<h5>POR ALBERTO VERGARA<\/h5>\n<h4><em>Alberto Vergara aprovecha su vecindad con Leonard Cohen en Montreal para realizar una acercamiento muy personal a su trayectoria letrada.<br \/>\n<\/em><\/h4>\n<p><em>Don\u2019t worry about me becoming an expatriate.<br \/>\nI could never stay away from Montreal.<br \/>\nI am a citizen of Mountain Street.<br \/>\n<strong>Leonard Cohen<\/strong><\/em><\/p>\n<p>Empujado m\u00e1s por la casualidad y el extrav\u00edo personal que por decisiones sopesadas, un d\u00eda fr\u00edo de hace varios a\u00f1os aterric\u00e9 en Montreal para hacer un doctorado en ciencia pol\u00edtica. No sab\u00eda casi nada de la ciudad, ni de la universidad a la que llegaba, mucho menos del programa acad\u00e9mico en el que estar\u00eda inscrito durante seis largos a\u00f1os y, peor aun, la \u00fanica certeza que ten\u00eda (en qu\u00e9 consist\u00eda hacer un Ph.D en ciencia pol\u00edtica) a la vuelta de algunos pocos meses se demostrar\u00eda bastante falsa. En realidad, lo \u00fanico que sab\u00eda, y acaso la \u00fanica fuente de ilusi\u00f3n al aterrizar en Montreal, era que esa isla medio franc\u00f3fona y medio angl\u00f3fona, helada, cat\u00f3lica pero tambi\u00e9n algo hebraica, y helada otra vez, era la ciudad, la isla, la patria de Leonard Cohen. Que ah\u00ed hab\u00eda nacido, que ah\u00ed hab\u00eda crecido, y que, aunque ahora pasaba largas temporadas en un templo budista, su casa segu\u00eda ah\u00ed, en esa isla donde, ya les digo, acababa yo de aterrizar con tan pocas certezas como poseen los fugitivos.<\/p>\n<p>Al empezar el doctorado pronto ca\u00ed en la cuenta de que la ciencia pol\u00edtica era mucha ciencia, poca pol\u00edtica y que a aquella disciplina alguien deb\u00eda haberle aplicado una severa limpia de emoci\u00f3n, car\u00e1cter, tripa. Arrastraba yo los pies entre los pasillos del m\u00e9todo cuando me cruc\u00e9 con una nota que Cohen hab\u00eda escrito mientras hac\u00eda cursos de posgrado en literatura inglesa exactamente cincuenta a\u00f1os antes que yo; hab\u00eda descrito la experiencia como \u00abpassion without flesh, love without climax\u00bb. Vaya punter\u00eda. Entonces empec\u00e9 a redescubrir a Leonard Cohen al tiempo que exploraba mi nueva ciudad, que era tambi\u00e9n la suya. Varias de sus canciones y poemas deslizaban gui\u00f1os a su car\u00e1cter insular, al puerto, a la monta\u00f1a, el Mont Royal, que se alza en pleno centro de la ciudad, como una joroba de la tierra y que, dependiendo de d\u00f3nde viva uno, cada d\u00eda se traga o escupe al sol. Pero fueron las novelas de Cohen las que terminaron de presentarme\u00a0 Montreal, vista, claro, desde el oeste angl\u00f3fono y jud\u00edo. En especial la primera, <i>El juego favorito<\/i> (1962), donde la ciudad no es solo el escenario por el cual Breavman y Krantz, los personajes principales, pasean y divagan, sino, sobre todo, una donde Montreal es un personaje adicional, complejo, que fui descubriendo desde la avenida Saint Laurent (The Main), la cual divide, sin aspavientos pero con la severidad que brinda la desconfianza, el este franc\u00f3fono del oeste angl\u00f3fono. Aquello que los quebecos llaman sabiamente <i>les deux solitudes<\/i>.