‘Años de Trece Meses’: 13 mujeres poetas

‘Años de Trece Meses’: 13 mujeres poetas

La Albufera de Valencia. Foto: M. Cuéllar.

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Leemos ‘Años de Trece Meses’ (recientemente publicado por la editorial Demipage). Un pequeño gran libro que reúne a 13 autoras de la poesía actual en lengua española (cinco poemas cada una), desde Piedad Bonnett a Blanca Andreu, Luisa Castro y Pilar Adón. Nos detenemos, a través de sus versos, en la estrecha vinculación de las emociones que plasman estas mujeres con la naturaleza. Hasta convertirse en reflejo mutuo.

“Recoge la cosecha de los días, / su cereal, su polen, / sus bayas inservibles, sus cortezas amargas, / su reseca raíz, sus vainas huecas, / su escasísima pulpa azucarada”. Así lo plasma Aurora Luque (Almería, 1962) en Cosecha.

Y Asunción Escribano (Salamanca, 1964), que recientemente ha publicado El canto bajo el hielo (Ediciones Carena), desea pactar con las aves:

“Compases de aleteos, / mis hermanos. / La derramada claridad de sus figuras. / Su balsa leve. / Y fue una venturosa sucesión / de manantiales, / apenas un ingrávido murmullo / de guijarros. / Hice entonces un pacto / con las aves: / ser liviano es un don que admite el vuelo”.

Francisco Javier Irazoki –poeta, periodista musical, crítico de poesía en El Cultural– se ha encargado de la selección, y sabiamente ha optado por el poso en vez de dejarse arrastrar por la moda del fogonazo de la juventud por la juventud. El libro recoge y acoge desde Piedad Bonnett, nacida en 1951, a Rosa Berbel, de 1997. De hecho, la decisión editorial ha sido ordenarlas por edad, de más a menos, para mostrar esa biodiversidad, que es la garantía más segura de solidez (en cualquier ecosistema, también en las sociedades humanas). Dice la contraportada del libro: “Mostramos literatura de estéticas variadas. El surrealismo, la sensualidad libre, la exuberancia, la reflexión o el minimalismo caben en estas páginas”. Todas ellas han publicado profusamente en editoriales centradas en la poesía, como Visor, Hiperión, Huerga y Fierro, La Bella Varsovia…

Otras tres poetas proyectan el paso del tiempo –junto con el deseo y el desamor, uno de los ejes más visibles de este compendio de poemas, herméticos a menudo– a través de imágenes naturales.

Isabel Bono (Málaga, 1964), que ha publicado en 2021 Me muero (Bartleby), remueve con impactante sencillez los posos de la infancia: “alguien guarda células del delfín de río / esperando quizá / un mundo más razonable para insuflarles vida / pero ¿quién guarda células / del sol de la infancia?”.

Pilar Adón (Madrid, 1971), una habitual de la editorial La Bella Varsovia, se muestra tan sencilla como rotunda, directa a lo más hondo, en el poema XIX: “Florecerá la rama que me raja por dentro. / Tantas hojas en torno a mí”.

Y Raquel Lanseros (Jerez de la Frontera, 1973) explica así la traición del paso del tiempo: “Igual que una culebra fingidora / el tiempo suele darnos la ventaja / de pensar que no existe su amenaza. / La juventud, efímera y hermosa, / lo retiene cobarde en el fondo del lago”.

Piedad Bonnett (Amalfi, Colombia, 1951), toda una experta en crear imágenes, que en 2021 ha publicado Lo terrible es el borde (Visor), escribe así en Armonía, otro de los poemas reunidos en Años de Trece Meses:

“Oye cómo se aman los tigres / y se llena la selva con sus hondos jadeos / y se rompe la noche con sus fieros relámpagos. / Mira cómo giran los astros en la eterna / danza de la armonía y su silencio / se puebla de susurros vegetales”.

Maite Pérez Larumbe (Pamplona, 1962) nos transmite lo macro en lo micro y lo micro en lo macro –quizá la clave de acertar en las miradas y perspectivas (y no nos damos cuenta)– en Ciencias Naturales:

“Hay más vacío que materia en el interior de un átomo. / Dentro de la piedra se repite el fenómeno. / Y lo mismo se puede afirmar de cualquier muro. / Inconsistencia interna. Partículas que la tensión mantiene suspendidas”.

Y así es la extraña y solitaria noche para Blanca Andreu (A Coruña, 1959): «He aquí la noche como un nudo, amor mío, en un nudo»… «Extraño el grito de los chacales mártires / y los pequeños búhos en santidad, / el amor y su óxido y el pato que se escapa del estanque, / la oca ebria con su aureola de alcohol, lo que inexiste».

Lo que inexiste.

Quiero terminar con Luisa Castro (Foz, Lugo, 1966), por quien esto escribe –haciendo compilación de la compilación– siente debilidad desde hace décadas. Esta escritora, autora de una decena de grandes libros de poemas, aparte de media docena de novelas, describe el desamor como una tormenta. Y así nos gusta terminar:

Rebosante como nube que avanza / se anuncia inclemente / el animal ligero del desamor. / Ya la primera vez se aparece / y nunca más / deja de crecer / ese vientre preñado del mundo / que alberga todas las posibilidades / y sólo ante una cede. / Galopa en su busca / el jinete incansable del desamor”.

Animales ligeros de desamor, susurros vegetales, tantas hojas en torno a mí, ¿quién guarda células del sol de la infancia?


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