¿Cuántos animales murieron con los devastadores incendios del verano?
Incendios en León este verano.
Nadie se atreve a dar una cifra, del número de animales que murieron como consecuencia de los incendios forestales que este verano han arrasado 360.000 hectáreas en España; ni administraciones públicas, ni ONGs, ni organizaciones ganaderas, ni personas expertas en la materia. Desde el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (Miterd) señalan: “Se han visto afectadas las áreas críticas para la supervivencia de 395 especies que están en peligro de extinción, son vulnerables o tienen algún tipo de protección. Entre ellas están el urogallo, la cigüeña negra y el oso pardo”. Y emplazan a dejar pasar un tiempo para tener esos datos. Hay reportes aquí y allá de cabras, caballos, lobos, desmanes ibéricos, salamandras, pollos de buitres negros… Y siguen muriendo, porque, pese a las advertencias de ONGs y profesionales, no se ha logrado evitar que toneladas de cenizas y tierra quemada acaben en los ríos con las lluvias otoñales y afecten a miles de animales más.
“El precioso barrio judío de Hervás (Cáceres), con el Ambroz a sus pies, convertido ahora en un río negro, sin vida, arrastrando miles de toneladas de ceniza, tierra y restos vegetales quemados. Uno de nuestros ríos más emblemáticos convertido en un río negro, muerto. La imagen viva de la desolación”. Francisco Castañares, presidente de la Asociación Extremeña de Empresas Forestales y del Medio Ambiente, sumaba este comentario a un vídeo subido a Facebook del río Ambroz ennegrecido, cual chapapote fluvial, debido al arrastre de cenizas y tierra quemada provocado por las lluvias otoñales. Son restos del devastador incendio de Jarilla (17.000 hectáreas calcinadas).
Esto era previsible y no se ha parado. Cuando comenzó el proceso de documentación para este reportaje, a finales del mes de septiembre, Jorge González-Esteban, biólogo y consultor ambiental, afirmaba en relación a una especie de nuestros ríos altamente amenazada –el desmán ibérico– y el efecto de los incendios del verano: “Es como si le hubiera caído un meteorito encima, y lo peor va a llegar con las lluvias del otoño”. El desmán ibérico tiene uno de sus pocos reductos peninsulares en ríos como el Ambroz o la Garganta de la Buitrera, en Gargantilla (Cáceres), otro cauce foco de vídeos en la actualidad por ese chapapote fluvial y también afectado por el incendio de Jarilla.
Un caldo tóxico que mata a miles de animales
En los mismos días de septiembre, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (Miterd), respondía con una nota de prensa en la que afirmaba que se iban a destinar 34,5 millones de euros a “proteger las masas de agua, los hábitats de la Red Natura 2000 y las especies de interés comunitario, así como reducir el riesgo de eutrofización y sedimentación en embalses y ríos de zonas afectadas por los incendios forestales del verano”. Diez de esos millones los gestionan las confederaciones hidrográficas y entre las medidas emprendidas, afirmaban, figuraban “minimizar la pérdida de suelo, estabilizar el terreno y contener los procesos erosivos que se producen especialmente en áreas de fuertes pendientes”.
Estas medidas han sido claramente insuficientes. Lo remarcaba Greenpeace hace unos días: “Los ríos se han teñido de negro tras las lluvias y los ayuntamientos reclaman medidas urgentes mientras las administraciones discuten de quién son las competencias”. Ríos como el Ambroz y la Garganta de la Buitrera en Cáceres, el Oza y el Meruelo en León o el Sil en Ourense, todos con cuencas vertientes afectadas por los incendios de agosto, están sufriendo la contaminación por cenizas, alterando el suministro de agua potable y la biodiversidad. Y matando o rematando a miles de animales que ya habían sufrido el efecto de las llamas, empezando por el desmán ibérico y continuando por el resto de la fauna acuática –peces, moluscos o cangrejos– y otros que se alimentan o beben en estas aguas.
“Las lluvias arrastrarán las cenizas al cauce, que en ocasiones forman un caldo espeso, con mucho PH, como si fuera lejía. En ese caldo no hay lugar para la vida vertebrada”. Lo vaticinaba González-Esteban, en especial pensando en una especie, el desmán ibérico, con la que lleva trabajando 35 años y para la que en mayo de este año el Miterd decidió elevar su categoría de amenaza a la de “en peligro de extinción”, e incluso declarar en situación crítica a sus poblaciones ibéricas.
“Hemos desaprovechado una valiosa ventana de oportunidades”
“Hay que pensar que desde los años 70 ya había perdido el 75% de la superficie ocupada; y ahora le llegan 11 incendios con 120.000 hectáreas afectadas en zonas óptimas de Galicia, León, Zamora, Palencia y Cáceres, donde se distribuye y se había recuperado algo. Se han quemado muchas áreas de desmán ibérico que pensábamos que nunca se llegarían a incendiar”, confirma González-Esteban.
