¿Quieres tener la sensación de ser una ballena o un delfín?

Entre la ciencia y el arte, la exposición ‘Ecos del océano’ es capaz de sumergir al visitante en el mundo de los cetáceos a través de enormes pantallas. Foto: Rafa Ruiz
Sumergirse, flotar, nadar y sentir como una ballena es la propuesta que la Fundación Telefónica ha traído al centro de Madrid. La exposición ‘Ecos del océano’ –abierta hasta el 7 de septiembre– invita al espectador a vivir como una ballena o un delfín, a ponerse en la piel de un cetáceo y experimentar su percepción del mundo, que se realiza fundamentalmente a través del sonido. Una exposición profundamente recomendable, y más en estos días en los que estamos celebrando, junto a MSC, la Semana ‘Mares Para Siempre’, por unas pesquerías responsables y unos océanos saludables.
Las especies que habitan en las profundidades del océano perciben el mundo de formas distintas a las nuestras: ven, oyen y saborean a través de sentidos que quizá nunca lleguemos a comprender del todo. Su manera de sentir y percibir el mundo, su universo sensorial único, está fuera de nuestro alcance. Sin embargo, la imaginación nos permite ampliar nuestra subjetividad para incluir esta inmensidad.
En Ecos del océano se establece un diálogo entre la ciencia y el arte. Más que una descripción científica de cómo perciben los cetáceos, esta exposición es una invitación al asombro, una oportunidad para imaginar cómo es ver a través del sonido, saborear corrientes envolventes y sentir con todo el cuerpo como un único órgano de percepción unificado.
Ecos del océano es una conversación entre dos equipos creativos, uno artístico y otro científico, que nos ofrecen herramientas para experimentar la realidad desde perspectivas más que humanas. El colectivo británico Marshmallow Laser Feast utiliza las tecnologías digitales para explorar la manera en que las otras especies del planeta perciben la realidad a través de sus sentidos. El Laboratorio de Aplicaciones Bioacústicas ha abierto nuevas fronteras en el estudio del sonido bajo el océano y los efectos nocivos de la contaminación acústica sobre los ecosistemas marinos.
Históricamente, el océano se ha considerado como un espacio silencioso. De hecho, el explorador de los océanos Jacques Cousteau tituló a su documental más conocido, estrenado en 1953, El mundo silencioso. Sin embargo, el océano es de todo, menos silencioso. Es sobre todo oscuro y con múltiples sonidos, cantos, melodías, ritmos.
En el Laboratorio de Aplicaciones Bioacústicas de la Universidad Politécnica de Cataluña llevan trabajando 20 años y tienen una red de hidrófonos repartida por todo el mundo de unos 150 equipos, que están grabando 24 horas, permanentemente. Es una de las mayores bases de datos de los archivos del mundo.
Por su parte, el colectivo Marshmallow Laser Feast explora las capacidades sensoriales y perceptivas de especies que no son humanas, de especies que cohabitan con nosotros en el planeta, como animales y plantas, y nos ponen en la piel de esos seres vivos.
Ponerse en el lugar de un búho, una libélula o un árbol
En 2015 realizaron la representación In the eyes of an animal (En los ojos del animal), en las que ponían al espectador, a través de realidad virtual, en la piel y en los ojos de diferentes animales que van recorriendo un bosque: un búho, una libélula, un mosquito y una rana, para que el espectador vea cómo perciben ellos.
En 2023 produjeron la pieza Breathing with the forest (Respirando con el bosque), en la que escanearon digitalmente un gran árbol en el Amazonas y mostraron visualmente todas las relaciones que tiene con su entorno, con el aire, los hongos, el subsuelo o los insectos que lo rodean.
La exposición Ecos del océano se divide en cuatro partes: dos muestran una pieza artística y dos dedicadas más a contenidos puramente científicos en los que se han inspirado los artistas para generar la pieza central, que es la instalación inmersiva.
Antesala de relajación
La entrada a la gran instalación central de Marshmallow Laser Feast está precedida por una antesala, un espacio en el que se pretende que el espectador se siente, se relaje, baje revoluciones y empiece a oír los sonidos de los cetáceos. Con la idea de meterse en la instalación con una respiración más pausada.
En la instalación principal estamos rodeados de los sonidos de delfines, cachalotes y ballenas jorobadas a través de 36 altavoces que conforman una composición casi de sinfonía; mientras, en las 12 pantallas vemos imágenes generadas por inteligencia artificial a partir de los sonidos de grabaciones reales, que evocan e imaginan cómo puede sentir un cetáceo a través del sonido. Es una evocación poética, que pretende generar esta empatía entre el espectador y los cetáceos.
