Por fin llegan ‘Los libros negros’ y el dios interior de Jung 

Carl Gustav Jung. Foto: CC:

Las noches en vela en que el psiquiatra suizo Carl Gustav Jung confrontó con su propia alma, tras su alejamiento del padre del psicoanálisis, Freud, están recogidas en los siete volúmenes de ‘Los libros negros’, que acaban de aparecer en una edición digna de coleccionistas. Tras la “caída en pedazos” de la moralidad moderna, sus editores –El hilo de Ariadna– creen que el siglo XXI es el momento indicado para acercarse a un dios interior, que aún vive, y que encarna el misterio. Es nuestra lectura recomendada hoy a partir de la Feria del Libro de Madrid.

Dios como símbolo del “misterio tremendo y fascinante” no ha muerto, según Leandro Pinkler, especialista en cultura griega y espiritualidades comparadas, y responsable de la reciente publicación en castellano de Los libros negros de Carl Gustav Jung (1875-1961). La vigencia de la obra del psicoanalista suizo se apoya en este nuevo tiempo histórico que sigue a la caída a pedazos de la modernidad, según Pinkler, codirector (junto a Soledad Costantini) de la editorial El hilo de Ariadna.

El siglo XXI rechaza el postulado de la muerte de Dios de Nietszche, una vez que el espejismo de la Ilustración se ha desvanecido. De ahí la oportunidad para la aparición de esta obra inmensa en siete volúmenes, que compila las anotaciones de Jung a partir del “encuentro con su propia alma, en un diálogo que va del año 1913 a 1932”, según el psicoanalista Enrique Galán Santamaría, quien copresentó la obra con Pinkler, en Madrid, a mediados de mayo.

Los libros negros (o Cuadernos de transformación) corresponden al momento en que (Jung) se ve apartado del movimiento psicoanalítico internacional y se encuentra en una situación de no entender absolutamente nada”, apunta Galán. Se trata, pues, del “registro de esa confrontación con el inconsciente”.

En las vísperas de la I Guerra Mundial, Carl G. Jung, estrecho discípulo de Sigmund Freud, había osado pronunciar en un congreso que “la libido no es exclusivamente de naturaleza sexual, sino que abarca toda la energía de la psique”, como lo relata el editor, contradiciendo a la ortodoxia freudiana. Con esta afirmación, el suizo “comete un parricidio (mata al padre Sigmund)”, recuerda Pinkler, y agrega: “Ahí Jung entra en un descenso a los infiernos”.

En palabras de Galán, estos cuadernos están hechos de “escritos enloquecidos, llenos de ansiedad, con una pistola cerca”, en una etapa en que sus teorías “tienen expansión internacional, pero él ha perdido sus raíces anímicas”. Entonces, aparece todo el material en bruto que luego se tamizó para una obra tan importante como El libro Rojo, que se publicó recientemente, en 2009, cuando sus herederos decidieron que era hora de dar a conocer una selección de lo encontrado en estos diarios (o noctarios) íntimos del autor de La vida simbólica

Al parecer, el propio Jung nunca dio instrucciones de publicarlos, aunque, al ser lo más íntimo que ha escrito, “iluminan toda su obra”, a juicio del editor.

Estudiar el límite y el margen

“Esta edición facsimilar de Los libros negros es un trabajo muy minucioso, que nos permite comprender una pieza literaria como El libro rojo”, el cual, sin embargo, llega solamente hasta los escritos de 1917 y “no abarca los contenidos de la libreta negra número siete”, apunta Galán.

Por su parte, el profesor Antonio De Diego González opina que “en las facultades de Filosofía se enseña muy mal a Jung”, ya que “se estudian manuales” y que, en cambio, “hay que pensar el límite y el margen”, algo que posibilitan Los libros negros.

Durante su presentación, este experto en Islam eligió leer un fragmento en el cual, según su criterio, el psicoanalista se presenta como víctima sacrificial: “Se cocina en todas las ollas. Se está preparando una comida mortuoria (…) En esta comida es uno mismo el invitado y la comida”. Recuerda, asimismo, a María Zambrano, de quien asegura era una apasionada lectora de Jung. 

“La idea de fondo”, ratifica De Diego, “es una eucaristía, o la idea del ritual que tiene que volver a acontecer”. Regresar al sacrificio, o entender que el gozo y el dolor pueden experimentarse al mismo tiempo, son asuntos que destaca el filósofo y que “la modernidad no puede tolerar”. A su juicio, “la modernidad filosófica es un cáncer”, y a estos libros hay que leerlos sin esa moralidad de los últimos siglos. 

Pinkler lo explica: “El sujeto encerrado en la modernidad es un sujeto que se ha castrado. En Jung está la salida, pues descubre a un sujeto abierto (…) y, cuando deja El libro rojo, se encuentra con la tradición del taoísmo, con los textos del budismo zen, del budismo tibetano, del gnosticismo y de la alquimia. Él ejerce de pontífice, en el sentido de puente, entre el hombre contemporáneo y los tesoros simbólicos de la tradición”.

Así, recupera elementos del platonismo, como lo relata el codirector de la editorial: “Cada alma individual, al dormir, vuelve al alma del mundo, en donde se nos recrea el paso del sinsentido al sentido. El símbolo es la epifanía de un misterio. El símbolo es la punta de un iceberg de lo que no podemos ver”. De ahí que él bregue por “confiar en la propia intuición”, ya que “en la búsqueda de sentido está la posibilidad de una transformación”. Todos llevaríamos, en consecuencia, a los dioses en nuestro plexo solar, porque “cada uno tiene que ser su propio profeta”. Entonces, “debemos sacrificar nuestro sufrimiento neurótico (de carácter nihilista) para llegar al verdadero dolor”, indica. 

La última revelación

Lo sagrado es el gran tema en Jung, y quizá lo que lo alejó de los otros grandes psicoanalistas, o lo puso en el lugar del más incomprendido. Su gran pregunta, a decir de Pinkler, acerca de ¿cómo introducir la espiritualidad en la psicopatología? no podía expandirse en respuestas en el siglo XX y “parece que recién el siglo XXI está preparado para escucharlo, porque empezamos a necesitarlo”, aclara.

A Pinkler le preguntamos cuál es el vínculo entre un pensador nacido cristiano como Carl G. Jung y el Corán. Él responde que quien vincula a Jung con el Islam es Henry Corbin y añade: “En realidad, lo que hace Jung en una lectura que yo comparto es abrirse a las tradiciones y el Islam es la tradición viviente más poderosa, puesto que está creciendo, a pesar del gran rechazo de Occidente. Significa que el misterio tremendo y fascinante en el Islam no murió, porque Dios está vivo, a diferencia del anterior, cuya muerte fue proclamada por Friedrich Nietzsche. El Islam es, pues, la última revelación”. 

A los lectores y admiradores del legado de Jung, los editores les dejan el mensaje de que el misterio continúa, porque “hay incluso un volumen de Los libros negros, el primero, de 1902, que aún no se ha publicado”.

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