Carlos Sánchez: cuidar marismas cántabras, montañas pasiegas, dehesas
El naturalista Carlos Sánchez Martínez.
Hoy traemos a nuestra ‘entrevista circular’ a Carlos Sánchez Martínez, presidente de la Fundación Hombre y Naturaleza (FHYN), que ha cumplido tres décadas cuidando la biodiversidad, desde las marismas cántabras y las montañas pasiegas a las dehesas del Oeste Ibérico, y que ahora da el salto a Latinoamérica. Tras esos desvelos por la naturaleza y especies como el buitre negro y la cigüeña negra, el apoyo continuado de Ecoembes.
¿Cuáles han sido las acciones prioritarias de la Fundación Naturaleza y Hombre?
Trabajamos en lo que nosotros llamamos áreas prioritarias. Zonas en las que concentramos nuestros principales esfuerzos a largo plazo. Tradicionalmente estas han sido, en primer lugar, en 1994, la Bahía de Santander, donde nace la Fundación con el objetivo inicial de proteger la Marisma de Alday, en Camargo, extendiéndose su actividad a 15 reservas del entorno de la bahía en las que se trabaja actualmente. En 1999 se empieza a trabajar en la Cordillera Cantábrica Oriental, en la Montaña Pasiega, en un territorio que abarca las provincias de Cantabria, Burgos y Vizcaya. En 2003 se designa como Área prioritaria el Oeste Ibérico Peninsular, que recoge el oeste de las provincias de Salamanca, Cáceres y Zamora y la parte fronteriza de Portugal. Se ha trabajado en otras muchas zonas, pero en estas el trabajo ha sido a largo plazo y en conservación de la naturaleza eso es algo de capital importancia.
Dentro de estas zonas sí puedo resaltarte algunos hitos. Seleccionaría la recuperación de la Marisma de Alday, en la Bahía de Santander; la reintroducción del rebeco en la Montaña Pasiega y Oriental, así como la creación del Fluviarium sobre los ríos cantábricos, ubicado en Liérganes. Aquí trabajamos en la divulgación del medio natural y en la gestión de los residuos junto a Ecoembes. En la zona del Oeste Ibérico destaca la creación de la Reserva Biológica Campanarios de Azaba, con 550 hectáreas dedicadas a la protección de la dehesa y especies mediterráneas como el buitre negro o la cigüeña negra. Además, en esta zona se creó otra reserva para el buitre negro con otras 600 hectáreas, donde habitan unas 30 parejas.
¿Dónde tenéis ahora puesto el foco? Vuestros principales proyectos para este curso 25/26.
Estamos inmersos en varios planes con la Fundación Biodiversidad, dentro del Plan de Recuperación y Resiliencia, del MITECO y la Unión Europea, los Next Generation, con un proyecto para el cuidado y desarrollo de los bosques de la Cordillera Oriental, denominado Los Bosques Flotantes, y otro en la dehesa, llamado Club de fincas del Oeste ibérico, donde colaboramos con propietarios y productores de toda esta área. Y miramos al futuro con nuestra nueva área de trabajo prioritaria, que es la Selva Atlántica del Iguazú, un ecosistema en peligro del que solo queda un 6% del ecosistema original, que se distribuye por Paraguay, Argentina y Brasil. Allí estamos creando una Reserva biológica.
Buena parte de vuestro trabajo se ha sostenido con los Fondos LIFE de la UE, y ahora se está tanteando restringirlos. ¿Cómo lo ves?
Pues qué te voy a decir… Realmente es sorprendente cómo en un escenario de cambio global puede la Comisión Europea plantear este despropósito. El programa LIFE debería ser fomentado y dotado de mayor presupuesto. Su supresión dejaría un vacío acusado para desarrollar iniciativas de salvaguarda de especies y hábitats. Con los esfuerzos actuales, la Unión Europea no ha conseguido revertir la pérdida de biodiversidad o el cambio climático. En general, el medio ambiente europeo se sigue deteriorando. Por eso, impulsar programas como el LIFE resulta imprescindible.
