David Uclés: 34 años y 700 fabulosas páginas sobre la Guerra Civil

David Uclés, autor de ‘La península de las casas vacías’.

Quedo con David Uclés en la plaza de Cascorro, Madrid, a los pies de la estatua de Eloy Gonzalo, soldado que luchó en la guerra de Cuba y que protagonizó una misión prácticamente suicida para salvar a su guarnición acantonada en la población cubana de Cascorro. Pero nosotros nos hemos citado con un hombre de paz, que curiosamente también escribe sobre la guerra, como ha hecho en su libro ‘La península de las casas vacías’ (Siruela Nuevos Tiempos). La historia total de la Guerra Civil española donde lo fantástico apuntala la crudeza de lo real. Con David hablamos de realismo mágico, de la familia, de naturaleza, del amor, de homosexualidad y de la Paz.

¿Cuándo naciste David?

El 21 de enero de 1990.

34 años después de tu nacimiento publicas un libro sobre una guerra que pasó hace 88 años y además en clave de realismo mágico. ¿Por qué?

No hubo ningún momento en el que yo me sentara y dijera: vamos a escribir sobre la Guerra Civil. No me atraen mucho las guerras y sí los conflictos humanos. La guerra provoca que en los momentos débiles tengamos que juntarnos todos y apoyarnos para salir de un cierto abismo. Nunca quise escribir sobre la guerra, pero las historias que me contaba mi abuelo me parecían tan interesantes que empecé a recogerlas, sobre todo porque en la conversación siempre empezaba diciendo “en la guerra, en la guerra”. Al final me encontré con muchas historias que empezaban en la década de 1930 y que, con el paso de los años, acumulaba muchos personajes. En ese momento dije: ¿y si los desparramo por toda la Península y cuento la guerra? Ahí comencé a interesarme por este tema. Pero te voy a adelantar que no volveré a escribir más sobre la guerra.

Fue todo en un momento circunstancial. Llevaba como 500 páginas escritas y no le había dado el enfoque de la guerra. Además me sonaba muy lejana en el tiempo. En mi recuerdo estaban las historias que se contaban cuando a una persona le decían “vamos a dar un paseo” y luego no volvía, porque le ajusticiaban. Pero de la guerra no sabía nada. Luego empecé a investigar sobre este conflicto y se convirtió en el tema central. Bueno, no central, porque lo principal del libro es el poder imaginativo que tiene. De hecho, fíjate, para mi lo más interesante de la novela puede ser el atreverme a jugar con el momento histórico que todavía nos es más sensible, para mí ese fue el reto. Fue como un pulso en el que invertir todas las lógicas que pudiese hacer con el realismo mágico enfocadas para ese momento. Y dije: a ver si soy capaz.

Con la irrupción de ‘La Península de las Casas Vacías’ ¿crees que contribuyes al actual momento de crispación y polarización que estamos viviendo o, por el contrario, buscas una reconciliación?

Yo creo que contribuyo al ambiente de la reconciliación. Una cosa es lo que pasó y otra es lo que la gente cree que pasó. Hoy en día la gente, de los dos lados, está muy convencida de lo que sucedió y para ellos es su verdad absoluta. Por eso veo muy utópico que una obra, una persona, un momento pueda cambiar la vida de esas personas. Para mí la reconciliación pasaría por intentar resaltar lo malo que sucedió en los dos lados y de eso he intentado escribir. Pretendo que quien lea la novela pueda ver sus propios fantasmas y los ajenos, así a lo mejor reflexiona. Ojalá pudiésemos saber la verdad absoluta. Pero esto es como Dios; si mañana nos enteramos de que Dios no existe, la mitad de la población va a seguir creyendo en él. Aunque mañana supiésemos la verdad absoluta, yo sé que mucha gente va a seguir con el odio enconado. Para mí la solución más fácil es un perdón común. No olvidar, pero sí tener en cuenta todos los dolores. Esa es mi intención y sé que históricamente no se ajusta, pero que humanitariamente tiene más salidas.

La Guerra Civil española es uno de los temas más  recurrentes para la literatura y el cine, nacional e internacional. ¿Ha sido difícil escribir sobre algo que en algunos aspectos ya se conoce mucho?

