Ana Curra: “Vivimos derroteros absolutamente despreciables”
Ana Curra, desde la mirada de Pablo Zamora.
Incorruptible e incombustible se muestra Ana Curra en la actualidad. Siguiendo, como siempre, el instinto de sus vísceras, la musa del punk patrio, pieza capital de La Movida, se marca un delicioso ejercicio vampírico con su recién estrenado ‘La última cena de Parálisis Permanente’, donde se junta con una pléyade de jóvenes artistas, mayormente provenientes del underground, y rinde homenaje al siniestro, vigoroso y vigente legado del mítico y malogrado Eduardo Benavente y suyo. El nuevo trabajo, que lo firma como Ana Curra y Los 13 Apóstoles, lo presentará la aguerrida ‘front-woman’ junto a invitados mañana, viernes 23 de enero, en el Teatro Eslava, dentro de la programación del Inverfest. Hablamos con ella.
El disco no solo es un homenaje a ‘El acto’, sino a toda la corta y seminal discografía de Parálisis Permanente. ¿Qué te ha movido a sacar este trabajo?
Viene a ser una forma de poner otra vez en el candelero el legado de Parálisis Permanente. Ahora mismo, tras la pandemia, se observan un montón de grupos en el underground, algunos que se inician, otros que ya venían existiendo, grupos como Biznaga o Bala, que me habían manifestado que nuestro grupo, Parálisis Permanente, era para ellos una referencia. Entonces se me ocurrió aunar ese disco y ponerlo en manos de gente mucho más joven que yo, hablamos de cuatro décadas más jóvenes que yo. Me parecía muy divertido y me parecía que era un objeto de regalo para todos los fans de Parálisis que, no nos olvidemos, ha sido siempre un grupo de culto. Me rodeé de una serie de bandas como Camellos, Trippin’ You, Viuda, La Plata, Hofe… Son bandas muy distintas y eso me recordaba la época que aquí lo llamábamos el post-punk o la música siniestra.
La música siniestra sí delimita un poco, pero el post-punk para mí fue un cajón desastre. Y aquí he recogido ese cajón desastre, un montón de gente con tendencias muy diversas, pero que les aúna una pandemia, es decir, un momento de crisis a nivel mundial, donde muchas de estas bandas se plantean la profesionalización en unos casos y el hacer lo que más les gusta, porque la vida son tres días. Todo eso me recuerda al momento en que nosotros, Eduardo y yo, decidíamos, de una forma obstinada, sacar ese disco, El acto, bajo un sello independiente que tuvimos que crear para poder hacerlo, porque si no, no había otra manera. Entonces, surge así. En mi caso, todas las cosas en mi vida van surgiendo de una manera muy intuitiva.
En el disco se oyen aplausos, ¿de dónde salen esas tomas en directo?
Este proyecto tampoco fue algo muy reflexionado, porque, de hecho, respondiendo a tu pregunta, el disco yo ya lo tenía grabado, es un directo que se realizó en la Sala Capital en 2012 y suena bestial, es un directo con una energía brutal. Y está la banda que yo llevaba en ese momento, cuando hice lo de Ana Curra presenta El acto, que son Manolo UVI, José Battaglio, César Sscappa y Rafa PPM. Lo tenía guardado en un cajón y de pronto se me ocurrió esta idea: añadir en forma de duetos a todas estas generaciones mucho más jóvenes que habían manifestado como referente e inspiración a Parálisis Permanente. Se me ocurrió que podíamos darle esa vuelta de tuerca.
Estoy muy contenta con el resultado. Tengo que decir que este disco fue grabado en directo y lo que se han metido ahora han sido las voces y yo me he metido en el estudio y lo he mezclado todo y creo que el resultado es magnífico. Yo lo llamo un objeto de poder, porque me parece que es un regalo para todos los fans y a mí me sigue interesando estar en contacto con las nuevas generaciones. Y, sobre todo, las nuevas generaciones que no están en el mainstream, sino que están currando en el underground, que son grupos como Chivatos o Camellos… Son grupos que a mí me interesan, porque me sigue gustando estar en esa zona donde los grupos se inician, buscan caminos con personalidad, con creatividad y me parece que todos son distintos.
