La novela inacabada de Pasolini: juegos de falos, mafia y poder 

El director de cine Pier Paolo Pasolini.

‘Petróleo’, el libro póstumo e inacabado del gran cineasta italiano asesinado en 1975, Pier Paolo Pasolini, acaba de aparecer, en una nueva traducción al español, editado por Nórdica. Poético y político, erótico y filosófico, tributo a Dante hecho de fotogramas escritos, o “arte que deleita el corazón humano”, en palabras que nombran uno de sus capítulos. De la adoración de jóvenes falos a la denuncia de la Mafia que envenena el Estado italiano.

“Estamos en Roma, la Roma de finales de los años cincuenta”, anota Pier Paolo Pasolini, antes de avisar que le toca al lector imaginar los lugares en que se reúnen sus personajes en los tramos de ficción que transcurran en “todo ambiente que se ubique en la esfera del poder”, debido a su “desesperante experiencia” en ese entorno. Lo hace en el apunte 6 bis de esta novela inconclusa que, con el título Petróleo, se conoció en 1992 y que ahora aparece en una nueva traducción al español, gracias a Miguel Ángel Cuevas, con la edición de Nórdica Libros, cuando se acaba de cumplir medio siglo del asesinato del gran intelectual italiano (ocurrido el 2 de noviembre de 1975).

Si fuera teatro, diríamos que el autor rompe la cuarta pared, pero en los textos de Pasolini casi nunca hay un muro sin huecos en la ficción, porque por ellos fluye la interlocución del narrador con quien lo lee (y, especialmente, en los apuntes de “esta obra gigantesca que estoy llevando a cabo”, en sus palabras). En efecto, son palabras que apuntaban a constituirse en una gran novela, inspirada en la monumentalidad de Dante, a la que le dedicó reflexiones y trabajo entre 1967 y 1975, cuando lo mataron. 

Es tan bella esta relación que él empieza a construir con cada uno de nosotros, poco a poco, desde las primeras páginas, y a la que, a medida que avanza en sus apuntes, le hace más espacio, con pico y pala, casi consultando (o al menos cavilando frente al lector) sobre las características de un hombre que es dos hombres, o el cuerpo de un hombre hecho de antagonistas, un ángel y un diablo. Carlo y Karl, un ingeniero desdoblado. Un tipo poderoso y miserable frente un proletario. Karl es siervo y Carlo es amo. Sin embargo, paradójicamente, “la libertad de Karl tiene rasgos inclasificables, y no hay solución de continuidad entre ella y todo aquello que es libre fuera de la razón: es decir, la realidad no cultural, no socializada (…) Aunque sea su siervo, Carlo no consigue controlar a Karl”. Uno o ambos podrían estar inspirados tanto en él mismo como en su padre, ex militar, pero eso es lo que no nos importa en este caso.

Los apuntes están precedidos por una carta que Pier Paolo (así firma) le envía a Alberto Moravia, a quien le manda el manuscrito para que le aconseje, “porque es una novela, pero no está escrita como lo están las auténticas novelas”, ya que su lengua es la que se emplea en la ensayística, en determinados artículos periodísticos, en las notas críticas, en la correspondencia privada (que se sabe que antes o después habrá de publicarse) o incluso en la poesía; raros son los pasajes que pueden llamarse decididamente narrativos, y en tal caso se trata de pasajes tan declaradamente narrativos (‘pasemos a los hechos’)”. 

Lo que decíamos, hay agujeros o ventanas abiertas a quien se asoma al libro. “En estas páginas yo me he dirigido al lector directa y no convencionalmente. Lo que quiere decir que no he hecho de mi novela un ‘objeto’, una ‘forma’ (…) Soy yo quien le habla al lector, yo en persona, el mismo que te escribe esta carta”.

No obstante, podemos optar por llamar poesía a buena parte de estos 500 folios mecanografiados que dejó el poeta, con anotaciones a mano (a la manera de la poesía de Werner Herzog en los diarios de rodaje de Fitzcarraldo, llamados La conquista de lo inútil). Sus tribulaciones, desde el título mismo, o el hartazgo que, confiesa, le provoca un personaje que lo ha acompañado durante demasiado tiempo, todo es elocuente y todo vale la pena, tuviera él ganas (o no) de revisar y completar sus notas para dar con una obra cerrada. Justamente allí radica la poesía. “Se diría, en definitiva, que aquellos personajes hablaran en verso o cantaran”, sugiere. Y “ese sueño visionario” ya dice más que muchas novelas contemporáneas.

Es, además, el Pasolini adorador fálico, el que conocemos de películas como Saló o los 120 días de Sodoma, con larguísimos pasajes dedicados a los penes de jóvenes en descampados, con lujo de detalles y sensaciones físicas y psicológicas referidas a los juegos de poder y el placer del sometimiento sexual. De esas que se vuelven adictivas cuando alguien es tan bueno en el relato erótico que consigue que veamos escenas y paisajes que se volverán imborrables. 

Con todo, lo que no dejará de mencionarse en la historia de este libro es el lado político más macabro: el de la mafia que sobrevuela oficinas públicas y privadas, las relaciones, las publicaciones y las muertes en Italia. En este caso, se sospecha que, tras el asesinato de Pier Paolo, desapareció un capítulo de Petróleo, que podría haber estado dedicado a lo más turbio de la cúpula de la ENI (Ente Nazionale Idrocarburi), que es la corporación energética y petrolera más importante del país. Con todo, en estas páginas hay algunas dedicadas a una subtrama en el ENI, que protagonizan personajes con nombres cambiados, aunque cualquier italiano informado podría asociarlos a personajes reales; entre ellos, al propio ex presidente Mattei, quien había muerto en un accidente de avión que algunos atribuyeron a una bomba, en 1962. En las notas del final, se consigna que la fuente de las noticias del ENI es un libro de 1972 que fue secuestrado en cuanto apareció.

En la novela, el autor se permite, además, dialogar con otros grandes narradores como Dostoievski, a propósito de la tibieza o no de ciertos personajes que él necesita abordar con precisos rasgos psicológicos, en la “Gran Digresión” y, sobre el final, “Carlo se acercó a los montones de escombros con la cautela del hombre sedentario, los superó resbalándose y por fin consiguió acercarse a una brecha del muro y mirar a través de ella”. Hasta las brechas están hechas de poesía y precisión humana. Este es Pasolini. El más vivo, el que no deja un testamento ordenado ni una novela con forma de novela.

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