<\/p>\n<p>Cohen parec\u00eda estar por todos lados. Varios amigos afirmaban haberlo visto muchas veces caminando por la ciudad, algunos aseguraban saber a qu\u00e9 caf\u00e9 acud\u00eda cuando estaba en la ciudad y hasta la mam\u00e1 de una amiga aseguraba haberse gastado un amor\u00edo de juventud con \u00e9l (claro que despu\u00e9s de leer una biograf\u00eda suya uno se pregunta qui\u00e9n qued\u00f3 a salvo del joven Leonard). \u00a1Y las mujeres de Montreal! Debido a alguna extra\u00f1a alquimia que en m\u00e1s de una noche quisimos descifrar con otros alunados, aqu\u00ed estaban las chicas m\u00e1s preciosas de este planeta, las mismas que hab\u00edan erotizado a perpetuidad a Cohen: Nancy, Suzanne, Marita, Judy, Anne\u2026 ah\u00ed estaban todas, ellas y su descendencia, y yo deambulaba por la ciudad con la esperanza adolescente (\u00a1Adolescencia, tierra arada por una idea fija!, dir\u00eda Octavio Paz) de una <i>lady of the harbour<\/i> que me llevase de la mano hacia el r\u00edo que rodea la ciudad y me ense\u00f1ase, a m\u00ed tambi\u00e9n, a distinguir entre la basura y las flores. Pero la omnipresencia coheniana lleg\u00f3 al punto m\u00e1s alto cuando mi gran amigo Marco se cas\u00f3 por el rito jud\u00edo. Jam\u00e1s hab\u00eda asistido a una de esas ceremonias por lo cual todo me resultaba nuevo y ex\u00f3tico. Hasta que habl\u00f3 el rabino\u2026 \u00a1pero si es Leonard Cohen!, por poco y grito. S\u00ed, lo s\u00e9, me hab\u00eda vuelto algo obsesivo con el tema, para entonces ya hab\u00eda pedaleado alguna vez hasta la casa de la familia Cohen en Belmont Avenue, sobre la ladera oeste de la monta\u00f1a (que ya hab\u00edan vendido). En fin, el punto es que de pronto en esa ceremonia irremediablemente ajena la voz del rabino reson\u00f3 familiar, amical, en realidad. Como la de Cohen. Luego supe que desde el siglo XIX los Cohen hab\u00edan sido figuras notabil\u00edsimas de la comunidad jud\u00eda montrealesa y canadiense y que el propio Leonard, quien nunca ha renunciado a su religiosidad ni identidad jud\u00eda y que iba para rabino, ten\u00eda que haber asistido a ese mismo templo. No era pura locura m\u00eda, ten\u00eda sentido, era una sinagoga en su barrio y esta era su ciudad mucho antes que la m\u00eda.<\/p>\n<p>Sin embargo, con el tiempo, el v\u00ednculo entre la ciudad y su poeta fue cediendo; la ciudad me era cada vez m\u00e1s familiar y, sobre todo, fui entendiendo mejor el car\u00e1cter de la obra de Leonard Cohen: densa, seria y tan humana que ser\u00eda errado y, m\u00e1s aun, injusto, observarla \u00fanicamente con las anteojeras de la coincidencia geogr\u00e1fica. Si cuando llegu\u00e9 a Montreal admiraba a Cohen, al irme de ah\u00ed me hab\u00eda convertido en un feligr\u00e9s de su decir. Y digo bien \u00absu decir\u00bb porque como muy pocos artistas se ha apoderado de la palabra con tal maestr\u00eda y hondura que es, insospechadamente, capaz de viajar de la canci\u00f3n a la novela, de la poes\u00eda al ensayo, y en cada g\u00e9nero hacer germinar, poderoso, su particular \u00abdecir\u00bb. Para la gran mayor\u00eda de quienes lo conocen, Cohen es un songwriter, una suerte de Bob Dylan menos rockero. Pero es m\u00e1s que eso. Su obra adquiere el \u00e9xito final a trav\u00e9s de su m\u00fasica, pero ella excede al g\u00e9nero: sus grandes temas est\u00e1n tan bien expresados en sus canciones como en las novelas y en los poemarios. No en vano se le entreg\u00f3 en 2011 el Premio Pr\u00edncipe de Asturias de las Letras. Es, creo, un caso \u00fanico.