Àngels Castellarnau, la arquitecta en tierra de la ‘España vacía’

Àngels Castellarnau, la arquitecta en tierra de la ‘España vacía’

La arquitecta Àngels Castellarnau. Foto: Edra Arquitectura.

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Un edificio suyo, totalmente sostenible, hecho en tierra (sin acero ni aluminio), ha sido elegido entre los 40 mejores del mundo en un certamen internacional. Se trata del hotel de cinco estrellas Torre del Marqués, en Monroyo (Teruel), que ha sido seleccionado entre los mejores del mundo en arquitectura contemporánea en tierra por el prestigioso Terra Award. Vamos a conocer a la arquitecta Ángels Castellarnau.

Volver a las raíces. Encontrar en la tradición, modelada en siglos de experiencia, el hilo que nos une a la naturaleza para construirnos el hogar que habitamos y recobrar, desde el conocimiento que hoy tenemos, una arquitectura “más humana” y más acorde con un mundo que no puede permitirse ni derrochar más energía ni emitir más CO2 del que la biosfera puede tolerar sin un cambio radical en el que tenemos todas las de perder. Ahí está el eje del trabajo de la arquitecta Ángels Castellarnau, especialista en una técnica denominada de ‘tapia calicostrada’, que consiste en levantar muros con tierra apisonada con mortero y aligerada con cáñamo. Sus obras cuentan con varios galardones: Premio Internacional de Arquitectura Contemporánea en Tierra Cruda Terra 2016 y el Premio de Construcción Sostenible de Castilla y León 2015-2016, entre otros.

Una de sus últimas obras, el hotel de cinco estrellas Torre del Marqués, en Monroyo (Teruel), ha sido seleccionado entre los 40 mejores edificios del mundo en arquitectura contemporánea en tierra por el prestigioso certamen internacional Terra Award. Un edificio de tres plantas hecho en tierra, sin PVC, ni acero, ni aluminio. Ángels y su equipo lo querían con madera, cal, algas o tejidos naturales como el sisal y el lino, lo más próximo a las cero emisiones en su construcción y lo más cercano a un 100% en autosuficiencia.

La tierra, el respeto a la naturaleza aprovechando los recursos que ofrece sin dañarla, es algo que Castellarnau tiene en su ADN. “Vengo de una familia ganadera del Pirineo aragonés. Con mis abuelos aprendí la importancia de esa conexión con el entorno. El reto fue cómo transformar esa visión del mundo en arquitectura, pero lo encontré en el uso de materiales que son de los lugares donde se trabaja, como en el mundo pre-industrial, sin comprar materiales por catálogo que no sabes de donde vienen ni qué impacto tienen en algún lugar. La arquitectura hoy se centra en las formas y se desvincula del lugar donde está, ni siquiera tiene en cuenta por donde sale el sol. Y, sin embargo, lo es todo: implica dónde vivimos, cómo nos movemos”, argumenta desde el pueblo de Huesca donde habita.

En las obras de su estudio, Edra Arquitectura, no hay lugar para el cemento, el material más utilizado del mundo: sólo en 2019, los seres humanos produjimos 4.100 millones de toneladas de ese pegamento indispensable del hormigón que cimenta la mayoría de los edificios, según el Servicio Geológico de EE UU. Es una industria que representa el 8% de las emisiones globales de CO₂, como nos dice también la Agencia Internacional de la Energía, y ya no sólo reina en las ciudades, sino también en pueblos donde muchas casas de adobe han desaparecido para ser sustituidas por modernos chalets hormigonados. “Hemos perdido la gestión de los paisajes, de los bosques, de los prados… y nos traemos acero de Asia en lugar de abastecernos de materias primas cercanas. Pero ese no es el camino. Nosotros, en mi estudio, observamos la arquitectura tradicional hecha en tierra y la aplicamos con tecnologías actuales. Si queremos tener edificios con cero emisiones para 2050, debemos hacerlos de forma que no contaminen ni cuando los hacemos, pero tampoco cuando en el futuro sean demolidos. Todos sus residuos se deben reintegrar en la naturaleza de nuevo”, argumenta Castellarnau.

Vista general del hotel Torre del Marqués.

