Cómo distinguir abuso sexual y afecto en el ámbito familiar

Eugenia Orantes, autora de los libros ‘Del abuso al amor’ y ‘Tú puedes decir no’.

Tardó 10 años en escribir su libro ‘Del abuso al amor’ (Ediciones Isthar), que también incluye la guía ‘Tú puedes decir no’, para ayudar a la infancia y los adultos que les rodean a distinguir el abuso del afecto, algo complicado cuando el abuso se da dentro del ámbito familiar y existen vínculos afectivos. Eugenia Orantes sufrió abuso sexual en la infancia. Ha atravesado la negación, la rabia, el dolor, la culpa, los patrones autodestructivos, la desconexión consigo misma, hasta que la mujer adulta se hizo cargo e inició un camino para sanar la herida. Su hija pasó por lo mismo que ella, y fue entonces cuando decidió denunciar a su padre. Y cuando él entró en prisión, pudo completar su proceso abriéndose a escuchar lo que pasaba al otro lado. No fue fácil, pero querer mirar y ponerle consciencia fue su escalera de sanación para volver a sentir amor hacia sí misma, sentirse en paz con su historia y poder ayudar a otras personas. Hoy, 8M, Día de la Mujer, hablamos con ella.

Cuando miras al mar, ahora donde resides en Málaga, ¿qué espejo te devuelve el agua?

Me devuelve claridad, transparencia, infinito, me devuelve que todo es posible y que me puedo ver reflejada en este horizonte en el que el Sol me trae un nuevo día. Los atardeceres maravillosos me ayudan a agradecer todo lo que ha sucedido en mi día.

El mar como metáfora de ese proceso de navegación, viaje, transparencia, claridad y sanación que hiciste, de la posibilidad de poder sentir paz años después, tras haber sufrido abusos sexuales en la infancia. No todo el mundo podrá comprender este recorrido, ¿has encontrado mucha resistencia?


Sí, de entrada mi propia resistencia. He pasado por muchas fases, por eso hablo de la escalera de la consciencia o la escalera de la sanación, porque así ha sido mi propio proceso. Un proceso en espiral que está en movimiento y que cada vez vas completando más como ser humano. Esa sensación de estar en paz con mi historia ahora, pero primero hubo mucha negación, mucha resistencia a mirar, porque duele, porque da miedo, porque piensas que eso es un estigma para toda la vida. Luego aparece la rabia, la ira, el odio incluso, y es bueno que salga porque el proceso personal pasa por mirar adentro, no sólo por mirar afuera y señalar a las personas que nos han hecho daño. Para mí no había otra opción que mirar adentro.

Y esa mirada interna te permitió poder compartirlo externamente a través de un libro.

Cuando todo salió a la luz por parte de mi hija, cuando ella nombra lo que le estaba haciendo mi padre, lo que en mi infancia yo también viví, pero borré, yo ya estaba mirándome adentro, porque había cosas que no cuadraban en mi vida, que no funcionaban, que no entendía. Todos los patrones autodestructivos en los que estaba. Mi proceso de años me ha permitido aprender mucho. Empecé a escribir el libro hace 10 años, tardé todo ese tiempo en escribirlo, porque formaba parte de mi proceso personal, no podía transmitir algo si yo no lo había conseguido, por eso el libro ha sido un proceso vivo.

Todo esto te ha llevado a dar el salto desde España a Latinoamérica.

Sí, en Bolivia hemos podido compartir con niñas y adolescentes rescatadas de la trata y del abuso, fue muy emocionante contarles mi historia y tener ese contacto que me ha abierto esa puerta a poder ayudar y poner consciencia a lo que está pasando. Me invitaron también a ir a México a una penitenciaría, donde hay muchos abusos, abusados y abusadores.

Has entregado tu historia, un proceso que inspira a otras personas. Cuando hablamos desde lo personal, la identificación es potente y ver que se puede hacer ese recorrido pone mucha luz. ¿Limita mucho creer que una situación así no se puede sanar? Lo que cuentas implica romper creencias y patrones establecidos.

Por supuesto, he tenido que romper muchas creencias, patrones, esquemas, lealtades; en el libro explico todo lo que me ha ayudado en el camino a ir quitando capas de la cebolla que somos, llegando cada vez más al núcleo, a la esencia, a quién soy yo, qué puedo entregar al mundo. Requiere valentía, he atravesado muchos momentos donde hay otra línea de vida.

Hablas de la importancia de romper el silencio, de denunciar, con todo lo que implica cuando el abuso es cometido dentro del núcleo familiar por una persona con la que hay un vínculo afectivo. 


