La brutal avalancha de más de 8.000 molinos en las montañas del Norte

La brutal avalancha de más de 8.000 molinos en las montañas del Norte

Molinos en Valdesamario, León.

Menéalo

Con la Transición Ecológica/Energética, la avalancha de peticiones para instalar miles de aerogeneradores en todo el Norte, desde la Rioja hasta Galicia, es de tal envergadura que ha levantado auténtica alarma social en esa España Vaciada de la que nadie parece acordarse si no es para industrializarla, bien con macrogranjas bien con megapolígonos eólicos. La alarma ha estallado por el destrozo en la biodiversidad y mundo rural que se avecina. Ahora mismo están en tramitación nada menos que 338 parques con 3.825 aerogeneradores. Y se calcula que de aquí a fin de año pueden entrar en tramitación otros tantos. Avalancha que vendría a sumarse a los ya existentes, unos 7.000, concentrados con avaricia en zonas como el norte de Burgos, comarca de Las Merindades. La sociedad se está organizando para decir ‘RENOVABLES SÍ, PERO NO ASÍ’. Para explicarlo, hablamos con Ernesto Díaz Otero, coordinador de la Plataforma para la Defensa de la Cordillera Cantábrica, que reclama a la vicepresidenta Teresa Ribera sensatez, criterio, planificación, que se siente a escuchar y poner orden para no destruir de modo irreversible nuestros horizontes.

Ernesto, lo primero: cuéntanos quiénes sois.

La Plataforma para la Defensa de la Cordillera Cantábrica nació en 2004; somos una asociación con un claro perfil de ecologismo ligado a la biología de la conservación. De esa línea de trabajo proceden muchos de sus integrantes. Somos una asociación pequeña, en torno a los 50 socias y socios de todo el ámbito cantábrico, con un alto grado de implicación y conocimiento del territorio y sus problemas de conservación. Desde el principio, y así lo recogimos en nuestros estatutos, nos fijamos como objetivo demandar la conservación de la Cordillera como una unidad ambiental y paisajística, un territorio que no puede definirse ni gestionarse como las montañas de aquí o de allá: son las montañas del Norte. Unas montañas que han sido intensamente explotadas, particularmente, por los avances tecnológicos y el incremento del consumo de recursos, en los últimos 50 o 60 años. En ese periodo, de estas montañas se han extraído minerales como el carbón, una explotación que dejó una huella aún hoy visible y que va a perdurar durante muchas décadas en forma de escombreras, laderas arrasadas a cielo abierto, pistas, etc…; también pizarras, con territorios devastados en Valdeorras, Courel y La Cabrera, y áridos de distinta naturaleza, con efectos notabilísimos en el norte de Burgos, por ejemplo. De la Cordillera Cantábrica se ha extraído y explotado el agua en forma de grandes embalses que han anegado miles de hectáreas y decenas de pueblos, con casos como el de Riaño (León), en 1986.

A todo ello se suman décadas de una pésima gestión ambiental por parte de las distintas administraciones, incluso podemos hablar de una decadencia en esa gestión, que ha ido derivando en apoyar actuaciones de aprovechamientos en detrimento del bien común que representa un medioambiente amparado y bien conservado. Todo ello en un tesoro natural como es la Cordillera, el espinazo más sureño y occidental de los bosques y las faunas del Gran Norte; un tesoro que es, además, muy frágil, porque hablamos de una pequeña cadena montañosa aislada de los grandes sistemas europeos y rodeada por poblaciones urbanas de gran tamaño.

Y en ese contexto aparece ahora la amenaza de nuevos grandes complejos de renovables, que será un golpe de gracia, porque no debemos olvidar que, a día de hoy, desde el norte riojano hasta las costas de Fisterra, hay unos 7.000 aerogeneradores instalados. Por ello nos embarcamos en, quizás, nuestro mayor reto en estos 18 años de asociación: el Fondo para la Defensa Jurídica de la Cordillera Cantábrica, proyecto que impulsamos junto a otras cinco entidades (Asociación para a Defensa Ecolóxica de Galiza), la Sociedade Galega de Ornitoloxía, Bierzo Aire Limpio, Plataforma para la Defensa de los Valles Pasiegos y Mesa Eólica de Las Merindades de Burgos ) con el fin de detener esta nueva amenaza.

Después de insistir tanto en la necesidad de acabar con la dependencia de los combustibles fósiles y de acelerar la transición energética, ¿cómo le explicamos al común de la sociedad esta oposición?

