Cuando La Movida se cruzó con La Mitología… y ¡chas!

Ouka Leele. ‘Rapelle-toi, Bárbara’, 1987. Museo de Arte Contemporáneo de Madrid © Ouka Leele, VEGAP, Madrid 2026

La exposición “Mitologías modernas: Ouka Leele & Co.”, en la Sala Alcalá 31 de Madrid, explora la influencia de los mitos clásicos en los creadores madrileños de los años 80 vinculados a la llamada Nueva Figuración. A partir de la intervención que Ouka Leele realizó en la fuente de Cibeles en 1987 para recrear el mito de Hipómenes y Atalanta, la muestra recorre más de 100 obras de artistas como El Hortelano, Ceesepe, Carlos Franco, Sigfrido Martín Begué, Guillermo Pérez Villalta, Dis Berlin, Pablo Sycet, Costus o Patricia Gadea, que buscaron nuevos lenguajes desde la cultura underground del cómic y los fanzines, la estética pop y el brío expresivo del diseño y la fotografía. 

Cuenta la leyenda que Atalanta fue criada por una osa y luego rescatada por unos cazadores. Que creció fuerte y se convirtió en una cazadora valiente, adquiriendo fama de ser la más veloz persiguiendo a sus presas. Que, aunque no quería casarse, se vio obligada a escoger pretendiente, y para ello retó a los candidatos a una carrera donde los perdedores serían castigados con la muerte. Solo Hipómenes fue capaz de ganarla haciendo trampa, ya que la entretuvo con las manzanas de oro que dejaba caer a su paso y que Atalanta, deslumbrada por su brillo, se entretenía en recoger. Así lo plasmó Guido Reni hace cuatro siglos en un prodigioso cuadro donde cuerpos y túnicas giran ingrávidos en un tiempo que no se detiene, porque los héroes de la mitología no mueren nunca.

En la fotografía titulada Rapelle-toi, Bárbara! que Ouka Leele realizó en la fuente de Cibeles en 1987 recreando este mito, una pareja imita el movimiento del cuadro de Reni desde el brocal de la fuente; desperdigados a sus pies yacen algunos cuerpos con el pecho atravesado por las flechas de Atalanta. Bajo un cielo turbio y rosado todo adquiere una violencia inquietante; como si se hubieran solapado las épocas en el transcurrir del tiempo: tras la fuente se yergue irreal el edificio de Correos; al fondo la Puerta de Alcalá coloreada en turquesa parece la entrada a otro mundo, pero en torno a la escena se arremolina el tráfico como cualquier otro día en la ciudad; como ayer mismo o como pasado mañana.

Ouka Leele. 'Herida como la niebla por el sol', 1987. Colección de María Rosenfeldt, heredera del legado de Ouka Leele © Ouka Leele, VEGAP, Madrid 2026.

Ouka Leele. ‘Herida como la niebla por el sol’, 1987. Colección de María Rosenfeldt, heredera del legado de Ouka Leele © Ouka Leele, VEGAP, Madrid 2026.

'Ouka Leele. Ceesepe, El Hortelano y Rita', 1986. Colección de María Rosenfeldt, heredera del legado de Ouka Leele © Ouka Leele, VEGAP, Madrid 2026

‘Ouka Leele. Ceesepe, El Hortelano y Rita’, 1986. Colección de María Rosenfeldt, heredera del legado de Ouka Leele © Ouka Leele, VEGAP, Madrid 2026

Esta obra de Ouka Leele es la pieza central de la exposición Mitologías modernas: Ouka Leele & Co., comisariada por Julio Pérez Manzanares en la Sala Alcalá 31 de Madrid, que explora la influencia de los mitos clásicos en los artistas madrileños de los 80 vinculados a la llamada Nueva Figuración: El Hortelano, Ceesepe, Carlos Franco, Sigfrido Martín Begué, Guillermo Pérez Villalta, Dis Berlin, Pablo Sycet, Costus o Patricia Gadea entre otros, que en plena Transición buscaban otros lenguajes para la nueva realidad. Una reinterpretación de aquel presente desde la cultura underground del cómic y los fanzines, la estética pop y el brío expresivo del diseño y la fotografía.

Madrid era un estimulante coliseo en los años 80. Y ejercía un influjo recíproco: lo que la ciudad proporcionaba a estos artistas quedaba reflejado en sus obras como la nueva identidad urbana, el icono colorido de días y noches en ebullición, el epicentro de la modernidad en un país que ya empezaba a ser otro. Quizá por eso la muestra tiene un recorrido circular desde la bóveda de acceso y el espacio expositivo es un circo rosa, dividido por grandes columnas y arcos rotulados en neón con el nombre de los artistas que compartieron amistad y trayectoria con Ouka Leele: Ceesepe, El Hortelano, Carlos Franco y Martín Begué. Como dice su comisario, Pérez Manzanares, que quería huir de los tópicos de la Movida que encasillan a estos artistas, es “una historia diferente –no menos mitológica, y quizá por eso, más real– de algunas de las creaciones artísticas que la ciudad de Madrid vio florecer en estas décadas”.