Es clave porque la base de la sanción es poder expresarlo, romper el silencio, y esto requiere un proceso personal previo. Transitarlo y darle el espacio para que nuestro niño o niña interior se sane y la persona adulta que somos se haga cargo de sanar la herida que eso ha dejado. Hablo de personas adultas que aún no lo han nombrado y ya tienen la capacidad de hacer el proceso. Cuando eres niña o niño y sufres abuso, hay que ayudar desde el entorno para que puedan expresarlo. La persona que abusa tiene a su vez una herida abierta, por no hacerse cargo de sanarla, seguramente reproduce lo que hicieron con él.

Cuando has sido abusado, abusas o te conviertes en víctima de por vida o lo sanas. Es necesario denunciarlo porque tiene que haber reparación, porque el abusador tiene que ver las consecuencias. En el fondo, el abusador vive una cárcel interna y, cuando entra en la cárcel real, física, tiene la oportunidad de tomar consciencia de lo que ha hecho; esto lo vi con mi padre. Cuando entró en la cárcel tomó conciencia, pidió perdón, me contó por primera vez entre lágrimas que él sufrió abusos en la infancia, pudimos hacer un proceso juntos.

Tú le denuncias pero a la vez abres un camino, un puente, para poder recoger lo que había al otro lado… No es algo frecuente ni fácil.

En mi caso estaba en un lugar muy complicado. Yo había olvidado todo lo que me había pasado en la infancia, bloqueé los recuerdos. Y todo eso empieza a salir cuando mi hija expresa lo que mi padre le está haciendo. Es ella la que destapa todo. Hice el proceso que tenía que hacer con mi hija, lo hice conmigo, pero también hice el que tenía que hacer con mi padre porque, si no, está incompleto. No fue fácil, hasta que comprendí, indagué en la historia, fui a la cárcel a verle y le pregunté, y me contó con vergüenza y culpa que había sido abusado de pequeño. Entendí que no tuvo los recursos ni las personas en la infancia para poder procesar eso, pero a mí me tocó vivirlo desde otro lugar; primero lo olvidé y lo dejé en un rincón del inconsciente, pero la vida me dijo no, esto tiene que salir. Apoyé a mi hija y denuncié a mi padre para sanar el sistema familiar.

El abuso se extiende a todos los niveles, en todas las esferas, en todas las clases sociales. La víctima es indefensa, pero resulta que el abusador o la persona que perpetra una situación de abuso también es una víctima, y llegar a toda esta comprensión no es fácil, se llega paso a paso, tomando consciencia.
Hay muchos tipos de abusos, el abuso sexual en la infancia implica luego una falta de conexión contigo misma, dificultades, rechazos, es todo un camino. Pero cuando puedes recorrerlo de esta forma, en mi caso trajo la oportunidad de escribir el libro y poder apoyar a otras personas que lo hayan vivido.

¿Qué otro tipo de abuso nombras?

Además del abuso sexual, hay otros tipos de abuso, en lo laboral, lo social, lo económico, las relaciones; a veces no somos conscientes del abuso, pero otras veces sí, aprender a poner límites es un arte, es muy necesario. Pero el abuso que nos hacemos a nosotras mismas, a nosotros mismos, creo que es importante nombrarlo. Cometemos ese abuso cuando no nos escuchamos, no nos respetamos, no ponemos límites, no nos damos lo que necesitamos, nos forzamos a hacer cosas que no queremos hacer, cuando nos traicionamos, nos tratamos mal y no nos amamos.

El libro es muy práctico y ofrece herramientas, ejercicios, meditaciones, para ir profundizando en esas heridas que provoca el abuso sexual. ¿Qué huellas deja en las diferentes etapas de la vida, en la infancia, la adolescencia, la adultez?

Afecta y repercute de muchísimas maneras. Cuando sucede en la infancia, lo primero que pierdes es la inocencia, la confianza. La confianza en el mundo, en los adultos. Desarrollas muchas heridas, como la traición, el rechazo, el abandono. Heridas que se abren y que podemos cerrar y sanar, aunque la cicatriz de lo ocurrido siempre se va a quedar, pero esa cicatriz de una herida sanada nos recuerda que hemos traspasado algo, que lo hemos conseguido.

En la infancia es devastador sufrir abusos. Cuando llegas a la adolescencia puede haber autolesiones, bulimia, dificultad en las relaciones, no reconocimiento de tu cuerpo, disociarte de tu cuerpo. Cuando vas creciendo y empiezas a tener relaciones sexuales, hay dificultad para conectar con el placer, porque lo relacionas con el dolor o a nivel emocional se confunde, no te permites ser feliz ni hacer cosas que te satisfagan, que te den gozo, placer.

En el caso de las mujeres, la feminidad se ve muy destruida y en el caso de los hombres, la masculinidad. Da igual si tienes relaciones heterosexuales u homosexuales, no son placenteras. La relación con los demás está dañada, sientes que te van a traicionar, a hacer daño. Y todo esto está muy en el inconsciente, yo lo olvidé totalmente y cuando salió todo a la luz gracias a mi hija, aparecieron también otras personas cercanas que me contaron que también había sucedido con ellas y yo estaba atónita. Mi mente lo había bloqueado, pero tenía todos los síntomas en la infancia, la adolescencia y en mi edad adulta.

