Jorge Javier Vázquez: “He vivido atemorizado por el alcohol”

El presentador y escritor Jorge Javier Vázquez. Foto: Raúl Rodríguez.

Comenta Jorge Javier Vázquez que su último libro es el primero que no ha dado a leer a su familia antes de que se publique. Que no suele compartir sus malos momentos con ella y quería sentirse libre para explicar por qué este ha sido uno de los años más convulsos de su vida. “Mi familia no tiene que preocuparse demasiado, porque el libro acaba bien. Sigo vivo, aunque podría no haberlo estado. Vivo y con ganas de seguir viviendo, que no siempre han estado ahí”, confiesa ya en la primera página de Antes del olvido (Planeta), un canto a la vida y a la amistad donde el presentador estrella de Telecinco se deshace de todas las caretas y se abre las costuras. Hemos hablado con él.

Dedicas tu libro a Mila Ximénez, que ha sido una de tus mejores amigas. ¿Crees que la gente llegó a conocer a la mujer tierna, cariñosa y optimista detrás del volcánico personaje televisivo?

Pues fíjate que no lo sé. Creo que ella sí se dejaba conocer mucho, porque era muy transparente en televisión. Ella había hablado de sus bajadas a los infiernos y sus momentos duros. Si ya era interesante en televisión, fuera de ella era una persona fascinante. Era un ser como pocos yo me he encontrado en mi vida. Una de las cosas que más me llamaba la atención de ella era que siempre estaba al lado del más débil. Ella, que había pasado momentos económicos muy delicados, estaba dispuesta a perder su trabajo por defender una causa que consideraba justa. Eso, a su edad, que uno tiende a ser más conservador, me parece algo muy destacable y loable.

Dices que, cuando Mila falleció [en junio de 2021], dejaste de creer un poco en ti y te olvidaste de forjar nuevas ilusiones. ¿De qué forma te empujaba ella a crecer cada día?

Yo era su chico. Aparte de que nos adorábamos, ella me admiraba mucho, cosa que a mí me sorprendía. A ella le ilusionaban mucho todos los proyectos laborales y vitales que yo le contaba. Era como si los viviera ella. Por eso era una compañera de vida excepcional.

Creo que te ponen nervioso los halagos y las caricias. ¿Te sigue costando entender que a alguien le puedas gustar?

Pues mira, sí. Creo que, cuando llevas tantos años en televisión, la gente no te ve como una persona, sino como alguien que sale en la tele. Ven a esa persona que generalmente está sonriendo o se lo está haciendo pasar bien, pero no saben lo que hay detrás. Tampoco es obligatorio que lo sepan, ni tienen por qué hacerlo, aunque igual lo pueden intuir. Yo me siento incapaz de gustar a alguien en el terreno del enamoramiento.

Comentas que el hecho de que P. te dejara fue uno de los muchos actos de generosidad que tuvo contigo durante vuestros diez años de relación. ¿Te sentiste liberado y feliz cuando se fue de casa?

Sí. Al día siguiente, me puse a poner música, a cantar y a bailar. Llevábamos ya diez años de relación y, evidentemente, aquello no funcionaba ya como relación de pareja, pero para mí era muy difícil cortar. Cuesta mucho dejar cuando quieres muchísimo a una persona, porque entiendes que le vas a romper la vida, pero es mucho más honesto dejar. Al fin y al cabo, lo que haces es impedir que la otra persona crezca y desarrolle su propia vida. Ahí también fui muy egoísta. Preferí que me dejara él, porque en ese momento lo vi más cómodo. He tardado cuatro años en hablar esto con él, pero hacerlo me ha parecido muy sanador.

Desde la ruptura, no ha aparecido nadie que te haga tilín. ¿No será que te has vuelto demasiado exigente?

No, no, no. Lo que pasa es que con él yo viví el enamoramiento como algo físico, como ese momento químico que sientes en el cuerpo y que dura cierto tiempo. Yo me despertaba continuamente con el hormigueo en el estómago. No sé si lo que busco es revivir eso, pero no hay nadie que me haya llamado la atención.

“Para mí, el sexo es vida. Día que no follo, cuenta en mi calendario como día muerto”. ¿Cómo has vivido entonces estos cuatro meses de abstinencia total?

