Boikot: “Pasan demasiadas cosas como para callarse”

La banda Boikot, referente del rock combativo.

‘No les interesa’ (Maldito, 2026) supone una nueva muestra de la capacidad de la banda madrileña Boikot para combinar música y mensaje. Este nuevo disco, compuesto por 15 canciones, profundiza en problemáticas actuales: las guerras, la indiferencia social, el sufrimiento de las víctimas de los conflictos armados, el maltrato animal y el distanciamiento de las élites respecto a las necesidades reales de la población. La banda vuelve a alzar la voz para denunciar aquello que considera injusto y para recordar la importancia de la conciencia crítica y la movilización social. 

Boikot es una de las formaciones más representativas del punk rock estatal. Desde su nacimiento a finales de los años 80, el grupo ha construido una trayectoria marcada por la denuncia social, el compromiso político y una energía arrolladora sobre los escenarios. Con una mezcla de punk, rock, ska y sonidos mestizos, Boikot ha conseguido la fidelidad de varias generaciones de seguidores que conectan con unas letras directas que invitan a la reflexión y la acción colectiva.

A lo largo de su carrera, la banda ha mantenido una identidad muy definida, abordando temas como las desigualdades sociales, la defensa de los derechos humanos, el antifascismo, la solidaridad internacional y la lucha contra cualquier forma de injusticia. Esa actitud combativa se ha convertido en una de sus principales señas de identidad y sigue plenamente vigente en No les interesa, su nuevo disco.

Entre los adelantos del álbum destacan temas como Toro, Los últimos niños y El Pueblo canciones que reflejan el espíritu reivindicativo que atraviesa todo el trabajo. Además, el disco cuenta con colaboraciones destacadas, entre ellas la del violinista Ara Malikian.

Con No les interesa, Boikot demuestra que no solo sigue siendo una banda necesaria dentro del panorama musical español, sino que son necesarios para dar voz a los que se silencia. Su combinación de contundencia sonora, compromiso social y pasión por la música confirma que, tras décadas de trayectoria, continúa manteniendo intacta la esencia que la ha convertido en un referente del rock combativo. Hablamos con Kosta Vázquez, voz y guitarra de la banda.

Lleváis varias décadas en activo… Nunca habéis parado de girar, ni un año sabático ni nada parecido, ¿cuál es el secreto?

No hay ningún secreto mágico. Seguimos aquí porque seguimos teniendo motivos para salir a tocar. Mientras haya injusticias, guerras, explotación, racismo o gente que quiera convertir la cultura en un producto de usar y tirar, tendremos algo que decir. Además, el escenario sigue siendo el lugar donde mejor entendemos el mundo y donde mejor nos entendemos con nuestra gente. 

Seguís llevando el ska y el punk rock por bandera, pero habéis creado un nuevo código que, de algún modo, conecta con las nuevas generaciones… ¿cómo se consigue eso?

No persiguiendo modas. Lo que conecta con la gente joven no es sonar como TikTok, sino hablar de problemas reales. La precariedad, el acceso a la vivienda, el fascismo disfrazado de modernidad, la destrucción del planeta o el genocidio televisado son temas que atraviesan generaciones. Cambian las herramientas, pero la rabia sigue siendo la misma. Nosotros seguimos siendo honestos y la gente detecta cuándo alguien habla desde las tripas y cuándo lo hace desde el departamento de marketing.

Os plantasteis y dijisteis NO al festival financiado por fondos israelíes, ¿crees que se consigue algo de verdad con ese tipo de posturas o en realidad no nos cuentan ni la mitad de la mitad?

Claro que sirve. Lo que no sirve es mirar para otro lado. Nadie cree que una banda vaya a parar una masacre ella sola, pero el silencio siempre beneficia al opresor. Cuando rechazas dinero manchado de ocupación, apartheid o genocidio, al menos dejas claro de qué lado estás. Hay quien piensa que la música debe ser neutral. Nosotros pensamos que la neutralidad frente a la injusticia es una forma elegante de complicidad.

El núcleo central de la formación sois Juankar, Alberto, Kosta y Grass; sin embargo, a día de hoy no se puede entender vuestra música sin viento ni trikitritxa, ¿cómo fue esta evolución que llega hasta el presente?

Porque Boikot nunca ha sido una jaula musical. Venimos del punk, pero también de la calle, de las fiestas populares, de los barrios y de mezclar culturas, de estudiar música, de formarnos. Los vientos y la trikitritxa no son un adorno, son una forma de ampliar el mensaje y de hacer que las canciones respiren más pueblo y menos fórmula.

Hacía años que no sacabais un álbum con canciones nuevas, un disco, vaya, ¿algún motivo en particular para hacerlo ahora?