¿Cuales dirías que fueron las tres herramientas clave en tu proceso?

Para mí el trabajo con los sueños, y sigo trabajando mucho con ellos, con toda la información que muestran del inconsciente. También la autoindagación continua. Mirar adentro, observarme, tomar consciencia y empezar a agradecer cada día lo que tengo, lo que soy y lo que quiero ser. Y encontré el Transurfing (actualmente soy instructora en España y Latinoamérica). El Transurfing es una manera de pensar y actuar basada en la física cuántica, llevo diez años practicándolo y a mí me ha ayudado muchísimo. Aprendes a surfear las olas de la vida, a crear la línea de vida que quieres, te ayuda a poner la mente al servicio del corazón.

La mente es un servidor, pero está ligada a los miedos, los patrones, las limitaciones, las creencias. Si no aprendes a ponerla al servicio del alma, la mente te va a mantener siempre atada a la zona estática de lo conocido. Hay un saber más profundo, lleno de posibilidades. Hacer ese trabajo personal te permite ver que sí es posible algo que tu mente considera imposible. Manifestamos con consciencia los cambios que queremos en nuestra vida. Salir de la lucha, del esfuerzo, del sufrimiento. De todos esos patrones que te limitan, cuando tu mente te dice que no eres suficiente, que no puedes.

Un niño, una niña, que ha sufrido abuso por supuesto que es víctima, pero es interesante cómo lo distingues del proceso que hace la persona cuando es adulta y se engancha al ‘victimismo’. ¿Cómo viviste esto desde tu experiencia personal, cuando asumes la responsabilidad de hacerte cargo como adulta de lo que te ha generado lo ocurrido en la infancia?

El victimismo es una manera de protegernos de lo que ha sucedido, nos mantiene en una especie de estado dormido, es un rol para no sufrir, pero realmente sufrimos y mucho. En el victimismo está la queja, la queja porque avanzas, porque no avanzas, porque otros avancen, porque otros no avancen, la queja permanente sin que nos lleve a nada. El victimismo implica el desbordamiento de emociones, no poder gestionarlas, por eso es importante poder aprender a entrar dentro de la emoción sin ahogarte. Responsabilizas a todas la personas que te rodean (en la familia, en el trabajo, en las relaciones, en la sociedad, en el mundo) de todo lo que te pasa en tu día a día, te sientes maniatada, indefensa, manipulada, continuamente te sientes traicionada, dolida, engañada, estás muy susceptible, hay un bloqueo de la creatividad porque te sientes incapaz.

Salir del rol de víctima no es fácil, te estanca, no te permite avanzar; desde ahí no se puede transformar nada. Y sobre todo el victimismo te lleva a vivir en el pasado, te agarras a lo que fue y no puedes avanzar desde ahí. Para salir de ahí es necesario hacer un proceso amoroso que te lleva a la liberación, al amor a ti misma.

Cuando tu hija nombra en alto lo que le está haciendo tu padre transitáis todo un proceso juntas, que se concreta también en esta guía que se incluye en el libro. ¿Cómo nace?

La Guía Tú puedes decir no tiene la función de ayudar al adulto, por un lado, a identificar los posibles signos físicos y psíquicos de un posible abuso, y por otro lado enseñar al niño, a la niña, a diferenciar entre el abuso y el afecto. El niño sabe que hay algo que está pasando, que le incomoda, pero no sabe qué es el abuso, le están diciendo que es cariño, sobre todo cuando pasa en el ámbito familiar, o que es el elegido o la elegida. Es necesario enseñar que eso no es amor. Hay una desmitificación en la guía, creo que hay muchas cosas que no se saben y es el momento de nombrarlas, entre ellas la cantidad de abusos que hay. La película Sonidos de Libertad habla de esto. Es importante nombrarlo y que tanto los niños como los adultos del entorno sepan qué hay que hacer cuando pasa y sobre todo ayudar a prevenir para que no suceda. La prevención siempre ha sido un gran reto y se necesita ya que todo esto salga a la luz.

Tu hija es hoy psicóloga y se dedica a ayudar a otras personas.

Así es. Ella ha hecho también su proceso y escribe un capítulo sobre su historia, creo que puede ser muy inspirador para aquellas personas que se sientan ancladas, que piensen que no pueden salir adelante. Es muy esperanzador y muy iluminador.

Todo esto al final traspasa las historias personales y hablar de ello, poner luz a estos procesos, sanar y transformar, nos ayuda a caminar hacia una humanidad más consciente.

Por supuesto, para mí es mi propósito. Despertar es ser consciente de tu vida, de todo lo que vives, de quién eres, por qué y para qué haces lo que haces, y ofrecer tus aprendizajes para aportar y contribuir a que este mundo sea un lugar mejor para todos.

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