La exposición en la Fundación Telefónica nos abre los ojos a un mundo del que sabemos muy poco. Aquí unos ejemplos:
La luz solar tiene dificultad para atravesar el agua a partir de los 30 a 50 metros de profundidad; a partir de los 200 metros, la oscuridad es prácticamente absoluta. Los cachalotes viven hasta los 3.000 metros de profundidad, por lo que su mundo es completamente oscuro. Algunos cetáceos perciben gracias a un sistema de ecolocalización, es decir, emiten sonidos que rebotan en la superficie de los elementos que hay en su entorno. Es como una forma de ver con los oídos.
Un recorrido en varias capas
En la primera zona de la sala, las imágenes que se han generado son de la primera capa de la superficie del océano y podemos intuir los arrecifes de coral. En la siguiente capa, estaríamos viendo y sobre todo escuchando a los delfines. En una tercera capa a las ballenas jorobadas; en una última capa, a los cachalotes.
En la parte más científica de la exposición, encontramos una sala con seis estaciones acústicas en las que podemos escuchar y ver el espectrograma de los cachalotes, ballenas de Groenlandia, ballenas jorobadas, delfines, focas barbudas, ballena cabeza de arco y el crujir del hielo al romperse por el paso de un barco en el Ártico.
La contaminación acústica de los océanos está generando un grave problema, porque los cetáceos se comunican y se relacionan con el entorno gracias al sonido. El ruido que generamos los humanos, como el transporte de mercancías con grandes buques mercantes, la perforación y extracción de petróleo y la minería submarina con las detonaciones o las maniobras militares, generan tanto ruido que los desorienta, y pueden acabar varados y morir en las playas.
Imagina en ese mundo oscuro que hay ruidos estridentes que te impiden localizar lo que hay a tu alrededor o comunicarte con los demás individuos del grupo. Eso es lo que viven los cetáceos.

Instalación artística en torno al plancton en ‘Ecos del océano’, en Fundación Telefónica.
Escultura al plancton
La siguiente sala de la exposición está dedicada a los animales que realizan la mayor migración del planeta: el plancton. Se trata de una instalación diseñada por Marshmallow Laser Feast, en colaboración con un artista vidriero de Barcelona. Plancton es una palabra griega que significa errante, y la escultura está formada por 200 piezas de vidrio soplado, con forma de ola, que representan la migración vertical que realiza el plancton y que no somos capaces de verlo por su tamaño microscópico.
El plancton genera el 50% del oxígeno que respiramos en la atmósfera y además se encarga también de absorber el 25% del dióxido de carbono que emitimos los humanos a la atmósfera. Por lo tanto, resulta imprescindible para la sostenibilidad del planeta.
En la última sala, se expone un vídeo grabado con drones de los avistamientos de ballenas en la costa de Cataluña. Durante 10 años han registrado cómo un mismo grupo de ballenas se acerca a las costas de Barcelona para alimentarse entre febrero y junio. La pieza se titula Bruja, y hace referencia a uno de los ejemplares que tienen localizados y que no ha faltado en esos 10 últimos años; su nombre se debe a que la aleta recuerda al sombrero de una bruja.
En esta última sala, podemos también observar un gran mural que pretende ser un mapa del conocimiento en torno a la bioacústica marina. Tras la Segunda Guerra Mundial, durante la Guerra Fría, hubo una revolución en todo el ámbito de la biología acústica marina, desde el campo de la industria militar y armamentística. El ejército de Estados Unidos comenzó a desarrollar tecnologías para detectar los sonidos del fondo marino con la intención de localizar a los submarinos soviéticos. Esta tecnología utiliza los micrófonos submarinos, llamados hidrófonos.
Además del desarrollo del sónar, también detectan que entre los 600 y los 1.200 metros de profundidad hay una capa de agua en la que el sonido no solo va cinco veces más rápido que en el aire, sino que mantiene la intensidad a miles de kilómetros, y eso permite que en este canal de agua a esa profundidad, una ballena que está en un punto del planeta pueda estar escuchando a otra que le está cantando a miles de kilómetros.
En fin, una exposición realmente inmersiva para hacernos reflexionar sobre cómo perciben los cetáceos el mundo y ponernos en su piel.
Más información sobre la programación paralela a la exposición, recursos y reservas de actividades en: https://espacio.fundaciontelefonica.com/
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