Nacho Vegas emprende nueva etapa con ‘Mundos inmóviles derrumbándose’

El músico Nacho Vegas. Foto: Asis Ayerbe.

‘Mundos inmóviles derrumbándose’ es el nuevo trabajo de Nacho Vegas, un disco que no descubre facetas novedosas, sino que ahonda en su personal universo creativo. Gobernado por medios tiempos, la lúcida pluma de Vegas sigue volando con pulso firme en un océano de calma chicha y turbulencias bajo la superficie, entre el dolor pesaroso de la existencia y la esperanzada ternura, donde las muertes, físicas o sentimentales, conviven con algún que otro grito de guerra anticapitalista. Un trabajo con el que estrena discográfica y donde le secunda una nueva banda de acompañamiento, visto que León Benavente ya tiene demasiado trabajo por mérito propio. Entrevistamos al asturiano.  

Tu anterior lanzamiento, el recopilatorio de EP y caras B, ‘Oro, salitre y carbón’, se anunció como un cierre de etapa. ¿Este disco, en nuevo sello, supone entonces el comienzo de otra?

Aquel fue un poco un disco de transición, ahora se inicia una temporada con Oso Polita que espero que sea muy larga. Para mí, los 10 años de Marxophone fueron de aprendizaje de dinámicas de trabajo muy diferentes a las que venía haciendo con un sello tradicional; aprendí, a base de hostias, a ponerme en la piel de la gente que trabaja en el otro lado. Así, intentar valorar, por ejemplo, que cuando haces promoción y te tienes que levantar a las seis de la mañana y no te apetece, saber que hay una persona detrás trabajando por ello. Que para que salgan las giras y los discos no solo hacen falta canciones y músicos. Aprendí a ser consciente de eso y a crear dinámicas de trabajo más sanas, más cariñosas y más honestas. Pero a la vez todo aquel trabajo era muy cansado y costoso y quería probar con otro sello; ha sido una despedida muy cariñosa, aunque tuvo algo de triste y dura. También se dieron a la par otras circunstancias: cuando empezamos los ensayos de Violética yo ya sabía que iba a ser el último disco con los leones en la banda; era obvio que merecían ser mucho más que mi banda y habían hecho su segundo disco y estaban ya muy arriba, casi no hubo ni que hablarlo. Me encontré sin banda, con una oficina nueva, fue un buen momento para hacer balance de lo vivido con gente a la que quiero muchísimo, pero que ya no iba a trabajar con ellos.

Y a la vez estalló la pandemia. ¿Hasta qué punto tus nuevas canciones se impregnan de esos acontecimientos?

El hecho de partir de cero, de reconstruir la banda, de empezar con el sello y la agencia no influye directamente a la hora de escribir canciones, que se hace desde la intimidad y desde cierta soledad y lucidez, intentando meterte en aquellos primeros momentos en que empezaba a escribir canciones y no sabía si le iban a interesar a alguien; intentaba escribir desde ese estado de inocencia, para mí es necesario: hay que ser un poco inocente para escribir una canción. Me planteé que tenía un repertorio y que podía dar lugar a un disco cuando empecé a pensar en lo que eso conllevaba, un equipo con el que llevarlo a cabo. Claro, no esperaba que nos pillase en medio una pandemia y eso afectó al proceso de una manera negativa, lo alargó, querría haber sacado el disco antes, pero las cosas suceden como tienen que suceder, fue un bloqueo que a todos nos trastocó mucho la vida. Yo ni tan mal, porque el confinamiento empezó a los dos meses de terminar la gira de Violética, pero a otros les pilló en plena gira o nada más habían sacado el disco.

Y llega un momento en el que sabes que tienes un disco entre las manos.