¡Ya llevo como cinco! Pues dándote cuenta de que todo eso es mentira. Muchas veces nos vemos empujados por esta sociedad a relacionar la ausencia de sexo casi con la vejez y la muerte. Tú echas un vistazo a las redes y todo son cuerpos espectaculares y belleza en estado puro. No quiero que mi discurso suene conservador, porque soy lo más opuesto a todo eso, pero es verdad que yo pensaba que si estaba todo un fin de semana en mi casa, y no lo aprovechaba para ligar, ese era un fin de semana perdido. Pensaba: “Te estás haciendo mayor, te estás perdiendo la vida”, y esa sensación produce mucha ansiedad, así que te echabas a la calle y acababas metiendo la pata, fundamentalmente. Pero yo me lo he pasado también muy bien teniendo aventuras locas y acostándome con gente a la que he conocido la primera noche. He sido muy feliz durante toda esa época, pero ahora ya no me sirve. Me siento liberado cuando el sexo no me domina. Me encanta el sexo, y creo que en estos últimos años de mi vida estoy disfrutándolo, porque durante muchos años lo he vivido con complejo de culpa. Ahora me apetece otro tipo de sexo.

Cuentas también que, en muchas ocasiones, bebías para intentar que la realidad te resultara más llevadera. ¿Has vivido muy atemorizado por culpa del alcohol?

Sí, a mí me ha condicionado muchísimo. Yo dejé de salir por temor a meter la pata. Ahora que no bebo me siento mucho más libre, porque sé que voy a ir a un sitio y no va a suceder nada. Sé que no voy a perder los papeles y que me voy a volver a casa cuando me dé la gana. Luego, además, en este trabajo, el peso de la responsabilidad es cada vez más tremendo, más duro. Consume muchísimo y te produce mucho miedo. Recuerdo que una vez, cuando estaba con Iba en serio, nos contrataron para hacer la función de fin de año en Valencia. Un mes y medio antes, yo ya estaba con ansiedad y miedo, porque pensaba: “Ostras, estar en Valencia representando la función… ¿Y si el día 30 me da por salir, y me pierdo y no llego a la función? Voy a fallar a toda aquella gente que ha comprado la entrada con anticipación, y les voy a joder la Nochevieja”. Sientes esos miedos que tu cerebro te crea, y contra los que es muy difícil luchar. Recuerdo que me llevé a mi ex y a mi familia para sentirme vigilado y atado, para no cometer el error de poder defraudar a la gente que había comprado la entrada. Ese peso de la responsabilidad es horroroso. Yo me lo he pasado muy bien bebiendo y emborrachándome, pero a mí el alcohol, en estados de estrés y excitación, no me viene bien. Ahora llevo una época sin alcohol y la verdad es que he empezado a sentir emociones que tenía totalmente anestesiadas. Ya me gustaría a mí poder tener la capacidad de disfrutar con una copa de vino y saber parar, pero no sé. Como no sé, prefiero no beber.

Aunque reconoces que tu más peligrosa adicción ha sido el trabajo.  ¿Tu familia te ha reprochado algo en ese sentido?

Les preocupaba más el alcohol que el trabajo. Ahora que echo la vista atrás, pienso en las horas que he pasado sin dormir, en lo poco que he descansado. Para mí, un año en televisión equivale a siete años de vida normal. Cada vez que acababa una temporada, pensaba: “Uf, he sobrevivido a otra”. En mi caso, la adicción al trabajo ha implicado dejar de ver a mi familia, estar permanentemente cansado, desear que llegue un fin de semana para quedarme en casa intentando descansar o bebiendo para evadirme… Aunque hay adicciones que tienen mejor prensa que otras, todas son peligrosas.

Sufrir un ictus [en marzo de 2019] te recordó que, durante mucho tiempo, te cuidaste menos de lo que debiste. Ahora que al fin vives con paz y serenidad, ¿te consideras una persona más feliz?

