Hoy tocan a muerto en León

La Bañeza arde: 55.000 hectáreas quemadas, tres jóvenes fallecidos y varios heridos, casas arrasadas, 8.000 personas desplazadas, más de 34 aldeas desalojadas, ganado muerto, y ciervos, jabalíes, lobos, tejones, corzos, muertos.

Los incendios ya han arrasado más de 350.000 hectáreas de España en lo que va de año. Tras varios cursos ‘con suerte’, en los que las cifras no resultaron alarmantes, todo apunta a que 2025 va a ser el peor año de incendios en la naturaleza en tres décadas. Un desastre natural y humano. La periodista y novelista Marta del Riego Anta, nacida en La Bañeza y autora de libros como ‘Flores de sangre sobre la hierba’ y ‘Cordillera’ (su exitosa novela publicada por AdN este año), que están fuertemente inspirados por la naturaleza de León, nos ha escrito este artículo para ‘El Asombrario’ desde la desolación, la impotencia y la rabia.

Hoy tocan a muerto las campanas en La Bañeza. Entre el toque a muerto y el toque a fuego, hay unas campanadas de diferencia. Entre uno y otro hay 55.000 hectáreas quemadas, tres jóvenes fallecidos y varios heridos, casas arrasadas, 8.000 personas desplazadas, más de 34 aldeas desalojadas, ganado muerto, y ciervos, jabalíes, lobos, tejones, corzos, muertos. Vidas truncadas, familias truncadas y un paisaje arrasado. También hay bomberos exhaustos. Y políticos de vacaciones. Eso que no se nos olvide. Llueven cenizas negras en Castilla y León.

Entre los dos toques de campana hay cuatro días.

El lunes 11 de agosto, el poeta y escritor Antonio Colinas nos dice: «El incendio en el norte de Zamora está dirigiéndose hacia Felechares y Castrocontrigo. La UME se ha instalado para dormir esta noche en el albergue de Santibáñez de Vidriales». 

¿La UME (Unidad Militar de Emergencias? Eso suena grave, pienso.

Acabamos de salir del jaleo y el ruido del campeonato de moto GP de La Bañeza, el único circuito urbano de España, miles de personas se instalaron con tiendas de campaña en torno al polideportivo durante el fin de semana. El lunes miles de personas se instalan dentro del polideportivo. Son los evacuados, los evacuados de nuestros pueblos vecinos. Pasamos de la fiesta a la tragedia en 24 horas. 

El martes la nube de humo se extiende por La Bañeza. Empieza a llover ceniza negra. A las 19.00 h se hace de noche: el cielo adquiere una tonalidad enfermiza, apocalíptica, entre el negro y el rojo. El patio de mi casa se cubre de cenizas enormes. Recomiendan a la gente que no salga de casa. Corren rumores de que igual nos desalojan. ¿A 10.000 personas?, pienso aterrada. Mi hijo no pega ojo, nadie pega ojo esa noche. El fuego avanza sin control. 

El fuego, que empezó en Molezuelas de la Carballeda, Zamora, salta con los caprichos del viento de pueblo en pueblo hasta León. Entra en la Valduerna, la Valdería. Estamos al suroeste de León, valles de suave orografía, aldeas con casas de piedra, un paisaje salpicado de bosques de encina y cruzado por ríos y riachuelos. El paisaje del oro, canales antiguos de los romanos hacia las Médulas –también arrasadas por el fuego–. El paisaje de mi infancia. Castrocalbón, el pueblo de mis bisabuelos, donde compramos la miel de brezo y los lobos aúllan en la espesura. Castrotierra, el monte mágico, donde íbamos en bicicleta el día de la Virgen del Castro. Y tantos otros. Todo en llamas. No puedo ni respirar de la angustia. 

Se crea un chat de whatsapp para ayudar. En una hora somos casi mil personas. Se organizan grupos paralelos: uno de sanitarios, otro de psicólogos que se necesitan para los desplazados. La gente informa sobre la marcha, esta carretera está despejada, esta no, el fuego se acerca a Villamontán, a Castrocontrigo. Cuelgan fotos y mapas. Hay mensajes desesperados: «Un tractor por favor, algo ayudadnos. Necesitamos ayuda en Herreros de Jamúz».

Fotos de los grupos de WhatsApp de los vecinos de La Bañeza.

Todas estas son fotos de los grupos de WhatsApp montados para ayudarse ante la emergencia los vecinos de pueblos alrededor de La Bañeza, León.

