El libro que nos muestra el poder curativo del asombro

Katrin Sandberg y Sara Hammarkrantz, autoras del libro ‘El poder del asombro’.

En el mundo moderno de las distracciones, las prisas y los afanes nos asombramos menos. No tenemos tiempo de pararnos, mirar hacia arriba, abrirnos al mundo y experimentar la belleza de la vida, el éxtasis y el milagro de estar vivos. Sin embargo, el asombro tiene efectos positivos para nuestra salud, para nuestra creatividad e inteligencia. Además, nos vuelve más generosos, menos egoístas, más solidarios y reduce nuestro estrés. La periodista Sara Hammarkrantz y la formadora en autoliderazgo y comunicación Katrin Sandberg han publicado ‘El poder del asombro’ (Editorial Kōan), donde indagan en algunos descubrimientos científicos detrás del poder curativo que experimenta el ser humano al asombrarse. Por algo, esta revista que estás leyendo se llama como se llama. Mal nos irá cuando perdamos la capacidad de asombrarnos.

¿De qué hablamos cuando hablamos de asombro?

El asombro es la sensación que experimentamos ante algo inmenso que desafía nuestra comprensión del mundo, como contemplar millones de estrellas en el cielo nocturno o maravillarse ante el nacimiento de un hijo. Cuando las personas sienten asombro, a menudo usan otras palabras para describirlo, como maravilla, sorpresa o trascendencia. Una manera de medir esta experiencia es prestar atención a la expresión facial – cejas levantadas, boca abierta – o si se nos eriza la piel. Pero en general, es esa sensación de “wow”…

Antes de morir en 1955, el científico Albert Einstein nos dejó una frase inspiradora: “Lo importante es no dejar de cuestionar (…) Nunca pierdas la bendita curiosidad”. El asombro nos abre a la curiosidad, a ese deseo innato de conocer del que hablaba Aristóteles al inicio de su Metafísica.

De entre siete emociones positivas distintas –diversión, compasión, alegría, amor, satisfacción, orgullo y curiosidad– es la curiosidad la que, según un estudio, está más relacionada con el asombro. En otro estudio, los participantes que experimentaron asombro confirmaron también haber sentido curiosidad, algo que sus amigos también notaron. Y funciona en ambas direcciones: la curiosidad conduce al asombro y el asombro te hace más curioso. Es fácil imaginar que la humanidad no habría alcanzado descubrimientos tan importantes sin la sensación de asombro, como señalaba Einstein.

En vuestro libro mencionáis algunos de los efectos positivos del asombro. Entre ellos destacan que nos hace más saludables, creativos e inteligentes, menos egoístas, y que reduce el estrés. En un mundo que nos quiere alienados y produciendo constantemente, no interesa hablar de algo que nos serena, que nos da felicidad y que nos ofrece tantas cualidades beneficiosas para el día a día…

La vida digital nos hace perdernos la experiencia completa, ya que estamos ocupados con las redes sociales o haciendo otras cosas en el ordenador, y no presentes en la vida real; por tanto, fuera del alcance del asombro. En nuestro libro El poder del asombro enfatizamos la importancia de parar y mirar hacia arriba, como una manera de calmarse, abrirse hacia afuera y experimentar la belleza de la vida. Pero, por otro lado, los medios digitales también pueden usarse para provocar asombro. Se utilizan en muchos estudios; por ejemplo, ver vídeos de Lonely Planet puede inducir asombro. También puedes mirar fotos digitales de momentos, lugares o sucesos asombrosos.

En ‘El poder del mito’, el libro de entrevistas de Bill Moyers a Joseph Campbell, el mitólogo estadounidense dice que no cree que los seres humanos busquen el sentido de la vida, sino la experiencia de estar vivos. ¿Dónde podemos encontrar esa experiencia de plenitud, de sentir el milagro de la existencia?

Puedes comenzar eligiendo conscientemente volverte más consciente. Decide dar un paseo por el bosque, un parque o tu vecindario, ¡sin teléfono! Mira a tu alrededor, hacia arriba y hacia abajo. ¿Qué ves? Tal vez notes cómo los rayos del sol se filtran entre las hojas y proyectan sombras danzantes en el suelo del bosque o crean patrones en una pared de ladrillo; cómo un niño canta feliz en voz alta o un anciano pasea con su mejor amigo, el perro. Las caminatas de asombro son una manera sencilla y hermosa de aumentar tu capacidad de maravillarte.

Habitamos un planeta que gira sobre su eje a 1.670 kilómetros por hora en el ecuador, que orbita alrededor del sol a casi 110.000 kilómetros por hora. La Vía Láctea es parte de un grupo de 30 galaxias llamado el Grupo Local, en un universo en expansión del que sólo se conoce el 0,4 %. ¿Necesitamos algo más para empezar a entusiasmarnos?

No. Como señalas, vivimos en un lugar milagroso. Este simple hecho debería bastar. Pero el asombro es una experiencia personal y no se puede imponer. Nos acostumbramos a nuestra vida diaria y entonces dejamos de asombrarnos de nuestro maravilloso planeta y del cosmos que habitamos. Pero, de vez en cuando, nos detenemos, miramos al cielo estrellado y nos emocionamos; o miramos a una hormiga cargando algo enorme y sentimos asombro. No necesitamos más.