No es considerarse más feliz, que también, sino la sensación de que lo de antes ya no me sirve, que la velocidad que llevaba viviendo anteriormente ya no me satisface. Me encanta ver cosas antiguas de YouTube, y el otro día vi una entrevista que Joaquín Soler Serrano le hacía a Carmen Martín Gaite, que es mi escritora favorita, donde ella decía que le gustaba el ritmo lento para vivir. Cada vez detesto más la prisa. En Madrid, que es una ciudad absolutamente maravillosa, estás siempre con la sensación de que no llegas a ningún sitio, y no me gusta vivir así.

Después de ‘Desmontando a Séneca’ no te han quedado ganas de volver a los escenarios. ¿Cada butaca vacía era un ataque a tu autoestima?

Sí, claro. Yo estaba acostumbrado a llenar. Cuando con Desmontando a Séneca empezó la pandemia, recorrí España con teatros donde colgábamos el cartel de ‘no hay localidades’, porque también el aforo estaba limitado. Al llegar a Madrid, aquella era una época muy complicada. Estrenamos el 13 de enero, en plena cuesta de enero y con la variante ómicron. Recogimos toda la incidencia del fin de año, estaba todo Dios contagiado. Cuando empezamos a remontar, empezó la guerra de Ucrania. Aunque ahora ya estamos acostumbrados a ella, la gente ahí estaba pegada a los televisores, viendo los bombardeos en directo, porque era algo que nadie esperaba. Todo eso influyó muchísimo, y eso merma la autoestima.

Estos años de profesión han sido tan duros que te has ido creando una armadura para no sufrir. ¿De qué forma te afectan las agresiones y los insultos en las redes?

Tampoco estoy muy al tanto. Hay cosas de las que dicen que me hacen mucha gracia, incluso de críticas que me hacen. Hay algunas que, por mucho odio que destilen, me dan francamente igual, porque no conozco a la persona que lo escribe. Aunque igual es un asesino en serie, no lo sabemos. Lo que sí me molesta mucho son las faltas de ortografía. Cuando se escribe, más que un insulto me duele una falta. Cuando yo se lo reprocho y lo mismo me dicen “Es que no he tenido tiempo de ir al colegio”, les respondo que, en vez de perder el tiempo haciendo esto, se bajen un programa de ortografía, que los hay. Aprende a escribir, y luego ya insultas. Esto va por orden.

¿Tu entorno te ha aconsejado alguna vez que dejes de meterte en según qué charcos para ahorrarte luego disgustos?

Sí, sí, sí, continuamente. Pero si no lo hago, me aburro. Cuando escribí en Twitter el hilo contra Carles Francino, mi director Alberto Díaz me envió la imagen de unas katiuskas, y yo no entendía nada. Me dice: “Te las voy a comprar para que te lleguen esta tarde para el siguiente charco en el que te vas a meter”. En eso yo soy muy Mila. Tampoco los necesito mucho, pero a mí un charco me divierte. Y, fundamentalmente, es que me aburre toda esa parte de no sacar los pies del tiesto. Creo que soy una estrella, y que toda estrella debe tener detrás una leyenda, y también a gente que hable y mienta sobre ella.

En el libro afirmas que les quitarías “el carné de maricas” a los que votan a las derechas…

Totalmente. Si tú votas a la derecha, te quito el carné de marica. Como dice Abel Arana, eso es como si Beyoncé se quisiera inscribir en el Ku Klux Klan [Risas]. ¿Alguien lo entendería? Además, lo peor es que me lo intenten argumentar. Luego dicen que es que soy intolerante, y, mira, yo ya no tengo tiempo para escuchar ciertas tonterías. Si tú quieres creerte esas historias, créelas.

Todavía hay gente que critica el hecho de que, siendo un socialista convencido, te guste vivir a todo tren. ¿Dónde se supone que deben residir y veranear los de izquierdas?

Es que a mí me gustaría que me pasaran el decálogo de lo que yo puedo o no hacer, cuánto debo gastar o no… Cierta parte de la derecha vive de mantras, y les va muy bien todo eso de “año de rojos, año de piojos” y “que viene el comunismo”. Lo malo es que la gente se lo traga.

¿Has recibido una explicación convincente por parte de los jefes del programa de la cadena SER ‘Hora 25′ que cancelaron la entrevista que teníais pactada?