Sí, pero nadie había tratado la guerra desde el principio hasta el fin. Mi ambición era contar toda la guerra y todas las batallas posibles. Todo esto sucedió hace un par de años cuando pensé: ya que estamos, vamos a contarlo todo, como un reto, porque, si no es un reto, no funciona.

De nuevo volví a reestructurar todo el material, como he hecho cada tres años más o menos. Yo como persona he cambiado mucho. A los 19 años pensaba de una forma, a los 21 de otra, a los 27, a los 30 a los 31, con la beca… Es como si el libro lo hubiesen escrito muchas personas diferentes. No ha sido una escritura lineal, ha sido crear una cebolla a la que le he ido añadiendo capas. El mayor trabajo que he tenido yo ha sido el de reestructurarlo todo. ¿Cómo hago yo todo esto? ¿Cómo introduzco 40 personajes? ¿Cómo consigo que tenga su principio y su fin y mantener la atención del lector? Pues eso ha sido posible gracias a las veces que me lo han rechazado. Si se hubiese publicado antes, cuando incluso me ofrecieron un contrato para firmar y no lo hice, hoy estaríamos hablando de otro libro.

¿Cómo ha encajado tu familia –lamentablemente tu abuelo ya falleció y no ha podido ver el libro impreso– que las conversaciones que se sucedían una y otra vez en tu pueblo se vean reflejadas en las 700 páginas de tu libro?

Mi ilusión hubiera sido que mi abuelo lo tocara. Aunque si hubiese podido tocarlo, habría sido por dos segundos. Hubiese dicho: “Muy bien”, y ya está. Ten en cuenta que en mi casa no se ha leído nunca. Para mi abuelo un libro era como una sonda espacial; le daba igual. A él lo que le gustaba era verme recoger las historias, ver a su nieto escuchando. No le importaba mucho si lo iba a publicar o no.

Has hecho 25.000 kilómetros recorriendo todo el país para escribir tu libro, ¿eres como un nuevo Labordeta?

Date cuenta que recorrí 25.000 kilómetros en 10 meses, no paré. Fui a casi todas las provincias peninsulares con la beca Leonardo, con la que me financié toda mi vida durante un año y me convertí en un mini Labordeta. Mi pretensión es que las personas que lean mi libro también viajen, comprendan y compartan la idiosincracia íbera.

En tu libro, desde el título leemos Península, Iberia, ¿dónde está España?

Tengo que decirte que a los 16 años me obsesioné con Saramago. Me leí toda su obra, vi muchos vídeos suyos. Él era iberista y me hizo pensar. Al principio era un concepto romántico y ahora que estoy con mi animal político más desarrollado sí que lo veo como una solución a nuestros problemas.

No te voy a preguntar por tu militancia política, pero creo que tu pelo te jugó una mala pasada para que finalmente no ingresases en un determinado partido.

Es cierto, no ingresé en la Falange a los 15 años por mi pelazo. Mis amigos me animaron para que me apuntase a lo que ellos llamaban una Asociación, no me decían partido político, que iba a cambiar el país y yo dije: pues ¿por qué no? Fuimos a un lugar que estaba enfrente de la Guardia Civil, un piso lleno de banderas de España; pero antes de firmar me dicen que, si quería entrar, me tenía que cortar el pelo; entonces lo tenía aún más largo y dije que no. En ese tiempo yo ya empezaba a desarrollarme interiormente también. Salí del armario a los 16 años, llevaba un tiempo en el que ya me asociaba como homosexual y el hecho de cortarme el pelo lo relacionaba a la hombría, a cuando mi abuelo me decía que tenía que cortarme esos pelajos. Hubiese sido gracioso apuntarme a la Falange y luego ver lo que era después, hubiese sido un desastre. Menos mal que no lo hice.

En la presentación en Madrid se dijo que en tu libro no había sexo y tú rápidamente saliste al quite alegando que sí que lo hay y hablaste de una relación homosexual entre los soldados en el frente.

En ese tiempo la homosexualidad era un pecado inconfeso. En la Guerra, socialmente no estaba bien vista la homosexualidad, pero sí que había gays, lo mismo que ahora; bueno, menos, porque no existía la libertad de asumirlo. Cuando yo trato en el libro la historia de amor homosexual, no intento demostrar los efectos políticos que tenía, cuento el amor y ya está. Seguro que hubo muchas historias preciosas durante la guerra entre hombres. Además, yo te aseguro que ante las fauces de la muerte uno se da un homenaje con su amigo.

