Rauschenberg y los excesos del mundo, en el Thyssen

El artista Robert Rauschenberg posa frente a su obra ‘Express’ en la XXXII Exposición Internacional Bienal de Venecia 1964. Foto: Uno Mulas Heirs.

Para celebrar el centenario del nacimiento del gran artista estadounidense Robert Rauschenberg (1925-2008), el Thyssen-Bornemisza dedica una sala de su recorrido expositivo a desmenuzar la trastienda de la única (pero crucial) obra que este museo nacional tiene del pintor: ‘Express’, una pintura serigrafiada que ya en los años 60 advertía de los excesos del mundo y de la avalancha de imágenes que nos sacude a diario. (Y eso se le ocurrió hace 60 años; ¿qué pensaría ahora, en esta época de ‘redes’ de captura).        

La instalación propone nuevas perspectivas sobre esta pieza clave en la trayectoria del artista. Explican en el Thyssen: “A través de ella se exploran tanto las fuentes de su rica iconografía como el impulso experimental que llevó a Rauschenberg a eliminar fronteras entre disciplinas y a colaborar con creadores de ámbitos como la danza, la performance, las artes visuales o la ciencia. También se dedica atención a la importancia de esta obra en su consagración internacional, al recibir en 1964 el Gran Premio de Pintura de la Bienal de Venecia”.

Esta propuesta, montada con el apoyo de la Robert Rauschenberg Foundation, se inscribe en un año de actividades y exposiciones que revisan la figura de Rauschenberg desde un enfoque contemporáneo, destacando su influencia en artistas actuales y su creencia en el arte como herramienta de transformación individual y social. En ese contexto entra también la magnífica exposición que ha dedicado a su relación con la fotografía la Fundación Juan March en Madrid, desde octubre hasta el pasado 18 de enero.

Marta Ruiz del Árbol, conservadora senior de Pintura Moderna del Thyssen y comisaria de este montaje, señaló en la presentación a la prensa: “Hay que subrayar siempre el mucho más de Rauschenberg, su actualidad, por qué pervive su legado, así como su defensa constante de incorporar la vida al arte, algo tan de ahora. Él insistía mucho en que quería actuar en el espacio entre el arte y la vida”. También hay que destacar su actualidad como pionero del upcycling artístico a través del empleo de objetos encontrados. Apunta Ruiz del Árbol que era famoso por que recorría las calles del Bajo Manhattan recogiendo objetos de la calle que acumulaba en su estudio para luego dar rienda suelta a su creatividad. Una creatividad multidisciplinar, que abarcaba desde la pintura (lo que más ha trascendido de él) y las instalaciones, hasta la fotografía, la música (colaboraciones con John Cage), el teatro, la danza (colaboraciones con Merce Cunningham)… Todo un personaje, un desbordante dinamizador del ambiente cultural neoyorquino de mediados del siglo pasado. De tremenda energía. Ejercía una atracción magnética sobre toda la vanguardia artística de la época; era una especie de flautista de Hamelín cultural. Y, como Warhol, reflejó el ritmo acelerado de los años 60 en la cultura de Estados Unidos, la saturación de imágenes, los excesos del mundo.

El cuadro 'Exprés' de 1963 pintado por Robert Rauschenberg. Foto: Robert Rauschenberg Estate.

El cuadro ‘Express’ de 1963 pintado por Robert Rauschenberg. Foto: Robert Rauschenberg Estate.

Ya entonces…

La nota del Thyssen nos lo ordena: “A mediados de la década de los 50, Rauschenberg comenzó a producir sus combine paintings (1954-64), una mezcla de pintura, escultura, collage y objetos encontrados, procedentes en su mayor parte de la sociedad de consumo. En 1962, influido por Andy Warhol, inició su experimentación con la serigrafía comercial, una nueva técnica que se convirtió en la base de su trabajo en los siguientes años, ya que le permitía ampliar, repetir y superponer en los lienzos imágenes fotográficas de su archivo o publicadas en periódicos y revistas, que plasmaban su universo visual. Express pertenece a este grupo de pinturas en las que Rauschenberg utiliza la serigrafía. Las fotografías reflejan el ritmo acelerado de la sociedad de su época y muchas de ellas hacen referencia al movimiento: la imagen repetida del jinete sobre el caballo saltando una valla, los bailarines, el escalador, las ruedas y una figura desnuda que baja una escalera, entre otras”. Un conjunto en el que, a simple vista, podemos percibir caos en la composición, pero en el que encontramos, si nos fijamos más atentamente, un estudiado orden, una armonía…

Así, Guillermo Solana, director artístico del museo, ve en esta obra “una celebración de la danza, un ensalzamiento del movimiento, de la belleza del cuerpo en movimiento”. Biodato: por entonces, su pareja era un bailarín y el propio Rauschenberg diseñaba escenografías para espectáculos de Cunningham; incluso se lanzó a crear algunas coreografías y apareció sobre el escenario en algún espectáculo. 

Transporte de obras de Rauschenberg durante la Exposición de la Bienal de Venecia en 1964. Foto: Ugo Mulas Heirs.

Transporte de obras de Rauschenberg durante la Exposición de la Bienal de Venecia en 1964. Foto: Ugo Mulas Heirs.

El montaje especial reconstruye su proceso creativo, que comenzaba con la selección de las fotografías que iba a utilizar. En una vitrina se muestran muchas de esas imágenes, procedentes en ocasiones del archivo personal de Rauschenberg o, la mayoría de las veces, de revistas y periódicos estadounidenses, como el New York Daily News o Life Magazine, que sirvieron de base para el lienzo. Posteriormente enviaba estos recortes a un fabricante para que, con ellas, produjera grandes pantallas serigráficas. Sobre estas pantallas, aplicaba tinta serigráfica para transferir después las escenas al lienzo. Por último, añadía trazos gestuales con pinceles, trapos o sus propias manos. Esta obra, además, fue una de las que Estados Unidos presentó en la Bienal de Venecia de 1964, en la que Rauschenberg fue galardonado con el Gran Premio de Pintura, convirtiéndose en el primer artista norteamericano en obtenerlo y marcando el paso del testigo de Europa como gran faro artístico mundial a América. 

La muestra del Thyssen se completa con cinco instantáneas tomadas en Venecia por el fotógrafo italiano Ugo Mulas, además del catálogo general de la Bienal y el catálogo del pabellón de EE UU, y con la proyección de un vídeo que incluye imágenes del artista trabajando en Barcaza (1962-1963), una de sus primeras pinturas serigrafiadas, y de su primera coreografía, Pelícano, estrenada en 1963.

‘Rauschenberg: Express. En movimiento’. Sala 48 de la colección permanente del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza. Hasta el 24 de mayo. 

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