No debatimos sobre la necesidad de ir a una transición energética, está fuera de toda duda que descarbonizar es una emergencia. Ni nos oponemos a la aplicación de medios de aprovechamiento de fuentes renovables. El debate está en el cómo y en el dónde. Como dije antes, hay miles de aerogeneradores instalados en toda la franja norte, con zonas ya saturadas de complejos, como el norte burgalés o algunas zonas de Galicia, incluso con algunos complejos que han invadido espacios de la Red Natura. El impacto ambiental y paisajístico que ya genera lo que hay instalado es elevado. El problema al que nos enfrentamos es que se plantea la instalación de un número aún mayor que el ya existente, con mayor difusión espacial, con complejos de tamaños inimaginables, con una red de líneas eléctricas de evacuación gigantesca y con un conjunto de viales que dan acceso a zonas hasta ahora muy poco alteradas en las cuerdas de las montañas. Los planes del Gobierno son inasumibles y nuestra respuesta es clara: RENOVABLES SÍ, PERO NO ASÍ.

Mapa de la Plataforma para la Defensa de la Cordillera Cantábrica que muestra los municipios con más presión de molinos en el norte de España. En rojo, municipios con proyectos ya instalados y proyectos en tramitación. En amarillo, zonas con polígonos eólicos ya instalados pero con ninguno aún en tramitación en la actualidad. En azul, municipios en los que no hay instalaciones de aerogeneradores, pero sí proyectos en tramitación.

¿Realmente son tan preocupantes los planes a corto y medio plazo? ¿De qué cantidad de potencia y aerogeneradores estamos hablando?

Estamos hablando de que ahora mismo están en tramitación 338 parques con 3.825 aerogeneradores en Euskadi, La Rioja, Cantabria, Asturias, Galicia, León, Zamora, Palencia y Burgos. Pero contamos que de aquí a fin de año entrarán a tramitación otros tantos. A eso hay que sumar los ya existentes en estas zonas, más de 7.000. Hicimos una infografía muy visual: con molinos cada 100 metros (que es a la distancia a la que suelen estar los actuales), solo con los que hay ya instalados, haríamos una línea sin interrupción desde Roncesvalles hasta Finisterre. Y ya sabes los que hay instalados en la Comunidad de Madrid, ¿no? Cero. Cero.

Para que cualquier persona lo pueda entender: estamos hablando de que, entre complejos eólicos instalados y proyectados, en Galicia se verían afectados más del 60% de los municipios, un porcentaje similar en todo el sur de Cantabria y otro tanto en territorios como la mitad norte burgalesa o el occidente asturiano. Eso solo hablando de eólica. A ello hay que sumar los planes de complejos fotovoltaicos en la cara sur de las estribaciones de la Cordillera, con proyectos en Zamora, León, Palencia… Cada complejo eólico lleva aparejados decenas de kilómetros de vías de acceso a lo más remoto de las montañas, líneas de evacuación y subestaciones eléctricas. Estamos hablando de una industrialización, sin comillas, del territorio. Actualmente hay cientos de complejos en tramitación desde Euskadi hasta Galicia, ocupando un cuarto del territorio del Estado.

Y sí, son planes más que preocupantes. Estamos asistiendo a una nueva desamortización que, como las de Mendizábal y Madoz del siglo XIX, puede tener graves efectos ecológicos. Entre 1836 y 1900 se pusieron en el mercado (desamortizaron) unos 7 millones de hectáreas de baldíos, ejidos, dehesas, pastizales y monte alto y bajo. A la venta siguió, en buena medida, la roturación o rompimiento de unos espacios que mantenían hasta entonces un grado notable de naturalidad, hasta el punto de que, para los historiadores, las desamortizaciones del XIX han sido el “mayor desastre ecológico de nuestra historia forestal”. Creemos que la magnitud de espacios naturales afectados por el actual despliegue industrial de renovables es equiparable al que en el siglo XIX se rompió para usos agrícolas y ganaderos, y desde nuestro punto de vista, no andará a la zaga en cuanto al desastre ecológico que supondrá para nuestro patrimonio natural.

Sería un paso más en la industrialización del campo… Joaquín Araújo habla de que no podemos ahora destrozar todos nuestros horizontes… Concretamente, ¿qué amenazas veis con tal avalancha de parques eólicos solicitada, al paisaje, la población, la naturaleza, las aves, el turismo rural…?

Sin ninguna duda. Es, efectivamente, una industrialización. Curiosamente, además, sin tratarlo en su tramitación ni en su fiscalidad como tal. Terrenos que eran montunos o agrarios los convierten, de la noche a la mañana, en un aprovechamiento claramente industrial. En Galicia se puso hace unos meses en marcha una campaña, en la que participamos, con el lema Aldeas con horizonte. Los horizontes de este país, si prosperan los planes, van a cambiar radical y negativamente. El paisaje, un bien común que tanto inspiró en la pintura o en la literatura, será alterado para siempre. Que nadie se engañe, si dentro de 50 años surgen nuevas fuentes de generación, la mayoría de los complejos eólicos van a quedar sin desmantelar, por no hablar de la reciclabilidad de todos estos materiales, que contienen metales raros. Por supuesto, el impacto sobre la naturaleza es inasumible: hablamos de muchos miles de aves, quirópteros e invertebrados muertos por colisión, alteración de zonas de migración, efecto barrera para los mamíferos terrestres… Para las poblaciones locales es pan para hoy y hambre para mañana. Las compensaciones que abonan las promotoras son limosnas y esos territorios quedan inhabilitados para el aprovechamiento turístico, nadie va a hacer turismo de montaña para ver complejos eólicos, todos buscamos paisajes cuidados, bosques y enclaves donde manden el silencio y la naturalidad.

