Atrévanse con este libro sobre Semprún: un aprendizaje impagable

Jorge Semprún. Foto: CC:

‘Destino y memoria’ es una bella autopsia que no desmiembra al hombre, sino que une con prodigiosa integridad las piezas del cadáver que con el paso del tiempo ha encontrado el momento justo para resucitar. Nos referimos a Jorge Semprún,  un anti-héroe cuya nobleza desborda y engatusa, que supo y pudo resistir porque mantuvo vivo su espíritu adolescente, que no dejó nunca que su inocencia se hiciera vieja, que se pudriera. Ha resultado muy enriquecedor encontrarse con un libro como ‘Destino y memoria. Cien años de Jorge Semprún’, con los ensayos de siete autores, en edición de Mayka Lahoz, doctora en Filosofía y Letras por la Universidad Autónoma de Barcelona, especialista en el estudio del pensamiento filosófico, político y ético de quien llegó a ser ministro de Cultura con un gobierno socialista.

El ensayo como género literario deja siempre una honda huella en quien lo lee. Su profunda destreza lo convierte en un artefacto que insufla de vida la memoria del lector.

La primera vez que escogí un ensayo para leer no pensé que sería capaz de terminarlo. Era demasiado joven, apenas 17 años. Era un texto, Miedo a la libertad, de Erich Fromm, que fusionaba psicología clínica y sociológica y que nos habían mandado leer en la clase de filosofía. El libro no era mío, se lo pedí prestado a mi amor platónico de aquellos días. Un muchacho especialmente inteligente y enigmático al que jamás devolví el libro. Un libro con las valiosas aportaciones de un joven que se tomaba la política y la vida con denodada impaciencia y que, sin siquiera imaginarlo, inoculó en mí un germen que hasta entonces se resistía a crecer en mí. Yo entonces era la chica popular a la que todas las chicas imitaban y a la que los chicos ponían en un altar rodeado por mi legendaria soberbia. Hoy me alegro de haberle pedido aquel libro, de haberlo leído y de guardarlo en mi biblioteca como uno de mis tesoros favoritos.

¿Por qué cuento todo esto? Ni siquiera lo sé, quizás sea para justificar la honda huella que Destino y memoria. Cien años de Jorge Semprún ha dejado en mí. Me ha devuelto a lo posible. A ese estado de efervescencia que solo se alcanza en la adolescencia.

Pese a ser un libro extenso, denso y a ratos demasiado sesudo, me ha parecido una lectura de aprendizaje, de crecimiento, de reconocimiento. Un disfrute desde lo intelectual y desde lo emocional. Un libro que a mi abuelo Antonio le hubiese gustado tanto que a ratos he sentido el peso de sus ojos azules sobre las páginas que recorrían mis siempre exigentísimos ojos amarillos.

Las páginas de este libro duelen por lo que cuentan del pasado y porque se parecen a algunas del presente. Se sigue luchando contra el fascismo, se sigue señalando al diferente por cuestiones de religión y yo, sentada en mi sillón de lectura, siento cómo lucha el extremismo por controlar el mundo como si no se hubiese aprendido nada.

Destino y memoria es un libro de imponentes reflexiones, hilado con una lealtad absoluta a la figura de un hombre que bien podría ser confundido con un mito, por unos ponentes de ensueño. Hombres y mujeres que reflexionan sobre la personalidad de un hombre único. Un hombre lleno de luces y de alguna sombra que parte el corazón como el nombre de Josef Frank y la inacción de Semprún. Algo imperdonable en un hombre de su nobleza y su entrega.

Quizá fue porque tuvo como maestros a dos seres tan despreciables como convenidos y cobardes, Pasionaria y Carrillo. Dos pancistas de manual que aparecen a lo largo y ancho de este libro como ejemplo de lo peor del ser humano. Pero dejará caer un velo de indiferencia sobre ellos en cuanto escriba el punto final de este párrafo.

Y ahora toca recobrar la calma y la cordura crítica y hablar sobre la entidad narrativa con la que los biógrafos de Semprún consiguen que no haya un precipicio entre las palabras del homenajeado y las propias. Mayka Lahoz ha encontrado un principio de equilibrio acertadísimo. José María Ridao, Benito Bermejo, Felipe Nieto, Raimon, Juby Bustamante, Jordi Amat, Claude Landman, Reyes Mate, Albert Solé, Anna Caballé, Juan Cruz, Costa-Gavras, Esteve Riambau, Miguel Ángel Aguilar y Carmen Claudín se embarcan en una epopeya luminosa y rica. Analizan al político, al ministro, al escritor, al hijo, al exiliado, al deportado, al niño, al hombre, al cobarde, al europeísta y lo hacen sin el falso romanticismo que se espera de un libro como este. Todas las palabras que incluye son palabras limpias, alejadas de los tejemanejes de los grandes monstruos que movieron los hilos del PCE allí en sus poltronas heladas por el clima soviético.

Es un texto heroico y profundamente analítico. Hay simpatía y empatía, pero también una pureza crítica que llena de valor este voluminoso conjunto de semblanzas.

“La memoria era para Semprún mucho más que una facultad psíquica, puesto que adquiría una dimensión ética y política fundamental: para él, hacer memoria era hacer justicia, y eso implicaba releer críticamente el pasado, la historia individual y colectiva”.