Habláis de distintos estudios científicos sobre el asombro. ¿Cuáles son algunos de los descubrimientos más novedosos que ha hecho la ciencia al respecto?

Hay tantos descubrimientos fascinantes que es difícil enumerarlos todos. Pero uno de nuestros favoritos es un estudio con árboles de eucalipto, donde se descubrió que las personas que experimentaban asombro se volvían más prosociales, más solidarias y más dispuestas a ayudar a los demás. Y eso lo descubrieron simplemente haciendo que los participantes miraran árboles majestuosos durante unos minutos. Estudios del laboratorio de la investigadora Lani Shiota sugieren que el asombro nos vuelve más inteligentes. En uno de ellos, las personas que revivieron una experiencia personal de asombro leyeron un supuesto artículo periodístico con más atención y lo analizaron de forma más crítica que los grupos de control. Parece que el asombro nos impulsa a entender mejor el mundo en el que vivimos.

Uno de los campos actuales de interés en la investigación sobre el asombro es la educación: cómo utilizar esta experiencia para motivar a los estudiantes y enfocar su atención en el aprendizaje. Hemos hablado con un profesor sueco que, a petición del gobierno, investiga cómo utilizar el asombro para acercar a los estudiantes a la biología.

Numerosos estudios demuestran que la espiritualidad aporta beneficios para la salud. Las personas que asisten regularmente a iglesias y templos viven más”, escribís. Sentirnos parte de una comunidad nos cobija, nos conecta como seres humanos. Pero el filósofo coreano Byung-Chul Han dice que hoy no vivimos en una comunidad sin comunicación, sino en una comunicación sin comunidad…

Cierto. Estamos más desconectados de nuestras comunidades que nunca. Pero también vemos un aumento en la búsqueda de pertenencia espiritual, una búsqueda existencial. Creemos que el péndulo volverá desde la desconexión de la era digital hacia el deseo de experimentar una conexión humana verdadera, ya sea en una iglesia, un templo o alrededor de una hoguera. Uno de los principales propósitos de ser humano es conectarnos entre nosotros y darnos cuenta de que todos somos parte de algo más grande.

¿Está el alma en el cerebro?

Según la doctora Lisa Miller, profesora de psicología en la Universidad de Columbia, los seres humanos estamos programados para la espiritualidad, pero hemos perdido esa conexión. Existe una zona del cerebro preparada para las experiencias espirituales. ¿Es ese el asiento del alma? No lo sabemos, pero las investigaciones recientes muestran –más que nunca– que quizá sea posible tender un puente entre espiritualidad y ciencia.

El ego y la arrogancia nos impiden sentir asombro en esta sociedad moderna marcada por la sobreexposición, la acumulación y el consumismo desmedido…

Sí! Pero la buena noticia es que, aunque algunas personas parecen más propensas a experimentar asombro, se puede entrenar. Puedes convertirte en un “cazador activo de asombro”. Porque, como sugiere el término, en cuanto comienzas conscientemente a buscar el asombro, empieza a aparecer. Y no tiene por qué ser del tipo Gran Cañón; en nuestro libro destacamos el poder del asombro cotidiano, buscarlo y encontrarlo en las pequeñas cosas. Una flor hermosa, una canción conmovedora, ver a tu pareja jugando con tu hijo, una mariposa en la ventana… Son pequeñas maravillas. El asombro es contagioso. Cuando empiezas a notar estos momentos, deseas compartirlos con los demás. Por ejemplo, hay estudios que muestran que nos gusta compartir nuestras experiencias de asombro en redes sociales. El investigador Paul Piff sostiene que esto puede ser otra forma de conexión humana, compartiendo experiencias positivas.

Entonces, educar a las futuras generaciones en el asombro nos haría mucho mejores como especie…

Perdemos la capacidad de asombrarnos en cuanto dejamos de estar plenamente presentes y comenzamos a mirar hacia abajo… Si imaginas los ojos de un niño, lo ves mirando con curiosidad, constantemente, ¡todo el tiempo! Se asombra, literalmente lo ve todo por primera vez. Cuanto más nos acostumbramos al mundo, más nos distraemos con lo que tenemos delante –como una pantalla– y menos nos maravillamos. El asombro se experimenta en el presente. Cuando perdemos el ahora, perdemos esa conexión. De niños, esto nos sale de forma natural. Si recordamos mantener vivas las maravillas de la vida, si enseñamos a nuestros hijos a seguir mirando hacia arriba… entonces, sí, quizás tengamos un futuro brillante por delante.

Como madre o padre de un niño pequeño, puedes fomentar su sentido del asombro confirmando y reflejando la maravilla que ya está experimentando. Los niños pequeños son expertos en sentir asombro. Muy a menudo, los padres modernos están ocupados con otras cosas; lo más común, mirar el móvil. Empieza por estar realmente con tu hijo, mira lo que él o ella ve. La naturaleza es un excelente activador del asombro: llévalos al parque, al bosque, al lago, a la playa y deja que la naturaleza haga su trabajo.

Como estrategia para adolescentes, se pueden fomentar actividades positivas que impliquen reuniones multitudinarias, como conciertos, partidos de fútbol y otros eventos similares. Hay estudios que muestran que, cuando nos reunimos en grandes grupos y sentimos comunidad y alegría, ocurre algo llamado efervescencia colectiva, sabes, esa sensación de escalofrío en la espalda. La música, la ciencia y el arte son otras grandes fuentes de asombro.

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