Lombrices, chorlitejos y gaviotas   

Foto: Pixnio

Este verano, los Relatos de Agosto de ‘El Asombrario’ en colaboración con el Taller de Escritura de Clara Obligado se centran en la ‘liternatura’. Literatura de naturaleza. Hoy nos detenemos en el ciclo de la vida, tan cruel como natural. “En pocos segundos, la gaviota cae sobre el nido y atrapa con sus garras uno de los cuerpecillos. De nada sirven sus llamadas, ni su intento por amedrentarla. La gaviota se posa en la otra orilla de la laguna para disfrutar de su presa, picotazo a picotazo la va desgarrando”. 

POR ESTHER PÉREZ ASENSIO 

(Para Raúl de Tapia, sin acritud)

Oculta su figura en la marisma, entre carrizos y espadañas, para no ser sorprendido por su modelo, que escapa del objetivo del telescopio, correteando por la orilla. Sus trazos prolongan los tallos de eneas sobre la lámina, y a su silencio le acompaña la zambullida del pincel en el vaso de agua y la caída de la gota sobre el pigmento, negro de marfil para el pico y las patas, siena natural para el manto. El chorlitejo picotea los granos de arena y da con la lombriz, tira de su cuerpecillo hasta sacarla del túnel que ha excavado y la sujeta con decisión. Unos metros más allá, en un agujero poco profundo, rodeado de guijarros y fragmentos de conchas, le esperan tres bocas hambrientas recién salidas del huevo. El dibujante se da prisa, quiere inmortalizar cada escena, la lombriz balanceándose suspendida de la comisura del pico del adulto, las boqueras amarillo limón de los pollos, reclamando su parte. Es mayo. El chorlitejo alimenta a sus pollos mientras trata de sortear a unos y otros, y de mantenerlos lejos de las incursiones de cuervos, zorros y gatos.

No la ve venir.

En pocos segundos, la gaviota cae sobre el nido y atrapa con sus garras uno de los cuerpecillos. De nada sirven sus llamadas, ni su intento por amedrentarla. La gaviota se posa en la otra orilla de la laguna para disfrutar de su presa, picotazo a picotazo la va desgarrando. En otra hoja del cuaderno, el observador traza a carboncillo las líneas que definen la secuencia y comienza a dar color a los protagonistas, el rojo cadmio para el anillo que rodea el ojo de la gaviota y el amarillo aureolina para las patas, ocre para el plumón de la cría de chorlitejo, carmín para los trozos que regurgitará sobre las bocas de sus pollos. Entretenida como está en llenar el buche, la pilla por sorpresa.

La primera dentellada acaba con su vida, lejos de su dueño, el perro solo juega. Mantiene entre sus dientes el cuerpo de la gaviota unos segundos, para lanzarlo después contra la arena varias veces. Y el dibujante, oculto entre carrizos y espadañas, empieza una hoja nueva para delinear una silueta que podría esbozar aún sin verla porque la conoce bien, mezcla pigmentos hasta dar con la gama de marrones de Otto, su labrador; y perfila su contorno junto con la gaviota muerta a sus pies, que se comió al pollo de chorlitejo, que poco antes llenó su estómago con la lombriz que se comió su madre. Y acaba la lámina, perro, gaviota, chorlitejo y lombriz. Enmarcada en los colores de la marisma, la primavera.

 

Deja tu comentario

¿Qué hacemos con tus datos?

En elasombrario.com le pedimos su nombre y correo electrónico (no publicamos el correo electrónico) para identificarlo entre el resto de las personas que comentan en el blog.

No hay comentarios

Te pedimos tu nombre y email para poder enviarte nuestro newsletter o boletín de noticias y novedades de manera personalizada.

Solo usamos tu email para enviarte el newsletter y lo hacemos mediante MailChimp.