Julián Hernández sigue de siniestro total con ‘Han de caer del todo’
Julián Hernández en el Wizink de Madrid. Foto: David Herranz.
‘Han de caer del todo’ (Trama editorial, 2025) es una novela que te engancha, en buena parte, por culpa de esa forma de contarnos las cosas que tiene Julián Hernández, donde en ocasiones, el detalle cuenta más que lo evidente, donde hay que estar muy atentos al dedo, pero también a donde está señalando. Una novela de ficción histórica que se desarrolla cuando Franco está a punto de morir. Tras toda una vida como compositor y músico en la banda gallega de punk rock Siniestro Total, que se despidieron de los escenarios en mayo de 2022 tras 40 años de actividad, Julián Hernández (Madrid, 1960… de muy niño marchó a Vigo y allí se quedó) parece sentirse a gusto dedicándose por completo a escribir.
No es algo nuevo que se acerque a la literatura; Julián siempre apuntó maneras y lleva cultivando la escritura, más allá de hacer canciones, desde siempre: primero fue en fanzines y columnas de opinión en diversos medios, donde su afilado e hilarante análisis de las cosas le hacía reconocible y destacable. Luego dio un paso decisivo: en 1999 se publicó su primer libro, ¿Hay vida inteligente en el rock and roll? (Temas de Hoy), una desternillante tesis sobre el sector del rock en España.
En 2015 su primera novela (negra), Sustancia negra (Espasa Calpe), una ambiciosa obra de ficción, con fina exhibición por parte del gallego de su pulso firme a la hora de escoger las palabras para plasmar las descripciones y, por supuesto, para retratar los ambientes. En 2022 se presenta Folla con él (Trama editorial), un tomo que, a partir de las versiones de canciones de otros artistas que adaptó Siniestro Total a lo largo de su discografía, desarrolla una especie de biografía del grupo. Es fácil encontrarle también de prologuista, abriendo obras de otros escritores; como ejemplos: Que hostia din os rumorosos, el último libro de Rompente (Editorial Elvira, 2021); La casa de los cerdos, de Julián Cruz (Libros Walden, 2021); Córtate el pelo y búscate un trabajo, de Rafa J. Vegas (Desacorde Ediciones, 2021); Lo tengo en vinilo, de Óscar Avendaño (NeoPerson Sounds, 2024).
Ahora le llega el turno a Han de caer del todo (Trama), una novela de ficción histórica que se desarrolla cuando Franco está a punto de estirar la pata, una historia de matices donde podemos contemplar el paso del blanco y negro al color, no solo en los televisores de la época, también en el nuevo orden internacional, político y social. En esta nueva novela, Julián transita terrenos que permanecen en la memoria de aquellos que nacieron desde los años 50 a los años 70. El autor usa el rigor histórico a su antojo encajando una historia que viaja entre la congoja nuclear y el campechanismo ibérico. El protagonista, una suerte de afable y observador James Bond en zapatillas de esparto, nos desvela en primera persona su misión secreta. Además, podemos acompañarle por las catacumbas de El Pardo, ver ovnis en la sierra de Madrid, también enterarnos de secretos clasificados por la Inteligencia Nacional, pero es que también llegamos a conocerlo y, qué demonios, a quererlo.
Tipo de amplia y variada cultura, experto en blues y rock, Julián nos cuenta en esta entrevista los pormenores de este nuevo libro y, de paso, cómo lleva su vida tras bajar de los escenarios.
Una novela situada en tiempos franquistas, ¿dónde estabas tú en septiembre de 1975?
Yo acababa de cumplir 15 años. De aquella, mis padres se tomaban vacaciones en septiembre, después de los exámenes y antes del comienzo de curso (mi madre era profesora de dibujo) y ese año nos llevaron por las entonces casi intransitables carreteras de Galicia. La noticia de los fusilamientos del 27 nos pilló en un hotel de Santiago y mi padre (que había vivido la Guerra Civil de niño) y yo vimos las noticias en la sala de televisión más lúgubre que recuerdo: medio a oscuras, con un par de tubos de neón parpadeantes y un silencio sepulcral entre las cuatro sombras mudas que estábamos allí. Fuera, en la calle, llovía a cántaros. Un ambientazo, vaya. Se me quedó grabado a fuego.
¿Cómo recuerdas aquellos infames tiempos?
