Andrés Barbosa: “Me preocupa que haya tantos negacionistas” 

Andrés Barbosa, científico: “Me preocupa que haya tantos negacionistas” 

El científico polar Andrés Barbosa.

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Este año será la 16 campaña del biólogo Andrés Barbosa en la Antártida. Científico del Museo Nacional de Ciencias Naturales, pocas personas conocen tan bien como él los ecosistemas de los pingüinos antárticos, aves de las que es un especialista a nivel internacional. Uno de sus últimos trabajos ha tenido un importante impacto: ha descubierto, junto a otros colegas de la Universidad de Coimbra (Portugal), microplásticos en tan fascinantes animales polares. Es nuestro nuevo invitado a ‘La entrevista circular’.

¿Cómo es posible que hasta el lugar más prístino de la Tierra llegue nuestra basura? Barbosa, que además es un gran divulgador, reconoce que vive un momento de paradojas vitales: “En temas ambientales, soy un optimista pero acumulo muchas frustraciones”.

Llevamos un verano complicado: olas de calor, incendios, pérdida de hielos polares y en los glaciares… ¿Qué es lo que más te preocupa de todo lo que está pasando?

Es difícil hacer un ránking de tanta emergencia, aquí, en el Ártico, en la Antártida… y que además va empeorando en los últimos años. Me preocupa que siga habiendo tantos negacionistas. Los efectos del cambio climático están ya muy presentes y son globales, pero afectan de forma local. Ya tenemos en Siberia temperaturas casi tan altas como aquí y nos afecta a todos: olas de calor que producen muertes,  pérdidas en incendios, sequías… También me preocupa que, debido a la guerra de Ucrania, algunos países como Italia o  Alemania estén pensando en reactivar sus centrales de carbón, un combustible que ya parecía del pasado. Otra cuestión de gran importancia es la pérdida de biodiversidad. La ciudadanía parece no apreciar ahí impactos tan urgentes, pero que son muy graves, como su relación con el riesgo de nuevas pandemias y la pérdida de un capital natural imprescindibles para el mantenimiento de los ecosistemas y, por extensión, para nuestra salud. Y por último, está la contaminación, que igualmente provoca un alto número de muertes y que, si se abordara seriamente, tendría solución, al menos parcial, en pocos años.

¿Ves una solución en la economía circular?

Hace falta nueva tecnología. Fíjate que un plástico puede durar más de 100 años, más que toda la vida de la persona que lo ha utilizado. Morirá y aquel plástico seguirá existiendo. La economía circular es parte importante de la solución, aunque no la hay para los microplásticos. El problema con el reciclaje es que no vamos a la velocidad debida. Incluso en mi entorno cercano veo que falta concienciación. Pero la ciudadanía tampoco es la única responsable; es necesaria también una gran facilitación por parte de las administraciones. Y al menos reciclamos envases, pero nos faltan muchos otros objetos de plástico que reciclar, como un simple bolígrafo. Necesitamos, desde luego, una economía circular más avanzada, con mayor concienciación, facilitación y nuevas tecnologías.

¿Qué prácticas ambientales pones en marcha en tu día a día?

Aplico bastantes, pero siempre menos de las que me gustaría. Intento reducir todo lo que puedo la cantidad de plástico, si es que encuentro opción, lo que no ocurre siempre. Por supuesto, reciclo y utilizo el punto limpio. Además, soy de los que buscan en las etiquetas los productos nacionales y de cercanía. Me gustaría que se incorporara a ese etiquetado la huella de carbono y de pérdida de biodiversidad para poder tomar mejores decisiones. Normalmente, utilizo al máximo posible el transporte público, y estoy revisando también los viajes en avión si existe una alternativa. Desde luego, para ir a la Antártida no hay alternativa factible y tampoco es fácil evitarlo para la asistencia de congresos científicos, donde gran parte del trabajo es establecer contactos personales que son casi imposibles on line.

¿Qué piensas de la ‘basuraleza’?

Es una barbaridad. Recuerdo que de pequeño había campañas de publicidad potentes para que no se tirara basura. Entonces no había ninguna concienciación y en eso, desde luego, se ha avanzado, pero me sorprende que medio siglo después, cuando se supone que ha habido generaciones que han recibido una educación sobre cambios de hábitos, aún sigamos encontrando esa basuraleza. Y creo que sigue siendo una cuestión de educación pura y dura en la que hay que insistir más.

Con toda la información que tienes como científico que analiza estas cuestiones ambientales, ¿eres optimista?

Esta pregunta me la hago con frecuencia. Sigo siendo optimista porque si hoy muchas cosas están mal, sé que puede ir a peor, y solo siendo optimistas podemos actuar para reducir los impactos. No es fácil, porque me frustra ver cómo se cambian decisiones fundamentales, como la sentencia reciente de un tribunal en Estados Unidos contra los recortes de emisiones ya decididos. Aunque muchos avances ambientales parezcan consolidados, y en general haya una mayor concienciación que hace unas décadas, la realidad actual muestra que esto no es así y sigue siendo necesario trabajar esforzadamente para afianzarlos.

Como científicos, nuestra obligación es trasladar la información de lo que sabemos a la sociedad, a los políticos, divulgar los datos, dar a conocer los grandes y los pequeños problemas ambientales. Por ejemplo, en pocos años nos estamos quedando sin grandes mamíferos, como leones o elefantes, con lo que ello significa, no para esas especies, sino a nivel global. Es la punta del iceberg de la pérdida de biodiversidad. Es verdad que algunas cosas van mejor, pero siento que vivimos en una paradoja: por ejemplo, a la vez que ha mejorado enormemente la población de lince, se quieren legalizar regadíos que dañan Doñana. En definitiva, soy un optimista con cierto nivel de frustración y consciente de que, si no hacemos nada, todo es susceptible de empeorar.


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