Blas Matamoro: “No creo que la derecha disparate con el tema gay”

Blas Matamoro: “No creo que la derecha disparate con el tema gay”

El escritor y activista LGTB+ Blas Matamoro. Foto: Adela Fantín.

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Blas Matamoro (Buenos Aires, 1942) es un escritor, crítico, ensayista y traductor de nacionalidad argentina y española. En España es especialmente conocido por su labor como crítico musical y literario, pero tanto su obra como su activismo han estado muy ligados al movimiento LGTB+. En 1971 fundó en Buenos Aires, junto a un grupo de activistas e intelectuales argentinos, el Frente de Liberación Homosexual (FLH), una de las primeras organizaciones LGTB+ del mundo. Además de Blas Matamoro, entre los fundadores de esta sociedad clandestina se encontraban personas tan conocidas como el dirigente sindical Héctor Anabitarte, el escritor Manuel Puig, el poeta Néstor Perlongher y el sociólogo y filósofo Juan José Sebreli. Hablamos con él del antes y del ahora en el movimiento LGTB+, a raíz de la reedición de dos novelas suyas de los años 80, ‘Las tres carabelas’ y ‘La canción del pobre Juan’.

El FLH nació como una asociación de defensa de los derechos de los homosexuales de ideología revolucionaria e izquierdista, muy próxima al comunismo. Funcionaba en pequeños núcleos independientes, formados por colectivos con algunas diferencias: Nuestro Mundo (obreros), Safo (lesbianas), Eros (estudiantes universitarios) o Bandera Negra (anarquistas) fueron algunos de los grupos más destacados.

Blas Matamoro nació y vivió en Argentina hasta 1976, año en que su obra Olimpo fue censurada por la dictadura militar por ir en contra de la moral cristiana. Tras este episodio, emigró a Madrid, donde sigue viviendo a día de hoy.

La editorial argentina Blatt&Ríos ha rescatado dos novelas de Blas Matamoro escritas en los años 80 –Las tres carabelas y La canción del pobre Juan– y las ha publicado en el volumen conjunto de reciente lanzamiento Las tres carabelas. Dos obras en las que retrata, de una forma reflexiva y ligera, las dinámicas culturales y sexoafectivas de los hombres homosexuales en Argentina a finales del siglo XX. Sobre esta obra, su papel en el Frente de Liberación Homosexual o la lucha por los derechos LGTB+ charlamos con él para El Asombrario.

‘Las tres carabelas’ se publicó originalmente en 1984, pero lo que cuenta sigue resultando muy actual y reconocible, ¿qué supone para ti el redescubrimiento y reedición de tu obra 37 años después? 

Produce un sentimiento de lejanía y extrañeza, como si el libro hubiera sido escrito por otro. Así, el juicio crítico es más libre y eficaz. En general, volver sobre un momento del pasado es retornar sin retorno, porque la vivencia del instante ha desaparecido. Quedan los restos de la memoria, pero no lo vivo del momento único. También he experimentado algo que sólo pueden traer los años: que mis libros tienen lectores mucho más jóvenes que yo y, más que dirigirme a ellos, son ellos quienes me interpelan. Por usar un lugar común: son frutos tardíos pero, por lo mismo, muy sazonados.

En el libro se describe con detalle la iniciación y el descubrimiento del protagonista de su homosexualidad, siguiéndole a través de la niñez, adolescencia y juventud, ¿cómo se vivía siendo gay en Argentina en aquella época?

A mediados de los años cincuenta, en mi adolescencia, no había paradigmas que imitar ni códigos públicos de conducta, como hay ahora. Lo gay es público y notorio, diría que hasta vulgar. Entonces había que descubrir en uno mismo la identidad sexual y luego buscar a semejantes, ir formando una suerte de sociedad secreta con sus propios modelos y leyes, lugares y contraseñas. La familia era un escollo que se debía sortear, bien por el silencio y el sobreentendido, bien o mal por el conflicto. En los lugares de estudio había más flexibilidad, sobre todo en el medio universitario. En el trabajo podía pasar cualquier cosa, incluida la agresión.

¿Cómo recuerdas los tiempos de la fundación del Frente de Liberación Homosexual junto a Juan José Sebreli, Manuel Puig y Néstor Perlongher?

El FLH se fundó en mi casa en 1971. Fue una iniciativa de Héctor Anabitarte, que luego se vino a España cuando la dictadura, un dirigente gremial del sindicato postal. Nos juntamos varios escritores: Manuel Puig, Juan José Sebreli y Juan José Hernández. Se compuso una asociación clandestina, formada por pequeños núcleos independientes que usaban el mismo marchamo y aparecíamos en los medios con pseudónimos. Perlongher vino después con su propio grupo, que se llamaba Eros si mal no recuerdo.