Infames es la palabra, sí, señor. Lo curioso es que yo pensaba que era el estado natural y eterno de España y el mundo, salvo que en el mundo exterior había discos que aquí no llegaban, libros y películas que aquí se prohibían (¡yo estuve en el estreno de El Gran Dictador en España en 1976!). De todas formas, la ejecución de Puig Antich el año anterior, poco después del asesinato de Carrero Blanco, de alguna manera anunciaba que el régimen de Franco iba a morir matando. La confirmación llegó con los fusilamientos del 27 de septiembre. Poco después, en el barrio del Calvario de Vigo conocimos a Manuel Ángel, el hermano de José Luis Sánchez Bravo, uno de los dos fusilados vigueses; el otro, José Humberto Baena (Xosé, si hubiera nacido más tarde) es el protagonista fantasma de Han de caer del todo. Bien, pues Sánchez Bravo era vecino de Xavier Soto, futuro guitarrista de Siniestro Total. Manuel Ángel ya tenía problemas psiquiátricos, pero era un buen chaval que parecía llevar la gigantesca tragedia personal con cierta templanza. Un mal día se despidió de su madre, que estaba lavando la ropa, y se tiró por la ventana. La Transición, blanqueada hasta la náusea a posteriori, siguió siendo una historia de infamia, pero aquellos fusilamientos pusieron el listón muy alto.
¿Por qué te gusta hacer tu propia versión de “la historia”? ¿Qué ganas con la ficción?
¡¿Que qué se gana con la ficción frente a la historia?! (Risas). Buena pregunta, pardiez. Siempre me acuerdo de la frase de Stephen Dedalus en Ulysses: “La historia es una pesadilla de la que intento despertar”. Con esto en la cabeza, escribiendo Han de caer del todo gané varias cosas: una venganza perversa, esa versión propia de los acontecimientos más cercana a cómo me hubiera gustado que hubieran sido, una manera de despertar de aquella pesadilla y muchas, muchas risas. La verdad es que quizá esto último sea el motor. Aquella España de solemnidad permanente, desfiles militares, procesiones en blanco y negro, Semana Santa insufrible, policía de gris por las calles que te daba el coñazo si estabas besando a una chavala en una esquina… aquella España, digo, requiere a estas alturas algo de cuchufleta, de burla y de escarnio público, qué coño. Mi señor padre fue al cine por última vez en su vida a ver La Vaquilla de Berlanga. Jamás le había visto reírse tanto. Va a ser una cuestión genética.
Hay quien dice que, siendo honestos, no hay una única verdad, ni una visión realmente justa de la historia… Hay quien dice que la historia la escriben los vencedores…, ¿militas en alguna de estas opiniones?
Sí y no a todas las opciones. Los vencedores suelen escribir la historia, pero no siempre. Sin ir más lejos, la Biblia, en su parte histórica, es la descripción de la derrota de un reino unificado de Israel que jamás existió. Empezamos mal, vaya. En el caso de España, a partir de la visión de Menéndez Pidal, tenemos un concepto más bien chorra de lo que es un Reino, Estado o lo que sea. ¿Cómo se puede hablar de una España primitiva, de una España romana, de una España visigoda, de una España musulmana, de la Reconquista y de su puta madre? Es como hablar de la historia de Canadá a partir de la llegada de seres humanos desde Asia o de los vikingos a Terranova. En fin, también es verdad que Ben Gurión, uno de los padres del Estado de Israel, daba en el clavo: “Quien crea que no se puede cambiar la historia es porque no ha escrito sus memorias”. Debo la cita a Íñigo García Ureta y viene de perlas para todo esto.
Por otro lado, estás tocando a Franco; lo mismo la agrupación esa católica o alguna otra de ese carácter se te tiran al cuello y hacen de tu novela un best seller.
Bueno, primero tendrían que leer la novela y, si lo hacen, se darán de narices con una advertencia previa: “Los personajes y hechos retratados en esta historia son completamente ficticios. Cualquier parecido con personas (vivas o muertas) o hechos reales es pura coincidencia”. (En otras palabras, una fantasía, como dice Nacho Vigalondo a propósito de su serie Superstar.) Pues bien, esas beneméritas entidades de las que usted me habla ya están curtidas en estas lides y saben que, una vez advertido el carácter ficticio de la obra en cuestión, malamente puede salir adelante una acción judicial, demanda, denuncia o lo que sea; salvando las distancias, es como si la familia de Ricardo III hubiera denunciado a Shakespeare, vaya. ¡Y nada más lejos de mi mente pensar que un libro como este pueda molestar y que, por ello, pueda convertirse en un best seller! Eso sí, como personas educadas que somos, agradeceríamos mucho que ejercieran el derecho al pataleo y catapulten Han de caer del todo al top ten de ventas. Pagamos las cañas.
