Andrea Genovart, tras la náusea por comer salmón caducado

La escritora Andrea Genovart. Foto: Patricia Flores.

La joven escritora barcelonesa Andrea Genovart debuta con ‘Consumir preferentemente’ –publicada originalmente en catalán–, un libro valiente, un recordatorio de las múltiples prisiones femeninas. Un libro en el que pincha la burbuja que asfixia a toda una generación. Un profundo manifiesto sobre el olvido y los abusos a los que nos somete la madurez en un mundo contradictorio y una Barcelona caótica. Todo comienza con la náusea de la joven protagonista tras consumir salmón caducado, comprado en un súper ‘low cost’…

Un día, por casualidad lees que alguien a quien conoces ha ganado un importante premio de narrativa. Y aunque hace mucho que los premios literarios no son ejemplo de buena literatura, sabes que leerás ese libro. Sabes que te sumergirás en él con ese respeto que despierta en ti la honestidad de quien lo ha escrito. Y comienzas la lectura y pronto percibes que la autora va a darlo todo en un libro que nace como una aventura incómoda para su protagonista y para toda la generación que camina con ella entre los capítulos de esta novela de hechuras torrenciales que a veces conmueve y a veces asfixia al lector, porque ¿quién ha dicho que un premio debe darse siempre a una novela perfecta?

Consumir preferentemente es la primera novela de Andrea Genovart (Barcelona, 1993) y eso se nota, como también se nota su exigencia con el lenguaje y con la emoción de cada una de las páginas que ha escrito a través de  ese duelo entre la oralidad y la corrección narrativa que tan bien define este trabajo. No puedo decir que sea una novela que me haya gustado, quizás esté mayor para los dilemas que plantea el amor romántico, pero sí puedo decir que es una novela que tiene todo mi respeto por cómo está tejida su alma. Un alma desprejuiciada que no sueña con hacer un ejercicio  incólume de literatura, sino que se afana por evidenciar la fragilidad con que el futuro sostiene el mundo y a quien se detiene a procurarle una eternidad que no merece.

Andrea Genovart es una narradora valiente, la dueña de un laberinto que nos niega la salida a todos, que habla de los horrores propios y de los ajenos, que no olvida nada y que hace memoria por todos aquellos que quieren perpetuarse mirando hacia otro lado:

“Que tenemos Iphone porque hay niños que extraen coltán”

Que quieren ser eternos sobre el máximo número de carne muerta. Genovart es un dron divinamente programado por su versada e incorruptible inteligencia que no teme reprogramarse una y otra vez, y lo hace desde la filosofía, desde el dolor, desde la denuncia. Un dron que dispara con vehemencia sobre los cuentos de hadas y sus alucinógenos y alienantes recaditos:

“Mejor no encadenar otra frustración, saber inútilmente los esfuerzos por intentar amoldar la realidad a la silueta de la ilusión se l’amor De la Teva Vida. Pero las Feministas, en cada columna del dominical, que no existe, que te olvides. Que Amor Romantic igual a esclavitud; no sucumbas, no sea Una Puta por cuatro peldaños de un castillo inflable. Pero ojo la prostitución, no todo son penas: dinerito contante y sonante y sin declararlo a Hacienda”.

Genovart ha construido un libro valiente, productivo, un recordatorio de las múltiples prisiones femeninas. Un libro en el que pincha la burbuja que asfixia a toda una generación, aunque sepa que tras ese gesto hayan de morir sus moradores más débiles, sus memorias, su imaginación e incluso el malversado destino al que han sido entregados:

“Ser joven es más duro que ser viejo: lidias con la presión social de estar fuera del mercado si no mereces que te silben. En cambio el criterio de la belleza en la tercera edad no existe. Por eso, la gente: la máxima tranquilidad, los cuarenta; el entorno se nivela, y entonces las comparaciones no son tan odiosas porque no son tan contrastantes. Todos van con las arrugas y los flotadores abdominales; con la diabetes, la esclerosis o el ictus prematuro”.

Genovart es una narradora crítica, inmisericorde, férrea, fiel a lo necesario, aunque tenga que confesar que, para mi gusto lector, le sobra intensidad a la mayoría de los párrafos compartidos. Que hay ocasiones en las que cuesta avanzar, ocasiones en que se desea abandonar la lectura por culpa del exacerbado individualismo con que adereza la narración. Ella ha escrito para generalizar, pero no siempre ha sido capaz de hacerlo.

Sin embargo, pese a esa efímera frustración que siente el lector, hay que recomendar vivamente la lectura de Consumir preferentemente, un profundo manifiesto sobre el olvido y los abusos a los que nos somete la madurez.

Un inventario en el que la autora recalcula una y otra vez, con exactitud y diligencia, los matices que marcan a un mismo individuo mientras vive.

Y aunque aún no sé si Consumir preferentemente me ha gustado (vuelvo a confesarme y pongo de manifiesto que es una valerosa y útil grieta en el cuerpo de la literatura actual), lo que sí sé es que me alegro mucho de que esta historia haya sido escrita, y de que haya sido escrita por Andrea Genovart.

Léanlo, porque en la falibilidad de un escritor reside la infalibilidad de quien lee.

‘Consumir preferentemente’. Andrea Genovart. Anagrama. 196 páginas.

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