Jonathan Benito: “La amabilidad mejora la salud”

El neurocientífico Jonathan Benito, autor del libro ‘El poder de la amabilidad’.

Hablar de amabilidad en un mundo donde parece que se está expandiendo lo contrario no deja de ser un acto de resistencia. Además, como explica el neurocientífico Jonathan Benito en su libro ‘El poder de la amabilidad’ (Planeta) –otra de nuestras ‘asombrarias’ recomendaciones para la Feria del Libro–, ser amable no sólo mejora nuestras relaciones, sino también nuestra salud y bienestar. Este profesor e investigador de la Universidad Autónoma de Madrid ha dedicado su carrera a estudiar cómo funciona el cerebro humano en contextos sociales y emocionales. En el libro explica cómo ser amigable y por dónde empezar para que relacionarse sea un placer y no una fuente de conflicto. Hemos hablado con él. “Mucha gente no es amable por miedo a sentirse débil. Se confunde la amabilidad con la debilidad, con la ingenuidad, con ser sumiso”.

Para este experto, la pro-sociabilidad es una estrategia evolutiva ganadora. Mediante ella, escribe el autor, los neandertales perdieron, a pesar de tener todas las de ganar, frente al sapiens. Eran más fuerte, más inteligentes, estaban mejor adaptados al frío y, sin embargo, el sapiens ganó por la prosociabilidad de la especie. A diferencia de los neandertales, los sapiens desarrollaron la colaboración intergrupal, lo que favoreció de una manera exponencial el desarrollo de la tecnología y, por tanto, de la supervivencia

Según Jonathan Benito, el cerebro no soporta la soledad de la exclusión. Así que la vida en grupo es un constante desafío para el cerebro, que destina gran parte de su existencia a desplegar una serie de comportamientos para conseguir, al precio que sea, posicionarnos de la mejor manera en el grupo.

¿Qué nos enseña la neurociencia sobre la amabilidad?

Lo que yo hago en este libro es una reivindicación que es muy propia del sapiens y que en nosotros actualmente debería ser todavía mayor. No es normal cruzarte con un vecino y no saludarle, subir en un ascensor y no mirar a nadie. Intento dar unas coordenadas científicas para decir que la amabilidad es muy buena actitud. Evolutivamente podemos hablar de la prosociabilidad, que es como denominamos los neurocientíficos la amabilidad. La prosociabilidad es una forma de interactuar positiva con los demás que implica amabilidad, amigabilidad y cordialidad, y también colaboración.

Entonces, ¿la agresividad no sería la mejor de las estrategias?

La agresividad como estrategia lo que genera es resentimiento hacia los demás. La agresividad no establece dinámicas positivas y, además, quien la ejerce está sometido a muchísimo estrés para defender su posición en un grupo. Como ya sabe todo el mundo, el estrés no es un buen negocio, genera mucho cortisol y una molécula que no conoce la gente que es el fibrinógeno, una proteína que sirve para coagular la sangre. Fisiológicamente funciona para contrarrestar un peligro inminente o real como heridas. Si no hay heridas que curar, este circula por el torrente sanguíneo y puede producir coágulos, taponar arterias coronarias, dando lugar a un infarto de miocardio o un ictus. El problema es que el sapiens se estresa sin que tenga un peligro físico enfrente. Así que una persona amigable, al reducir los conflictos, va a tener menos estrés y, por tanto, menos probabilidades de sufrir estas enfermedades.

Sin embargo, parece que vivimos en un mundo agresivo.

Creo que en general somos amables, pero vivimos en un mundo salpicado de agresividad que hace mucho ruido. Tenemos el ejemplo del apagón, cuando ocurrieron cosas fantásticas, aunque se dieran algunos actos vandálicos. Pero en la población en general surgió de manera espontánea movimientos prosociales de personas ayudando a regular el tráfico, ayudándose en los supermercados. Mucha gente no es amable por miedo a sentirse débil. Se confunde la amabilidad con la debilidad, con la ingenuidad, con ser sumiso.

No ahondas mucho en las posibles correlaciones entre las personas y una sociedad que fomenta el individualismo y la falta de tolerancia.

Tal vez porque creo que no vivimos en la sociedad más hostil. Cuando los neandertales vivían, imagino que era mucho más hostil, allí se mataban los unos a los otros y, sin embargo, incluso en este ecosistema la prosociabilidad ganó. También veo muchos elementos de solidaridad y de colaboración. Sí pienso que los humanos debemos practicar más la tolerancia. Así, seríamos más amables con los demás. La corteza prefrontal es también la responsable de la inhibición de comportamientos inapropiados, así como de las llamadas funciones ejecutivas. Siempre se necesita autocontrol; si no lo tuviéramos, nuestras relaciones con otros y con nosotros mismos serían muy complicadas. Por suerte, el autocontrol se puede entrenar. 

Cómo protegernos de una televisión en la que vemos a políticos faltones o unas redes sociales generalizando el insulto.

Por suerte, son una minoría. Si tú sales a la calle, la mayoría de la gente es amable. El miedo a ser excluido es un miedo muy cerebral. Los miedos atávicos están intrínsicamente ligados al cerebro. Tenemos miedo a que no nos acepten, a que nos juzguen, a no caer bien. Por ello propongo la prosociabilidad para poder mitigar todo esto que no nos permite integrarnos bien en el grupo. Las redes sociales son perversas, porque son un instrumento que potencia muchísimo la comparación social y hace que nuestra parte inconsciente se sienta mal continuamente.

¿El cerebro es una máquina que puede dar sentido a todo?

En el cerebro ocurren muchos procesos inconscientes de los que no tenemos información y, cuando intentamos documentar cualquier hecho, puede montar una fabulación para dar coherencia a los recuerdos.

Escribes de la felicidad y utilizas un término que es ‘felicidad basal’. También que el cerebro puede realizar predicciones erróneas.

Las predicciones erróneas son fruto de un lastre evolutivo y en nuestra mano, como seres racionales, está frenarlas. Todos queremos ser felices, pero muchas veces esto nos lleva a la búsqueda de elementos que no siempre la otorgan. La mayoría de la veces la felicidad te lleva por caminos mucho más anti-intuitivos, pero muy potentes, como la gratitud o la bondad. La felicidad basal es la que mantenemos en el tiempo, sin que nos aparezcan grandes desgracias ni grandes alegrías, como que nos toque la lotería. También está el termino bienestar subjetivo, ya que a la ciencia no le gusta mucho el término felicidad, pero a mí sí. 

La plasticidad cerebral nos permite el aprendizaje ¿podemos aprender a ser más amables?

Tenemos lo que se llama el circuito de cognición social o de inteligencia social, que tiene distintas áreas; es bastante complejo, pero básicamente son áreas que están muy relacionadas con todo el sistema límbico, es decir, el sistema emocional, que nos permiten leer bien las emociones de los demás. Nos permiten ponernos en la piel del otro, saber lo que está sintiendo, o intuirlo, lo que está pensando y así tener nosotros una respuesta emocional empática frente a esa persona, intentando ayudar. Y hay personas que estas áreas de inteligencia social las tienen más o menos desarrolladas. Todo el mundo conoce ya el término neuronas espejo, que nos permiten ponernos en el lugar del otro.

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Comentarios

  • Ana

    Por Ana, el 07 junio 2025

    Gracias por este libro y estos mensajes. Cuando parece predominar el odio y la violencia, al menos en los medios de comunicación que tanto insisten en los ejemplos y episodios negativos, sería muy conveniente, y hasta necesario, multiplicar las referencias a la posibilidad, la realidad y las ventajas de la cooperación, el consenso, la tolerancia, la bondad…

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