Temporada de muerte para el lobo: urge detener las matanzas

Cachorros de lobo ibérico. Foto: Jorge Sierra.

Por LUIS SUÁREZ, coordinador de conservación de WWF España

Estamos en las montañas de la cordillera Cantábrica y, en lo más profundo del bosque, cinco lobeznos se revuelven en el cubil, oculto entre unas grandes rocas. Con apenas un mes de vida, ya se atreven a asomarse al mundo exterior, lanzando unos tímidos aullidos. Tienen hambre y esperan a su madre… Pero su madre nunca volverá. Como ella, un centenar de lobos han sido condenados a morir por los gobiernos de Cantabria y Asturias. Han convertido esta primavera/verano, la estación de la vida, en una temporada de muerte. Una persecución que desprecia la ciencia, la legalidad y la más mínima sensibilidad por la naturaleza. Y que tendrá un impacto irremediable para la conservación de la especie, cuya población está estancada en España según el nuevo censo nacional. El lobo, convertido en chivo expiatorio de todos los males del mundo rural. 

Personal público utilizando cebos atrayentes, visores térmicos y silenciadores para matar lobos. Zonas declaradas “libres de lobos” donde se persigue, sin tapujos, erradicar la especie. Hembras abatidas en plena temporada de cría, la más sensible en el ciclo vital de las manadas, cuando están a punto de parir o amamantando a sus cachorros. El goteo de noticias que va llegando desde el norte de España es espantoso, y ha desatado una ola de indignación entre todas las personas que aman y defienden la naturaleza. 

Como muestra, la gran manifestación que el 22 de junio recorrió las calles de Madrid al grito de “Lobo vivo, lobo protegido”. No hay ningún otro animal de la fauna ibérica tan injustamente temido y perseguido: el lobo no es el malo del cuento, es una especie con un papel ecológico insustituible, que ofrece enormes servicios a la sociedad. No es el culpable de todos los males del mundo rural, como se le acusa, pero algunos partidos y sectores lo han convertido en un chivo expiatorio y arma política. 

El intolerable retroceso en la protección del lobo es muy grave porque se ha realizado por la puerta de atrás y sin ningún tipo de aval científico. El Congreso de los Diputados -con los votos de PP, Vox, PNV y Junts- lo excluyó del Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (LESRPE) a través de una enmienda en una norma, la Ley de Desperdicio Alimentario, totalmente ajena a la conservación de la biodiversidad.

Una artimaña legislativa que buscaba esquivar el riguroso proceso que marca la ley para que sean criterios técnicos, y no políticos, los que determinen la categoría de protección de una especie. Es un precedente muy peligroso, que abre la puerta a futuras rebajas en la protección de nuestra flora y fauna amenazada por puro oportunismo político

La intensa campaña de bulos y desinformación contra el lobo con la que se justificó su salida del LESRPE ha sido desmontada hace pocos días: el nuevo censo nacional del lobo (2021-2024) elaborado por las comunidades autónomas y el Ministerio para la Transición Ecológica muestra que la recuperación de la especie se ha estancado, pasando de 297 manadas en 2014 a 333 en 2024, un exiguo crecimiento del 1% anual. La especie casi no se expande en España e incluso retrocede en Portugal, sigue muy lejos de su área histórica de distribución y, además, se enfrenta a graves problemas genéticos. En la última década, los lobos de otras poblaciones europeas se han recuperado entre 5 y 6 veces más rápido que los lobos españoles. 

Manifestación el pasado 22 de junio en Madrid en defensa del lobo. Foto: Balancín de blancos.

Manifestación el pasado 22 de junio en Madrid en defensa del lobo. Foto: Balancín de blancos.

NO ES GESTIÓN, SON MATANZAS

Frente al “crecimiento exponencial” del que alertaban algunos responsables políticos y sectores, los propios datos de las CCAA muestran lo precario de la situación del lobo. Pero casi en el mismo momento en que la enmienda de la vergüenza se publicó en el BOE, los rifles comenzaron a disparar. Las primeras CCAA en retomar la persecución indiscriminada de la especie fueron Cantabria y Asturias, con casi un centenar de lobos condenados a morir en un año entre ambas regiones: una cifra desorbitada que tendrá un impacto irremediable para la conservación de la especie, basada en cálculos de máximos sobre los ejemplares que forman las manadas, y en cifras poblacionales muy cuestionables. Por ejemplo, Cantabria asegura que los 41 lobos a abatir son el 20% de la población, pero el porcentaje real es sin duda mucho mayor, pues ni siquiera tiene en cuenta las manadas compartidas con regiones vecinas.

