Que el espíritu rebelde de Robe Iniesta se muestre al votar

Robe Iniesta en la gira de Extremoduro en 2014. Foto: Rubén Ortega; CC-BY-SA.

“Me levanto de la cama / Me he levantado sin ganas / Esta noche es que no he dormido bien / Y me he mirado en el espejo / Y no estaba allí mi reflejo / He debido de desaparecer”.  Escribo este artículo con el fondo de una canción que en los últimos meses he escuchado a menudo, ‘El hombre pájaro’, de Robe Iniesta, uno de los últimos trabajos de este poeta, novelista y cantante, voz de varias generaciones de extremeños. Solo que hoy lo hago como un pequeño y triste homenaje a un cantante que, como líder de Extremoduro primero y luego en solitario, me ha acompañado a lo largo de mi vida. En una semana se celebran elecciones en nuestra tierra. Él, como yo, era de Plasencia. Espero que su espíritu de rebeldía se muestre en las papeletas.

La noticia de su muerte, repentina (aún no sé exactamente la causa, aunque hace un año tuvo que abandonar los escenarios por un trombo pulmonar), me ha crujido por dentro. Podría haber esperado un poco para escribir estas notas apresuradas, conocer más detalles, pero he preferido hacerlo ahora mismo, movido por la urgencia de la muerte de un cantante que no era uno más para mí, como creo que tampoco para sus miles de seguidores, de todas las edades.  

Aunque ambos somos de Plasencia y con poca diferencia de edad (nos llevábamos seis años), es curioso que nunca me cruzase con él por la calle en esta pequeña ciudad de la que quería escapar. También yo tuve ese sentimiento durante la adolescencia. El deseo imperioso de huir, de atravesar los muros que rodean Plasencia y que yo sentía entonces que eran como una barrera que impedía que entrara el aire, la diversidad, la vida verdadera. Conocí y traté, sin embargo, a una de sus hermanas. Luego averigüé otros vínculos más cercanos, pero jamás me atreví a ponerme en contacto con él para entrevistarle. No me salían las palabras. Recuerdo que en el instituto discutía sobre música con un amigo. Él escuchaba sobre todo AC/DC, Leño. Yo a The Police, a los grupos de rock de los 60 y 70, a los cantautores. Nunca he seguido de cerca a los grupos de rock duro, me gustaban sobre todo sus baladas (era un ñoño, me decía), pero siempre fui de Extremoduro, aunque en esos años de adolescencia el grupo aún no se había formado.

El Robe abandonó los estudios, no terminó el bachillerato y se puso a trabajar con su padre. Fue entonces cuando empezó a componer canciones. Su primer disco, Rock Transgresivo, que se convertiría en una seña de identidad de Extremoduro, lo grabó gracias a una colecta. Pero no le hizo falta estudiar ninguna carrera porque, como dijo de él la poeta Irene Sánchez Carrón cuando pidió para Robe el Premio Cervantes, era un poeta de la calle y del campo, su poesía era transgresiva y su espíritu dionisíaco.

En 2024 recibió las Cerezas de Oro, máximo galardón que otorga el Valle del Jerte  por su promoción de la zona. Y es que si hay un lugar donde ha influido la música de Extremoduro ha sido en el Valle del Jerte. Estuve viviendo en la zona a finales de los años 90. Después de leer a John Berger y su Puerca tierra, decidí abandonar Madrid y regresar al terruño. Me encargaba de la revista de una fundación de cooperativismo agrario y tenía que recorrer los pueblos de este microcosmos, con una población que podría vivir en un par de macrourbanizaciones de Madrid. Con una juventud que emigraba, algunos de los que se quedaban apostaban por la música y veían a Extremoduro como un referente. 

Una de las canciones más conocidas del grupo, Extremaydura, casi un himno para muchos extremeños de mi generación y que hoy quizás sería políticamente incorrecta, resuena en mi novela Monfragüe, donde quise agradecer su mirada hacia una tierra que rechazó y amó con la misma pasión, como muchos de nosotros. Después de pasar varias décadas fuera de la región, después de muchas dudas (pues como buen “surrealista” y subversivo era alérgico a los premios), Robe Iniesta decidió aceptar la Medalla de Extremadura, de la mano de José Antonio Monago, del PP. Buscó razones para no ir, confesó. “Pero no las encontré, al contrario. Aquí estoy”, dijo. Como narró Jesús Conde para eldiario.es, “a su llegada al Teatro Romano de Mérida no se encontró con el grupo de manifestantes que se agolpaban en la puerta principal pidiendo pan, techo y trabajo, aunque luego en el escenario sí hizo mención a una de sus reivindicaciones, la renta básica. No voy a pedir que se aumenten los fondos para la Renta Básica, eso ya hay gente ahí fuera pidiéndola”. 

En una semana, el domingo 21, se celebran elecciones en mi tierra. Espero que el espíritu de rebeldía de Robe Iniesta se muestre en las papeletas para que el retrato que hace Miguel Delibes en Los santos inocentes, con sus señoritos cazadores, señores feudales, sea solo un recuerdo. 

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