Ven a las ‘bibliotecas de cosas’: prestan cámaras, taladros, micros
Biblioteca de las cosas en el punto limpio de Binéfar, Huesca.
“Ah, no lo sabía. Entonces, ¿además de los libros y películas que hay en la biblioteca, prestáis cámaras de fotos, calculadoras, micrófonos y herramientas de bricolaje?”. Un estudiante, usuario de la biblioteca de la Universidad de Alicante, se entera por primera vez de los servicios que ofrece la Usoteca, que lleva en marcha poco más de un año. Es un ejemplo de la extensión de las bibliotecas de las cosas en España, espacios donde impera el lema de ‘mejor compartir que consumir’, en especial productos que se utilizan muy pocas veces al año. El ejemplo clásico: “En EEUU hay más de 80 millones de taladros que tan sólo son usados de media 13 minutos al año, lo que cuestiona la necesidad real de tener uno en propiedad”. En este artículo visitamos varias trastotecas, incluso la que posiblemente sea la primera biblioteca de las cosas rural, en Binéfar, Huesca.
“Hay que pensar que en el medio rural muchas veces se necesitan artículos o herramientas que no suelen ser los que se demandan en la ciudad. Hablo por ejemplo de desbrozadoras, sopladoras, cortacéspedes o hidrolimpiadoras. Hemos demostrado que ese servicio también se demanda”. Rosa Allué es la técnica de Medio Ambiente de Comarca de Litera, entidad que abarca 14 municipios con una población total de 20.000 habitantes en el extremo oriental de la provincia de Huesca.
¡Bienvenido a la Biblioteca de las Cosas, un servicio que promueve la economía circular y la solidaridad local! Así dan la bienvenida a una iniciativa que se enmarca dentro de un proyecto mayor, Litera Circular, de responsabilidad ambiental y social en el uso y desuso de recursos. “Llevamos año y medio de funcionamiento dentro del punto limpio de Binéfar y tenemos registrados ya 110 usuarios, a los que hemos realizado 128 préstamos. Cuando se trata de artículos más grandes y caros, pedimos una fianza de 10 euros”, añade Allué.
“La sopladora, la aspiradora industrial para succionar agua, la hidrolimpiadora para la piscina; y también sería ideal que tuvieran podadoras con baterías para las oliveras, que esta es una zona con mucho campo y olivar”. Yolanda Cereza, usuaria habitual de la Biblioteca de las Cosas de Binéfar, enumera todo lo que toma prestado de forma regular e incluso hace una sugerencia sobre otros aparatos. “Nos suministramos tanto de artículos que dona la gente como los que compramos a través de una subvención del Gobierno de Aragón. A veces, la propia persona al frente del punto limpio rescata unas muletas o unos pantalones de esquí que sirven para engrosar la biblioteca, y por supuesto atendemos las demandas de nuevos artículos”, subraya la técnica de Litera Circular.
¿Cómo replicar el modelo de ‘bibliotecas de las cosas’?
“Los proyectores para fiestas también tienen mucho éxito”, recuerdan casi al unísono Rosa Allué y Yolanda Cereza. Proyectores, además de altavoces, auriculares, cámaras de fotos, grabadoras, micrófonos y regletas o alargaderas están entre los artículos que puede alquilar cualquier persona de la comunidad que forma la Universidad de Alicante en su Usoteca, un servicio asociado a la Mediateca y bibliotecas de sus campus. “Se prestan a través del mismo servicio que se presta un libro, en algunos casos por un período no superior a un día, como calculadoras o herramientas de bricolaje. Cada objeto tiene un plazo”, explican desde esta universidad.
Otro servicio interesante que muestran desde el campus alicantino es que organizan visitas con el alumnado de institutos y colegios para mostrarles cómo funciona este servicio y su posible réplica en otros ámbitos. Es una manera de extender el sentido y utilidad de estos servicios y que también se practica desde el Gobierno de Aragón gracias a la difusión de la Guía de funcionamiento de la biblioteca de las cosas . Es un manual muy completo en el que se abordan todas la cuestiones a tener en cuenta sobre el funcionamiento y creación de estos espacios: personas destinatarias, el espacio en sí, la adquisición, mantenimiento y reparación de productos, la gestión del catálogo, la financiación, los recursos humanos, la comunicación y difusión…
Daño ambiental por uso incorrecto y excesivo de materiales
La guía del Gobierno de Aragón también permite conocer ejemplos y antecedentes de estos espacios, que reciben nombres como biblioteca de las cosas o de los objetos, trastotecas, cosatecas o usotecas. Antes, reflexiona también sobre cuestiones como las conclusiones de The Economics of Ecosystems and Biodiversity , del Programa de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente: “Dos terceras partes del daño ambiental causado por los humanos proviene del uso incorrecto y excesivo de los materiales”. Y también sobre el clásico ejemplo del taladro: “En Estados Unidos hay más de 80 millones de taladros que tan sólo son usados de media un total de 13 minutos al año, lo que cuestiona la necesidad real de tener uno en propiedad”.
