{"id":535,"date":"2017-02-08T10:48:14","date_gmt":"2017-02-08T09:48:14","guid":{"rendered":"https:\/\/elasombrario.publico.es\/bonsauvage\/?p=535"},"modified":"2017-02-09T10:52:24","modified_gmt":"2017-02-09T09:52:24","slug":"richard-parra-borges-arguedas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elasombrario.publico.es\/bonsauvage\/richard-parra-borges-arguedas\/","title":{"rendered":"Arguedas, Borges: signos y mitos"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<div id=\"attachment_536\" style=\"width: 600px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-536\" class=\"size-medium wp-image-536\" src=\"https:\/\/elasombrario.publico.es\/bonsauvage\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/02\/Arguedasborges_Jorge-Luis-Borges.-Fotograf\u00eda-de-Diane-Arbus-590x609.jpg\" alt=\"\" width=\"590\" height=\"609\" \/><p id=\"caption-attachment-536\" class=\"wp-caption-text\">Fotograf\u00eda de Diane Arbus<\/p><\/div>\n<h4>\u00a0<strong><em>A partir de la ciertos aspectos m\u00e1gicos y m\u00edticos, Richard Parra compara algunos elementos de la narrativa de Borges y de Arguedas.<\/em><\/strong><\/h4>\n<h5><strong>Por Richard Parra<\/strong><\/h5>\n<h5>UNO<\/h5>\n<p>En \u201cEl Aleph\u201d (1945), Borges ironiza sobre un escritor de la llamada literatura de la tierra: Carlos Argentino Daneri, un enloquecido poeta obsesionado con representar el mundo entero. En concreto, un objeto no sabemos si emp\u00edrico o ilusorio: el Aleph.<\/p>\n<p>El cuento mezcla ensayo, cr\u00f3nica cultural, cr\u00edtica metaliteraria, literatura fant\u00e1stica, una pat\u00e9tica historia de celos por Beatriz Viterbo, y un manifiesto esc\u00e9ptico de la solidez de la memoria.<\/p>\n<p>La cr\u00edtica formal borgiana denuncia la tediosa po\u00e9tica de Daneri, su manierismo, su barroquismo, su realismo ingenuo, su huachafer\u00eda, pero tambi\u00e9n su car\u00e1cter libresco, artificioso. No hay que negarlo: la cr\u00edtica de Borges nace del despecho masculino. De cierto terror al incesto entre Daneri y Beatriz, de quien se expresa peyorativamente por sus obscenas y \u201cpatol\u00f3gicas\u201d cartas.<\/p>\n<p>El Borges personaje no ostenta deseos carnales, ni afectaciones. Estil\u00edsticamente, rechaza lo cursi del modernismo finisecular. Niega lo h\u00famedo, el descontrol corporal y psicol\u00f3gico, la pulsi\u00f3n de muerte (como no lo negaron Sor Juana, Virginia Woolf o Mart\u00edn Ad\u00e1n).<\/p>\n<p>El artificio es transmitir el infinito Aleph a trav\u00e9s de una memoria que ans\u00eda contenerlo todo y que se angustia con la amenaza o deseo inconsciente del olvido. Pero en \u201cEl Aleph\u201d la memoria no alude a la lengua, la cultura, el terror patriarcal, la tradici\u00f3n local, los mitos colectivos, como las memorias hist\u00f3ricas de los pueblos incas o mapuches, sino a una memoria como facultad de almacenar y clasificar desde una individualidad cient\u00edfico t\u00e9cnica. La angustia es por la p\u00e9rdida del dominio global.<\/p>\n<p>El Aleph es un repertorio, un collage, no el sustento del ser, como Spinoza defini\u00f3 a la Naturaleza (Dios). As\u00ed, la letra borgiana despojada de su concepci\u00f3n m\u00edtica (filtrada por una racionalidad enciclop\u00e9dica colonial-brit\u00e1nica) borra los matices. Es pan\u00f3ptica: lo observa todo.<\/p>\n<p>Parad\u00f3jicamente, el Aleph es la m\u00e9dula de un hipot\u00e9tico universo de arbitrariedad, de libre asociaci\u00f3n. Pero el caos es un espejismo. Una ilusi\u00f3n kantianamente administrada.<\/p>\n<p>Ahora bien, la famosa enumeraci\u00f3n del Aleph se asocia a un imaginario imperial (un eurocentrismo desmantelado ya por Gombrowicz en sus inolvidables <em>Diarios). <\/em>Viendo el Aleph, por ejemplo, el narrador ve el populoso mar (sost\u00e9n geopol\u00edtico de los Imperios), \u201clas muchedumbres de Am\u00e9rica\u201d (no los individuos libres), la \u201cnegra\u201d pir\u00e1mide, un laberinto (apropiado colonialmente) en Londres. Aun m\u00e1s, Daneri (y su doble dial\u00e9ctico Borges) ejerce una acumulaci\u00f3n literaria originaria.