El año pasado cumplisteis 30 años; en este tiempo, en el campo ambiental, ¿qué ves que ha mejorado y qué ha empeorado?
Hay un cambio importante desde que empezamos; al inicio era muy difícil hablar de estos temas y que se tuvieran en cuenta… Hemos avanzado mucho en la sensibilización de la sociedad. Ahora tenemos muchas más áreas protegidas, legislación para el medio ambiente… No obstante, la naturaleza sigue deteriorándose de forma generalizada y los principales problemas mundiales a los que nos enfrentamos se han recrudecido, como la deforestación, la acidificación marina, el cambio climático, la plastificación de los ecosistemas, etc… Se han hecho grandes esfuerzos y conseguido muchos logros, pero hay que hacer aún mucho más. Conservar, pero también restaurar.
Basuraleza. ¿Ves que es un problema ambiental en aumento?
Seguimos viendo residuos por todos los lugares naturales frecuentados por los humanos; sin embargo, también veo el uso público de los espacios naturales como una de las mejores herramientas para su conservación. Hay que insistir en la educación ambiental; queda mucho por hacer.
¿De qué manera se articula vuestra colaboración con Ecoembes?
FNYH tiene un convenio con Ecoembes para la sensibilización de los ciudadanos en materia de residuos en el Fluviarium de Liérganes y en las Marismas de Alday, la cual sufre un gran problema con los plásticos al estar rodeada de centros comerciales. También colaboramos desde el centro etnobotánico de los bosques, ubicado en el entorno de la Bahía de Santander.
¿Quién despertó tu conciencia ambiental?
Un conjunto de circunstancias. Desde Félix Rodríguez de la Fuente hasta los sitios de veraneo con mis padres, en la Sierra de Gata… Vivía todo el año en un ambiente muy degradado de la Ría de Solía, en Cantabria, donde el impacto de la minería del hierro diezmó las marismas del entorno. Aun con todo, buscaba qué ver en los sitios alterados y lo conseguía. Mi padre era lector de la revista del ICONA, Vida silvestre, que yo mismo devoraba y me resultaba motivador. En verano acompañaba a mi abuelo a llevar y recoger semillas en las dehesas y así conocí muy de niño fincas muy valiosas por su naturaleza. Una de ellas es ahora la Reserva Biológica Campanarios de Azaba. Un valle, el formado por el Río Azaba, espectacular como ecosistema adehesado.
Un libro que recomendarías.
El último que acabo de leer, Misiones. Jesuitas y Guaraníes, una experiencia única, de Silvina Heguy. Es una narración acerca del contacto entre las culturas indígenas y Occidente y la pacificación que llevaron las misiones jesuíticas en Sudamérica.
Un lugar al que te gusta regresar para recargar energía.
La verdad es no se me descarga mucho la batería; me apasiona lo que hago. Últimamente visito El Pantanal de Brasil o Iguazú, en Argentina, donde voy con regularidad… No obstante, más cerca vibro en sitios como las dehesas del Oeste peninsular… Igualmente, Portugal, es mi segundo país; ahí he ido mucho al Alentejo y a las formidables ría y dunas de Aveiro.
¿Cómo ves el mundo? ¿Optimista respecto al futuro?
Soy optimista por naturaleza. Cómo, si no, puede uno embarcarse en un proyecto como el de Fundación Naturaleza y Hombre. Escuchamos permanentemente noticias negativas, los noticiarios insisten en ello y nos hacen pensar que estamos al borde del precipicio, pero en el mundo también se están haciendo proyectos maravillosos para mejorar y revertir la situación ambiental y social en todos los continentes. Y Europa es vanguardia en la protección del medio ambiente. Los desafíos que se presentan son crecientes y no hay que olvidar que el cambio global es uno de los principales problemas a los que se enfrenta la Humanidad. Debemos entender que el camino de la solución no es aislarnos de la naturaleza, sino coexistir.



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