<\/p>\n<p>En 1966 Leonard Cohen apenas ten\u00eda 32 a\u00f1os pero ya era un gran escritor canadiense, y de los j\u00f3venes ni se diga, el m\u00e1s importante. Tanto que desde 1964 la Universidad de Toronto hab\u00eda comenzado a pagar dinero por sus archivos (ah\u00ed siguen). Sus tres primeros poemarios, <i>Comparemos mitolog\u00edas<\/i> (1956), <i>La caja de especias de la Tierra<\/i> (1961), <i>Flores para Hitler<\/i> (1964); y sus novelas <i>El juego favorito<\/i> (1963) y <i>Los hermosos vencidos<\/i> (1966) lo convirtieron en una figura mayor de las letras canadienses. El documental Ladies and Gentlemen\u2026 Mr. Leonard Cohen, de 1965, es un material extraordinario para entender a ese talentos\u00edsimo y exitoso escritor quien todav\u00eda no hab\u00eda pisado ni por casualidad un estudio de grabaci\u00f3n. Llena auditorios, hace re\u00edr con interludios de stand up comedy, y cuando recita en los bares, dice un amigo, hasta las meseras dejan de atender a los parroquianos, cautivadas ante el poeta. Como los artistas con una gran obra, sus temas y obsesiones ya est\u00e1n completos en aquellos primeros libros, pegando empellones contra los linderos de los g\u00e9neros literarios y a la b\u00fasqueda de la forma id\u00f3nea de expresi\u00f3n. Seg\u00fan la biograf\u00eda de Ira Nadel (<i>Various Positions. A Life of Leonard Cohen<\/i>), despu\u00e9s de haber vivido casi una d\u00e9cada en Hydra, una isla griega, Cohen descubri\u00f3 en 1966 a un tal Bob Dylan y qued\u00f3 azorado con lo que el folk-rock hab\u00eda conseguido mientras \u00e9l escrib\u00eda a orillas del Mediterr\u00e1neo, y fue as\u00ed que ese a\u00f1o le anunci\u00f3 a sus amigos montrealeses que, cansado de ser muy reconocido literariamente pero de no poder pagarse la vida que quer\u00eda, hab\u00eda decidido ser el Bob Dylan canadiense. Y se fue a Manhattan, al Chelsea Hotel como todos, a ser rechazado por Nico como casi todos. Pero, al menos, Lou Reed lo reconoci\u00f3 y le pidi\u00f3 que le firmase su ejemplar de Flores para Hitler. Solo en 1968 apareci\u00f3 su primer disco. Y, por cierto, para culminar su condici\u00f3n de figura principal de las letras, ese mismo a\u00f1o se le concedi\u00f3 el mayor reconocimiento literario que otorga el Estado canadiense (que Cohen rechaz\u00f3, pero esa es otra historia).<\/p>\n<p>Patti Smith, otra incre\u00edble escritora metida en lo de cantar y escribir canciones, afirma en su precioso libro sobre su relaci\u00f3n con el fot\u00f3grafo Robert Mapplethorpe (<i>\u00c9ramos unos chicos<\/i>) que, a diferencia de Mapplethorpe, a ella nunca le atrajo el trabajo de Andy Wharhol pues su arte buscaba reproducir la sociedad y ella, en realidad, quer\u00eda un arte que, como el de Bob Dylan (siempre llegamos a Roma), la revolucionase. El arte como reproducci\u00f3n y el arte como transformaci\u00f3n. Cohen no es ni lo uno ni lo otro. Su obra no pasa por la sociedad, m\u00e1s bien uno dir\u00eda que est\u00e1 al margen de ella (I\u2019m neither left nor right, I\u2019m just staying home tonight) y ella solo se explica desde la soledad y para la soledad, abocada a superar incendios del alma que nada tienen que ver con esta sociedad ni con ninguna otra. Desde su primer libro de poemas, su arte permanece atado a la religiosidad m\u00e1s que a la religi\u00f3n y a un particular misticismo. Cuando su editor le pregunt\u00f3 a qu\u00e9 se parec\u00eda su segunda novela, el joven Cohen respondi\u00f3 \u00abA los ejercicios espirituales de san Ignacio\u00bb. Y no bromeaba. Es una obra ser\u00edsima y extra\u00f1a en nuestros d\u00edas.