La técnica de realizar construcciones humanas que desaparezcan sin dejar huella, se remonta según algunas fuentes al Antiguo Egipto y Mesopotamia, aunque otras recuerdan que ya en el Neolítico se usaron ladrillos de tierra y paja. “Lo que yo hago no es adobe, sino tapia, que consiste en encofrar con tablones de madera la tierra, apisonándola”, especifica la arquitecta. Es el mismo método que se usó para levantar la Muralla China, la Alhambra de Granada y buena parte de los edificios del casco antiguo de Palma de Mallorca. “Mi idea es hacer una arquitectura de tierra, pero como contenedor de un espacio interior que se trabaja a través de la luz, para que el edificio se pueda desenchufar y seguir funcionando”, explica.

Ángels Castellarnau no circunscribe su obra al mundo rural. De hecho, ahora trabaja en Palma en una promoción de vivienda protegida hecha también con tapia y madera: “No se pueden hacer rascacielos, pero sí edificios de varias plantas, como el hotel de Teruel, con tres plantas. Lo importantes es que sean confortables, más allá de lo que marca un termostato. En el Hotel Torre del Marqués hemos cuidado los interiores, utilizando arcilla en lugar de yeso, y también hemos puesto calderas de biomasa ligadas a la gestión del bosque que rodea la masía. Se trata de que cuando entras allí te sientas bien, mucho mejor que en los edificios enfermos que se hacen ahora”.

A la eficiencia energética de sus edificios –por los materiales, la orientación, el diseño, el uso de energías renovables, etcétera– y ese modelo que lleva la economía circular a la arquitectura, suma la implicación del ámbito local, del artesano o artesana que habita ese ecosistema social, porque, nos dice, “se trata de aportar y en eso consiste trabajar con sus carpinteros, ceramistas y aserraderos”. “Me gusta saber que después de acabar y marcharme, se les ha abierto una nueva vía para ganarse la vida, porque se revaloriza su trabajo al aumentar la demanda”.

El restaurante de kilómetro cero del hotel Torre del Marqués. Foto: Sergio Padura.

Castellarnau recuerda su última visita a la vivienda que construyó en el municipio de Ayerbe (Huesca), donde construyó una casa que también fue galardonada (Premio Sostenibilidad García Mercadal en 2018). “Un día me encontré en el patio con dos señores del pueblo que discutían sobre si la casa era antigua o era nueva. Creo que la arquitectura del futuro es eso: pararse a mirar alrededor y comprometerse con las personas, buscar el equilibrio, algo que no pasa en las ciudades modernas, inhabitables y patológicas”.

Esa capacidad de adaptación quedó demostrada en otra vivienda en el valle de Gistaín, donde se encuentra el pueblo de Plan, que se hizo famoso hace años por su caravana de mujeres. Allí, Ángels optó por utilizar como aislamiento la lana de oveja de la comarca, dando salida y poniendo en valor un material que estaba muy devaluado. “Cuando empezamos un proyecto, pienso que nuestra propuesta tiene que generar cambios beneficiosos. Es una arquitectura que da un paso adelante, en lo material y en lo social. Normalmente intervenimos en zonas con pocos recursos, deprimidas, porque en el mundo rural es su realidad y siempre intentamos que el diseño empodere al constructor local, que participe en la obra”.

En un país donde, de media, cada vivienda emite 12 toneladas anuales de C02, a sumar a las que generó su construcción, y que no se disolverá en el paisaje cuando deje de ser útil, propuestas como las de esta arquitectura en tierra suponen el regreso a un pasado, remozado en el presente, que piensa en un futuro en el que los muros y paredes sean acogedoramente naturales.

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Comentarios

  • Nana

    Por Nana, el 14 julio 2021

    Hola:
    Estoy interesada en recibir artículos. Muchas
    Gracias.

    Un cordial saludo,

    Nana

  • Ricardo W Pita

    Por Ricardo W Pita, el 15 julio 2021

    Me congratulo, al conocer, que hay personas dedicadas a contribuir a éste tipo de artículos. Gracias por compartir. Felicitaciones.
    Saludos desde Boynton Beach, Florida, USA 👍

  • Elene

    Por Elene, el 15 julio 2021

    Me gustan tu estilo y los temas que tratas. Gracias

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