¡Han traído a Kenny al Thyssen…, serán geniales!
Kenny Scharf frente a una de sus obras en el Thyssen de Madrid. Foto: Francis Tsang.
Efectivamente, el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, aliado con los coleccionistas Blanca y Borja Thyssen-Bornemisza, presentaron ayer la exposición de Kenny Scharf (Los Ángeles, 1958), artista que en los años 80 estuvo muy vinculado al East Village neoyorkino, y fue colega y amigo de Keith Haring y Basquiat, y, como ellos, protegido por Warhol. Un artista que, como recalcó el comisario de la muestra y director artístico del museo, Guillermo Solana, se ve muy influido por los ‘cartoons’, los dibujos animados de décadas pasadas, como ‘Los Picapiedra’ y ‘Los Supersónicos’, inmortales creaciones de Hanna Barbera.
Kenny presentó ayer sus obras con ese inconfundible aire juvenil de la costa californiana, tengas la edad que tengas: sandalias, camiseta y barba casual, “tengo casi 70 años, pero me siento con la energía de un niño”. Le acompañaban Blanca y Borja Thyssen-Bornemisza (que no se suelen prodigar en este tipo de comparecencias con prensa), ya que esta exposición forma parte de la serie dedicada a su colección. Como en casos anteriores, se despliega una muestra de los artistas a los que van comprando obra. En esta ocasión, el cuadro que han adquirido a Kenny es Junglematic (2023), uno de los más interesantes de los expuestos, que podremos contemplar durante todo el otoño.
Las desinhibidas, coloristas y juguetonas pinturas de Scharf pueden encuadrarse dentro del surrealismo pop, y en su mayoría están habitadas por traviesos muñecajos de boca y ojos muy abiertos que se infiltran por toda la composición del lienzo. Seres a los que Guillermo Solana definió como un adelanto de los emojis, ya que este californiano comenzó a pintarlos mucho antes de que existieran y se expandieran por nuestras pantallas; criaturas que forman ecosistemas a los que el artista llama blobs.
El Thyssen ha querido también darle una capa ecológica de pintura a la obra de Kenny, aunque de buenas a primeras cueste verlo: “Ha sido también desde el principio un pintor de la naturaleza y un artista comprometido con la toma de conciencia ante la emergencia climática. Los que le conocen como un artista radicalmente urbano, enamorado del plástico y de la TV, se sorprenderán al descubrir en su obra un canto a la Naturaleza. Árboles, plantas, bosques, planetas y estructuras moleculares proliferan, creando un sistema vertiginoso, siempre al borde del caos”. Un aspecto que se entiende mejor repasando su biografía, ya que en 1983 se casó con la brasileña Tereza Gonçalves y la pareja decidió pasar largas temporadas en Brasil, “una experiencia decisiva para su relación con la naturaleza y para el giro ecológico de su pintura”. Actualmente reparte su tiempo entre Brasil y su ciudad natal, Los Ángeles. Un apunte más: en España, sólo había expuesto en dos ocasiones: en los años 80 en el Palacio de Cristal del Retiro madrileño y un mural en Málaga al poco de pasar la pandemia del covid.

Kenny Scharf. ‘Junglematic’, 2023. Colección Blanca y Borja Thyssen-Bornemisza © Kenny Scharf.

Kenny Scharf. ‘Twilightzone’, 2025. Cortesía del artista y Almine Rech © Kenny Scharf.
Desde este punto de partida, el comisario Solana ha distribuido las 25 obras expuestas (pintadas la mayoría el año pasado; óleos, acrílicos, sprays y tintas serigráficas sobre lino) en cuatro apartados: Paisajes, que tienen como referencia la deforestación de la Amazonia y los terribles incendios en California del invierno pasado. El árbol como chamán, “árboles hiperactivos y delirantes, que viven, sueñan, cantan y danzan, y sostienen alrededor todo un ecosistema fantástico, una jungla de pequeñas criaturas pululantes”. Visiones cósmicas, que demuestran su interés por el entorno: “No quiero vivir en Marte. Este es un gran planeta, trabajemos por conservarlo”; quizá sea aquí donde más se note ese espíritu ambientalista, ya que apreciamos en estas pinturas la invasión de artefactos tecnológicos que acechan a los elementos orgánicos. Y Veo caras en todos ellos, ecosistemas abigarrados en los que conviven árboles, algas, animales, humanos, planetas y electrodomésticos, que responden por un lado a una de las obsesiones del pintor –que desveló Solana, “ve caritas por todos los lados” (lo que se llama pareidolia)–, y, por otro lado, a su actitud de responder con alegría y optimismo, con “esperanza activa”, a todos los peligros que acechan al planeta, especialmente la emergencia climática. “Quiero advertir de que hay belleza, pero está jodida”, señala Kenny en la nota de prensa. “A veces lo único que quiero decir es: necesito alegría ahora mismo”. “Me preocupan sobre todo los niños”.
Y es ahí donde ha conectado perfectamente con los coleccionistas Blanca y Borja. A la pregunta de qué criterio, línea, prioridad siguen para ir montando su colección, Blanca contestó: “Nos interesan mucho los artistas y las obras que son capaces de conectar rápidamente con la infancia, porque es una manera de introducirles en el arte. Kenny es un buen ejemplo, cómo transmite su increíble energía, su vitalidad”. Y añadió: “El padre de Borja, el barón Thyssen, decía que el arte debe ser un 50% corazón. En ese sentido, nosotros nos dejamos llevar por lo que nos emociona, lo que nos dicta el corazón, acompañado del criterio profesional de Guillermo Solana”. No resulta difícil enlazar el universo Scharf con el de otros artistas elegidos para su colección y de los que El Asombrario se ha hecho eco (y letra), como Ayako Rokkaku y Robert Nava.

Kenny Scharf. ‘Organibotz’, 2025. Cortesía del artista y Almine Rech © Kenny Scharf.
Y ya que estaban, la prensa no puedo resistirse a pedirles que dieran su opinión sobre el reciente anuncio de la ampliación del museo de aquí a un lustro en un magnífico edificio público a 3 minutos del Thyssen para acoger la extraordinaria colección de cientos de obras de arte contemporáneo de la otra gran mecenas de la familia, Francesca Thyssen-Bornemisza, artífice de TBA21. Tanto Blanca como Borja –muy discretos, relajados y elegantes ambos con total look en negro– se mostraron “muy felices”, algo que demuestra “la ilusión de toda la familia por mantener vivo el museo y ganar espacio para poder mostrar todas las nuevas adquisiciones de arte contemporáneo”.
‘Kenny Scharf’. En el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid. Hasta el 17 de enero de 2027 (madre mía, cómo corren los años).




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