David, ¿te preocupa el medio ambiente? En tu libro describes los campos, los ríos, los árboles, las tierras agrícolas; incluso haces protagonista al río Jándula, siempre con la sensibilidad de una persona a la que le inquieta la situación del planeta.

Sí, consideré el medio ambiente porque provengo de una familia híper rural. Mi familia se ha dedicado al campo, a la huerta, a los olivares, y eso me lleva a tener en cuenta el medio ambiente. Mira, mi padre y mi madre me llevan contando el tiempo de la ducha desde que yo tengo memoria. Desde que tengo ocho años nunca me he bañado en mi casa, siempre eran duchas y rápidas, porque nosotros hemos tenido muy presente la sequía y la necesidad de que llueva para el campo. En Jaén estamos muy conectados con el campo, porque es lo que nos da de comer y lo que tenemos que cuidar. Eso indirectamente te hace ser ecologista.

¿Qué tienes de ese narrador pizpireto que aparece, interrumpe y, en realidad, dice lo que quiere y en el momento que quiere?

No fue algo intencionado. Yo no sabía ni cuántas veces aparece. El otro día un crítico me dice que lo he hecho 40 veces, que lo ha contado y yo no me acordaba. Lo que sí que enarbolo es una total libertad a la hora de narrar y hago lo que quiero en cada momento. Por eso a veces hablo con el lector o con los personajes; sin embargo, es un recurso que a mí me fastidia mucho ver en los libros que leo y, cuando lo veo mucho, me agota y me lleva a abandonar su lectura. Me molesta verlo en exceso y cuando aparece digo: vaya, esto es el narrador, que quiere venderme su libro. No es una cosa que me guste, tampoco el realismo mágico es lo que más me gusta, pero luego es lo que a mí me sale. Si es de forma natural y necesario, me gusta. Ahora al analizar el libro, digo: mira, lo podía haber hecho más.

Tus presentaciones son un acontecimiento social, incluso te reciben con aplausos. Eres famoso, David, y no has salido de un concurso de televisión ni de las redes sociales, es por tu trabajo, ¿lo esperabas?

No, porque nunca me han aplaudido al entrar en un sitio, ni siquiera para mi cumpleaños. En tu cumpleaños te ovacionan, pero no te aplauden; fue muy bonito, nunca me había pasado. Por otra parte, no soy famoso. Puede ser que en el sector literario mi nombre vaya sonando, pero te lo juro, no es que sea falsa modestia, no me considero famoso, porque ¿qué es ser famoso entre los escritores? Sólo a 4 o 5 escritores los reconocen en la calle. Estos días ha sido muy grato que me pueda parar alguien por la calle para hablarme del libro. Pero esto es parte del momento, luego ya se olvidarán.

En un mundo de redes sociales ¿te han salido trolls?, ¿te han dicho que lo que cuentas es erróneo, las fechas, los lugares?

Todavía no me ha pasado. Algún crítico importante sí que ha dicho que adoctrino. Yo sé que no es verdad, además acepto todas las críticas, incluso las destructivas. En las redes sí que me he encontrado algo así. En los comentarios de muchas entrevistas aparecen esos cuñaos que están aburridos y que se hacen cuentas en periódicos que no van con su ideología, pues ahí han sido finos, llegándome a decir que me coja el acordeón, que es lo que hago bien, y que me vaya a Francia. Argumentan que no puedo contar nada de la guerra con la edad que tengo. El argumento de estar trabajando durante 15 años un libro les da igual a determinadas personas, que, además, no se van a leer el libro por muy trabajado que esté.

David: música, pintura, escritura, elige una.

No es por ser oportunista pero creo que la literatura, porque tiene la parte musical de enarbolar bien el lenguaje, el ritmo aúna la música interna.

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Comentarios

  • A. Domínguez Domínguez

    Por A. Domínguez Domínguez, el 01 mayo 2024

    Conocí a David y su obra al reconocer Quesada a su espalda.
    Sentí alegría, y emoción al saber el tema de su novela. Creo q no hay venganza en nuestros corazones. Sólo querríamos tener a los nuestros q aún ni sabemos donde están. Perdonar loro imposible olvidar. Mucha suerte en su vida! Un saludo cariñoso por su valor.

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