Sabes que tienes una serie de canciones que son importantes. En abril del año pasado me fui a un pueblín del Occidente asturiano a desatascar la cabeza, porque sentía que no tenía disco, y salí de allí con las canciones necesarias para decirle al grupo: ya tenemos disco. Y eso que todavía no tenía todas las canciones escritas. Pero algunas canciones ya las sentía centrales, importantes en esta fase de mi vida, y en torno a ellas podía hacer un disco. Claro que el hecho de que no tuviera la banda totalmente formada, que estuviésemos probando nuevas dinámicas de funcionamiento, hizo que fuera más prudente y, en vez de hacer una criba, es la primera vez que, en lugar de grabar más canciones de las que entran en el disco y que luego uso para algún EP posterior o así, solo saqué las diez que iban a ir, quería poner el foco en ellas. Fue un poco arriesgado, porque al final nos tiraron para atrás una de ellas, la versión de John Prine, pues resulta que hay un coautor de la canción vivo y se negó a darnos los derechos de adaptación. En el disco físico sale porque ya estaba en fábrica, pero en plataformas no está.

Vaya, lo del ‘Muerre’l Branu’ (original ‘Summer’s end’) ha sido un revés, y eso que tú ya tenías callo en adaptaciones.

Es raro, porque he hecho otras adaptaciones, de Townes Van Zant, de Leonard Cohen, y siempre cedes los derechos, que van al autor original, y todo es una especie de trámite. Entiendo que se revise la adaptación, por si vas a reírte de la canción, o del autor, o yo qué sé, pero en este caso la adaptación está hecha con cariño, el estribillo es bastante literal, en las estrofas tiene más mano Pablo Texón, un escritor asturiano que admiro mucho y tenía muchas ganas de colaborar con él, es el traductor de Carver al asturiano, que por cierto también está en el disco. Cuando empezó le dije que me interesaba más el Pablo Texón escritor que el traductor, e hizo una versión muy libre de las estrofas, aunque el estribillo mantenía el espíritu. Pero nos la tiraron para atrás. Nos ofrecimos a cambiar la letra y hacerla más literal, pero no pudo ser, no sé muy bien por qué.

¿Y en qué medida está Carver en el disco?

Meto un poema en el libreto, The gift; de él saqué el título de una de las canciones, El don de la ternura. No está sacado el poema de la traducción oficial que hace aquí Anagrama, sino de una argentina, la traducción de gift como don me parecía más acertada que como regalo. En otros discos míos hay guiños a Carver, me gusta sobre todo su poesía, creo que durante mucho tiempo estuvo infravalorada, era muy venerado solo por sus relatos.

De una manera indirecta está también Ana Tijoux; a priori la rapera chilena diríase que está más alejada de tu universo que Carver.

Me gusta mucho la manera de escribir que tiene. Yo tenía un verso inicial de una canción, Big Crunch, pero, escuchando a Ana Tijoux, me di cuenta de que ella tenía un verso que era parecido, pero mucho más bonito que el mío (“No te tenemos miedo, tenemos vida y fuego”) y por eso se lo pedí prestado… Precisamente ella iba a grabar en la Casamurada, pero se tuvo que ir a Chile por algún imprevisto y dejó ese hueco, que lo usamos nosotros para grabar. En ese momento, a través de un amigo común, le pedí permiso para usar su verso, que es mejor que el mío y, como es tan maja, me lo dejó.

Entre los colaboradores participan artistas tan dispares como Mursego y Mancha `E Plátano.

Maite ArroitajauregI es la bomba, lleva publicando desde hace años como Mursego, tendrá ya cuatro álbumes, ella y otra amiga hicieron la BSO de Akelarre, por la que se llevaron un Goya, toca muchos instrumentos, pero el principal es el chelo. La conozco hace muchos años, colaboró mucho en Fundación Robo, hicimos algunas actuaciones en directo. Lo de Mancha `E Plátano, verás, todo empezó porque a los tres productores del disco, Cristian, Hans y Ferrán, y a mí nos fascina un disco de Willie Nelson, Teatro, que contiene alguna de sus canciones míticas, pero con una interpretación muy particular, incorpora ritmos latinos, a veces hay dos baterías, a veces hay bajos hechos con harmónicas, cosas muy curiosas, y decidimos que La flor de la manzana tuviera un aire a ese disco, y ahí se cruzó Mancha `E Plátano, que conocí gracias a Cristian; yo soy totalmente lego en esto de los ritmos afrocaribeños, me explicaron de muchos, pero no recuerdo ningún nombre, es como el flamenco, saber diferenciar y conocer los palos. En esa canción hay un mundo entero, que pasa por Teatro de Willie Nelson y por Puerto Rico.