Vuelve la pregunta: ¿Qué se ha hecho para evitar lo que se avecinaba? Responde el mismo biólogo: “Una posibilidad era capturarlos y llevarlos a un río próximo en buenas condiciones, pero no tengo noticias de que las administraciones competentes realizaran rescate alguno. Varios meses después, las dudas y la incertidumbre persisten. Hemos desaprovechado una valiosa ventana de oportunidades”.
Son ventanas que se cierran a millones de seres vivos. Chris Dickman es profesor en la School of Life and Environmental Sciences en la Universidad de Sidney, y con más de 480 artículos en revistas especializadas es uno de los mayores expertos en ecología, conservación y gestión de mamíferos australianos. Entre esos artículos publicados destacan varios vinculados a los efectos sobre la fauna de los graves incendios que tuvieron lugar en Nueva Gales del Sur entre 2019 y 2020 y arrasaron 30 millones de hectáreas.
¿9,5 millones de vertebrados muertos en España?
En un trabajo publicado en julio de 2021 en la revista Integrated Environmental Assessment and Management exponía Dickman: “Estimaciones recientes sugieren que casi 3.000 millones de vertebrados y hasta 240.000 millones de invertebrados se vieron afectados por los incendios. Se registraron incendios en parte de las áreas de distribución geográfica de 832 especies de vertebrados y entre 37 comunidades ecológicas amenazadas”. Antes, en enero de 2020, con el calor de los incendios encima, el mismo autor estimaba que habían muerto 800 millones de animales, incluyendo solo mamíferos (sin contar murciélagos), aves y reptiles.
Por especies, hábitats y paisajes no sirve hacer una equivalencia con lo ocurrido y está ocurriendo en España con el añadido de la contaminación fluvial. Si nos aventuramos a hacerla, teniendo en cuenta que en Australia, según los cálculos de Dickman, murieron 26,6 animales por hectárea, las cifras para nuestro país se elevarían a 9,5 millones de animales muertos. Sin embargo, hay algo que relata este profesor que sí tiene que ver con España cuando habla del tipo de incendios actuales: “Las temporadas de incendios son más largas, la vegetación húmeda que no suele arder está ahora en riesgo y la intensidad y severidad de los incendios son mayores que en el pasado reciente”.
El fuego es algo natural para muchos ecosistemas, pero no tanto
Con esta lectura coincide otro experto que en España ha realizado varios trabajos sobre fauna afectada por los incendios, Lluís Brotons, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en el Centro de Investigaciones Ecológicas y Aplicaciones Forestales (CREAF): “Los incendios actuales, como los de este verano, afectan de forma intensa y recurrente a zonas que no se solían quemar, de alta montaña incluso, y a hábitats más sensibles. Es un problema cuando llegan a terrenos con una alta pluviosidad, como Portugal y Galicia, porque hay mucha carga de vegetación que acaba ardiendo durante veranos muy calurosos y secos como el que hemos tenido».
En 2017, Brotons, junto a su colega Luke T. Kelly, investigador de la Universidad de Melbourne en el CREAF, publicaron un reportaje en la revista Science en el que, como muchos otros investigadores, parten del hecho de que el fuego no es necesariamente malo, que forma parte de la dinámica natural de muchos ecosistemas y que sirve para crear nuevos espacios en mosaico con mayor biodiversidad. Incluso hay especies que han evolucionado adaptándose a las oportunidades que surgen tras un incendio. Pero entonces, como ahora, Brotons puntualiza: «El cambio climático reduce el intervalo entre los incendios, pone en peligro a muchas especies que tienen los períodos de recuperación largos y no podrán seguir este ritmo tan rápido de afectación por el fuego y acaba alterando toda la estructura del ecosistema».
Conservar el suelo, indispensable para recuperar biodiversidad
De vuelta a la fauna más perjudicada, desde el Miterd añaden: “Se han visto afectadas las áreas críticas para la supervivencia de 395 especies que están en peligro de extinción, son vulnerables o tienen algún tipo de protección. Entre ellas están el urogallo (con 2.400 hectáreas de sus hábitats afectadas), la cigüeña negra (773 hectáreas) y el oso pardo (1.751 hectáreas)”. En cuanto a este último, desde la Fundación Oso Pardo apuntan: “Por ahora no tenemos datos rigurosos y fiables sobre el impacto de los incendios forestales de este año en sus hábitats en la cordillera Cantábrica. Sí sabemos que se han quemado extensas áreas críticas para la alimentación del animal”.
“Tras los incendios hay tres prioridades: conservar el suelo, conservar el suelo y conservar el suelo”. Mario Giménez, responsable del Área de Conservación de Espacios y Especies de la Sociedad Española de Ornitología (SEO/BirdLife), es consciente de la función fundamental del suelo para toda la biodiversidad. En un artículo en el portal Nova Ciencia, José Manuel Fernández Guisuraga, investigador del Grupo de Ecología Aplicada y Teledetección de la Universidad de León, destaca: “El suelo es uno de los compartimentos del ecosistema más importantes, que alberga una microfauna y microorganismos como bacterias y hongos que juegan un papel fundamental en la recuperación del ecosistema y de la vegetación tras los incendios de nueva generación”.

