‘La Búsqueda de la Verdad’ y las amenazas de la IA

Entrega de la Medalla Hawking a la Comunicación Científica. De izquierda a derecha, Garik Israelian, Geoffrey Hinton, Brian May y Michael Hintze. Foto: STARMUS (Max Alexander).

Tenerife se convirtió la semana pasada en el epicentro mundial de la curiosidad humana. Allí ha tenido lugar el festival Starmus VIII. Bajo el lema ‘The Search for Truth’ (La búsqueda de la verdad), el evento, fundado por Garik Israelian y el astrofísico y guitarrista Brian May hace ya 15 años, regresó al lugar donde nació con seis jornadas en las que las fronteras entre la ciencia más compleja, los viajes más allá de la Tierra, la urgencia medioambiental y la música se conjugaron para abrir las mentes de quienes han acudido hasta allí. El futuro, a tenor de lo aportado por la sabiduría de los participantes, no deja de ser incierto, en gran parte debido a una IA que despierta más temores que certezas, pero también por ese afán humano que se enfrenta a dos retos: conquistar el Cosmos y arreglar lo que estamos haciendo en la Tierra.

El festival arrancó el día 17, en el puerto de Santa Cruz de Tenerife, con un evento en el que la música y el Cosmos demostraron que hacen buena pareja. La fusión de las voces del tenor Andrea Bocelli y la soprano Sarah Brightman, junto a los inconfundibles solos de guitarra de Brian May, dieron paso el segundo día a un hito cultural: el estreno mundial de Echoes from Black Holes, obra compuesta por el legendario teclista Rick Wakeman, una obra que envolvió la Pirámide de Arona en texturas sonoras inspiradas en las ecuaciones de la astrofísica. En la gala inaugural, se entregaron las Medallas Stephen Hawking que esta edición han reconocido la labor divulgativa de mentes brillantes como los físicos Brian Cox y Geoffrey Hinton, el cineasta Ridley Scott o los astronautas de la misión Artemis II. Además, se entregaron las primeras Medallas de la Tierra Jane Goodall a la líder climática Christiana Figueres y a Brian May. También hubo premios para dos jóvenes: la española Valeria Corrales y el niño británico Aneeshwar Kunchala, que a sus 11 años es un gran activista ambiental.

El Cosmos y la IA 

Ya desde el primer día, el escenario del Science Camp, instalado en la capital de la isla, de acceso gratuito, permitió conocer de cerca a tres de los cuatro astronautas que este año visitaron el lado oscuro de la Luna, con Artemis II: el comandante Reid Wiseman, el piloto Victor Glover y el especialista Jeremy Hansen. Juntos compartieron lo “pequeños que somos en la inmensidad del espacio” y destacaron que, a más de 400.000 kilómetros, contemplar esa fragilidad genera una necesidad absoluta “de paz, esperanza y unidad global”. En una charla posterior con el astronauta canadiense Chris Hadfield, Glover destacó que, al alejarse hacia la Luna, descubrió cómo nuestro planeta se percibe como un único astro suspendido en un vacío inhóspito. “Es nuestra propia nave espacial y toda la humanidad somos como una tripulación que debe cuidar unida de su único hogar, como lo hacemos los astronautas con la nuestra”. Y es que nadie ha estado más lejos que ellos de este planeta en la historia de la Humanidad, tras viajar durante cinco días a 39.000 kms por hora.

Con la semana, comenzó la parte más científica de Starmus con ponencias que transitaron por una dualidad constante: la fascinación del mañana frente a los peligros del presente. Titanes de la tecnología debatieron con figuras como Hinton –uno de los padrinos de la Inteligencia Artificial y ex vicepresidente de Google– sobre los límites éticos y existenciales de la IA. Hinton lanzó una de las frases más virales del Starmus al advertir que los sistemas de IA avanzados llegarán a comprender el mundo a un nivel que escapa por completo a la capacidad cognitiva humana. “No la entenderemos, del mismo modo que las ratas no comprenden los números primos”, alertó. Auguró que obtendrán conclusiones tan complejas que los humanos no tendremos la capacidad de evaluar si lo que afirman es correcto o no. 

Pero la IA estuvo presente en otras muchas intervenciones a lo largo de estas jornadas. La filósofa de la ciencia Sabina Leonelli, de la Universidad de Múnich, explicó cómo está transformando la investigación científica. Leonelli lanzó una seria advertencia sobre los riesgos de confiar ciegamente en la automatización, dada la cantidad de “datos zombi” (información sin contexto) que se almacenan y que luego entrenan a los algoritmos. Defendió, no obstante, que nunca podrán sustituir a las teorías científicas que elaboran los humanos ni descubrir leyes universales por sí sola.

