Alberto San Juan: “Lorca ya avisó de lo incompatible entre mercado y vida"

Alberto San Juan: “Lorca ya avisaba de la incompatibilidad entre el mercado y la vida”

El actor Alberto San Juan. Foto: Manolo Finish.

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Alberto San Juan se mete en la piel y en el tuétano de Federico García Lorca en el espectáculo teatral ‘Nueva York en un poeta’, que lleva dos años representando con diversos formatos para ahora hacerlo más grande y, acompañado de una banda de jazz, presentarlo en el Teatro Bellas Artes de Madrid a partir de hoy. Son siete poemas de ‘Poeta en Nueva York’ más la prosa de la conferencia que dio Lorca en Madrid, en la Residencia de Señoritas, sobre su experiencia de un año fuera de España. Conmueve el ritmo del espectáculo, el desgarro al tocar temas tan actuales como la deshumanización del capitalismo, la mercantilización de toda forma de vida, la discriminación de los distintos, el sufrimiento al que sometemos a los animales, así como la credibilidad de San Juan para transmitirlo al público. Hablamos con él.

¿Cómo puedes meterte en la cabeza 80 minutos de prosa y poesía –poesía intrincada– de Lorca?

Tener el texto tan incorporado, asimilado, interiorizado se debe al tiempo que llevo haciéndolo. El teatro tiene esa maravilla de permitirte ir madurando un trabajo a lo largo del tiempo, cosa que en el cine no ocurre, que es un poco aquí te pillo aquí te mato, llegas y ruedas, y luego, cuando acabas la película, dos meses después dices: joer, ahora es cuando estoy preparado para empezar. Este espectáculo ha evolucionado mucho desde que empecé con él.

¿Cómo nace y crece ‘Nueva York en un poeta’?

Mi primer contacto con este texto de la conferencia de Lorca en Nueva York es a través del grupo de jazz The Missing Stompers, que hace algo así como 15 años montan un concierto de jazz con un repertorio que forma parte de lo que se tocaba en los clubes de jazz de Nueva York del 29; es fruto de una investigación por su parte, y, dentro de ese repertorio, quieren grabar algún fragmento para poner en off de esa conferencia de Lorca y de fragmentos muy breves de los poemas, y me lo piden a mí; lo grabo con ellos y hacemos algunas funciones. A ese espectáculo ellos ya lo llamaron Nueva York en un poeta, pero esta conferencia Lorca la dejó sin título. Solo que en un momento del texto dice: “He dicho Poeta en Nueva York, y debería decir Nueva York en un poeta, un poeta que soy yo”. Ese fue mi primer contacto con la conferencia; el siguiente llegó a través del actor Will Keen, con el que estaba haciendo la obra de Harold Pinter Traición, hace 10 años; me contó que Laura García Lorca le había pedido hacer ese texto en inglés en Nueva York; me dije: si Will Keen hace esto en inglés, yo tengo que hacerlo en español.

Este espectáculo empecé haciéndolo yo solo, y leyendo los poemas, ahora no se lee, se dice. Lo he representado desde el patio de una casa rural en el Cabo de Gata al escenario del cine de verano de Zahara de los Atunes. Lo bueno que tiene el teatro es que se puede hacer en cualquier lugar, y esto ya lo dejó muy explicado Peter Brook: solo hace falta alguien que cuenta una historia y alguien que se para a escucharla.

Porque todo el texto del espectáculo es de Lorca ¿no?, no hay ningún añadido actual por tu parte…

Todo el texto es literal de Lorca. Mucha gente me ha preguntado: tú has intervenido en el texto, ¿verdad? Pero no, mi única intervención ha sido cortar algunos fragmentos para que el espectáculo no fuera de una duración excesiva.

