Marina Vargas conmueve en el Thyssen rompiendo el silencio patriarcal
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Marina Vargas. ‘Noli me tangere. La incredulidad’, 2020. Colección JLGM.
Todo es signo y metáfora, de ella misma y de otras mujeres, en la obra de Marina Vargas.Su conmovedora exposición actual en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza de Madrid comienza con un mural realizado con manos de cerámica formando ocho frases en lengua de signos. ¿Y qué dicen algunas de esas manos? “El patriarcado tiene a Dios de su parte” (Kate Millet). “Noli me tangere”, palabras que dirige Cristo a María Magdalena tras su resurrección. “No tengo miedo, he nacido para esto” (Juana de Arco). “No te calles. Yo sí te creo”, frases adoptadas en España para defender el feminismo.
También está escrito el pensamiento de la teóloga feminista Cynthia Bourgeault y la artista Hannah Wilke. Sí, el eje de los cuatro espacios de esta exposición titulada Revelaciones quiere ser un homenaje a las mujeres silenciadas a lo largo de la historia. Cada uno de ellos presidido por una gran carta del tarot.
“Vargas traza un recorrido que explora la figura de la mujer en la historia del arte, en la imaginería, pero también en el relato sagrado, a partir de su biografía y su experiencia personal, con una perspectiva actual que busca romper el silenciamiento por el que el sistema patriarcal las ha relegado a un segundo plano. Revelaciones muestra lo oculto a través de obras de nueva creación que se presentan por primera vez en esta exposición”, explica Semíramis González, comisaria de la exposición.
Para Marina Vargas, “la figura de María Magdalena es el punto de partida de su investigación para realizar este trabajo que une mundos místicos, sagrados y espirituales diversos y para otorgar a las mujeres el protagonismo merecido”. Marina Vagas es una artista multidisciplinar; pintura, dibujo, escultura y sonido junto con el espacio forman un todo bajo su mirada feminista. Lo sagrado y la mitología conforman un lenguaje comprometido en un diálogo donde las creencias religiosas, la sexualidad, la feminidad, la violencia, el amor y el deseo se expresan en su obra. Todo un despliegue de símbolos para cuestionar el espíritu de lo contemporáneo, alimentado por el interés artístico y la labor investigadora de la autora.
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Marina Vargas. ‘Hércules en la corte de Onfalia. (Se acabó)’, 2024. Frase deletreada en lengua de signos según el alfabeto español. Colección de la artista.
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Marina Vargas. ‘Serie Mére-Mer’, 2021-2024. Cerámica esmaltada, medidas variables. Colección de la artista.
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Marina Vargas. ‘La Piedad invertida o la Madre muerta (negra)’, 2013. Colección privada, México.
Para la primera sala, denominada Palabra, la artista granadina ha elegido la carta del tarot El Emperador. Su mural en lengua de signos destaca, pero las manos también toman relevancia en la escultura Magdalena, un par de manos que se unen para formar un triángulo simbolizando el útero.
En el siguiente espacio, titulado Visión, todos los elementos aluden al cáncer de mama que la artista padeció. Aquí vemos la serie Mére-Mer, un conjunto de cangrejos en cerámica esmaltada para jugar con el doble significado de la palabra cáncer: enfermedad y signo astrológico. Junto a ellos podemos ver colgados moldes de radioterapia usados y cubiertos de pan de oro, también caracoles adivinatorios y exvotos. Esta sección está bajo el auspicio de la carta del tarot El Mundo, símbolo para la artista del renacimiento sin necesidad de morir. Por ello se la dedica a “todas las mujeres que creen que donde hay que resucitar es en esta vida”.
El Cuerpo toma forma en la tercera sala, donde las esculturas La Piedad Invertida o la Madre Muerta son las protagonistas. Una de ellas, suspendida en el techo, se contrapone con otra craquelada en el suelo. Estas pertenecen a la última de las series de siete que ha realizado la artista en la última década. En la presentación, Guillermo Solana, director artístico de Thyssen-Bornemisza, reivindicó esta obra y comentó: “A pesar de la dificultad del montaje, ha merecido la pena verlas expuestas”. En sus piedades, Marina Vargas invierte los papeles tradicionales de la cultura cristiana. En ellas es el hijo el que sostiene a su madre muerta, humanizando la historia. “En cierta manera, es la muerte la que otorga el poder de divinidad. Estos aspectos son los que me guiaron para construir mi obra centrando mi atención en La Piedad de Miguel Ángel y el Éxtasis de Santa Teresa, de Bernini. Teniendo el objetivo de reivindicar el poder y el papel del cuerpo femenino en el plano religioso para abrir un interrogante y humanizar la historia. Mostrar la vulnerabilidad en vez de sublimar”, ha escrito Marina Vargas. Este espacio lo preside la cara del tarot La Fuerza, que, según la artista, sirve “para reivindicar los triunfos de las mujeres desde una perspectiva de género”.
La última sala está dedicada a Las lineas del destino, tiradas reales del tarot que le sirven a Marina Vargas para desplegar múltiples referencias, llenando las tres paredes de la sala de símbolos que toma de las representaciones prehistóricas, los mitos grecorromanos, la cultura mexicana, africana, la tradición católica, la imaginería hindú o los signos arcanos de la santería y la magia. Realizadas las obras con tinta de plata y aerosol sobre papel negro, todo es reinterpretación para crear la identidad y singularidad de su arte. En esta sala suena constantemente la voz de María Botto, que lee el significado de lo representado gráficamente, aumentado de esta manera la emoción de lo que se está mirando.
La obra de Marina Vargas está conectada a su vida. Una fotografía de ella mastectomizada, acompañada de la tabla de La Magdalena de Derick Baegert, completa el intenso y emocionante itinerario de la muestra.
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