Entre lo real y lo mitológico se mueven todas las obras expuestas, llenas de ideas y de sensaciones, como defendía Martín Begué, con alusiones religiosas y a veces populares, como los avistamientos ovni provenientes del planeta Ummo, habituales en la prensa sensacionalista de entonces. Ouka Leele recoge estos temas en sus características fotografías intervenidas con pintura como la fabulosa serie de 1979 Peluquería, presente también en la muestra, en las que preparaba concienzudamente la escena antes de capturar la imagen. “Nunca hago fotografías por ahí porque me da mucho corte, y es como robarle el espíritu a la gente”, dice en una entrevista con Paloma Chamorro para el legendario programa La edad de oro, que emite uno de los monitores en la sala central. “Y ese momento de crear un mundo irreal es el más interesante de la creación”. En otro de los monitores, un jovencísimo Martín Begué, con impoluto traje claro y corbata, responde a las preguntas de Chamorro sentados en las gradas del plató entre el público del programa y, como en una alucinación, aparecen tras una neblina luminosa porque todo el mundo está fumando.

Aquí está, pensativa y vestida de rojo, su Pandora (1981) con la caja de los vientos abierta en el regazo y las tres figuras fantasmales del Tríptico de la Providencia (1986), o la enigmática y ambigua Hipócrates femenino (1985) pidiendo silencio.

En la sala de Carlos Franco se exponen sus bocetos del proyecto para la Casa de la Panadería en la Plaza Mayor de Madrid, que pobló su fachada de figuras mitológicas. Sus pinturas de colores voluptuosos, como Gran menina en el harén (1996) o La primera cena (1991), están inundadas de simbología y literatura.

En la sala dedicada a Ceesepe me asalta la nostalgia: aquí está el cartel de 1986 de La ley del deseo o la icónica Vicios modernos, cuya serie recopiló en un volumen junto con su obra gráfica hace unos años la editorial Fulgencio Pimentel.

El Hortelano, que aparece autorretratándose multiplicado en su obra Biografía de 1984, formó un círculo de amistad y trabajo con Ceesepe, García-Alix y Ouka Leele. La fotógrafa tomó su nombre artístico de una estrella del firmamento underground del cómic que El Hortelano creó en 1977 Europa Réquiem, cuya página se muestra en la sala del artista.

En el corredor de la planta superior se exhiben algunas obras de otros coetáneos como Pérez Villalta, Joaquín de Molina, Ana García Pan o Costus, que participan a veces desde la abstracción y constatan lo que, según el comisario Pérez Manzanares, fue una tendencia generacional en todos estos creadores seducidos por los mitos clásicos, que convirtieron la ciudad en un ecosistema creativo.

El Hortelano. 'Homenaje a Van Gogh', 1983. Blanca Morera. Colección particular herederos de El Hortelano. Foto de Guillermo Gumiel. ©El Hortelano, VEGAP, Madrid 2026

El Hortelano. ‘Homenaje a Van Gogh’, 1983. Blanca Morera. Colección particular herederos de El Hortelano. Foto de Guillermo Gumiel. ©El Hortelano, VEGAP, Madrid 2026

En este tiempo en el que la realidad es otro producto prefabricado, parece que la mitología vuelve a estar de moda. O quizá lo estuvo siempre, porque sus historias nos fascinan. Observando de nuevo la fotografía de Ouka Leele en torno a la que gira esta muestra se me ocurre de pronto que, tal como atravesaron el arte, la poesía y el teatro, los antiguos griegos y sus dioses iban siempre vestidos de verano, con sus túnicas ligeras y sus sandalias, con su hermoso cabello ensortijado y el torso desnudo como si acabaran de bañarse en una fuente. “Si las cosas fuesen como las fotografío, igual no me gustarían, preferiría la realidad”, decía tímidamente la fotógrafa en la entrevista con Chamorro. Atalanta perdió la carrera y el corazón, porque al final se lo entregó a Hipómenes y Cibeles castigó esa pasión convirtiéndolos en leones. Y ahí siguen desde entonces, en la onírica imagen de Leele y en la fuente, tirando del carro de la diosa mientras la ciudad atraviesa agosto adormecida, palpitante de calor.

‘Mitologías modernas: Ouka Leele & Co’.

Sala Alcalá 31, Madrid. Hasta el 18 de octubre.

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