El fuego es de unas dimensiones tales que se apodera del paisaje.

El fuego es de unas dimensiones tales que se apodera del paisaje, un monstruo que avanza llevándose todo.

Se organiza un chat paralelo en el que se piden voluntarios:

«–A pie con palas y azadones

–Coches disponibles

–Tractores con y sin conductor».

Otro donde solicitan comida para los animales, agua, pacas y piedras de sal. 

Yo leo los mensajes y algo se me revuelve por dentro. Sentimientos muy básicos y nada literarios: una tristeza infinita y una rabia venenosa. 

En 2012 se quemaron los pinares de Castrocontrigo, 12.000 has. En 2022 se quemó la Sierra de la Culebra de Zamora, que está muy cerca de aquí, 31.000 has. Castilla y León es una de las regiones más boscosa de Europa y donde más incendios se producen. Y dentro de la región, León y Zamora están a la cabeza en incendios. Triste récord. Además, son dos de las provincias donde se está produciendo la mayor despoblación. Todo confluye. Nada es casual. La Junta de Castilla y León aprobó un plan de 74 millones de euros para luchar contra el fuego. Me pregunto, nos preguntamos todos, qué ha pasado con ese dinero, dónde ha ido a parar. Sara Mateos, agente medioambiental y gerente del CSIF, afirma en una entrevista hecha en el polideportivo de La Bañeza a la Cadena SER: «Es una catástrofe que sabíamos que iba a ocurrir. El operativo ha colapsado. Los directores de extinción pedían más medios y les decían que no había. Hay incendios en los que no se está mandando a nadie. Compañeros que llevan días con jornadas de 18 horas. En Castilla y León la prevención en nula. Mañueco insiste en que se gastó 74 millones de euros. Pero no sabemos en qué se los ha gastado».

Abandono y despoblación.

Llueven cenizas negras.

Hablo con mi amigo, Sebastián Román, de Castrotierra. Se niega a irse cuando los desalojan. Los agricultores se organizan, cavan zanjas en torno a los pueblos. Muchos pueblos se salvan gracias a ellos. Otros, como Palacios de Jamúz, arden por completo. 

Hablo con mi amiga Manuela Vidal Vallinas, de Quintana del Marco: «Mi padre se negaba a salir de casa, tuvieron que sacarlo casi a rastras. Íbamos por la carretera de Santa Elena, algunos en coche, otros andando por el arcén entre una nube de humo, entre llamas. Mi padre decía ‘ahora sí que vamos de boca a la muerte’. No vimos ni un coche de bomberos ni la UME ni helicópteros, nada». 

El fuego ha dejado cientos de animales muertos a su paso.

Todo en llamas. Calcinado. Tantos animales. Domésticos y salvajes. No puedo ni respirar de la angustia.

Abandono y despoblación.

Llueven cenizas negras.

El alcalde Javier Carrera suspende las fiestas de la Patrona de La Bañeza. Es extraño ver las calles semivacías en la semana grande del pueblo, justo cuando vienen todos los emigrados. Solo se ve gente apresurada y mastines con carrancas. Los evacuados han venido con sus perros. Los mastines miran nerviosos a los coches porque no están acostumbrados. ¿Y el resto de los animales? Una mujer me dice: mis gallinas, mis gallinas; un hombre: ay, la mi majada. Y las ovejas, los cerdos, las cabras, las vacas.

El miércoles el fuego continúa. Nos enteramos de que ha muerto mi vecino Abel Ramos,  su hermano y un amigo (que fallecerá al día siguiente) muy graves. Cogieron una motoniveladora y se fueron a echar una mano a Nogarejas. Una racha de viento les envió una lengua de fuego. 

Había vislumbrado a Abel brevemente en la carrera de motos el domingo anterior. Vicepresidente del Motoclub, constructor, un tipo de 35 años con iniciativa. Ahora paso por delante de su negocio y se me encoge el alma cuando veo la luz apagada. El presidente de la Junta de Castilla y León, Fernández Mañueco, cambia su versión sobre los dos fallecidos, afirma que no trabajaban en brigadas, que iban por su cuenta. Él y el consejero de Medio Ambiente, Suárez Quiñones, se enzarzan con el ministro vallisoletano Óscar Puente sobre si estaban o no de vacaciones cuando empezó el incendio, sobre esto y lo otro. Bla, bla, bla. Y 8.000 personas evacuadas y 40.000 hectáreas quemadas. Y dos muertos. 