En apenas tres meses, Cantabria ya ha matado 16 lobos, incluidas 9 hembras. Un golpe terrible en el momento más sensible para la especie, lo que demuestra que la meta no es ningún equilibrio con la ganadería extensiva, sino reducir la población de lobos. Aunque el Principado de Asturias mantiene en secreto las cifras de animales abatidos, la retórica es la misma: «Vamos a ser implacables en aplicar los controles del lobo», aseguró el consejero del ramo

Ni Cantabria ni Asturias justifican de ningún modo, para cada lobo abatido, la imposibilidad de aplicar otra solución satisfactoria para reducir los daños a la ganadería extensiva: por ejemplo, el uso de mastines o cercados fijos o temporales, o la contratación de pastores para vigilar al ganado. Son medidas preventivas que, correctamente aplicadas, pueden reducir los ataques hasta un 100%. Apoyar y financiar el uso de esas medidas es el camino a seguir para asegurar la coexistencia: matar lobos puede tener incluso el efecto contrario, un aumento de los ataques, al reducir la capacidad de las manadas de cazar presas silvestres.

PRIMERA VICTORIA EN LOS TRIBUNALES

Desde que se publicaron las primeras órdenes autonómicas para matar lobos, el equipo legal de WWF no ha dejado de trabajar para detener las matanzas. Aunque el lobo haya perdido su protección estricta en el LESRPE, fijar cupos de caza o extracción de ejemplares es ilegal, pues las poblaciones de lobo en España y en general en la península ibérica se encuentran en un estado de conservación “desfavorable/inadecuado”. Para asegurar la viabilidad a largo plazo de la especie se deberían alcanzar 500 manadas, frente a las 333 registradas en el nuevo censo nacional.

Ejemplar de lobo ibérico. Foto: Carlos Romero.

En tres meses, Cantabria ya ha matado 16 lobos, incluidas 9 hembras. Un golpe terrible en el momento más sensible para la especie. Foto: Carlos Romero.

En ese escenario desfavorable para la especie, los tribunales españoles y el Tribunal de Justicia de la Unión Europea han dictaminado en repetidas ocasiones que “la restricción o la prohibición de la caza puede considerarse entonces una medida necesaria”, de acuerdo a la Directiva Hábitats de la Unión Europea. Es decir: no se puede matar lobos mientras el futuro de la especie siga sin estar asegurado. 

En junio, ese incansable trabajo legal dio sus frutos y llegó la primera buena noticia para el lobo: el Tribunal Superior de Justicia de Galicia accedió a la petición de WWF, y suspendió cautelarmente la resolución de la Xunta por la que se incluía al cánido entre las especie cinegéticas de Galicia en la temporada 2024-2025. El auto, muy esperanzador porque aplicaba el principio de precaución ambiental por los posibles daños irreversibles para la conservación de la especie, paralizó las batidas que estaban a punto de producirse. 

Ese razonamiento es aplicable en Galicia y en todas las regiones que pretenden retomar la caza, y así seguiremos defendiéndolo en los tribunales. Los frentes se multiplican: La Rioja, que se había convertido en un ejemplo de coexistencia entre la especie y la ganadería extensiva, ha dinamitado esos avances y ha vuelto a convertir el lobo en un trofeo. Pagando 1.298,67 euros se podrá matar uno de los pocos lobos que sobreviven en las montañas riojanas.

Castilla y León también pretende retomar la caza deportiva del lobo, y no solo al norte del Duero como sucedía antes de la inclusión en el LESPRE en 2021. Con el cambio de estatus del lobo a nivel europeo (de especie “estrictamente protegida” a “protegida”) se rebaja el nivel de protección al sur del Duero y en todo el territorio nacional: incluidas zonas en el borde del área de distribución, con poblaciones muy pequeñas y vulnerables, como Madrid, Castilla-La Mancha o Extremadura.

Sin embargo, como recuerda el reciente auto del Tribunal Superior de Justicia de Galicia, eso no implica que haya vía libre para la caza. El objetivo de la Directiva de Hábitats es conservar la biodiversidad en la UE y el lobo es una especie silvestre de interés comunitario. Seguirá incluido en el anexo V, y como tal está protegido. 

Lobo en cautividad. Foto: Antonio Liebana.

La recuperación de la especie se ha estancado, pasando de 297 manadas en 2014 a 333 en 2024, un exiguo crecimiento del 1% anual. Foto: Antonio Liébana.

EL PRECARIO FUTURO DEL LOBO

De acuerdo con los datos del nuevo censo nacional, elaborado por las comunidades autónomas y coordinado por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, el estado de conservación del lobo es claramente desfavorable: por eso las administraciones tienen la responsabilidad y la obligación de que el lobo pueda seguir recuperándose. En ese sentido, su futuro es todavía muy frágil e incierto, con una variabilidad genética muy reducida que amenaza su viabilidad a largo plazo. No hay ninguna razón científica para tratar a tiros a esta especie única, que hoy apenas ocupa un tercio de sus territorios históricos en la península ibérica.

Recuperando al lobo gana la naturaleza, la sociedad y el propio mundo rural. Es un sanitario de la naturaleza, que elimina animales enfermos evitando la propagación de patógenos y limpia de carroñas el campo, y controla las poblaciones de herbívoros que dañan cosechas y provocan accidentes de tráfico (para saber más, puedes leer el documento ‘Lo que el lobo nos da’). Si queremos unos ecosistemas sanos y en equilibrio, no podemos prescindir de ninguna pieza. Y menos prescindir de una con un papel tan insustituible como el lobo.

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