<\/p>\n<p>Se imagina Quer\u00e9taro, Bengala, Alkmaar, el Mar Caspio, Mirzapur, tigres, bisontes, astrolabios persas. Botines coloniales expoliados por un imperio infinito. Es un collage que expresa un dominio tan excesivo que el narrador declara, con borgiana iron\u00eda, que no puede contemplar el inconcebible universo. Es, as\u00ed, una utop\u00eda art\u00edstica leviat\u00e1nica como lo indica su ep\u00edgrafe, con sue\u00f1os pol\u00edticos totalitarios como los expuestos en la cita de Hamlet que abre el relato.<\/p>\n<h5>DOS<\/h5>\n<p>Jos\u00e9 Mar\u00eda Arguedas, en <em>Los r\u00edos profundos<\/em> (1958) describe un \u201cobjeto\u201d m\u00e1gico, el Zumbayllu, en ciertos superficiales aspectos af\u00edn, pero substancialmente distinto, del Aleph. A diferencia de este, que se dise\u00f1\u00f3 por medio del formalismo, el simulacro colonial y la apariencia, el Zumbayllu integra al universo sagrado andino, las palabras y la m\u00fasica que otorgan sentido a la existencia social. Expresa lo que Giordano Bruno defini\u00f3 como el alma del mundo (<em>anima mundi<\/em>). Es un ser vivo.<\/p>\n<p>El Zumbayllu no es un dispositivo con alcances globales, tampoco un souvenir folkl\u00f3rico. No proyecta simulacros, las ficciones del indigenismo de las que habl\u00f3 Vargas Llosa. El Zumbayllu se constituye de voces vivas, de cuerpos. No es una herramienta misionera, creadora de un mestizaje subalterno.<\/p>\n<p>Como el Aleph, es una materia perteneciente al mundo de la infancia de los narradores (ambos son signos y mitos fundacionales de narrativa), pero el Zumbayllu no est\u00e1 oculto en un s\u00f3tano. No es propiedad privada como cuando Daneri habla de \u201cmi Aleph\u201d. El Zumbayllu es un agitador social, revolucionario. Su correlato es el Yawar Mayu, el r\u00edo de sangre.<\/p>\n<p>La misma palabra Zumbayllu incluye en su definici\u00f3n el t\u00e9rmino \u201cayllu\u201d, comunidad, y una econom\u00eda andina colectivista. Su sentido moral engloba el bien y el mal. Produce goce, protege contra el rencor y la melancol\u00eda. Pero acompa\u00f1a a la peste.<\/p>\n<p>El Zumbayllu tampoco es un objeto teol\u00f3gico, cristiano, por eso fue perseguido por los misioneros coloniales. Es una \u201chuaca\u201d, un objeto de adoraci\u00f3n popular definido por el Inca Garcilaso en sus <em>Comentarios Reales.<\/em> Est\u00e1 asociado a los ciclos de fertilidad, al erotismo, al culto a la Pachamama, al sacrificio.<\/p>\n<p>No es la representaci\u00f3n de un universo esf\u00e9rico, calculado, sino un principio metaf\u00edsico, animador impredecible de un mundo no reducido por la abstracci\u00f3n. Aunque el Aleph est\u00e9 asociado a una mujer (Beatriz) y a un espacio homosocial, la sexualidad aparece disciplinada, recortada por el victorianismo borgiano.<\/p>\n<p>Desde La \u00c9tica de Spinoza, el Zumbayllu alude a la <em>Natura naturans<\/em>, la naturaleza animadora de la memoria hist\u00f3rica y corporal, creadora proteica, generatriz de una metamorfosis, que esclarece la conciencia pol\u00edtica del protagonista Ernesto, conciencia que lo lleva a enfrentarse al colonialismo. El Aleph, por el contrario, ilustra el neocolonialismo de Bacon: el mundo es la totalidad matem\u00e1tica de la naturaleza, una oscuridad que debe ser iluminada.<\/p>\n<p>A d\u00e9cadas de propuestas estas matrices po\u00e9ticas, no exentas de vasos comunicantes, sus seguidores siguen debatiendo. La crisis de los proyectos indigenistas, su reducci\u00f3n a realismo m\u00e1gico, la producci\u00f3n industrial de un realismo televisivo, el anquilosamiento intelectual del posmodernismo borgiano exigen repensar en paralelo aquellos motivos literarios, el Aleph y el Zumbayllu, innegables horizontes formativos de la cultura literaria latinoamericana y mundial.<\/p>\n<p><strong>Richard Parra<\/strong> (Comas, 1977) es autor de <a href=\"http:\/\/demipage.com\/tienda\/\"><em>Los ni\u00f1os muertos<\/em> <\/a>y <a href=\"http:\/\/demipage.com\/tienda\/product.php?id_product=133\"><em>Necrofucker\/La pasi\u00f3n de Enrique Lynch<\/em><\/a> (Demipage).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; \u00a0A partir de la ciertos aspectos m\u00e1gicos y m\u00edticos, Richard Parra compara algunos elementos de la narrativa de Borges y de Arguedas. 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