<\/p>\n<p>Hay dos piezas que me parecen capturar lo esencial de su obra. La segunda novela, <i>Los hermosos vencidos<\/i>, y la canci\u00f3n <a href=\"https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=LqShebAkMQE\">\u00abJoan of Arc\u00bb<\/a>. <i>Los hermosos vencidos<\/i>, un libro tan experimental como refinado, casi poes\u00eda en prosa y que no por serio prescinde del humor, narra la historia de dos atormentados amigos buscando, sin saberlo, alg\u00fan sentido de salvaci\u00f3n. Pero no son Cristo ni Krishna: son hombres de a pie, montrealeses de un mundo que los soci\u00f3logos dir\u00edan des-encantado y que tientan re-encantarse por alguna v\u00eda. Como en toda la obra de Cohen, el sexo y la religi\u00f3n son el medio para ello. No estamos ante un budismo barato, se trata de una b\u00fasqueda aut\u00e9ntica desde Occidente, que se hunde en el juda\u00edsmo y el catolicismo, y desde formas literarias bastante vanguardistas para la \u00e9poca. Uno de estos personajes, a su vez, nos narra la vida de Catherine Tekakwitha, una aborigen del siglo XVII en una comunidad cat\u00f3lica. Ella se convierte en la m\u00e1s entregada de las devotas y sin que nadie lo sepa se envuelve en espinas de cactus, deja de comer, se entrega sin l\u00edmites a Cristo. Tekakwitha es el rastro de un mundo que alguna vez estuvo encantado. Cohen percibe algo bello e importante en aquel tormento, pleno de convicci\u00f3n, y que ser\u00eda ordinario e irrespetuoso descartar como masoquismo. Cohen es, en todos esos relatos, el predicador de una secta cargada m\u00e1s de emociones y met\u00e1foras que de liturgias. Sus personajes, siempre enloquecidos por alg\u00fan deseo, parecen anhelar cruzarse con semejante autor, con ese pastor. Y algo similar ocurre en \u00abJoan of Arc\u00bb (del \u00e1lbum <i>Songs of Love and Hate<\/i>, de 1972), una de las canciones m\u00e1s serias y bellas de la historia. Nuevamente, una mujer joven, dominada por el deseo irrefrenable de una convicci\u00f3n, trasciende a trav\u00e9s del martirio. Cohen nos narra ah\u00ed la boda entre el fuego y Juana de Arco. Se cortejan, el fuego declara amar la soledad y el orgullo de aquella hero\u00edna, y ella se interna en las brasas cuando entiende con claridad que si \u00e9l es fuego ella debe ser le\u00f1a. El narrador m\u00edstico, luego de verla arder llena de amor y gloria en los ojos, termina confes\u00e1ndonos proseguir en la b\u00fasqueda de luz y amor, pero se pregunta con una perplejidad religiosa que resume bien toda su obra: \u00abBut must it come so cruel, and though so bright?\u00bb. Su universo es el de la introspecci\u00f3n y el anhelo \u00faltimo de la salvaci\u00f3n es escaso, raro, y puede ser bello y cruel. Debo decir que algo de alivio planea en su \u00faltimo disco (<i>Old Ideas<\/i>, 2012), como cuando canta \u00abAnd none of us deserving\/ the cruelty of the grace\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div id=\"attachment_477\" style=\"width: 600px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-477\" class=\"size-medium wp-image-477\" src=\"https:\/\/elasombrario.publico.es\/bonsauvage\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/11\/leonard-cohen-590x393.jpg\" alt=\"Leonard Cohen\" width=\"590\" height=\"393\" srcset=\"https:\/\/elasombrario.publico.es\/bonsauvage\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/11\/leonard-cohen-590x393.jpg 