Oasis de cuidado y sanación para las defensoras de derechos 

Integrantes de la Red Nacional de Defensoras de Derechos Humanos en México.

‘Noticias que abrazan’ cierra este convulso y violento 2025 con una iniciativa ciudadana que demuestra que el cuidado puede ser una forma de organización y herramienta política en sí misma. A comienzos de este diciembre tuve la ocasión de asistir a la creación en Baleares de uno de los “oasis de cuidado y sanación itinerantes” impulsados por IM-Defensoras, una organización que acompaña a mujeres defensoras de derechos humanos y del planeta que desarrollan su labor en contextos de represión y precariedad. En estos espacios ubicados en distintos lugares del planeta se les ofrece un tipo de atención que demuestra que el descanso puede ser un medio para fortalecer redes, crear colectividad y sostener la acción política en el tiempo.

IM-Defensoras nace en 2010, en Mesoamérica, cuando un grupo de mujeres defensoras de Derechos Humanos decide articularse para no enfrentar solas las violencias que pretenden silenciar sus procesos de resistencia. Esta red de apoyo mutuo nacida en México y Centroamérica cuenta con alianzas globales y está integrada por organizaciones feministas, colectivas y defensoras de distintos territorios. Las mujeres implicadas sellaron un pacto radical e inquebrantable: organizarse políticamente en torno al cuidado. 

En ese marco, el acto de cuidar adquiere un poderoso significado, inusual para los habitantes del norte global. Consiste en protegerse, acompañarse en momentos de riesgo, atender el cansancio acumulado, reconocer el impacto emocional de la violencia sostenida, valorar los saberes propios y sus diversas realidades, acuerparse y construir respuestas colectivas que refuercen la autonomía y la capacidad de protección.

Una de las expresiones más visibles de este enfoque fue la creación de una red de “casas de respiro y sanación” (espacios seguros de descanso y cuidado) para quienes exponen sus vidas por defender los derechos humanos y del planeta. Hace cuatro años, la iniciativa dio un paso más al poner en marcha los “oasis de cuidado y sanación itinerante”, en los que se ofrece a las defensoras la posibilidad de salir de su territorio durante unos días para que se recuperen del desgaste, el agotamiento y los dolores generados por su labor. No se trata de un retiro individual, sino de un proceso compartido en el que se colectivizan emociones, se recuperan energías y se refuerzan vínculos.

La propuesta amplía la noción habitual de protección, que a menudo se limita a la seguridad física, como ocurre en muchos casos de exilio político: Incorpora el bienestar emocional y la sostenibilidad de las personas y de los movimientos sociales que sostienen. Para ello se requiere una organización cuidadosa y la participación de profesionales externos a las propias organizaciones, con capacidad para responder y contener situaciones emocionales muy específicas, además de articular saberes relacionados con el bienestar físico, mental, emocional y espiritual.

El proceso en el que participan esta diversidad “cuidadora” se apoya en la Protección Integral Feminista (PIF), un marco político, ético y práctico de cuidado y autoprotección que entiende el cuidado como derecho, necesidad y centro de su activismo. Esto implica que las personas especializadas en terapias de diferente tipo han de reconocer la diversidad de las defensoras como sujetas políticas presentes en movimientos sociales de muy diversa índole. La cura que se pone en sus manos analiza el riesgo, atiende las condiciones reales en las que desarrollan sus resistencias, pondera y define el riesgo de sus acciones y respeta su forma de cuestionar el sistema que lastima y explota sus cuerpos y territorios. Las casas, y ahora estos oasis de cuidado y sanación, demuestran que las redes no solo acompañan: también salvan, pues convierten la protección en un proceso y una capacidad que se construye colectivamente.

En estos cuatro años, los oasis itinerantes han ido adaptándose a las necesidades cambiantes de las defensoras. Esto implica flexibilidad y escucha implicada en un amplio sentido de la palabra. Para empezar, las participantes son elegidas a partir de un prediagnóstico integral que permite adaptar el acompañamiento a sus necesidades concretas, tanto individuales como del grupo del que formarán parte. A menudo las mujeres llegan a los oasis con problemas de salud y malestares profundamente ligados a su labor en contextos de represión y violencia. Algunas afrontan el cierre de sus organizaciones o la pérdida de proyectos políticos construidos durante años, un golpe especialmente duro cuando se suma a trayectorias vitales largas. Estos oasis –muchos de ellos en entornos naturales– han acogido a más de cien defensoras de distintas edades y procedencias en apenas cuatro años.

El número de las participantes es reducido, porque el programa no es un simple lugar de relajación, sino una apuesta política por la vida: Se les ofrece un tiempo significativo de varios días o semanas, en función de su estado físico, anímico y emocional, es decir, el necesario para que vuelvan a conectar con la energía vital. Durante su estancia reciben herramientas prácticas de autocuidado y espacios de reflexión sobre su valor político. El proceso culmina con la elaboración de un plan personal de autocuidado específico, adaptado a sus reivindicaciones y contextos, un plan que las mantenga vivas, fuertes y alegres, al que se puedan comprometer y al que se dará seguimiento, como forma de monitorear su avance. 

Fomentar su autonomía y empoderamiento, promover sus redes de apoyo y contribuir a fortalecer tejidos sociales dañados por la persecución es un camino en el que todas las personas implicadas se transforman. Las partes sanadoras y quienes reciben sus atenciones co-crean un proceso personal y político capaz de desmontar opresiones y victimizaciones, liberar el cuerpo y empoderar la acción con principios de dignidad, memoria y transformación. reflexión, convivencia y diálogo.

En el encuentro celebrado en diciembre en Baleares, una veintena de profesionales con experiencia en prácticas terapéuticas (corporales, narrativas…) y creativas (en propuestas como la música, la artesanía o la danza) comenzaron a formarse y organizarse para acompañar esta dimensión política de los cuidados. Allí emergió con fuerza una idea compartida: transformar la cultura del sacrificio en el activismo, valorando el autocuidado como acto político y de justicia; de hecho, acompañar a las defensoras también implica cuidar a quienes las cuidan. Este mes ya se ha puesto en marcha el proceso de selección de quienes acudirán al oasis itinerante que se abrirá en Baleares el próximo año.

En el corazón y la mente de quienes acudimos a este encuentro quedan las afirmaciones de sus protagonistas: “Frente a este escenario de colapso, nosotras defendemos, cuidamos y hacemos florecer la vida. Tejemos otra realidad que se gesta en nuestras comunidades y barrios, construimos alternativas de vida digna y otros paradigmas contrahegemónicos que son alivio, sanación, justicia y esperanza. Honramos a nuestras ancestras y al legado de nuestras luchas, y nos organizamos para defenderlo. Somos abrazo”. 

Deja tu comentario

¿Qué hacemos con tus datos?

En elasombrario.com le pedimos su nombre y correo electrónico (no publicamos el correo electrónico) para identificarlo entre el resto de las personas que comentan en el blog.

No hay comentarios

Te pedimos tu nombre y email para poder enviarte nuestro newsletter o boletín de noticias y novedades de manera personalizada.

Solo usamos tu email para enviarte el newsletter y lo hacemos mediante MailChimp.