Aquel Caudillo o Jefecísimo era gallego… y ahora resulta que nuestro ex Rey está buscando pisito en Galicia para regresar de su exilio, ¿es una especie de zona telúrica Galicia, que escupe y recoge a estos mandatarios tan peculiares?
Esto requeriría entrevista aparte. (Risas). Años después de la muerte del Jefecísimo, hubo un momento crucial en la historia de la España reciente en el que la presidencia del Gobierno estaba en manos de M. Rajoy, la presidencia de la Conferencia Episcopal, en las de Rouco Varela y la SGAE tenía a Antón Reixa al frente. ¿Alguien da más? La llegada a Sanxenxo del ex Rey fratricida es todo un acontecimiento. Tampoco hay que olvidar la reciente estancia en Galicia de la próxima Reina de España vestida de primera comunión masculina. Esto es un hervidero, hay que reconocerlo. Ya desde Gelmírez las cosas venían pintando mal.
La BSO del libro es macanuda; sobre todo, quería un comentario sobre Desmadre 75, que tienen un hueco muy especial.
Gracias por el piropo. Y me alegra decir que me alegra que me haga usted esta pregunta, entre otras cosas porque era una de las coincidencias temporales del año 75 que inició la acumulación de las susodichas coincidencias para la novela. Habría que añadir que, en medio del proceso de escritura (¿a que queda bien dicho así?), encontré el anuncio que los Testigos de Jehová habían hecho público en 1966 a propósito del Armagedón previsto… ¡para el otoño de 1975! A pedir de boca, vaya. Desmadre 75, por su parte, habían sido una de las referencias de la cultura popular de ese año: Saca el güisky, cheli era una canción de fiesta y celebración justo cuando Francisco Franco Esehombre estaba en plena decadencia física irreversible. ¡Cómo no sospechar de ellos! Por si fuera poco, en Desmadre 75 militaba el Seju, José Julián Monzón, el hermano del Wyoming (más tarde, y aun ahora, uno de mis maestros extraescolares). El militar decrépito se pudría en vida y nosotros con el casete para poder molar como en una discoteque. Para la novela que fue sin contemplaciones.
Hace una década de la publicación de tu anterior novela (‘Sustancia Negra’), ¿es tan complejo escribir 200 páginas?
Más de lo que pensaba, mira tú. Empecé a escribir las primeras ideas nada más enviar Sustancia negra a Belén Bermejo, mi añorada editora en Espasa. Desde siempre me gustan mucho las cosas breves, como las narraciones de Alfred Jarry, la trilogía de Samuel Beckett o La invención de Morel, de Bioy Casares, pero en aquel momento, vaya usted a saber por qué, pensaba en un buen mamotreto, algo como El plantador de tabaco, Tristram Shandy, El jardín de los siete crepúsculos o la guía de teléfonos de Tokyo, ¡yo qué sé! Evidentemente, no me pasé estos diez años aporreando el teclado, pero sí pensando y tomando notas. Y cada vez iba viendo más complicado ensamblar todo aquello. El problema es que llegar a una narración más corta y ágil sin perder la intención inicial tampoco fue fácil. Que me hice un lío, vaya.
Hace un par de años, a principios del 23, empecé una limpieza inmisericorde, me compré una tablet para escribir a mano con la posibilidad de copiar, pegar y borrar sin llenar cuadernos ilegibles, metí más voces narrativas y atendí el consejo que me dieron Manuel Ortuño e Íñigo García Ureta a propósito de volver a empezar por el final, je. Que Han de caer del todo se haya publicado justo cuando se van a cumplir los 50 años del (obviamente fallido) Armagedón, el éxito de Desmadre 75, los fusilamientos del 27 de septiembre y la agonía del Generalísimo no es sino una puta (y feliz) casualidad.
Entre medias salió ‘Gina en Pyongyang’, ¿qué nos puedes decir sobre ese volumen?