Suena tan actual…

Suena increíblemente actual, porque hay varios espejos entre el 29 y el momento actual. Hay uno muy claro: que en octubre de 1929 se hunde la Bolsa de Nueva York y da lugar a la mayor crisis del capitalismo mundial, previa a la de 2008, cuyos efectos seguimos padeciendo. La diferencia del contexto actual es que hoy en día ya se ha hecho evidente que la mercantilización de lo vivo, es decir, el capitalismo, no es compatible con la continuidad de lo vivo. Y, de hecho, hoy el sistema capitalista nos ha puesto al borde de un colapso civilizatorio, y de incluso una posible extinción como especie. Pero es que Lorca ya avisaba de la incompatibilidad entre la mercancía y la vida, entre el mercado y los derechos humanos. Se refiere al capitalismo como “un sistema cruel que nos tiene sordos y encadenados y al que pronto habrá que cortarle el cuello”. Esto lo dijo Lorca y hoy vemos que es verdad. Que la defensa de la vida implica desmercantilizar el mundo, producir y consumir muchísimo menos. Por eso cuando lo escuchas hoy piensas: esto no es de Lorca, lo ha reescrito alguien hoy. Pues no. Lo escribió Lorca hace 100 años.

Otro espejo muy claro es el poema Oficina y denuncia, donde Lorca se lamenta por los alaridos de dolor de las vacas estrujadas y denuncia la masacre animal que realizamos los humanos y que a día de hoy sabemos que tampoco es compatible con la continuidad de la vida, ya no solo por razones éticas, por la crueldad que significan las macrogranjas y la cría intensiva de ganado, sino por la emisión de gases de efecto invernadero y porque se sabe que de las macrogranjas han salido otros virus Sars antecedentes del de 2019.

También habla mucho en estos poemas del dolor de ser negros en un mundo contrario, y cuando dice negros se refiere a la población negra de Nueva York, literalmente, pero también, creo yo, a cualquier ser vivo oprimido, perseguido, ya sea negro, gitano o morisco. Y habla mucho de cosas muy íntimas, de su soledad, y probablemente una soledad que tiene que ver con la de todo ser humano, que en alguna medida nace y muere solo, aunque viva acompañado y en búsqueda de compañía, pero hay partes de uno quizá inaccesibles para los otros, y más cuando no puedes vivir libremente tus deseos y tus pulsiones vitales, como era el caso de su sexualidad. Eso también produce soledad y dolor. Es lo que escribe en Poema doble del Lago Eden: “Quiero llorar porque me da la gana / como lloran los niños del último banco / porque yo no soy un hombre ni un poeta ni una hoja / pero sí un pulso herido que sonda las cosas del otro lado”.

Lo tienes tan asimilado, Alberto, que casi no tengo que preguntarte nada.

Soy un poco pesado…

Nooo, para nada, no quería decir eso, sino que lo explicas bien, sin tenerte que dar pie a la conversación.

Tengo la gozada de llevar con este espectáculo casi dos años y es precioso cuando se hace un texto a lo largo de tanto tiempo, porque se van abriendo puertas…

¿Has ido descubriendo recovecos, nuevos significados?

Sí, posiblemente vas descubriendo nuevos significados en las palabras, y también creo que las palabras van tomando cuerpo y haciéndose carne en la medida que van pasando por uno, y ya no tienes que buscarlas sino que las llevas dentro y tienes que dejarlas salir, fluir. Esto pasa con otros textos, eh. Cuando tuve el privilegio de hacer Hamlet, me di cuenta de lo ingenuo que había sido, porque nunca me había enfrentado a un texto clásico de tales dimensiones, dejando el estudio del texto para un mes antes de empezar los ensayos. Tenía que haber empezado mucho antes, porque aprenderse ese texto requiere mucho tiempo y mucho caminar por la calle diciéndolo en voz alta, que es la manera que más me gusta de estudiar un texto…

Paseando por las calles de Nueva York y algo deprimido, a Lorca le impresionó la deshumanización de la gran ciudad.

Parece que los motivos de Lorca para salir de España en junio de 1929 son principalmente tres: Uno, huir del dolor de una ruptura amorosa con el escultor Emilio Aladrén, que le acababa de abandonar y le había dejado hecho polvo. Otro, la asfixia de tener que ocultar su sexualidad en la España de 1929, y aquí seguimos lamentablemente encontrando algún espejo. Evidentemente, no es lo mismo ser homosexual hoy que en 1929 en España, pero todavía hay que andarse con ojo si dos hombres o dos mujeres quieren ir de la mano por la calle. Y luego también parece ser que se sentía un poco asfixiado en la etiqueta de poeta folclórico, que él sentía que se le había atribuido tras el exitazo de Romancero Gitano. Así que, de la mano de Fernando de los Ríos, se matricula en la Universidad de Columbia para estudiar inglés, cosa a la que parece que nunca le dedicó mucho tiempo, pero vive lo que él define como la experiencia más útil de su vida y escribe sus obras más rupturistas.

