100 años de John Berger, el gran defensor de los desfavorecidos
El escritor John Berger.
Hoy, 5 de noviembre, John Berger habría cumplido 100 años. Por eso Javier Morales, autor de ‘Mientras quede una rosa. Miradas de John Berger’ (publicado recientemente por Cuatro Lunas), ha decidido trasladar su columna quincenal ‘Área de Descanso’ de un domingo a este jueves. Berger nos dejó el 3 de enero de 2017, tras unos meses que fueron especialmente duros para el escritor londinense afincado desde hacía décadas en Quincy, un minúsculo pueblo de los Alpes franceses. Desde allí construyó una de las obras más singulares e influyentes del pensamiento y la literatura actual. Con la misma entrega, se comprometió con la palabra y con la vida de los más desfavorecidos, humanos y no humanos.
Como recuerda el escritor Joan Besalduch Mateu en De pastor a pastor (Edicions96), John Berger tuvo dos formaciones. La primera, de los 16 a los 30 años, “cuando vivió en Londres con refugiados antifascistas de los países del Este: pintores, escritores, filósofos, historiadores. Las influencias no las recibió solo de las palabras, sino también de las actitudes, de la convivencia diaria. John era un terreno abonado, preparado para la siembre”. La segunda, en los Alpes, “de los viejos campesinos, hijos de la tierra, que se convirtieron en sus maestros”, narra Besalduch en este magnífico libro donde se mezclan con mucha habilidad retazos de la obra y la vida de Berger con la historia de Bono, un pastor de San Mateu del Maestrat. “Los agricultores y los pastores tienen una visión cíclica del tiempo, una rueda que no para de girar, los cangilones de una noria que no cesan de dar vueltas. La acción de plantar un árbol se dirige hacia el porvenir. Un porvenir que no siempre alcanzarán a ver”, escribe el autor castellonense en referencia a la idea de Berger sobre cómo el capitalismo estaba borrando del mapa al campesinado y también la idea de un tiempo circular y cíclico, en conexión con la naturaleza, en lugar de la flecha y una falsa idea de progreso que explota el agronegocio. Puede haber agricultura sin agricultores, nos advirtió Berger en Puerca tierra, en los años 70.
Dibujante, pintor, novelista, guionista, John Berger es heredero de una tradición humanista casi extinta y, junto a la norteamericana Susan Sontag, fue uno de los críticos de arte más perspicaces del siglo XX y el siglo XXI. En 1983, ambos participaron en un famoso debate televisivo que, casi con toda probabilidad, hoy sería imposible. Eran amigos y se profesaban una admiración mutua que no caía en el elogio fácil, sino todo lo contrario, en la riqueza de las discrepancias. Es un diálogo de muchísima altura donde estos dos colosos intelectuales hablan de las historias, de cómo contarlas, de qué es lo importante a la hora de narrar. No siempre están de acuerdo, incluso discrepan en bastantes momentos, pero esa es la riqueza de un debate de altísimo nivel que la editorial GG, donde Berger publicó en castellano gran parte de su obra crítica en torno al arte y los artistas, ha tenido el gran acierto de recoger en un libro, Contar una historia, que incluye además parte de su correspondencia.
“John Berger: Susan, ambos escribimos ensayos y ficción. Para mí, de hecho, ambas actividades no son muy diferentes.
Susan Sontag: ¿En qué sentido?
John Berger: Bueno, para empezar, no soy muy elocuente. La verdad es que no soy muy elocuente. La verdad es que no tengo facilidad con las palabras.
Susan Sontag: No me lo creo ni por un segundo…
John Berger: No, es cierto. Es cierto, y la dificultad que encuentro al escribir cualquier cosa, ya sea ensayo o ficción, siempre radica en que hay una especie de modelo de algo que he visto o he percibido de una u otra forma. Puede estar en una vida, en una película, en un cuadro o en una obra literaria de otra persona… Algo que siento, que es indecible casi por definición, que existe ahí como melodía, como un patrón de colores, a veces como una forma geométrica. Y la lucha siempre consiste en intentar recrearlo con palabras”.
Este es el nivel intelectual y de sinceridad de dos titanes de las letras y el pensamiento.
En estos tiempos tan tecnologizados y de hiperconexión, cuando el debate sobre el uso de la IA ha entrado de lleno en la creación literaria, es más importante que nunca leer esta conversación entre Sontag y Berger. Contar una historia es un libro de lectura ineludible para cualquiera que quiera ser escritor.
Alianza Editorial también ha querido sumarse al centenario del nacimiento de John Berger con dos libros, Encuentros y despedidas. Sobre imágenes y personas y El sentido de la vista. El encuentro con una persona, el recuerdo de un activista por los derechos humanos, un cuadro o un edificio son el punto de partida de Encuentros y despedidas. “Muy pocos campesinos devienen en artistas; solo sus hijos, ocasionalmente, llegan a serlo. No es cosa de tener talento o no, sino de la oportunidad. Y tiempo libre”, escribe en El palacio ideal, uno de los textos que recoge este volumen. “A la edad de cinco o seis años me aterrorizaba pensar en la muerte de mis padres”, confiesa en la hermosa y emotiva elegía Madre. “Nunca he pensado que escribir fuera una profesión. Es una actividad independiente, solitaria, en la que la práctica otorga un grado de veteranía. Por suerte, cualquiera puede dedicarse a esta actividad”, escribe en El narrador, incluido en El sentido de la vista, y que no deja de ser un diálogo con Walter Benjamin, una de sus grandes influencias.
Salvo excepciones, llama la atención, por lo menos hasta el momento, el escaso eco que está teniendo el aniversario de John Berger, máxime si tenemos en cuenta que Berger siempre consideró a España como el lugar donde mejor se leía y entendía su obra. No deja de ser triste este olvido, que no es más que el reflejo de una época, oscura, en la que no sobran las luciérnagas, por utilizar una metáfora del escritor Manuel Rivas.



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