En la misma publicación citan la primera biblioteca de las cosas, creada en 2010 en la ciudad de Berlín y denominada Leila, abreviatura de la palabra alemana leihläden, que significa tienda de préstamo. Actualmente hay 44 leihläden repartidas entre Alemania, Austria y Suiza. Algo más de pasada se cita a la posiblemente más asentada e icónica Library of Things de Londres, que tiene abiertas 22 localizaciones en esta ciudad y actualiza con orgullo un panel de datos muy elocuente: “Estamos logrando el cambio con 525 toneladas de residuos electrónicos que no llegan a los vertederos; 10 millones de libras esterlinas ahorradas por nuestros miembros y 1.500 toneladas de emisiones de CO2 evitadas”.
De la Cousateka y la Gauzateka a la Biblioteca de les Coses
Aunque hay indicios de iniciativas similares en A Coruña (Cousateca) y Euskadi (Gauzateka de Traperos de Emaús en Euskadi), la biblioteca de las cosas de España más veterana que se mantiene en activo se inauguró en 2020 en el distrito de Sant Martí de Barcelona, y ya pasó casi recién abierta por estas páginas de El Asombrario de la mano de Rosa M. Tristán.
Aquí también, tras repasar sus últimos datos, hacen la lectura ambiental: “Durante 2024 realizamos 661 préstamos. Esta cifra implica una media de 60 objetos al mes, muy por encima de los 37 de 2023. Con el sistema de cálculo de indicadores desarrollado por Nusos y Rezero –la cooperativa impulsora de la Biblioteca de les Coses–, estos préstamos pueden traducirse en 12.750 kilos de emisiones de CO2 evitados, dos millones de litros de agua ahorrados y 2.500 kilos menos de residuos generados gracias a todas las personas que han optado por coger un objeto en préstamo en lugar de comprarlo”.
Las bibliotecas de las cosas visitan las aulas y ofrecen servicios
Desde Sant Martí hablan igualmente de la implicación de los centros escolares: “El curso pasado fue el primero en que llevamos a cabo el proyecto de aprendizaje y servicio para acercar al alumnado de algunos institutos del barrio a la Biblioteca de les Coses. La experiencia de tener alumnos ayudando en la atención a las usuarias o contribuyendo a dar a conocer el proyecto entre el alumnado de sus centros ha sido valorada de forma muy positiva por nuestro equipo motor. En paralelo, también se realizaron varias charlas de presentación a grupos escolares de Secundaria”.
En el repaso que hace esta iniciativa pionera añaden: “En estos momentos, en Cataluña ya han abierto sus puertas 16 proyectos similares”. Entre ellas está La Caixa d’Eines i Feines (la caja de herramientas y trabajos, literalmente), también en Barcelona. En este caso, aparte de un catálogo donde sobresalen máquinas de coser, monitores de ordenador, panificadoras, planchas, plastificadoras, proyectores y soldadores, hay otro en el que diversas personas ofrecen servicios de albañilería, fotografía, afinación de pianos, cuidados y costura, entre otros muchos.

De la Trastoteka de Pamplona a la Objetoteca de Valencia
Otra biblioteca de las cosas con recorrido y buena fama es la Trastoteka de Geltoki, en Pamplona. Su lema: “No lo compres, úsalo”. En este caso, además de acceder al préstamo de una alargadera industrial, una aspiradora, una batidora de repostería o una destructora de papeles, desde la Trastoteka anuncian: “Nos hemos propuesto que la actividad del espacio vaya más allá del servicio de préstamo de cosas y pusimos en marcha una serie de ciclos formativos y de talleres dirigidos tanto a personas usuarias como a quienes no lo son (todavía)”. Ya han celebrado algunos de ellos, como son los talleres de nociones básicas de electricidad y bricolaje para el hogar y el de microgeneración eléctrica en casa.
La Biblioteca de los Objetos en Zaragoza, la Objetoteca de Valencia o la inminente Biblioteca de las Cosas de Getafe –ampliación de Getafe Reutiliza– son otros tres ejemplos en marcha o a punto de hacerlo. Las formas de funcionamiento (físico, con plataforma digital o combinado) y el sistema de préstamos (con fianza o sin ella) varían, pero lo que no lo hace es el fin: compartir y reutilizar antes que tirar y consumir. “Es algo muy práctico, incluso si necesitas grandes aparatos como desbrozadoras o hidrolimpiadoras y no tienes espacio donde guardarlos”. Yolanda Cereza, desde Tamarite de Litera, sigue relatando sus experiencias positivas con la Biblioteca de las Cosas de Binéfar, convirtiéndose en una persona más que ayuda a reducir emisiones, residuos y consumo de agua y energía.

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