Cambia totalmente la forma de escribir, para alejarse de lo folclórico se acerca al surrealismo.

Se lanza a investigar en el terreno creativo más allá de lo que él había explorado hasta entonces. Parece que Dalí también le picaba con esto, diciéndole que no escribiera tan antiguo. Entre los nueves meses de Nueva York y los tres de Cuba, escribe Poeta en Nueva York, El Público y Así que pasen cinco años; y esos tres textos siguen siendo de una fuerza innovadora y también todavía, a día de hoy, de una fuerza misteriosa, no conquistada en su totalidad. Todavía hoy es muy difícil representar El Público y Así que pasen cinco años, y muy difícil decir, encarnar, los poemas de Nueva York; de hecho, hay dos muy largos, El Rey de Harlem y Danza de la Muerte, que yo no hago completos, no solo por su longitud, sino porque hay imágenes que, de tan misteriosas, las veo del todo opacas y me resulta imposible hacerme cargo de ellas.

Una poesía de sensaciones, de metáforas, emociones.

Hay imágenes radicalmente claras, “enjambres furiosos de monedas que taladran y devoran niños abandonados”. Pero hay imágenes también que te preguntas… qué… está… diciendo… “Tristeza de guante desteñido o rosa química”. ¿Qué es eso? A otras se llega por el ritmo, la musicalidad o la fuerza de la pura sugestión. Pero sí, hay otras a las que yo no llego.

Eso, leído, te puedes detener, volver atrás, releer, pensarlo…, pero, escuchándolo, sin esa posibilidad de alterar el ritmo, ¿no se puede llegar a hacer arduo para el público?

No creo que sea un problema. Lorca siempre advirtió de la necesidad de luchar contra el aburrimiento, ese terrible moscardón que ensarta las cabezas con un hilo tenue de sueño. Luchar contra el aburrimiento y por la expresión y la comunicación, es decir, por llegar al otro. En él continuamente late un pulso de amor, entendiendo el amor como el encuentro con el otro ser vivo, entendiendo que todos formamos parte de una comunidad internacional de todo lo vivo. Cuando digo todo, también incluyo a los animales y las plantas…. Pero, ¿cuál era la pregunta?, porque me he perdido en ramificaciones…

Si no crees, Alberto, que al público se le puede hacer arduo un espectáculo de poesía tan metafórica…

Ah, sí, yo creo que no; lo primero porque hay imágenes muy claras, y cuando son menos claras, pueden llegar por la belleza y el ritmo y la musicalidad. En cualquier caso, ese es nuestro reto cada noche, el mío y el de los cuatro músicos. Hacer llegar todo esto y que se pierda la menor cantidad de palabras y notas musicales. Hemos tratado los poemas como canciones habladas. Salvo un son cubano sacado de un son de Compay Segundo que se toca al final y un tema de música tradicional del campo americano, lo demás son prácticamente improvisaciones del grupo, que se han ido haciendo a través de las funciones.

De Nueva York a Cuba, y allí se encontró más a gusto, más abrazado…

Es curioso, porque la conferencia habla de su experiencia de un año fuera de España, de junio de 1929 a junio de 1930, nueve meses en Nueva York y tres en Cuba, pero la dedica casi exclusivamente a Nueva York; lo de Cuba es solo un epílogo feliz. Él en Cuba encuentra una sociedad menos mercantilizada, mucho más sensual y mucho más cercana aún a lo que él percibe como esencia de la condición humana, y en Cuba parece que vivió una experiencia feliz, intensa, en lo afectivo y en lo sexual.

