El coche más seductor, con todos los extras incluidos
Foto: Pixabay.
“El vehículo posee los sistemas de seguridad más avanzados con refuerzos estructurales en áreas clave y barras de protección para cada ocupante. Además, impide el arrancado en el caso de detectar peligro para la conducción”. Terminamos aquí nuestros ‘Relatos de Agosto’ 2025 en colaboración, un año más, con el Taller de Escritura de Clara Obligado. Hoy, la seducción de la seguridad al volante. “Lo siento, he detectado consumo de alcohol en el conductor y no activaré el mecanismo de conducción”.
Por ÓSCAR ALCÁZAR FERNÁNDEZ
Cristina jugueteaba con la cuchara mientras le daba vueltas al café.
–¿Ya te vas? –preguntó sorprendida cuando vio a Carlos vestido.
–Sí, he quedado a tomar algo con los amigos y luego como en mi casa.
–Deberíamos pensar en vivir juntos.
–¿No estamos bien así?
–Sí, pero las relaciones, si no avanzan, entran en la rutina y se acaban.
–Pues anoche nada parecía rutinario –esta frase la acompañó de una pícara sonrisa–. Tú, ¿qué plan tienes hoy?
–Voy a ver un coche al concesionario de una marca nueva, coches chinos, eléctricos. Dicen que son muy seguros. A ver si me decido ya.
–Pues si te parece nos vemos a la tarde. Compro dos entradas para el teatro y luego cenamos.
–Me parece perfecto, amor.
Cristina entró en el concesionario y el comercial la invitó a sentarse mientras terminaba con otro cliente. Ojeó la tablet corporativa que mostraba los distintos modelos y colores que ya había memorizado de tanto verlos en la web. Nada nuevo. Mantuvo la mirada ausente sobre la tablet mientras pensaba en Carlos y en hacia dónde iba su relación. Que no diera el paso de vivir juntos la desesperaba. Lo había conocido en la aplicación de citas y desde el primer encuentro la había conquistado: su forma de hablar, las manos delgadas con dedos de pianista, siempre una americana a juego con su tono de piel. Casi un lustro había pasado ya.
–Señorita, cuando quiera.
–Ah, sí, perdón, estaba pensando en mis cosas.
–Es usted Cristina de la Fuente, ¿verdad?
–Sí. Llamé porque estaba interesada en el modelo EV1 Basic. Es cien por cien chino, ¿cierto?
–Bueno, lo dice casi con desdén –sonrió el comercial–. Los coches chinos ya no son lo que eran. Como ya sabrá es totalmente eléctrico y tiene una autonomía de 850 kilómetros, no hay nada comparable en Europa.
–Ya, bueno, lo que no tengo claro es la duración de sus baterías y si habrá que cambiarlas a corto plazo.
–¡Que va! Venga conmigo, tenemos aquí en exposición el modelo Executive–continuó hablando mientras guiaba a Cristina–. Nuestra compañía ofrece una garantía de diez años o 300.000 kilómetros. En caso de rotura de batería se le cambiaría en un plazo de cinco días y le daríamos un vehículo de sustitución. Póngase al volante. ¿Me permite que le acomode el asiento?
–Sí, por favor, no encuentro la palanca.
–Ja, ja. No, ya no hay palancas. En el salpicadero puede configurar la posición de la butaca del conductor con el cursor y queda memorizado. Si hubiera más de un conductor, ¿está usted casada?
–No, yo, tengo pareja –balbuceó Cristina–, bueno, eso creo.
–Perdón, no quería molestarla. Como decía, si hubiera más de un conductor se podría personalizar cada llave de manera que se ajuste el asiento previamente programado en cuanto la detecte.
–¿Y la seguridad?
–El vehículo posee los sistemas de seguridad más avanzados con refuerzos estructurales en áreas clave y barras de protección para cada ocupante. Además, impide el arrancado en el caso de detectar peligro para la conducción.
–Ya veo. ¿De cuánto estamos hablando?
–Pues hoy termina la oferta de lanzamiento y tiene un descuento del 25%. Digamos que hoy mismo por 30.000 euros se podría llevar el EV1 Basic –el comercial hizo una caída de ojos a Cristina mientras su boca se curvaba ligeramente. El silencio inundó el concesionario.
–Este coche –prorrumpió Cristina.
–¿Qué le pasa?
–Este coche, sobre el que estoy sentada. He visto que tiene todos los extras.
–Sí.