No, no he recibido ninguna explicación. Lo único que sé es que a Aimar [Bretos] le hubiera gustado mucho hacer la entrevista. A mí me recalcaron que él la quería hacer. ¿Por qué no se hace? No lo sé. Yo sostengo que la izquierda no arrasa por gente como Àngels Barceló y Carles Francino, porque ellos consideran que el público que ve Sálvame no vota. Lo que ellos no entienden es que habrá gente que escuche a Barceló y a Francino, y que también vea Sálvame. ¿Qué pasa entonces? ¿Si ellos dicen que mi televisión es repugnante están diciendo que también son repugnantes sus oyentes? El argumento es así de perverso y de elitista. Ellos tienen que llevar ese peso en la cabeza, que luego no se quejen. Son ellos los que, con su sectarismo, están consiguiendo que la derecha se instale en el país y tenga cada vez más fuerza.

¿Lo pasaste muy mal cuando Carles Francino se negó a entregarte aquel Ondas al mejor presentador?

Yo no me enteré. Si llego a enterarme esa noche, cojo a toda mi familia y digo “Nos vamos, ¡a tomar por saco!”. Cuando llegué, alguien que entonces era director en Mediaset me dijo: “Como tu Ondas es tan especial, te lo vamos a entregar de una manera especial. Te van a investir Caballero de los Ondas y Arturo Valls te lo va a dar”. Yo me tragué la bola, pero si en ese momento me llego a dar cuenta de que eso era mentira, me piro con mi familia a celebrar el premio, ¡pero dejo el Ondas allí! Ahora he pensado que ahí estuve un poco lerdo. Si es que, al final, soy muy ingenuo yo.

¿Te habría importado a ti entregarle a Francino el que le han dado este año?

Yo ya procuro en la vida hacer cosas que me diviertan, y eso me produce una enorme pereza. Además, un premio a toda una vida… Chico, eso es como si haces televisión y te llaman para un ¿Qué pasó con…?, eso es lo peor que te puede pasar, ¿no? Yo creo que lo que están diciendo es “Vete ya a tu casa, que no sabemos cómo echarte” [Risas].

Hablando de echar, algunos desean la muerte televisiva de ‘Sálvame’. ¿Eso te da ganas de revolverte y empeñarte en que dure muchos años más?

No, yo creo que Sálvame es un programa complicadísimo de hacer. Eso únicamente lo puede llegar a entender quien hace televisión y quien entiende de ella. Después de 14 años, el cansancio y el desgaste pueden aparecer, pero me da rabia que el programa a veces me gane. Es tan potente y tan explosivo que a veces te aplasta, pero creo que Sálvame es una auténtica bomba de relojería del buen hacer televisivo. Quien no vea eso, es que no tiene ni idea de televisión. Sálvame es un programa que habla fundamentalmente de los demás, y ha aguantado dos años de pandemia con toda la gente metida en sus casas. Hemos aguantado dos años sin tener temas, y eso me parece un milagro.

¿Sigue en pie tu idea de vivir durante una temporada siendo anónimo?

Eso me encantaría. Tuve un padre muy autoritario que siempre estaba pensando en el futuro y en un trabajo fijo, lo que me hizo obsesionarme con el trabajo. Creo que no viví mi adolescencia, porque ahí estaba en un colegio del Opus Dei, ni tampoco mi primerísima juventud. Cuando ahora veo en las películas a esa gente de 50 años que lo deja todo y se lanza a vivir una aventura, pienso “qué bonito”. Pero luego piensas que eso son dos horas, editadas, y que se trata de una película. Luego, en el día a día, estar sin hacer nada me parece complicado. Sí me gustaría pasar una temporada en un sitio de playa, donde no tuviera que hacer absolutamente nada. Cualquier sitio de Brasil en el que haya chicos guapos. Me han dicho que Florianópolis es un paraíso gay [Risas]. No lo conozco, pero lo tengo ya muy trillado.

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Comentarios

  • Gemma Fontova Minguell

    Por Gemma Fontova Minguell, el 15 noviembre 2022

    Buenos días
    Mi mamá le gusta la poesia de Goytisolo i también mira Salvame ,

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