590w, https:\/\/elasombrario.publico.es\/bonsauvage\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/11\/leonard-cohen-768x512.jpg 768w, https:\/\/elasombrario.publico.es\/bonsauvage\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/11\/leonard-cohen-1024x682.jpg 1024w, https:\/\/elasombrario.publico.es\/bonsauvage\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/11\/leonard-cohen.jpg 1921w\" sizes=\"(max-width: 590px) 100vw, 590px\" \/><p id=\"caption-attachment-477\" class=\"wp-caption-text\">Leonard Cohen<\/p><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ya les digo, me hab\u00eda convertido en feligr\u00e9s de su decir pues al formar parte del mundo des-encantado uno agradece siempre un poco de agua m\u00edstica sobre el erial del ate\u00edsmo. Hacia el \u00faltimo tramo del doctorado deb\u00eda mudarme. Un buen amigo me contact\u00f3 con una conocida suya que buscaba alquilar su departamento a alguien de confianza, pues no quer\u00eda que le tocase en suerte un inquilino como la precedente, una francesa que se lo hab\u00eda hecho a\u00f1icos. A cambio de alguien considerado estaba dispuesta a recibir un poco menos del alquiler normal. Me ofrec\u00ed, acept\u00f3, me mud\u00e9. El departamento estaba inmejorablemente ubicado, ten\u00eda unos enormes ventanales a la calle y un escritorio que recib\u00eda toda la luz que se precisa para atravesar con \u00e9xito el valle de l\u00e1grimas de la tesis doctoral. Pero lo m\u00e1s inquietante de aquel departamento sobre la calle Saint Dominique era que a unos cincuenta metros estaba la actual casa de Leonard Cohen en Montreal, una imponente edificaci\u00f3n en piedra en una callecita angosta, entre Saint Dominique (mi calle) y Saint Laurent (The Main), y frente a un peque\u00f1o y apacible parque, el Parque Portugu\u00e9s. \u00c9ramos vecinos.<\/p>\n<p>Pero nunca me lo cruc\u00e9. Aun cuando al salir de casa pensaba con ansia adolescente (\u00a1Adolescencia, tierra arada por una idea fija!) que me dar\u00eda de bruces con \u00e9l en la tiendita de la esquina o en el Bagel Etc. (el caf\u00e9 cercano donde dice la leyenda suele sentarse a beber algo), nunca ocurri\u00f3. Pero hay algo peor, ni siquiera lo vi tocar en Montreal. Me hab\u00eda resignado a que esa ser\u00eda la \u00fanica forma de verlo en nuestra ciudad. Lo cual era parad\u00f3jico pues al llegar a Montreal no hab\u00eda esperanzas de asistir a un espect\u00e1culo suyo ya que todos sab\u00edamos que Cohen estaba retirado en un monasterio zen, y que siendo alguien con m\u00e1s de setenta a\u00f1os y sin haber cantado por m\u00e1s de diez, las posibilidades de que volviese a un escenario eran nulas. Pero, mientras el pobre meditaba en aislamiento, su representante tuvo a mal despojarlo de todo el dinero que pose\u00eda. (Los detalles del episodio est\u00e1n en la nueva biograf\u00eda de Cohen escrita por Sylvie Simmons, <i>Soy tu hombre. Vida de Leonard Cohen<\/i>. Por cierto, ya que estamos en un par\u00e9ntesis, no era la primera vez que Cohen sufr\u00eda a un brib\u00f3n de estos pues muchos a\u00f1os antes cedi\u00f3 sin saber los derechos de su hit \u00abSuzanne\u00bb, y solo pudo recuperarlos dos d\u00e9cadas despu\u00e9s). En fin, gracias a la sabandija de su representante, Cohen debi\u00f3 dejar el monasterio y volver a hacer conciertos. As\u00ed, con 74 a\u00f1os, regres\u00f3 a las giras. Compr\u00e9 boletos para el recital de 2008, tambi\u00e9n para el de 2012. Las dos veces unas conferencias a las que no pod\u00eda faltar me sacaron de Montreal.