En la misma línea, Bernhard Schölkopf, director del Instituto Max Planck de Sistemas Inteligentes, recordaba que hoy las máquinas son maestras en el «reconocimiento de patrones», pero aún les cuesta comprender por qué ocurren las cosas. Y añadió: “En vez de preocuparnos sobre si ellas entienden el mundo, la Humanidad debería mirarse al espejo y analizar cómo lo entendemos nosotros”. 

Para ayudar a ello, bien podría servir la computación cuántica en la que lleva trabajando décadas el físico español Ignacio Cirac, quien ofreció una visión prudente sobre el estado de una tecnología que tiene un enorme potencial para procesar datos, aunque de momento explicó que hay errores que hay que corregir para estabilizar unas posibles máquinas del futuro con las que podríamos hacer cálculos hoy imposibles utilizando reglas físicas distintas a las de los ordenadores clásicos.

Estreno mundial de ‘Echoes from Black Holes’, obra compuesta por el legendario teclista Rick Wakeman, sentado  al piano. Foto: STARMUS (Max Alexander).

La vida en la Tierra

Con los pies en la Tierra habló en Starmus la diplomática ambiental Christiana Figueres, que en 2015 fue la arquitecta del Acuerdo de París: en su charla, se centró en el trabajo de Jane Goodall para argumentar cómo resolver la crisis climática requiere que la Humanidad adopte la misma mirada empática y de largo alcance que caracterizó a la primatóloga, uniendo la rigurosidad de la ciencia con la responsabilidad moral. En una mesa con tres científicas, entre ellas la ex directora de la NOAA en tiempos de Obama, Jane Lubchenco, alertó contra la tentación de presentar ciencia y política como dos mundos independientes y señaló que la política “debe ocuparse de las condiciones sociales que permiten implementar las recomendaciones científicas”, es decir, debe convertirlas “en acciones deseables, posibles y relevantes para la sociedad”. 

En este mismo ámbito más ambiental, se encuadró la conferencia de la bióloga argentina Sandra Díez, premio Príncipe de Asturias, quien no dudó en señalar que no tenemos casi margen para revertir la pérdida de biodiversidad en este planeta, lo que, en su opinión, pasa sobre todo por reducir el desbocado consumo, eliminar subsidios a combustibles que dañan la naturaleza y fomentar la recuperación de los paisajes. 

En realidad, la mención al estado de la Tierra, fue una constante en gran parte de las intervenciones. También entre las tres astronautas que Israelian logró reunir en Starmus: Julie Payette, Jannicke Mikkelsen y Sian Proctor. Juntas reflexionaron sobre la propiedad del espacio. Payette defendió que la próxima fase de exploración espacial no debe reproducir lógicas coloniales o de rivalidad geopolítica que tantos problemas generan en nuestro planeta, como parecen pretender algunos tecno-oligarcas; algo en lo que coincidía con Proctor: “Para explorar el Cosmos la cooperación es tan importante como la tecnología”. Payette, como sus colegas de Artemis II, describió la sensación de contemplar desde la ISS un planeta «vivo, con volcanes, océanos, sistemas meteorológicos y placas tectónicas en movimiento” y habló de la esperanza que produce comprobar la singularidad del único lugar donde, por ahora, es posible vivir.

De izquierda a derecha, Geoffrey Hinton, Steven Pinker y Christiana Figueres durante una de las charlas en Tenerife. Foto: TARMUS (Max Alexander).

De izquierda a derecha, Geoffrey Hinton, Steven Pinker y Christiana Figueres durante una de las charlas en Tenerife. Foto: STARMUS (Max Alexander).

Y es que no queda otra, como bien claro dejó el premio Nobel Michel Mayor en su intervención. Mayor la dedicó a desmentir el sueño de Elon Musk, que habla de llevar en el futuro a un millón de personas a Marte. «Es un desierto venenoso. Es imposible terraformarlo para generar tanto oxígeno como sería necesario”, dijo el Nobel. “El peor sitio de la Tierra es mejor que Marte”, aseguró. Y dejó claro que tampoco hay un Planeta B en el horizonte al que viajar. El astrofísico, que encontró el primer exoplaneta en 1995 (el 51 Pegasi B), recordó que ahora se conocen miles, e incluso es posible caracterizar sus atmósferas, pero que sus distancias son inalcanzables. “Si encontráramos una tierra habitable a solo 30 años luz de distancia, estaría mil millones de veces más lejos que la Luna y eso son millones de años de viaje en una nave Apollo”. “Cuidemos la Tierra, que no hay otra accesible”, sentenció.

El colofón de Starmus VIII fue el mítico formato de la mesa redonda de los «108 minutos», celebrada en el Gran Telescopio Canarias (GTC) en el Roque de los Muchachos de la vecina isla de La Palma, emulando la duración del histórico vuelo espacial de Yuri Gagarin. Es un evento que fue grabado y podrá verse con posterioridad. 

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