–Pues eso, si me lo deja en 30.000 le hago la transferencia ahora y me lo llevo.
–Bueno, es que…
Esta vez la que puso su mejor sonrisa fue Cristina.
–Mire, llevo dos meses viendo coches, cinco años con mi indolente novio que no da un paso, ocho años en el mismo puesto de trabajo sin ascender a pesar de dejarme la piel y voy a cumplir 40 en tres semanas. O doy un cambio a mi vida o me abono al Prozac.
–Ya, entiendo, pero es que este coche es mejor que el modelo básico por el que usted preguntó.
–32.000 –propuso, mientras movía el teléfono frente a la cara del comercial con la aplicación del banco abierta.
–Déjeme hacer una llamada.
–Gracias –musitó Cristina mientras hacía un guiño.
El comercial se dirigió a su mesa, cogió su móvil y marcó. Mientras fingía que estaba hablando con alguien, un estruendo salió del vehículo, parecía Shakira y el Waka Waka. Cristina bajó el volumen, se giró hacia el comercial y puso cara de ángel mientras pedía perdón con las manos unidas.
El comercial colgó el teléfono y se dirigió al coche.
–Me dicen que puede dejárselo en 36.000. Se llevaría usted un equipo de alta fidelidad, del que ya ha dado cuenta –se carcajeó–, la tapicería terminada en cuero, el tintado de las ventanas traseras, techo solar, pintura con acabado perlado y lo último en inteligencia artificial de asistencia a la conducción.
–Tiene usted un pico de oro, ¿se lo han dicho antes?
–Sí, ja ja. Venga, que preparo los papeles.
Mientras el comercial preparaba los documentos Cristina llamó a Carlos para decirle que no llegaba al teatro, pero que podían verse directamente para cenar, a las nueve. Tenía una sorpresa.
El restaurante estaba lleno, aunque Carlos siempre se las arreglaba para tener mesa. Cuando apareció Cristina le dio un apasionado beso.
–¿Qué contenta vienes para llegar tarde? Llevo ya dos vinos –se quejó.
–Ya, te tengo que contar. ¡Me he comprado el SUV!
–¿Cómo?
–Sí, el chino al final, tienes que verlo. Es todo automático. Y parece que hay una persona dentro con la que puedes hablar. Me ha dado incluso ideas de qué ponerme hoy.
–Pues estás muy guapa. Esto hay que celebrarlo. ¡Camarero! –elevó la voz–, tráiganos una botella de albariño, por favor.
Cenaron con profusión e hicieron planes para el verano. Los dos coincidían en que había que hacerle kilómetros al coche: Gijón, San Sebastián, los Castillos del Loira, París, ¿por qué no? Un mes entero viajando, en hoteles de cinco estrellas. En el fondo Cristina albergaba la esperanza de que tras el verano ya sería inevitable ir a vivir juntos.
Al salir, Carlos le pidió conducir para probar el coche y Cristina le dio las llaves. Una vez dentro le enseñó cómo posicionar el asiento y el cinturón, todo automático. Carlos le dio al botón de encendido, pero el vehículo no arrancó.
–¿Qué ocurre? –preguntó Carlos.
–Déjame un momento. EV1 –se dirigió al coche–, arranca el motor –ordenó.
–Lo siento, Cristina, he detectado consumo de alcohol en el conductor y no activaré el mecanismo de conducción –la voz del vehículo sorprendió a Carlos.
–Este coche es tonto –dijo mientras apretaba de nuevo el botón de encendido.
–La operación de arranque no está autorizada –insistió el vehículo.
Carlos empezó a golpear el volante del coche y a decir que esto era absurdo, que vaya mierda de coche, que no servía para nada. En ese momento, el cinturón de seguridad del conductor empezó a tensarse presionando el cuerpo de Carlos, quien poco a poco se quedaba sin aire. Cristina gritaba, golpeaba el vehículo, le decía que parara. Intentó salir, pero los pestillos se habían cerrado automáticamente. A los dos minutos el cuerpo sin vida de Carlos yacía en el asiento del conductor.
Se oyó un clic y las puertas se abrieron.
El taller de escritura creativa de Clara Obligado nació en 1980 en Madrid. Desde entonces, ha acompañado el proceso creativo de personas interesadas en la literatura a todos los niveles. Para algunos ha sido un lugar en el que compartir y aprender literatura; para otros, una puerta hacia la publicación, hacia la escritura profesional, o simplemente un punto de encuentro en torno a los libros.



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