“El único terreno seguro en el que Semprún pudo encontrar un mínimo sentido de pertenencia fue el lenguaje. No fue la lengua la que se erigió en patria probable para él, sino el lenguaje. El lenguaje del exilio, del desarraigo, de la separación. El lenguaje de la memoria y el olvido”. (Mayka Lahoz)

Y un texto que le hace preguntarse al lector, leyendo algunos fragmentos escritos por el inteligente camaleón que fue Semprún, cómo es posible que alguien tan humillado por la vida encuentre tiempo para pelear por el lenguaje más hermoso y comprometido.

“Nieve de los amores de juventud, fundida por el sol de lo cotidiano”, dice como consecuencia de la separación de su primera mujer, la actriz Loleh Bellon, y madre de su primer hijo, Jaime.

Semprún fue un poeta encaramado a la realidad.

“Semprún alaba al pueblo español y celebra que, pese a las duras condiciones materiales, no se vea derrotado moralmente por la dictadura”. (Felipe Nieto)

“La sensación de que la dirección exterior comunista no conocía bien la situación real española y de que, en consecuencia, sus análisis pecaban de voluntarismo, se abría paso entre las conciencias de un reducido sector de militantes”. (Felipe Nieto)

Fue una especie de vidente involuntario, un evidenciador de las corrientes reaccionarias que corrían por las venas de los libertadores de esta democracia nuestra. Ya en su libro, Federico Sánchez se despide de ustedes, toma conciencia del viraje del presidente que lo nombró ministro de cultura. Habla de la mala memoria del señor González, del fascismo que late en su nuevo cuerpo y de sus nuevas intenciones.

Yo le regalaría este libro a cada uno de esos adolescentes que lanzan la mano con el saludo fascista, para que sepan que se equivocan. Que Europa es la que es por culpa del nazismo y del estalinismo. Que los totalitarismos no favorecen jamás al pueblo.

Que Semprún es un paradigma de luchador por la libertad, que es un hermoso y valioso desconocido y que acceder a la singladura de su vida ha sido como volver a leer una novela de Salgari o de Julio Verne a los siete años, la misma universalidad de esas aventuras, pero con la necesidad de abrirse paso a través de un dolor inagotable y de una fiereza e integridad política únicas.

Semprún fue un adelantado, un hombre capaz de interpretar el futuro de una forma alarmante. Pensamientos como este que comparte Jordi Amat lo demuestran.

“Así resulta que tenemos, por un lado, la realidad de un imperialismo que practica la política de expansión bélica más desaforada, que está reestructurando sus relaciones económicas de explotación de los países del mal llamado ‘tercer mundo’ y que conoce ritmos internos de desarrollo económicos muy elevados. Y, por otro lado, tenemos una carencia visible de respuesta global a esa política imperialista, muchas declaraciones propagandistas, y una interminable discusión sobre la ‘naturaleza’ del imperialismo”.

También fue fascinante, respetuoso, inteligente y generoso. Un hombre que atesoró su inocencia hasta los últimos días de su vida. Su inocencia de niño arrancado de su país, de su vida, de los brazos de su madre. Semprún fue un huérfano que vivió muchas vidas para olvidar su orfandad. Un hombre que, en palabras de Javier Pradera, fue “un ministro que había pertenecido a una tradición de la que formaban parte, entre otros, André Malraux y Manuel Azaña”.

Debo decir que, a pesar de la parte histórica del libro, el aliento novelesco prima e invade el ánimo del lector. Jorge Semprún es un héroe que se comporta como el anti-héroe. Es el espadachín que reflexiona antes de mover su florete, señalando las grietas. Su nobleza desborda y engatusa. Es un amor platónico, idéntico a ese con el que empezaba este relato, para todo aquel que sepa de su vida, de su honestidad y de su paciencia política.

Destino y memoria es una bella autopsia que no desmiembra al hombre, sino que une con prodigiosa integridad las piezas del cadáver que con el paso del tiempo ha encontrado el momento justo para resucitar.

Semprún supo y pudo resistir porque mantuvo vivo su espíritu adolescente, aquel en el que el primer exilio no pareció más que un juego más de aquel verano del 36. Resistió porque, pese a los trucos amargos de la clandestinidad, de las huidas, de la deportación y de su irrefutable ramalazo de cobardía, no dejó nunca que su inocencia se hiciera vieja, que se pudriera.

Ha resultado muy enriquecedor encontrarse con un libro como Destino y memoria. Cien años de Jorge Semprún. Qué aprendizaje ha sido entregarse a la belleza de algunos pasajes, a su elocuencia, a lo fidedigno de su emocionalidad y de su estética. Qué fácil ha sido enamorarse de Jorge Semprún, del significado de su nombre, del significado de sus alias, de su presencia real, de su europeísmo y de esos suspiros éticos que exhaló a lo largo de su vida.

El otro día un amigo me dijo: “Solo tú eres capaz de enfrentarte a un libro como este durante el verano”. Le hubiese abrazado, pero hace mucho tiempo que estoy demasiado lejos de todos los cuerpos.

Atrévanse con este libro. Leerlo supone un aprendizaje impagable. Tener acceso a la estancia más valiosa de la libertad.

‘Destino y memoria. Cien años de Jorge Semprún’. Tusquets. 444 páginas. Edición de Mayka Lahoz. 

Deja tu comentario

¿Qué hacemos con tus datos?

En elasombrario.com le pedimos su nombre y correo electrónico (no publicamos el correo electrónico) para identificarlo entre el resto de las personas que comentan en el blog.

No hay comentarios

Te pedimos tu nombre y email para poder enviarte nuestro newsletter o boletín de noticias y novedades de manera personalizada.

Solo usamos tu email para enviarte el newsletter y lo hacemos mediante MailChimp.