El fuego ha devorado casas y paisajes.

Quiero ser la voz de todas esas comarcas. El mundo rural se muere y a nadie le importa..

Llueve ceniza negra.

El jueves enterramos a Abel. No cabía la gente en la iglesia, no cabía la gente en la plaza. No vino ni una sola autoridad. Ni de la Diputación, ni de la Junta, ni de la subdelegación del Gobierno. Solo el alcalde. La vida de una persona no vale ni un viaje de Madrid o de Valladolid a un pueblo leonés. 

Y 8.000 personas evacuadas y 40.000 has. quemadas. Y dos muertos. 

Llueve ceniza negra.

Hoy los incendios siguen, ahora avanzan por la Cabrera, avanzan por el Alto Sil, Laciana, Picos de Europa, llegan a Asturias. Más paisajes de mi infancia. Más bosques salvajes, ríos limpios, regiones que han luchado contra los parques eólicos, contra el embalse del río Cabrera, contra los macroparques solares. Pero no pueden luchar contra el fuego solos. Porque así nos sentimos, solos y abandonados, solas y abandonadas. Los propios bomberos dicen que no pueden hacer más que proteger a la población, que no llegan, que la gente lo está dando todo. Si hay algo positivo de todo esto –que lo dudo– es la solidaridad entre nosotros; los pueblos se han unido para luchar juntos. La facendera ha vuelto: el pueblo trabajando codo con codo por el bien común. El pueblo salva al pueblo.

Un paisaje arrasado que tardará en recuperarse.

Si hay algo positivo de todo esto –que lo dudo– es la solidaridad entre nosotros; los pueblos se han unido para luchar juntos.

En los telediarios estos días he visto repetido «Incendios en Castilla y León, incendio de Zamora». Dice Alfonso Pisabarros, bañezano, doctor en Geografía y experto en paisaje: «Hay un desconocimiento geográfico del territorio, no puede ser que se diga que el fuego es en Zamora como si siguiera ahí. Existe un sesgo en los medios sobre qué regiones importan y qué no. El incendio de Tres Cantos de Madrid abría todos los telediarios». Me mira. «Me pregunta la gente de fuera: ¿estáis bien? Contesto: sanos y salvos. Ah, entonces todo está bien, y yo pienso: no, todo se ha ido a la mierda».

Solos y abandonados, solas y abandonadas.

Soy escritora, no tengo tractor ni fuerza física, no puedo ir a cavar ni a cargar pacas para el ganado, solo tengo la palabra. Quiero dar fe. Quiero ser la voz de todas esas comarcas. El mundo rural se muere y a nadie le importa.

Y también quiero decir: esto no puede quedar impune. Esa desidia, ese abandono. Ese desinterés de las administraciones y los políticos por el campo y el medio ambiente. Ese desinterés que se suple con grandes frases: «Pacto de Estado para afrontar el cambio climático». «Pacto de Estado contra la despoblación». Más humo en torno al humo.

Y también quiero decir: los paisajes de mi infancia ardieron y nadie me los va a devolver. 

Ni a mí ni a todos vosotros. Nadie nos los va a devolver.

Hoy, 19 de agosto, está convocada una concentración en La Bañeza bajo el lema ‘Nuestra tierra arde. Nivel 3 de emergencia. Necesitamos ayuda ¡YA!’. Plaza Mayor. 20.30 h.

  COMPROMETIDA CON EL MEDIO AMBIENTE, HACE SOSTENIBLE ‘EL ASOMBRARIO’.

Deja tu comentario

¿Qué hacemos con tus datos?

En elasombrario.com le pedimos su nombre y correo electrónico (no publicamos el correo electrónico) para identificarlo entre el resto de las personas que comentan en el blog.

Comentarios

  • Sin tierra no hay gente: la riqueza que olvidamos - Al pie de la foto

    Por Sin tierra no hay gente: la riqueza que olvidamos - Al pie de la foto, el 19 agosto 2025

    […] que una zona que se va quedando sin habitantes puede ser ignorada y silenciada. Me consta que no: quienes tienen el poder de la palabra no callan, ni callarán. Aunque no se pueda devolver con palabras lo perdido, sí pueden evitar que caiga en […]

Te pedimos tu nombre y email para poder enviarte nuestro newsletter o boletín de noticias y novedades de manera personalizada.

Solo usamos tu email para enviarte el newsletter y lo hacemos mediante MailChimp.