Benito Antonio Bad Bunny: ¡¡¡Seguimos aquí!!! 

Un momento de la actuación de Bad Bunny en el intermedio de la Super Bowl.

Me contó un amigo que, viendo la presentación de Bad Bunny en la Super Bowl, su hijo Miguel, de 13 años, le decía emocionado que “el conejo malo les explicó a los racistas que americanos somos todos y no solo los estadounidenses”. La interpretación de Miguel demuestra que el balón que llevaba Bad Bunny en el espectáculo, con el mensaje “Together we are América”, está llegando a las manos de millones de niños y jóvenes (135 millones de personas le vieron en directo el domingo). Cultura. Conmoción. Y Rebelión.

Ey, ey, ey

De niño monaguillo

De grande trapero

Y par de cosa ‘má’

Que hice por dinero

Nunca he sido fiel, ey

Ni a mi barbero

Una super estrella

Pero humano primero

Para quien asume que el arte es un medio para trastocar miradas, Bad Bunny es un detonante, un artefacto musical que llama a las puertas de la conciencia y de las emociones. El reguetón es la expresión que el artista utiliza para comunicar su propuesta. Sin embargo, también lo ha sido la salsa, como se aprecia en su producción ‘Debí tirar más fotos’. Benito es un contador de situaciones que enlazan el pasado con el presente, sin perder una perspectiva de lo que asoma como posible futuro. El arte conmociona, es vacío y es pólvora; es sublime, es político, es todo lo que pueda llegar a sentir lo humano. El arte también es un cuerpo en movimiento y en estallido. El arte no esconde; al contrario, profundiza en las contradicciones..

Los tengo corriendo

Y no soy entrenador

Pero eso es bueno

Lo’ obligo a ser mejor

P fuckin’ R

Nos críamo’ en el calor

Ese es el detalle

Que me hace ganador

Benito Antonio Martínez Ocasio (Bayamón, Puerto Rico, 10 de marzo de 1994) no debe ser entendido solo como un cantante; ahí podría estar el error de quienes sienten prejuicios hacia su obra, sino más bien como un creador de cultura. Realidad y cultura se crean, no son puntos estáticos, y eso lo ha comprendido muy bien el cantautor puertorriqueño. En este siglo XXI de saturación de acontecimientos (ráfagas de sucesos que nublan la mente), Bad Bunny nos mueve hacia la dirección de la lucidez (pensar en medio de la oscuridad). La propuesta no termina con las letras y el ritmo de sus canciones, a su maleta le suma destinos tan variados como historia, tradiciones, dignidad, vivencias, diversidad, ubicación y memoria. 

En Francia soy

Un compositor maldito

Los hater’ no se sienten, mi día estaba bonito

Pero me lo dañó un tiroteo a mano’ de un blanquito

Y un presidente mamabicho que no hace un pito

Algunos estudiosos del comportamiento humano (incluidos filósofos y novelistas) se empeñan en asegurar que “la perversidad es inherente al individuo”. Desde la observación, no me atrevo a respaldar tal afirmación, lo que sí entiendo es que el poder nos educa para el odio y con el odio como devolución de lo que nos hicieron hemos crecido todos. No conocemos la cultura del amor, como base social, de ahí que me resulte difícil atribuirnos el veneno como un mal distinto a una educación. En la actualidad, cuando el gobierno de Trump pretende regresar el mundo a la sinrazón del racismo, Bad Bunny hace estallar por los aires la política de los muros. Y lo hace desde la otra acera cuando en varias ocasiones ha pronunciado la idea central de su argumento: “Solo con amor se puede vencer al odio”. 

¿Qué pasó, cristiano?

¿Jesús ya no nos mira?

¿O es que tú esperas que se vire pa’ velar la güira?

Yo si tengo valore’

Eso no se expira

Les duele la verdad

Prefieren la mentira

La actuación de Bad Bunny en la Super Bowl (incluidos en el mérito: Lady Gaga en clave salsera, Ricky Martin advirtiendo “Que no quiero que hagan contigo lo que le pasó a Hawái”; el matrimonio que celebró su boda real, actores, músicos, bailarines y vendedores de puestos de comida callejera) pasará a la historia por diversas razones. En poco más de 13 minutos nos contó una historia de memoria, fiesta y unidad. “Por la mañana, café; por la tarde, ron…”. Su canto en español, en un evento altamente estadounidense, es una victoria ante los complejos internos y externos. Como el espejo que si no lo ves igual te persigue. Su alegato a favor de la totalidad de una geografía debería ser recordado cada vez que alguien pretenda llamar “americanos” solo a los nacidos en una parte de ese territorio. El artista exclamó “God Bless America»; y acto seguido pasó lista de las naciones soberanas del continente (desde Canadá hasta Argentina) y Puerto Rico con su identidad y retos, reivindicando la verdad histórica de América que abarca a todo el hemisferio y no solo a Estados Unidos.

Cosa’ má’ importante’

Como luchar por los derecho’ de lo’ inmigrante’

Como que ayer otro cabrón asesinó a su amante

Como que el sueño americano existe hasta que te levante’

Y está cabrón

Que no te dejen respirar

Y que una placa sea licencia pa’ matar

Pero ser blanco es lo que te haga letal

Y que ser negro sea lo que te haga un blanco, ey

La unidad se convierte en música; la música, como todo arte, que no solo entretiene, es política. Benito hace música para alborotar la paz impuesta, unidad latinoamericana, unidad mundial. Llama la atención que en un momento histórico en donde tenemos dirigentes latinoamericanos (y más allá) obedientes a la doctrina del matonismo de Trump, sea un artista quien se haya atrevido a ponerle un alto a la violencia sistemática del mandatario estadounidense, y lo hiciera en clave de música y llamados a la sensibilidad global. 

Si yo pudiera cambiar el mundo te juro que lo haría

Y si mi dinero acabara la pobreza, todo lo daría

Pero no

La culpa no es mía

Antes de yo nacer ya todo esto existía

Solo nos queda enseñar y aprender, vivir y crecer

Entender que siempre va a haber algo que nos va a doler

Tener fe, creer, en que se va a poder

Poder ser yo, dejarte ser tú, ese es el mejor premio que puedo tener

Hacia el final de la presentación, Bad Bunny le regala un Grammy a un niño, en clara referencia a su propia infancia, pero también a cualquier otro niño que sueñe con lograr una idea. Esta entrega de esperanza a la niñez nos dice mucho de la rebelión de conciencias que puede lograr el arte cuando está pensado para crear una nueva realidad, una nueva cultura de posibilidades, basada en el amor y el respeto. O como dijera Benito, para reafirmar nuestra presencia: “Seguimos aquí”.

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