Regenerar la Tierra: de las Islas del Abandono a las ‘Alter Nativas’

Cocinar con la energía del sol. Fotograma del documental ‘Alter Nativas: hacia un futuro sostenible’.

Por PILAR SAMPIETRO

Tengo cerca de mí un libro devastado, deshojado, mojado mil veces y mil veces secado. Parece que le haya pasado un camión por encima y, sin embargo, lo estoy leyendo de forma compulsiva, sin poder parar, entrando en sus páginas arrugadas y manchadas por la intemperie una y otra vez. El título dice tanto de su aspecto que no podría ser mejor, ‘Islas del Abandono, la vida en los paisajes posthumanos’ (Capitán Swing). Cal Flyn, su autora, es una periodista y escritora escocesa que ha pasado estos últimos años visitando los lugares más inhóspitos y desalmados, esas “zonas de sacrificio” que han quedado abandonadas después del paso de la actividad humana sobre ellas.

Mientras leo sobre la nueva naturaleza de Chernóbil, el medio ambiente más radiactivo de la Tierra, o sobre el “blight” que asola las ciudades de Denver o Paterson en Estados Unidos, pienso en la regeneración. No puede ser que aquello que amamos quede destrozado por nuestra condición humana de querer más en sentido equivocado, porque “querer más”, como indica Daniel Christian Wahl en su Catálogo integral de la Tierra, tiene que formar parte de un cambio de relato, ese que necesitamos para seguir viviendo en el Planeta. Se trata de una nueva forma de pensar, una consciencia nueva, una historia cultural nueva, dice Wahl. Se trata de un camino de prueba y error que ya hemos comenzado.

Para ello situamos la naturaleza en el centro. Ella es la respuesta, así que de una forma consciente comenzamos a regenerar “lo mismo de siempre”, que es el entorno en el que habitamos. Nuestro futuro depende de la salud de los ecosistemas cercanos, la salud de la biosfera y de la humanidad son inseparables. Así que cuidar lo que tenemos más cerca, ya sea el alcorque del árbol frente a nuestra casa o un trocito de espacio verde entre el cemento, se convierte en un acto de regeneración necesario y enorme.

Pienso en la lucha que mantienen desde el Hort d’en Tomás, un pequeño lugar cerca de la montaña de Collserola en Barcelona, que el abuelo Tomás cultivaba en los años 80 y 90 del siglo pasado para no perder su nexo con la tierra. Su nieto David creció en esa realidad hortelana urbana de después del cole y la mantuvo hasta hoy, respetando hábitats y ciclo de vida, sin actuar mucho sobre él. Es por eso que el huerto parece un poco descuidado y por eso alertó a las autoridades municipales de que debía desmantelarse. En la lucha por salvar el espacio del Hort d’en Tomás que todavía sigue, han comenzado un proceso de aprendizaje que seguro les enriquecerá. No será en el mismo lugar, quizás más cerca, pero la necesidad de entrar en el huerto, casi sin dañar la tierra que pisas, ha afianzado estrategias vecinales y también educativas y universitarias. Al final ganará la comunidad, las clases en la Universidad cercana con la posibilidad de un cultivo de alimentos que es a su vez alimento para la mente.

Este es solo un ejemplo que recuerda a otros que nacen desde el transporte, la energía o la economía social y que se relatan en el documental Alter Nativas: hacia un futuro sostenible, dirigido por Agustí Corominas y Juan del Río, un largometraje colaborativo en el que hemos participado un montón de gente aportando ideas y esperanza para anunciar esa regeneración en positivo. Son ejemplos que ya están funcionando en nuestra Península y que demuestran que eso de “querer más” sí es posible, solo hace falta cambiar el relato.  Habrá muchos estrenos del documental estos próximos meses, no hay que perderlos de vista.

Los espacios que describe Cal Flyn en su libro están totalmente intoxicados y dañados, su carga industrial es tal que la vida no asoma por allí ni por casualidad y, si lo hace, es de una forma nada agradable a ojos humanos. Los lugares que recorre el documental Alter Nativas han sido en muchos casos rehabitados, regenerados, por eso desprenden optimismo. Es lo que significa regenerar la tierra, eso es lo que pienso a cada momento cuando sigo la lectura de las Islas del Abandono humano. El libro quedó en mi pequeño jardín abandonado durante una de las pocas lluvias que tuvimos hace meses y, sin embargo, insistí para salvar sus páginas y poder seguir inmersa en él. Porque es verdad, asegurar la supervivencia a largo plazo en el planeta pasa por regenerar la tierra igual que regeneramos un libro. A por ello.

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