El Atlas de las Aves en España, radiografía de una crisis

El Atlas de las Aves en España, radiografía de una crisis

Cogujada común, ave abundante, pero muy afectada por la transformación del medio agrario. Foto: Dave Montreuil.

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Los mapas sobre los lugares donde anidan las aves esteparias, las de alta montaña, o las que nos llegan desde África se han modificado en las últimas décadas como consecuencia del cambio climático y de la crisis de la biodiversidad causada por una agroindustria creciente. El ‘III Atlas de las Aves en Época de Reproducción en España’, de SEO/BirdLife, es mucho más que un compendio de mapas: es una exhaustiva radiografía de la situación de las aves en un país que cuenta con ocho especies únicas en el mundo y al menos 10 endémicas a escala europea. Es más, otras 32 especies de este continente tienen mas del 75% de su población en nuestro territorio.

Nuestras aves esteparias –el sisón, las perdices, las avutardas o las codornices– desaparecen casi al mismo ritmo que nos llegan otras africanas que nuestros padres y abuelos no vieron nunca surcar los cielos. Las de alta montaña ya no pueden criar como antes y especies acostumbradas a volar por la costa del Mediterráneo, como la curruca cabecinegra, ahora ponen sus huevos en Galicia o en los Pirineos.

Esta nueva edición del atlas, que cuenta con más de 2.100 mapas y 900 gráficos, además de ilustraciones del artista Juan Valera, no sólo nos dice por dónde habita y cría cada especie, sino que refleja el diagnóstico de los males que las aquejan, un asunto que preocupa, y mucho, no sólo en sectores conservacionistas de este país sino en toda Europa, como se ha visto en las últimas semanas por las reacciones en el extranjero por el deterioro ambiental de espacios de gran riqueza ornitológica como son Doñana o el Mar Menor.

Este nuevo y exhaustivo trabajo que, como señalan sus autores, no hubiera sido posible sin la ayuda de más de 3.000 colaboradores durante cinco años, ha requerido más de 25.000 jornadas y 19.000 kilómetros recorridos con los prismáticos o telescopios a cuestas para ser una realidad. “Nos habla de lo que hacemos en SEO/BirdLife, que es proteger y defender a las aves, pero también de cómo lo hacemos, poniendo la tecnología a su servicio”, destacaba la directora de la organización, Asunción Ruiz, en su presentación hace unos días.

Ruiz aprovechó el evento para recordar lo que es hoy una de las preocupaciones de la organización: “La transición ecológica real debe contar con nuestra naturaleza. En unos días se aprueba un Real Decreto como respuesta a la crisis generada por la guerra de Ucrania y ahí se incorporan medidas que afectan a nuestras aves; es verdad que es un plan con buenas medidas para los vulnerables, pero no se puede generar un problema mayor a la biodiversidad”.

Para realizar esta radiografía geográfica ornitológica, los técnicos y expertos de SEO/BirdLife dividieron el país en unas 5.400 cuadrículas de 100 km cuadrados. Sólo 250 quedaron sin ningún dato, lo que convierte a esta publicación, por primera vez on line, en un instrumento fundamental para científicos, administraciones y aficionados a las aves en general, como destacaba Juan Carlos del Moral, coordinador de Ciencia Ciudadana en la ONG.

El Atlas nos habla de la fastuosa riqueza ornitológica de nuestro país, de su distribución y su evaluación, pero también de las tendencia hacia las que vamos, que no son halagüeñas. Según los datos, tenemos 450 especies en la primavera, de las que 288 son autóctonas y se reproducen en nuestro territorio, pero resulta que ahora también lo hacen 14 especies exóticas, cuando en 1972 apenas eran cuatro.  De hecho, en total se han detectado 66 especies de aves que no figuraban en el anterior atlas (2003), ni mucho menos en el primero de 1972. En número de cotorras argentinas, por ejemplo, se confirma que lideramos el ránking europeo.

Un ejemplar de ganga ortega. Las aves esteparias se ven especialmente acorraladas por malas prácticas agrícolas. Foto: Shutterstock.

Si el aumento de aves exóticas es preocupante, también lo es que otras seis que sí criaban en España ahora ya no lo hagan, entre ellas el torillo andaluz, el arao común y la gaviota tridáctila. Las perdimos y se pueden dar por extintas. Sin llegar a este extremo, también son muchas las que están en declive a causa de la nefasta gestión del medio agrícola. Entre las más dañadas, las mencionadas esteparias. Así como el abandono del campo en algunas zonas está aumentando las masas forestales y las especies ligadas a estos hábitats también lo hacen, en las estepas se detecta que pasa justo lo contrario, tanto por la expansión de los parques eólicos como por la desaparición del secano para convertirse en regadío. Sólo la codorniz ha desaparecido del 14% de los lugares que ocupaba hace 20 años –pese a lo cual, sigue siendo especie cinegética–, el sisón en más del 20% y la alondra ricotí y la hubara ya están en peligro.