<\/p>\n<p>Pero nadie me quita haber sido su vecino. De vez en cuando me sentaba a leer en una banca del Parque Portugu\u00e9s delante de su casa (en una de esas se pod\u00eda captar alg\u00fan movimiento extra\u00f1o, un indicio de algo\u2026 un poco stalker, si quieren, no me ofendo). Recuerdo haber estado leyendo ah\u00ed una vez cuando una gu\u00eda tur\u00edstica y un grupo de se\u00f1oras se sentaron en una banca frente a la m\u00eda. Hac\u00edan un alto en lo que deb\u00eda ser un largo d\u00eda de visitas y caminatas. Mientras sacaban de las bolsas sus viandas grasientas la gu\u00eda les inform\u00f3: esa de ah\u00ed es la casa de Leonard Cohen. Las cuatro se miraron con cara de signo de interrogaci\u00f3n: \u00abWho?\u00bb. La gu\u00eda les repiti\u00f3 el nombre e insisti\u00f3, seguro que lo conocen, afirm\u00f3, y acto seguido empez\u00f3 a tararear \u00abHallelujah\u00bb. \u00a1Ah!, exclamaron al un\u00edsono las cuatro engrasadas se\u00f1oras, \u00a1la canci\u00f3n de Shrek! \u00abBeautiful\u00bb, agreg\u00f3 una, y otra recit\u00f3 los versos iniciales. En mi banca, mientras tanto, me retorc\u00ed producto de un ataque de indignado esnobismo. \u00a1Shrek! Una vida dedicada a la literatura para que cuatro gordas pelotudas reconozcan a Cohen porque la canci\u00f3n, que le tom\u00f3 cinco a\u00f1os escribir, apareci\u00f3 en un dibujo animado, \u00a1y encima en una versi\u00f3n que ni siquiera canta el propio Cohen! Hab\u00eda que ver hasta d\u00f3nde se descarrilaba la civilizaci\u00f3n. Sin embargo, unos pocos minutos pasaron y se llevaron mi idiotez (al menos parte de ella) para caer en la cuenta de que, en realidad, era maravilloso que esas se\u00f1oras reconocieran la canci\u00f3n, y hasta supieran algunos versos. La cultura popular, y el rock en particular, adquieren toda su importancia cuando sus mejores creaciones llegan a millones de personas. Cuando los grandes temas se encuentran, sin hipotecas ni embargos, con el gran p\u00fablico. Esa es la promesa del mejor rock and roll. Y eso fue Cohen desde un inicio, incluso antes de cantar. Lo mejor de ser su vecino \u2013como de cualquier otro grande, imagino\u2013, es que uno est\u00e1 obligado a sufrir un cotidiano maretazo de humildad, pues al pasar frente a su casa, recuerda inevitablemente que por m\u00e1s empe\u00f1o que le pongamos a nuestro trabajo nada de \u00e9l sobrevivir\u00e1, que es transparentemente insignificante, y que mal hacemos en cultivar vanidades; que aquellas se\u00f1oras no est\u00e1n por debajo ni por encima de nadie, que los que est\u00e1n por encima de todos son unos poquitos, y que si nosotros no habremos de dejar ninguna huella de esta aventura, en un par de siglos, en cambio, habr\u00e1 siempre alguien en alg\u00fan lugar cantando los versos que aquellas turistas pod\u00edan recordar sin siquiera saber qui\u00e9n era Cohen, \u00abI\u2019ve heard there was a secret chord\/ that David played and it pleased the Lord\u2026\u00bb.