Porque vivimos tiempos que exigen canciones nuevas. El mundo se ha acelerado tanto que parecía que cada semana merecía una banda sonora distinta. Había demasiadas cosas pasando como para quedarnos callados. Entre guerras, ultraderecha, fondos buitre, discursos de odio y desigualdad creciente, sentíamos la obligación de volver a escribir.

En este medio somos animalistas, ¿qué nos puedes decir de ‘Toro’? Ese canto explícito contra la tauromaquia. ¿Cómo a día de hoy sigue habiendo este tipo de actos?

Porque todavía hay quien confunde tradición con impunidad. Si una tradición consiste en torturar un animal hasta la muerte para entretener a un público, el problema no es cuestionarla, el problema es seguir justificándola. Toro nace de ahí. Resulta surrealista que en pleno siglo XXI se subvencione con dinero público algo que jamás aceptaríamos si la víctima fuese cualquier otro ser vivo.

Sin lugar a duda, uno de los sucesos que cada día sale en las noticias es la muerte de mujeres a manos de hombres, de sus propios compañeros o parejas… Boikot siempre habéis sido sensibles con esa lacra, ¿qué nos puedes decir sobre esto?

Que ya basta de llamarlo drama cuando es violencia machista. No son casos aislados ni accidentes. Son las consecuencias de una estructura que sigue educando a muchos hombres en la posesión, el control y la desigualdad. Lo más preocupante es que mientras aumentan los asesinatos, también aumenta el negacionismo impulsado por determinados sectores políticos. Combatir el machismo no es una cuestión ideológica, es una cuestión de derechos humanos.

Otra canción que nos gustaría que nos comentases es ‘El pueblo’, donde salen referencias o miradas a la memoria de Federico García Lorca, Antonio Machado y Miguel Hernández.

Porque son voces que siguen molestando a quienes prefieren una sociedad sin memoria. Lorca, Machado y Hernández representan una cultura comprometida con la libertad, la justicia y la dignidad. En tiempos de amnesia interesada, reivindicar su legado es también una forma de resistencia. 

Siempre habéis cantado a lo social, al pueblo, a los derechos de los desfavorecidos, ¿qué habría que hacer para tener y disfrutar de un mundo mejor?

Repartir la riqueza. Así de simple y así de difícil. Hay recursos para que nadie pase hambre, para que todo el mundo tenga vivienda, sanidad y educación dignas. El problema no es la falta de riqueza, sino quién la acumula. Mientras unos pocos multimillonarios sigan decidiendo el destino de millones de personas, hablar de libertad será una broma pesada. BlackRock es quien domina el mundo.

Viajáis regularmente a México, ¿qué os encontráis allí cuando vais? ¿Se os percibe como aquí?

México es una segunda casa. Nos encontramos una conexión brutal con la gente, una conciencia social muy fuerte y una pasión por la música que emociona. Evidentemente, los problemas son distintos, pero muchas luchas son las mismas: desigualdad, corrupción, violencia y resistencia popular. Allí sentimos que nuestras canciones también forman parte de su historia.

En el disco hay colaboraciones que me gustaría comentar, una es la de Ara Malikian. ¿Cómo ha sido trabajar con él?

Ara es talento, sensibilidad y compromiso. Más allá de ser un músico extraordinario, tiene una mirada muy humana sobre lo que ocurre en el mundo. Trabajar con él ha sido fácil, porque entiende perfectamente que la música también puede ser una herramienta para sacudir conciencias.

La otra es Pulpul de Ska-P. Me gustaría que me dijeses desde cuándo os conocéis y por qué le habéis llamado.

Nos conocemos desde hace muchísimos años. Hemos compartido escenarios, luchas y kilómetros de carretera. Más allá de la amistad, compartimos una manera parecida de entender la música: como diversión, sí, pero también como herramienta de denuncia. Contar con él era algo natural.

Queremos que nos hagáis un balance sucinto sobre la actual situación mundial, sobre este mundo tan Trump y tan sinsentido en lo político.

Estamos viviendo una época peligrosa. La extrema derecha ha aprendido a disfrazarse de rebeldía mientras protege los privilegios de siempre. Nos venden odio para que no hablemos de desigualdad. Nos enfrentan entre pobres para que los ricos sigan haciendo negocios. Trump no es una anomalía; es el síntoma de un sistema que lleva décadas poniendo el beneficio económico por encima de la vida. Pero también vemos una ciudadanía cada vez más organizada, más consciente y menos dispuesta a tragarse según qué cuentos. La historia nunca está escrita de antemano y la pelea sigue abierta.

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