Desde luego es un selecto puñado de apóstoles…
Son 13, porque es La última cena de Parálisis Permanente, de Ana Curra y Los 13 Apóstoles. Porque 13 es un número que me gusta, 13 se llama mi perro y 13 son las canciones que entraban en el vinilo sin que la calidad del audio se viera perjudicada, que eso es muy importante. Y todos ellos en algún momento de su vida han hecho una versión de Parálisis, o bien han ido al local a aprender a tocar y en el calentamiento del ensayo hacían una versión de Parálisis, otros incluso han llevado alguna canción al directo. Podría haber elegido grupos distintos, porque a través de estas cuatro décadas ha habido muchísima gente versionando a Parálisis Permanente, pero me he centrado en estos 13, dejándome guiar un poco por mi intuición.
En ese sentido, el legado de Parálisis sigue vigente.
Las canciones de Parálisis Permanente creo que siguen estando vigentes entre la gente joven porque son canciones que, básicamente, hablan de cosas que pueden trascender el tiempo. O sea, las drogas, el sexo, la muerte, creo que son cosas que nos conciernen a todos y a lo largo de todas las generaciones están en nuestra vida. Entonces, eso es lo que le mantiene vigente. Son canciones que tienen energía y vigencia y que no tienen moñez. O sea, no hay absolutamente ninguna canción de estas cursis que te pueda rechinar después de 50 años que ya tiene el disco. Cuando Eduardo y yo hicimos el disco de El acto, no éramos conscientes de que fuera a tener ninguna repercusión. Nosotros hacíamos lo que nos dictaban en ese momento nuestras prioridades, nuestras inquietudes, nuestra cotidianidad, cosas que nos inquietaban o nos interesaban.
En la nota que firmas en el disco dices de ‘El acto’ que es “un disco de amor, sexo y muerte”. Cuando lo hicisteis, ¿erais conscientes de que estabais dando una vuelta de tuerca al incipiente punk español? ¿Cómo era el proceso de composición entre Eduardo y tú?
Veníamos del punk, que en el caso de Alaska y los Pegamoides había sido un punk bastante colorista, y nos interesaba meternos por otros senderos un poco más oscuros, en el sentido de que indagaban otro tipo de cuestiones que todavía no nos había tocado vivir, como la muerte, pero, de alguna manera, era premonitorio. Ese rollo un poco más oscuro y con un poco más de morbo, sexual y de drogas, bueno, también lo estábamos viviendo. Yo soy de la opinión de que cuando tú estás en una banda y eres joven, tienes que hacer lo que te sale, no puedes estar pensando: voy a hacer esto para esto, para lo otro, para conseguirlo. Nosotros no éramos así. Bueno, yo sigo sin ser así, pero me parece que la única manera de que un disco sea veraz y de que una banda tenga cierta proyección a la larga es precisamente buscar una personalidad propia.
En nuestro caso, en aquel momento no éramos absolutamente nadie, venía a vernos poquísima gente, pero ha trascendido, supongo yo que por esto que comento, por la urgencia de las canciones y los temas que han trascendido y trascenderán siempre. Eduardo y yo teníamos una fórmula muy sencilla. Había algunas canciones que eran de Nacho y Eduardo, como Autosuficiencia o Texas, que son más de corte punk, y luego ya el otro rollo más post-punk, ahí las letras de El acto son mías y las músicas las hacíamos entre los dos, entre Eduardo y yo. De hecho, hay un par de canciones del disco que a Eduardo le estaba yo dictando por teléfono las letras y las estaba metiendo en el disco en ese momento, ya que lo grabamos en tres días, como si fuera una toma de directo, que eso también es lo que le dio mucha frescura. Fue así, de una manera muy espontánea, con muy poca premeditación.
Recientemente se ha editado el cómic ‘Autosuficiencia’, sobre Eduardo/Parálisis. ¿Has intervenido de alguna manera? ¿Qué te ha parecido?
Se puso en contacto conmigo Juanra Fernández, el guionista, que le conozco hace muchos años, porque él tenía la idea de hacer un biopic sobre la historia de Eduardo y mía, que al final no salió adelante, pero sí que recopiló mucha información. Y ahora le salió la oportunidad de hacer el cómic con Julepe, el dibujante, que es increíble. Y entonces hizo un poco un giro del guion y lo que se planteó fue hacer la historia de Eduardo. Todos los demás salimos como satélites en torno a la figura de Eduardo. A mí me parece una fantasía el cómic, me parece maravilloso, donde el guion es un poco en la línea de Todd Haynes y el estilo de dibujo a lo Frank Miller. Me parece preciosísimo y es un regalo increíble para los fans de Eduardo.
A lo largo de tu vida has tenido etapas donde has vivido muy al límite, y otras donde has sido, por ejemplo, una comprometida docente de piano… ¿En qué punto te encuentras ahora? ¿Existe algún tipo de equilibrio entre ambas facetas?