Mmm… Gina en Pyongyang tiene su historia. No era un libro previsto. En 2021 me llamó Antonio Dyaz, polifacético artista, para pedirme “algo” que tuviera a mano o en curso para Harkonnen, su recién montada editorial. En ese momento, lo que tenía entre manos era el cancionero de las versiones de Siniestro Total, que finalmente publicó Trama Editorial bajo el título Folla con él, pero el formato cuadrado en el que publicaba Dyaz era inviable para tal cosa. Lo que le propuse a Antonio fue una especie de “narrativa breve completa” a partir de cosas publicadas en fanzines, la simulación de periódico en el vinilo de Country & Western de Siniestro y las colaboraciones en El Butano Popular, la web en la que publicaban gentes como Rubén Lardín, Raúl Minchinela o Daniel Ausente. Reordené mucho de ese material y eso estuvo muy bien. En concreto hay un cuento largo (o “novella” que dicen los anglosajones), La Teoría de las Supercuerdas, que se publicó por entregas en El Butano y aquí quedó arrejuntado, ordenadito y más mejor, valga la expresión. Es curioso, porque tanto en Sustancia Negra como en Han de caer del todo aparecen personajes de esa historia para según qué circunstancias. Les cogí cariño, ¡qué quieres! El problema es que la editorial Harkonnen la montó Antonio como un mecanismo de autoedición y eso no es buena idea, me temo.
Oye, ¿has cogido la guitarra y el amplificador en algún momento desde que dijisteis adiós los Siniestro?
Je, usted me conoce, ¿verdad, joven? La verdad es que sí. De hecho, incluso más que estando de grabación o de gira con Siniestro. Estar en un grupo ya te obliga a ensayar lo que haya que ensayar: el repertorio del grupo, las canciones nuevas y poco más. Al volver a casa después de la despedida no tardé mucho en ponerme a sacar adelante las tareas pendientes, entre ellas, por ejemplo, las canciones de John Lee Hooker o Big Bill Broonzy, que jamás me había currado en condiciones. Sin cantar, eso sí que no. En casa doy la turra con la guitarra, pero no canto ni en la ducha.
Creo que ha sido Albert Pla el único que te ha sacado del ‘retiro’.
Me llamó para su gira Albert Pla & The Surprise Band y me quedé de piedra. Un honor: eternamente agradecido por ello, Albert. ¡Pero ya iba siendo hora, cojones! Con Albert ya habían estado Fermín Muguruza, Robe Iniesta, Manolo Kabezabolo y medio contingente de los Cien Mil Hijos de San Luis: ¡todo el mundo menos un servidor! Me costó mucho (había que cantarrrr…), pero fue toda una terapia y realmente lo pasamos muy bien. La idea del concierto me pareció espectacular: Judit Farrés con sus teclados y chismes, Diego Cortés atizando como nunca a la guitarra y las chicas que cantaban, actuaban y bailaban con la coreografía de Belén Martí. Si a alguien le toca este bolo cerca de casa, que no se lo pierda, en verdad os digo. Creo que no sería ninguna tontería editar un disco grabado en directo con ese curro… En fin, el caso es que poco después me llamó Xosé Manuel Budiño –gaiteiro y sin embargo amigo– y, aunque ya habíamos tocado antes y siempre fue todo de pingas, me costó aún más salir al escenario. Se lo agradezco mucho también a él, pero le sigo dando tantas vueltas a eso de salir a cantar…
¿Escribes o piensas en formato canción? ¿Te sale algo en ese sentido?
¿Pensar en formato canción? Qué bueno, ¡nunca se me había pasado tal cosa por la cabeza! Algo sí, pero no es fácil explicarlo. Quizá al género humano le hagan falta canciones a estas alturas; y me refiero a canciones, digamos, útiles, algo que sirva de nexo de unión o de cabreo, de savia para la comunidad. ¿Valdrían como ejemplos I ain’t marching anymore, L’estaca, We shall overcome, God sabe the Queen o Tiene que llover a cántaros? Exceptuando, quizá, Teófilo Garrido, la genialidad de Albert Pla (¡otra vez él!) con Pascal Comelade, en el 15-M poca cosa hubo.