Esa relación entre la desaparición de aves y la agricultura es igualmente evidente al ver el mapa de la cerceta pardilla, que ya no se encuentra en más de la mitad de los lugares por los que volaba –ni una queda en Murcia, donde recordemos está implantada una expansiva agro-industria– o el del alcaudón chico, cuyas parejas reproductoras desde 2010 apenas ocupan ya un radio de 10 kilómetros. Imposible no mencionar el caso de los urogallos, cada día menos presentes en el norte.

A esa gestión del campo, se añade el imparable cambio climático originado por el ser humano en menos de 80 años, que a muchas las va cambiando de lugar porque, como recordaba el técnico Blas Molina, “las especies se adaptan, pero a largo plazo, y van cambiando de lugar cuando pueden”. Así que ahora tenemos a las tórtolas senegalesas en Canarias y Cádiz, y los vencejos cafre africanos han aumentado en nuestros cielos hasta un 132%, porque les gusta el territorio que camina sin pausa hacia la desertificación. Luego están las aves que cambian de lugar dentro del país, como el zorzal común, que antes soportaba el clima en toda la península y ahora sólo aguanta en la mitad norte, adonde se ha desplazado, aumentando su población.

En el  otro extremo, las aves de alta montaña que ya no saben dónde ir y desaparecen al ver reducido su hábitat, como es el caso del gorrión alpino. Sólo cuando se trata de especies con programas de conservación específicos mejora el panorama, como con el águila imperial, en claro aumento, o el quebrantahuesos.

“El patrimonio natural es único y es lo que nos hace resilientes y soberanos de cara al futuro, así que no podemos perderlo para las próximas generaciones. El mundo debe escuchar a las aves, porque nos hacen más falta que nunca y el momento es ahora. No podemos esperar, porque no tenemos tiempo”, insistió la directora de SEO/BirdLife, organización que lleva 68 años cuidando las aves en España.

El hecho de que este Atlas de las Aves sea por primera vez realizado en versión on line –puede consultarse en www.atlasaves.seo.org – ha permitido incluir mucha más información que en versiones previas para cada una de las especies analizadas: mapas de dónde crían y por dónde se mueven, su situación en Europa, posición en las listas rojas de conservación, tamaño de sus poblaciones y hábitats, bibliografía… “Al final”, concluyó Asunción Ruiz, “vemos que unas ganan y otras pierden en toda nuestra geografía, lo que nos permite saber cómo se están adaptando a los cambios y también cómo nos podremos adaptar nosotros”.

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Comentarios

  • angel coronado

    Por angel coronado, el 13 abril 2022

    Toda mi admiración por el nuevo mapa de las aves en el península ibérica y me pregunto con declarada curiosidad sobre si en dicho mapa se incluye también Portugal, porque si bien es cierto que alguna frontera (¿cómo llamarla?: ¿”artificial”?) artificial, administrativa, política o algo así, debe haber (en este caso la cuadrícula de los 100 km2 o también, acaso, la de los Pirineos por razones de pura viabilidad), la frontera entre España y Portugal la entiendo como a todas luces improcedente. Y no, desde luego y tan sólo por ser puramente natural el objeto del estudio en cuestión (territorios propios de especies animales) sino porque también a la cultura humana procede tener en cuenta ese tipo de fronteras que no son ni artificiales ni administrativas ni políticas ni nada que ver con ellas.
    Me pregunto, por ejemplo: ¿por dónde pasa la frontera que separa La Mancha de La Alcarria?, o también: ¿por dónde la que separa la región en la que un roto en el calcetín se llama tomate frente a la que a lo mismo se llama patata, o la que pasa entre la que la urraca es urraca o, por el contrario marica? Porque dichos territorios, siempre fundamentales, no lo son tan sólo para un objetivo concreto (en nuestro caso la ornitología) sino para cualquier disciplina humana en general.

  • Fernando Pinto Velasco

    Por Fernando Pinto Velasco, el 14 abril 2022

    Muy bien relatado, realmente es la preocupación que nos mueve al colectivo de ornitólogos a investigar qué sucede a las aves con el cambio climático.

  • ESTEBAN HERRADÓN VAQUERO

    Por ESTEBAN HERRADÓN VAQUERO, el 16 abril 2022

    Enhorabuena por el atlas de las aves, es bastante preciso, aunque entre los factores que influyen en la desaparición del número de algunas especies, se os ha olvidado uno importantisimo. Me refiero al daño que hacen algunas especies a nuestras aves, como es el caso de los gatos asilvestrados y del incremento exponencial del meloncillo.
    Yo pateo el campo a diario y he colaborado con SEO en catalogacion de aves y he podido comprobar como todas las crias de las aves que anidan en el suelo son victimas del meloncillo. Aquí en la zona centro con mis 56 años, jamás había visto el expolio de nidos de aves terrestres que hacen los meloncillos, al igual que sobre las culebras, lagartos o cualquier animal que se encuentren.
    Es espectacular, considero que hacen un daño igual o superior que el tema de la siega del ceral en verde, otra aberración que tenía que estar prohibida, no se puede segar un campo a ras del suelo en el mes de abril o mayo.
    Atentamente Esteban Herradón.

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