Bueno, mi figura yo creo que la he vivido siempre como he querido. Me he equivocado un montón de veces, supongo, como todo el mundo, pero he jugado con fuego también, sobre todo con el tema de las drogas, he estado arriba y he estado abajo varias veces, pero tengo que decir que no me gusta hacer apología, no lo pretendo. Pero también tengo que ser honesta, hay que decir que yo no me arrepiento de nada, básicamente porque por encima de todo y de todas las moralinas existe una cosa que es prioritaria, que es la obligación de vivir tu vida con todo lo que se va presentando. No voy a entrar aquí ahora en una diatriba sobre el tema de las drogas, pero es que en la vida te puedes caer abajo y te puedes levantar no solamente por este tema, sino por infinidad de otras cuestiones. Entonces, sí que es verdad que yo he estrujado mi vida, considero que he venido al mundo a eso, a estrujar la vida, no a ser una espectadora, sino a ser actriz de mi propia existencia y en ese camino, en el camino del exceso, también se puede encontrar la sabiduría y es lo que yo he elegido.
Ahora mismo estoy en un momento en el que las drogas me abandonaron hace tiempo ya, porque es una relación en la que no se puede ser amante eternamente. Entonces, el cuerpo es una carcasa que se va también deteriorando y cuando llega un momento en que ese equilibrio es un abismo, hay que tomar otras salidas. He tenido la suerte de poder hacerlo, de tener fuerzas, de tener una familia en la que siempre me he podido apoyar. Y nada, ahora mismo, estoy en un momento dulce, relativo, porque hace menos de un mes ha muerto mi padre y me he sentido otra vez como si fuera una niña pequeña, sin agarraderas, y bueno, es lo que toca, momentos arriba, momentos abajo, y mientras tanto, pues me divierto y hago lo que creo que me interesa y que me puede dar un cierto alimento de espíritu. Porque la vida es demasiado dura, demasiado estúpida, y más lo que estamos viviendo ahora mismo, que hay unos derroteros absolutamente despreciables. Entonces, como no te refugies en algo que te guste y no te rodees de la gente que quieres estar en este trayecto, te puedes volver loco. Así que sí, yo ahora vivo un momento dulce.

Ana Curra, fotografiada por Alberto García Alix.
En buena medida eres una diva (o anti diva, si prefieres), en cualquier caso, alguien importante en la historia de nuestra musica popular ¿Cómo se lleva? ¿Lo soñaste alguna vez?
Ser diva. Pues yo creo que esta palabra a mí no me cuadra nada, porque una diva viene a ser una persona bastante encerrada en su mundo y como por encima del bien y el mal, pura perfección, y yo creo que esto hoy día ya no existe. Para mí, la última gran diva que existió fue Gloria Swanson, y estaba llena de excesos también, pero también le acompañaba una época del cine mudo y no había redes sociales. Ahora es muy difícil ser diva, porque en tu imaginario tú no puedes crear una persona a la que idolatrar de esa manera, porque a todos se nos ven las grietas, y tampoco me interesa.
Realmente, cualquiera que me conozca sabe que no soy una diva, sobre todo porque no vivo en ninguna burbuja. Estoy muy a pie de calle y entonces eso me aleja de una diosa. Pero sí que es verdad que tengo que reconocer que me halaga muchísimo y es algo muy bonito cuando muchas mujeres me dicen, incluso hombres, que he sido muy inspiradora para ellos y ellas. Eso sí que me llena de orgullo, porque yo también busqué esos referentes, porque todos los necesitamos, y por la época en la que me tocó vivir como mujer, pues creo que sí que he puesto mi pequeño granito de arena. En ese sentido, cuando viene un escultor como Enrique Marty y me hace una escultura como si fuera Zeus con el rayo en mis manos, pues me llena de orgullo. Y haber sido inspiración para el trabajo fotográfico de Alberto García-Alix o de otros muchos fotógrafos, pues me halaga, pero, claro, ninguno de ellos, que me conocen profundamente, tampoco me llamarían diva.
En mi caso, concretamente, me gusta más una diosa que es Lilith, la diosa de la desobediencia y de la nocturnidad, de la lujuria, o sea, la que se opone a seguir los cánones, la que busca su empoderamiento por otros lugares. Yo me veo como una persona muy determinada cuando tengo las cosas claras, porque las defiendo a muerte, pero también llena de contradicciones y de vulnerabilidades. Entonces, me considero una persona bastante normalita.



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