Habla la nota promocional de la magnética expresividad de tu voz, pero quizás hubiera sido más certero decir la magnética inexpresividad… ¿Qué opinión tienes de ti como cantante?

Cuando empecé a escribir mis primeras canciones, me pasé un tiempo buscando alguien que quisiera cantarlas, porque me consideraba un cantante pésimo; lo era, de hecho; no encontré a nadie y las tuve que cantar yo. No me gusta mucho cómo canto, sobre todo en las primeras grabaciones, antes de mi primer disco, algunas cosas que grabé como Diariu, algunos proyectos, no me gusta mucho cómo canto. Me di cuenta que para ese complejo que tenía de mal cantante, incluso para los que tenemos un registro muy limitado, se pueden encontrar millones de posibilidades; es cuestión de encontrar ese lugar donde te sientes cómodo y en el que puedes expresar, usar la voz de una manera que te salga más de las entrañas, y lo puedes conseguir por muy poquita voz que tengas; en eso me he afanado mucho en los últimos años. Sería más correcto, más exacto, haber puesto “inexpresividad”; si tienes un rango de voz más amplio, pues puedes decir lo contrario, pero los que tenemos menos capacidad…

‘Big Crunch’ precisamente destaca del resto del disco por su luminosidad pop en contraste con ese mensaje que avisa de que el capitalismo nos está llevando al abismo.

Me gusta, al contar cosas que pueden ser duras o revestidas de seriedad y gravedad, buscar ese contraste con la música, sobre todo cuando hablas de canciones de contenido estrictamente político. Trato de huir de la excesiva solemnidad. Históricamente, en la música popular, a mí me gustan mucho las canciones que tienen contenido político y su música es como más alegre. Durante el confinamiento conocí las canciones de las trabajadoras que recolectaban la fresa en Italia a finales del siglo XIX y principios del XX, canciones que cantaban mientras trabajaban y que siempre suelen ser con letras satíricas metiéndose con el patrón porque no les paga, pero a la vez muy alegres; o sea, hacían un trabajo que debía ser muy doloroso pero con temas alegres, creo que es importante para este tipo de canciones. En principio, Big Crunch no iba a entrar en el disco; al final entró por darle un contraste, era una canción que ni siquiera yo confiaba mucho en ella, tan solo la pensaba como para algún single posterior o algo así, lo que pasa es que tanto el estribillo de esa canción como la de John Prine tiene ese estribillo de esperanza, y eso es importante, por eso jode que nos la hayan quitado de las plataformas.

¿Qué te jode más del neofachismo español actual: su vena rancia-reaccionaria-conservadora o la neoliberal a ultranza?

Creo que la segunda, porque es la más tramposa, la más mentirosa. El liberalismo tiene esta trampa, la máxima de socializar las pérdidas y privatizar las ganancias. Los que abrazan el liberalismo recurren al Estado cuando las cosas están mal dadas, por eso algunos popes del liberalismo defendieron reforzar el sistema de salud público en los primeros momentos del confinamiento, parecía que se habían convertido todos en keynesianos, pero era una gran mentira, era solo una cosa para salir reforzados, para, al final, todo el dinero que viniera de Europa fuera al sector privado. Me jode, en eso que ellos han dado en llamar la batalla cultural, que se han dado cuenta de que la derecha la estaba ganando y la han aprovechado en este momento de confusión y de monotema con la pandemia, para lanzar sus discursos de odio: racistas, lgtbifóbicos y antifeministas, y lo que más me jode es que eso ha calado en una generación bastante joven. Lo aprecio por amigos que tienen críos que están en edad preadolescente y me cuentan que en el instituto es como si estuviera de moda ser facha, como si ser facha fuera la rebeldía que para nosotros era ser punkies o roqueros o llevar la camiseta de determinado grupo; para ellos es esta mierda, y eso me parece super preocupante y peligroso, y para atajarlo hay que reconstruir muchas cosas y hacer mucha pedagogía, eso es lo que más preocupa de los vectores políticos que tiene la derecha.

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