‘Separated’: la denuncia de la represión migratoria de Trump

La actriz Gabriela Cartol, en una imagen de ‘Separated’, interpreta a una inmigrante en uno de los fragmentos de ficción del documental de Errol Morris.

A las puertas de la reelección de Trump, el documentalista estadounidense Errol Morris presentó ‘Separated’ el pasado septiembre en el Festival de Venecia. El aspirante republicano venía crecido, dispuesto a eliminar sin contemplaciones los obstáculos (personales, judiciales) que le habían trabado su política entre 2017 y 2021, como así está ocurriendo. Entonces, en ese tiempo que refleja Morris en su documental, aún había funcionarios en la Administración resistentes contra la disruptiva y dañina acción gubernamental, como la política inhumana, según denunció Amnistía Internacional, de separar a padres e hijos inmigrantes detenidos en la frontera sur de Estados Unidos, que Morris disecciona en ‘Separated’.

Toda denuncia pública, y el documental Separated lo es, persigue unos efectos. No ya el mero conocimiento de unos hechos que se extiende cuando se difunden. O la indignación que pueda prender en la opinión pública y derive en un escándalo, ese que, escribió Lorca, corre “rayado como una cebra”. Sino el propósito de enmienda. Sobre el denunciante, Errol Morris en este caso, acecha el peligro de que su denuncia, inteligentemente documentada y armada, con visos de irrefutable, se pierda en el maremágnum de informaciones, de hechos noticiosos que permean la actualidad, cumpliendo el ciclo incesante de exposición, reacción y olvido de una cadena informativa que ha patrocinado la noción de lo interesante en perjuicio de lo importante. 

La vertiente política del cine de Morris ni es complaciente ni militante. En sus indagaciones ha tratado con el poder no como un cliché sino en su complejidad, excavando en los terrenos de la verdad incómoda de la política cuando las convicciones sinceras de quienes gobiernan causan un perjuicio a la sociedad. En The unknown known y The fog of war, rigurosos ejercicios de exposición política de los ministros de Defensa Donald Rumsfeld, con George Bush, y Robert McNamara, con Kennedy y Johnson, confronta sus opiniones, sus perspectivas (si se quiere cínicas o descarnadas, pero sostenidas por ideas propias) de un modo que se echa en falta en Separated. Ninguno de los altos cargos trumpistas señalados en la película: ni Stephen Miller, subjefe de Gabinete de la Casa Blanca e inspirador de la política de separación de familiares inmigrantes, ni Jeff Sessions, fiscal general del Estado, ni Mathew Albence, director interino del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, ni cargos de la anterior Administración de Biden quisieron hablar con Morris. Fueron, en un sentido, cobardes. Podría decirse que antes que ser pillados como mentirosos y arteros optaron por quedarse en la sombra. Y son la mentira, la manipulación y el engaño que llevó a cabo la Administración de Donald Trump el centro de esta película, plásticamente demostradas por Morris mediante datos, testimonios e imágenes. 

Trump quería (sigue queriendo) impedir la afluencia constante de inmigrantes y pretendía intimidarlos amenazándoles con que si los detenían a lo largo de una frontera de más de 3.000 kilómetros les iban a quitar a los hijos que les acompañaran. Durante meses, los niños fueron recluidos como delincuentes. Cuando funcionarios de la Administración empezaron a notificar a sus responsables políticos el aumento de casos de separación, estos lo negaron públicamente. Expresaron que habían considerado la medida, pero que no habían llegado a autorizarla. Mentían, porque mientras lo negaban, las fuerzas del orden seguían enviando a los menores a diversos centros. Las órdenes de llevarse a los hijos fluían por el canal de la Administración desde la cúpula a los niveles intermedios y de estos a la base, donde la policía las aplicaba.

Pero cuando los medios de comunicación empezaron a publicar algunos casos, la Administración no solo acabó reconociendo lo que estaba haciendo, sino que lo exhibió con orgullo, como una demostración de fuerza de un poder que quiere ejercerse a plenitud, e invitó a la prensa a filmar dentro de uno de esos centros de reclusión. Morris muestra paralelamente que, dentro de la Administración Trump, había funcionarios dispuestos a reaccionar ante el abuso, a plantear objeciones a las medidas contra la inmigración o favorecer, llegado el caso, a los inmigrantes. Estas resistencias, que Trump entendió que no solo se le planteaban en este asunto, sino en el total ejercicio de su política como deslealtad (o traición, según su torcido entender), iba a eliminarlas, como ya se ha visto, si lograba ganar de nuevo las elecciones.

La medida de Trump no era el truco inesperado de un mago, sino el remate de una política de Estado que habían aplicado anteriores presidentes, republicanos y demócratas. “Aunque somos una nación de inmigrantes, también somos una nación de leyes”, expresa al principio de Separated Barack Obama. Y, como ha demostrado Trump, no importa si esas leyes –aprobadas hace más de un siglo en otros contextos hoy inconcebibles o creadas a propósito en el presente–, podían, sin embargo, quebrar, insidiosamente aplicadas, principios comunes de convivencia.

Morris arma su relato mediante imágenes de archivo, fotografías, entrevistas personales, reproduce comunicaciones entre funcionarios y políticos y recrea en pequeños fragmentos de ficción interpretados por actores y gentes comunes la odisea de un grupo de inmigrantes desde su marcha en su pueblo de origen hasta su detención en Estados Unidos; un procedimiento, este de la recreación, recurrente en Morris (y abusivamente copiado por otros sin su talento) que a veces se le ha reprochado. Si el propósito es amplificar el efecto del drama que narra, traiciona, en cierto modo, la idea de lo documental de ofrecer solo imágenes reales.

En cualquier caso, uno acaba viendo un documental impotente, porque no se ha cumplido esa premisa de la denuncia de suprimir las causas. Nada más tomar posesión el pasado mes de enero, Trump volvió a la carga contra padres e hijos inmigrantes. De modo que uno contempla frustrado la minuciosa reconstrucción acusatoria que lleva a cabo Morris, los veraces testimonios que la sustentan, y se limita a constatar el filme como el testimonio de un tiempo negro, este primer tercio del siglo XXI, donde ocurren tales hechos, inauditos en una llamada democracia. Impunemente. A la vista.

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