Una cuestión de piel. Sentido el del tacto que cada vez abandonamos más, dándole todo protagonismo a la vista, a la imagen. Algo que se ha agravado con la pandemia, la distancia social, no abrazarse, no besarse, no compartir… La piel, tan lorquiana…

Totalmente. Yo creo que los cinco sentidos están muy presentes en sus poemas y por eso resultan tan vivos, tan carnales… La suma de pandemias, distancias por desigualdad social e intermediación de las tecnologías ha hecho que hoy sea posible vivir –vivir, por decirlo de alguna manera– todos los aspectos de la existencia sin salir de casa. Trabajar, comprar, tener sexo, tener amistad… Hace poco, la hija de 14 años de una amiga me habló de sus mejores amigas, y resulta que nunca las ha visto en persona, son todas del Insta, como dice ella, del Instagram. Imagínate. Yo creo que en esto hay algo… peligroso.

El día que asistí a tu representación de ‘Nueva York en un poeta’, el pasado lunes en el Teatro del Barrio, la actualidad nos enviaba las imágenes de la presidente madrileña en Nueva York. No puedo dejar de preguntarte en qué punto ves la política española.

Creo que tenemos un grave problema en la llamada civilización occidental, que es pensar que tenemos LA razón; y cuando uno cree tener LA razón, anula la posibilidad de que el otro pueda tener alguna razón, y esto ya lo explicaba Machado a través de Juan Mairena. A partir de ese momento, queda interrumpido cualquier diálogo y comienza el enfrentamiento. Yo creo que la única forma de vivir es a través del diálogo y del encuentro. Así que creo que convendría sacarnos de encima LA razón.

Alberto San Juan en el espectáculo ‘Nueva York en un poeta’. Foto: David Ruiz.

¿Tú siempre has votado bien, como recomendaba la pasada semana Vargas Llosa en la convención del PP?

Se dicen últimamente cosas peligrosas sobre la democracia. Creo que la democracia aún no ha llegado a madurar hasta el punto de que alguna sociedad se haya ganado realmente el adjetivo pleno de democrática, con todas sus consecuencias. Pero creo que incluso el nivel hasta donde hemos conseguido avanzar está siendo cuestionado de forma muy peligrosa y cada vez más abierta.

Dinos algo de la banda que te acompaña en ‘Nueva York en un poeta’.

Tres de los cuatro músicos son amigos desde la adolescencia. Pablo Navarro, el contrabajo, es parte de la banda de Mastretta; Miguel Malla, saxofonista y teclados, tiene una banda de jazz que se llama Racalmuto, y además es arreglista de los discos de su hermano, Coque Malla; Claudio de Casas, el guitarra, estuvo en los grupos La Frontera y Las Ruedas, y el batería, Gabriel Marijuan, es el batería de Coque Malla.

Y aparte de Lorca, ¿qué estas haciendo?

Tengo tres grandes etapas en mi trayectoria teatral, la primera con Animalario, de 1995 a 2012, año en que se disuelve la compañía. La segunda, con el Teatro del Barrio, desde 2013 de forma continuada hasta 2018, como director artístico, pero además de programar, dirigía, escribía, producía e interpretaba. Desde entonces, soy más titiritero que nunca, en el sentido de que voy por libre con espectáculos mínimos, un actor con una maleta, a veces solo, a veces con estos cuatro músicos y otras veces con el guitarrista Fernando Egozkue, que vamos haciendo distintas cosas y un poco lo que nos da la gana, lo que nos emociona. Ahora además estoy en otros dos proyectos teatrales, La gran cacería, un texto de Juan Mayorga que va a dirigir él, para finales de 2022, los intérpretes somos Sol Picó y yo. Y voy a dirigir una adaptación teatral de la novela Lectura fácil, de Cristina Morales, que se estrenará en noviembre de 2022. En cine, tengo dos películas por estrenar; una es El cuarto pasajero, de Álex de la Iglesia, rodada el invierno pasado, y otra El Test, con Dani de la Orden, que la acabamos de rodar y por eso ahora me ves con el pelo teñido.

Pensé que era por Lorca.

Qué va… De hecho, me lo voy a rapar, seré un Lorca rapado; no quiero seguir tiñéndome ni ir cada diez días a la peluquería.

‘Nueva York en un poeta’ se representa este otoño, a partir de hoy, 4 de octubre, los lunes en el Teatro Bellas Artes de Madrid. 


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