Amparo Pamplona: “La base del cambio debe empezar en el colegio”

La actriz Amparo Pamplona. Foto: Mi Cinexin.

Son tantas las obras de teatro y series de televisión en las que ha participado la actriz Amparo Pamplona a lo largo de su vida que basta ver su rostro para tener la sensación de que es alguien cercano, que forma parte del universo de millones de hogares. En la actualidad, con 74 años, sigue sobre los escenarios, a los que subió con solo 17 por primera vez, y estos días prepara un próximo estreno en el Teatro Español. Pero cuando se baja de las tablas, uno de los asuntos que más le preocupan tiene que ver con las crisis ambientales que observa a su alrededor, sobre todo la escasez de agua (hoy, 22 de marzo, se celebra el Día Mundial del Agua). Su desazón y la conciencia de lo que está pasando hace que se pasee en verano por las playas recogiendo plásticos y otros desechos, lo que llamamos ‘basuraleza’. Es nuestra invitada en ‘la entrevista circular’. 

De tu inmensa carrera como actriz, ¿qué ha sido lo más gratificante?

He tenido mucha suerte y he podido hacer papeles muy interesantes a lo largo de los años, desde que comencé con 17 en el programa Estudio 1 en TVE, con una obra sobre la vida de Juana de Arco. A lo largo del tiempo he trabajado con actores de la talla de José Bódalo o Fernando Delgado, pero si tengo que elegir, me queda un especial recuerdo de la obra La cabra o quién es Sylvia, que estrenamos en 2007, con José María Pou. Era un papel que ya antes de hacerlo me parecía fantástico y, cuando me llamaron, lo tuve que compaginar con otros proyectos, así que se convirtió en todo un desafío personal que me hizo sentir muy satisfecha.

¿Ahora cuál es ese nuevo proyecto teatral que preparas?

Es la obra Camino largo de vuelta a casa, que se estrena en el Teatro Español de Madrid el 4 de abril, donde estará un mes. Luego volverá a Madrid tras el verano, al Teatro Infanta Isabel. Relata la historia de una abuela de 94 años, que es mi personaje, una hija y una nieta que viven juntas. Y habla de la soledad, pero con mucho humor negro y un final inesperado que ni siquiera he contado a mi familia. Estoy contenta porque es un equipo con el que se trabaja muy a gusto.

¿Alguna vez has participado en alguna obra o serie con alguna deriva ambiental?

No, nada que ver con la naturaleza ni nada parecido. Lo que sí he hecho es sufrir los impactos del calentamiento mientras trabajaba. Lo he pasado muy mal en Almagro, durante el festival, vestida con esos ropajes que requieren algunas obras, en pleno verano y a temperaturas tremendas.

¿Puede el mundo de la cultura ayudar a generar conciencia respecto a este asunto?

Absolutamente, aunque la base para el cambio debe empezar desde los colegios. Cuando voy por la calle veo que falta mucha educación, me disgusta mucho ver cómo los adultos tiran cosas al suelo, así que también lo harán sus hijos. Por ello no entendí que eliminaran la asignatura de Educación para la ciudadanía. Cuando surgió la polémica, me compré el libro para ver de qué iba y es incomprensible que la eliminaran diciendo que era de izquierdas cuando trataba de temas fundamentales.

En tu caso, ¿de dónde te viene el compromiso con el medio ambiente?

Realmente no lo sé. Mi familia siempre fue sensata. Sí recuerdo especialmente un discurso de Enrique Tierno Galván, que fue alcalde de Madrid, en el que alertó a los madrileños de que teníamos que ahorrar agua. Es al primer político al que le escuché decir algo así. Desde entonces siempre he tenido presente la importancia del agua, que no se pueden dejar los grifos abiertos. Y no sólo donde escasea. También cuando voy a Galicia, aunque allí hay mucha, me molesta que no se cuide y se deje escapar sin más.

¿Qué reto ambiental es el que más te preocupa?

La escasez de agua. La realidad es que no tenemos suficiente y que es fundamental para lo más básico. No somos conscientes de lo importante que es para la vida, pero cada vez hay más sequías y esto tiene relación con el cambio climático. Recuerdo bien que en Madrid las máximas temperaturas durante el verano cuando yo era joven estaban sobre los 34 grados, no más de 40, y que en invierno pisaba la nieve; y eso ya no ocurre. Es algo que yo veo y cualquiera puede constatar. Es fundamental no derrochar agua.

¿Qué les dirías a los negacionistas?

Nada. No trato de convencerles de nada porque es inútil. No les importa lo que dicen los expertos, y se buscan otros científicos que argumentan lo contrario. Tratar de que cambien de opinión no sirve con estas personas. Al final se puede llegar a generar un conflicto o romper una relación sin modificar su forma de pensar.

¿Qué prácticas ambientales pones en marcha en tu día a día?

Desde luego, ahorrar agua. Para mí no es necesario más de minuto y medio para una ducha, por ejemplo. También trato de reciclar todo, hasta el papel más pequeño. Llevo muy mal ver basura tirada por ahí. En verano, cuando voy a la playa, siempre salgo de paseo con una bolsa en la que voy recogiendo basura. A veces, hay gente que se para y me lo agradece. Pero no lo hago por bondad. Reniego de quienes tiran todo eso que el mar devuelve porque lo hemos echado antes. También me fijo mucho cuando voy a comprar para no adquirir productos con aceite de palma que puede provenir de zonas deforestadas. Y soy de las personas que llevan sus bolsas para comprar la fruta y la verdura a granel y así evitar envases de plástico. En realidad, es el Estado quien debiera prohibir estas cosas, aunque como consumidora trato de llegar hasta donde puedo.

¿Optimista frente al futuro?

Deseo ser optimista y que se mejore la situación, pero lo que veo es que todo va muy lento. En las siguientes generaciones tenemos de todo. Es verdad que hay una juventud que solo piensa en beber o divertirse, pero también hay otra de gente joven maravillosa, comprometida, que está luchando por un mundo mejor. Lo que pasa es que en los medios se vende más la otra imagen y eso tiene mucho que ver con que todo sea más lento de lo deseable.

¿Un lugar al que regresar?

Un lugar especial al que me gustaría volver fue Vietnam. Me gustó mucho su gente, el respeto de los jóvenes hacia las personas mayores, su forma de ser y cómo vivían en la naturaleza. Más cerca, mi lugar está por el norte de la península, de Galicia al País Vasco. Me gusta la lluvia, el sirimiri y la bruma… Respiro mejor.

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