¿Cómo describirías en pocas palabras a cada uno de ellos?

Sebreli era y es un escritor de sólida formación libresca: existencialismo, sociología de la escuela de Chicago, los filósofos de Frankfurt, los distintos marxismos, un gran lector de literatura y muy aficionado al cine. Puig era afecto a las subliteraturas: radioteatro, novela en capítulos de los semanarios para señoras, ciertos guiones del cine norteamericano. Impuso el gusto camp, muy de moda en los años sesenta. Perlongher era más bien un seguidor de Jean Genet y de la cultura cirquera, una suerte de bohemia pintoresca cercana a la marginalidad. Necesitaba ser subversivo y provocador, de tinte ácrata, con algo de sacrificial, de santo maldito. El FLH fue más bien reformista y propiciaba derogar las normas que perseguían a los gays o facilitaban su represión policial.

¿Cómo viviste la emigración a España tras la censura de tu libro ‘Olimpo’?

Sobre el tema habría que escribir un libro de respuestas. La emigración forzosa tiene un aspecto doliente, el duelo por todo lo perdido: familia, amigos, enemigos, casa, objetos acumulados durante años, lugares habituales, en fin: mundo. Por otro lado, es un desafío para conseguir lugar y reconocimiento, lo cual obliga a inspeccionar el nuevo sitio mundano, para el caso la España de la transición. Además, se trataba de no vivir el destierro como castigo, como padecimiento porque entonces daríamos la razón a los expulsadores. Para alguien que escribe en español, como yo, es una experiencia muy enriquecedora porque se gana competencia lingüística. Se aprenden nuevas palabras y hay más material para escoger.

¿Encontraste mucha diferencia en cuanto a tolerancia con la homosexualidad entre España y Argentina?

Me sorprendió la fácil tolerancia social que advertí en Madrid. Nunca tuve inconvenientes con vecinos y compañeros de trabajo. Al contrario, era una época en que se cultivaba modernizarse y ponerse al día, incluida la homosexualidad que enseguida tomó estado público. Yo esperaba una España anquilosada por el franquismo y hallé, en cambio, una sociedad dinámica y muy activada, por lo que se llamó el desmadre padre de la transición. Es la ambivalencia del alma española: una sociedad antigua y jerárquica y un pueblo anárquico y cachondo.

¿Cómo ves la lucha y el activismo por los derechos LGTB+ hoy en día en España? 

Muy bien organizado, de excelente nivel intelectual y muy combativo cuando hace falta el combate.

¿Crees que un movimiento como el FLH tendría sentido en estos tiempos? 

En estos tiempos no tendría sentido práctico un movimiento clandestino. El tema gay es público y notorio, de modo que lo oculto ya carece de vigencia social.

¿Qué conquistas legales, sociales y políticas  crees que aún faltan los conseguir a la población LGTB+?

En lo legal creo que se ha conseguido lo que faltaba. En lo político, dado que hay dirigentes de las derechas que se manifiestan homosexuales y se casan con sus parejas, ya la cosa se ha aclarado bastante. En otros ámbitos como las fuerzas armadas y el deporte sigue habiendo bastante penumbra.

Con un partido de ultraderecha presente en las instituciones españolas, y con su mensaje amplificado por los medios a diario, ¿crees que se está recrudeciendo el discurso contra lo diferente? ¿Estamos más en peligro que hace unos años?

Vox es un partido marginal y habrá que ver si dura y se expande o si le espera el destino de Ciudadanos y Podemos. No creo que la derecha convencional se ponga a disparatar con el tema gay, porque no es un asunto rentable en la actual sociedad española. Habrá siempre trogloditas que agredan a gente gay como habrá siempre ladrones y maridos que asesinen a sus mujeres, pero no se trata de movimientos de masas ni de códigos sociales mayoritarios.

Y para terminar, te vamos a pedir un par de recomendaciones:

Un libro de temática LGTB+ que te parezca relevante reivindicar.

Historia de la homosexualidad en Europa: Berlín, Londres, París 1919-1939, de Florence Tamagne.

Una película española que aborde la homosexualidad.

A un dios desconocido, de Jaime Chávarri, y Segunda piel, de Gerardo Vera.

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Comentarios

  • Héctor Anabitarte

    Por Héctor Anabitarte, el 18 mayo 2021

    Muy agradecido por la entrevista a Blas Matamoro , un histórico de una lucha aún actual. Por favor necesito su correo electrónico, lo tuve durante años pero no lo encuentro.

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