<\/p>\n<p>Hace tres meses vi a Leonard Cohen en Boston, en un teatro espl\u00e9ndido y abarrotado las dos noches. Ya no hago un doctorado en Montreal, ya no vivimos en la misma ciudad, ya no es mi vecino. Pero ah\u00ed estaba el viejo amigo, 78 a\u00f1os. Nos informa que quiere seguir viviendo porque planea empezar a fumar a los 80. Tres horas de concierto, con un disco nuevo estupendo, vivo y excitado como si reci\u00e9n volviese de Hydra. \u00abThanks for keeping my songs alive\u00bb, suele decirle a los auditorios. Y a nosotros solo nos queda ponernos de pie despu\u00e9s de casi cada canci\u00f3n. \u00bfQu\u00e9 le agradece la gente? Aunque Cohen se burla de s\u00ed mismo y arranca risas del p\u00fablico cuando nos pide disculpas por la depresiva sesi\u00f3n que nos est\u00e1 endilgando, en realidad la gente agradece la seriedad de su obra. Alguna vez Cohen declar\u00f3 \u00abLa sociedad contempor\u00e1nea confunde la depresi\u00f3n con la seriedad, a m\u00ed me gusta la seriedad. Para m\u00ed, ser serio es estar en paz y relajado\u00bb. Eso es la obra de Cohen, una obra seria y considerada, que como el mejor arte est\u00e1 destinado a que nos asomemos a los acertijos de la existencia sin los cepos de la beater\u00eda, que dialoguemos con nosotros mismos de una manera que ya no es com\u00fan en la sociedad contempor\u00e1nea y, menos aun, en el arte masivo. Despu\u00e9s de todo, pienso ahora, mi mam\u00e1 no estaba tan despistada cuando al o\u00edr que su hijo de dieciocho a\u00f1os pon\u00eda una y otra vez los discos de Leonard Cohen exclamaba desde cualquier punto de la casa, con igual dosis de preocupaci\u00f3n que de iron\u00eda: \u00ab\u00bfQu\u00e9? \u00bfSeguimos con el hombre que reza?\u00bb. Seguimos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>POR ALBERTO VERGARA Alberto Vergara aprovecha su vecindad con Leonard Cohen en Montreal para realizar una acercamiento muy personal a su trayectoria letrada. Don\u2019t worry about me becoming an expatriate. I could never stay away from Montreal. I am a citizen of Mountain Street. Leonard Cohen Empujado m\u00e1s por la casualidad y el extrav\u00edo personal [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":96,"featured_media":475,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[107,235,54],"tags":[236,237,238],"class_list":["post-474","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-buensalvaje","category-musica","category-opinion","tag-leonard-cohen","tag-montreal","tag-premio-principe-de-asturias"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/elasombrario.publico.es\/bonsauvage\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/474"}],"collection":[{"href":"https:\/\/elasombrario.publico.es\/bonsauvage\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/elasombrario.publico.es\/bonsauvage\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elasombrario.publico.es\/bonsauvage\/wp-json\/wp\/v2\/users\/96"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elasombrario.publico.es\/bonsauvage\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=474"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/elasombrario.publico.es\/bonsauvage\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/474\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elasombrario.publico.es\/bonsauvage\/wp-json\/wp\/v2\/media\/475"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/elasombrario.publico.es\/bonsauvage\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=474"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/elasombrario.publico.es\/bonsauvage\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=474"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/elasombrario.publico.es\/bonsauvage\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=474"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}