Incendios en León este verano.
Preocupación por el urogallo
SEO/BirdLife fue una de las primeras ONG en hacer una valoración sobre la afección a la fauna, especialmente aves, tras las 360.000 hectáreas arrasadas en el verano: 83 áreas importantes para las aves y la biodiversidad de España (IBA, en sus siglas en inglés) y un total de 156.892 hectáreas de los hábitats más valiosos para la conservación de la biodiversidad quedaron dañadas por las llamas, alrededor del 40% del total de la superficie quemada. Y ponían nombres a las aves más afectadas: la población cantábrica del urogallo común, águila imperial ibérica, buitre negro, cigüeña negra y milano real. En menor medida, también citaban el impacto sobre poblaciones de alimoche común, quebrantahuesos, águila perdicera, alondra ricotí, aguilucho cenizo y sisón común.
Por similitud con la situación precaria de la especie y los lugares sensibles afectados por las llamas, en un primer momento se temió que el urogallo corriera un destino parecido al del desmán ibérico. Desde el Diario de Castilla y León, David Cubero, jefe de servicio de Espacios Naturales, Flora y Fauna de esta comunidad autónoma, lanzaba recientemente un mensaje esperanzador: “La afección al hábitat ha sido puntual. Los mejores cantaderos y la presencia en las zonas fundamentales no se han visto afectadas (Laciana y Alto Sil en León) y, por ejemplo, ninguno de los urogallos que tenemos marcados con emisores con radiofrecuencia ha sido afectado, ni los ejemplares, ni el hábitat, ni el entorno circundante donde se encuentran”.
“Una buena información requiere más trabajo sobre el terreno para hacer una evaluación más fina. Incluso más allá de los cantaderos no quemados. Las aves en general no se suelen quemar, salen volando, pero su hábitat sí se ha quemado. Vamos a esperar a la siguiente época de reproducción, aunque la situación de arranque es mala”, puntualiza Mario Giménez. Como cuestión de partida también señala: “No podemos jugar a qué especie le viene bien y a cuál mal, a no ser que se vaya a extinguir. Se pueden haber quemado matorrales muy buenos para la nidificación del pechiazul, pero se pueden abrir otras zonas donde crezca otro matorral que le venga bien”.
Gallinas, cabras, caballos, abejas, perros… mueren por miles
Hay mucha más fauna salvaje ni tan grande ni que luce tanto como urogallos u osos pardos, y además no puede echar a volar y correr como ellos, que acaba muy perjudicada por este tipo de incendios, como micromamíferos, invertebrados, reptiles y anfibios. Además, las llamas también golpean a los animales domésticos y de granja. Desde el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) desconocen el número de animales que pueden haber muerto en los incendios forestales de este verano: “Tan solo hay datos provisionales de los siniestros que han comunicado ganaderos con pólizas del seguro. Según los últimos disponibles, el número de animales siniestrados es de 19.352, si bien la gran mayoría corresponden a una explotación avícola en Orense (19.000 animales)”.
A finales de septiembre, cuando el MAPA abrió a consulta pública el real decreto de ayudas para agricultores y ganaderos afectados por los incendios, reconocía que estos habían sido los más graves desde que existen registros, con más de 360.000 hectáreas calcinadas, cerca de 30.000 de ellas de tierras de cultivo, y alrededor de 3.000 explotaciones ganaderas afectadas, de las cuales 2.000 tenían pastos.
Lo que murió entre las llamas y ahora entre el agua contaminada
Las organizaciones profesionales agrarias y ganaderas tampoco se atreven a dar una estimación, pero lo que es cierto es que durante el peor momento de los incendios aparecían fotos y comentarios en los medios de comunicación que constataban la muerte de ganado, colmenas incluidas. Fue el caso de Verónica Villamor, que en Chandrexa de Queixa, uno de los incendios más virulentos ocurridos en Ourense, perdió el rebaño entero: 170 cabras, 70 cabritos y a uno de sus perros. En Tres Cantos (Madrid), un ciudadano rumano, Mircea, murió intentando salvar al menos una veintena de caballos de un centro hípico que también acabaron sucumbiendo a las llamas.
¿Cientos, miles, millones… de animales? Cualquier cifra vale y es dramática, más aún si, como relata SEO/BirdLife, todo ocurre en un infierno de llamas y desesperación: “Los incendios forestales no solo destruyen hábitats, sino que provocan la muerte directa de numerosos ejemplares por asfixia debido a la inhalación de humo y por el shock térmico causado por las altas temperaturas. Además, la escasa visibilidad durante los incendios puede generar colisiones contra vallados, tendidos eléctricos y otros obstáculos. Incluso aquellos animales que lograron escapar de las llamas se enfrentan a graves dificultades: la falta de alimento y agua, junto con la competencia en zonas no calcinadas con fauna no desplazada, incrementa el estrés y la mortalidad, agravando el impacto ecológico del fuego”. Y encima, ahora, les llega el chapapote con cenizas y tierra quemada.
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