Ahora mismo, ante la amenaza atroz de la destrucción del río Ulla y de la ría de Arousa que se nos viene encima en Galicia bajo el nombre de Altri, creo que hacen falta un par de himnos para ensordecer a los invasores. Y en eso andábamos Josito Porto (músico, actor y también amigo) y un servidor estos días atrás. Al margen de la demagogia y de la canción política, también pueden servir canciones normales que tranquilicen o enardezcan a las gentes de bien. Al menos eso proponía Juan Puchades ante el panorama general, pero aquí menda lerenda no está para esos trotes. Hay ideas, pero no fuerzas para currar en ellas. El trabajo ya está hecho en ese territorio.
Recientemente han salido: el libro de Sara Morales ‘¿Cuándo se come aquí? El gran golpe de Siniestro Total’ (EFE EME, 2024), sobre el primer LP del grupo, y el disco ‘Que no cunda el orden’ (Munster Records, 2024), con las grabaciones pre-primer LP del grupo realizadas en enero de 1982. ¿Qué te han parecido semejantes lanzamientos?
Para empezar, es imposible que me parezcan mal: ¡ambos dos lanzamientos son cojonudos! El libro de Sara Morales es el relato oral de los supervivientes relacionados con ¿Cuándo se come aquí?, Sara me tuvo dos días hablando como una cotorra del asunto y nos lo pasamos muy bien (¿te suena de algo?). Una pena que no estuvieran Germán Coppini o Pepo Fuentes, dos personajes esenciales que se fueron demasiado pronto. Una vez publicado el libro, Sara me pidió estar en la presentación en Madrid y después en la Feria del Libro. Un honor y un placer, la verdad: Sara es un encanto. Lo de Munster, por su parte, era un viejo anhelo. Íñigo, el Gran Mufti de la discográfica, llevaba más de 20 años intentando publicar en condiciones la primera maqueta de Siniestro Total. Lo que pasa es que, con el grupo en activo, era un poco, digamos, incómodo editar tal cosa. Una vez publicado el triple vinilo 40 años sin pisar la Audiencia Nacional con el último bolo de ST, nos dimos a la arqueología sin mesura. La maqueta que le pasé a Ordovás un buen día de 1982 no era sino un pastiche con cosas anteriores a lo que de verdad fue Siniestro Total.
Para Que no cunda el orden lo que hicimos fue aprovechar la digitalización que hizo Eugenio Muñoz de las primeras sesiones de grabación de enero de ese año 82 después del debut con Germán Coppini en el Cine Salesianos de Vigo. Lo que pasó en pleno proceso fue muy alucinante. Yo guardaba la cinta con el bolo de Salesianos y pensaba que no serviría de mucho, pero Íñigo me propuso editarla en casete, aunque solo fuera por enredar. Se la envié, la digitalizó y masterizó Ángel Álvarez en los Estudios Sonoplan y, ¡oh, sorpresa!, sonaba lo suficientemente bien como para editarla en vinilo. Se ha publicado con el título Acto fundacional y cierra toda la alucinante historia de Siniestro Total que se cuenta en El Balance de los Daños, la serie documental de Mikel Clemente que ya está en proceso final de posproducción. ¡Viva la arqueología!
Recomiéndanos un par de libros que te hayan encantado.
A propósito de esto, me hace mucha gracia la avalancha de recomendaciones que te asaltan el móvil: “Las diez novelas históricas que tienes que leer esta semana”, “Las tres novelas policiacas que recomienda Salman Rushdie cuando está borracho”, “El libro que tienes que leer sí o sí antes de morirte”, etcétera… Yo creo que moriré sepultado entre los libros de la mesilla de noche y los que tengo desperdigados por la cama. Últimamente los que están en proceso son Moby Dick, una maravilla que se me había traspapelado, y un libraco sobre las artes plásticas en los límites de la realidad: The Discovery of the Art of the Insane de John M. MacGregor. Hace unas semanas me leí Luz negra, de Pedro Berruezo (John Tones para los amigos cibernéticos), y creo que va a ser esa la recomendación más accesible, pero no por ello menos enjundiosa. Sin olvidar, por supuesto, la Obra lírica completa de Frank Zappa en edición bilingüe con traducción, edición e introducción de Manuel de la Fuente y publicada por Libros del Kultrum en 2024 (donde Julián es prologuista. N de A). Un hito en la historia de los cancioneros y sin parangón en el universo de Frank Zappa. Perderse esto sería una tontería: estamos hablando de cosas muy serias.




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