¿Pero realmente creéis que se van a poner en marcha tantos?, sería una nueva burbuja preocupante, quizá solo sean peticiones para reservar sitio y que no se lo den a otro…

Obviamente, todo lo que hay en tramitación no puede ponerse en marcha, entre otras cosas porque el desbarajuste al que nos ha llevado la desordenada acción política en los últimos tiempos hace que nos encontremos con proyectos que, literalmente, se pisan; ubicaciones de aerogeneradores idénticas para distintos proyectos de distintas promotoras tramitados por distintas administraciones, la estatal y las autonómicas. Este absurdo lo acabamos de ver hace pocos días.

Y sobre la prevención que señalas, esto no es el Yukón y no estamos en el siglo XIX, no se trata de llegar con una mula y una pala y reclamar sitio, aunque por lo que está sucediendo, lo parezca. Ese es el problema: el desorden al que ha llevado la inacción del Gobierno, principalmente el estatal.

El sentido común nos dice que para poner en marcha un proceso tan relevante como es una transición energética, lo primero que ha de asentarse es una normativa, una planificación, una evaluación ambiental estratégica y, en un estado autonómico como el nuestro, una armonización con los planes de los distintos territorios. ¿Se ha hecho así? De ninguna manera. El Plan Nacional Integrado de Energía y Clima y la Ley de Cambio Climático se aprueban en marzo y abril de 2021 y los planes autonómicos o están en fase de revisión o son viejos, se están modificando las normativas de tramitación administrativa, y revisando las zonificaciones allí donde existen o haciéndolas allí donde no las hay… Pero mientras todo esto sucede, desde mediados de 2020 comienzan a aparecer decenas y decenas de proyectos, saturando toda posibilidad de participación ciudadana, creando un estado de alarma social y una sensación de indefensión.

¿Quién debe detener esto? Por supuesto, el Gobierno español. Lo razonable es detener todo, declarar un paréntesis, asentar todas las normas y, a partir de ahí, abrir el proceso de presentación y tramitación. Todo lo que no sea eso será contraproducente, no solo hacia la biodiversidad y el paisaje, sino también hacia la salud democrática del país.

¿Quién está detrás de este desarrollo eólico?, ¿las grandes eléctricas?

Pues quien está siempre detrás de toda especulación, las grandes compañías, y las pequeñas que aspiran a ser grandes: grandes compañías de la energía que son las que nos han conducido a esta situación de emergencia climática, las que han estado quemando combustibles fósiles como cosacos hasta ayer. Ahora se colocan una hoja en el logotipo y nos ponen música chill out en los anuncios. Y la vicepresidenta y ministra para la Transición Ecológica y Reto Demográfico, Teresa Ribera, se va a desayunar con ellos en una conferencia de éstas con zumo y café y dice que los ecologistas periféricos como nosotros somos unos alarmistas.

El proceso está siendo tan grosero que, por ejemplo, las declaraciones de utilidad pública de las instalaciones de energías renovables se han convertido en mecanismos de presión en la negociación con los propietarios de los terrenos afectados, encubriendo una expropiación en toda regla.

La euforia de las renovables tiene similitudes con el desarrollo del ferrocarril en el siglo XIX y no es aventurado asegurar que tendrá, como las recientes burbujas de las puntocom, de las hipotecas subprime o del ladrillo, su correspondiente estallido y consecuente desastre financiero. En el actual despliegue renovable se pueden identificar los mismos movimientos especulativos, la misma proliferación de sociedades promotoras, el mismo exceso de oferta… Si en el siglo XIX la moda era invertir en ferrocarril, en la actualidad lo verde y lo renovable es lo que atrae los capitales especulativos. Es lo que vende. Hace siglo y medio, la cruda realidad vino a poner las cosas en su sitio: excesiva oferta, falta de demanda real, depreciación bursátil, quiebras de promotores y de inversores, de bancos. Son llamativos los paralelismos con la avalancha eólica actual: ¿colapsará, como entonces, el sistema financiero nacional, cuando estalle la burbuja de las renovables? Conviene recordar el pasado.

Algunos lo ven esto como una ‘lotería’ para la España vaciada, una solución, le caerían muchos millones de euros, se crearían puestos de trabajo, llevaría vida a los pueblos, recursos…, ¿lo veis vosotros así?

Es el argumento del que te quiere vender la moto. No nos sorprende, porque lo hemos visto con otros modelos de explotación. Te voy a contar una anécdota. Hace unas semanas fui a comer a casa de una tía a Pola de Allande, en el occidente de Asturias. Hay allí varios complejos eólicos instalados –algunos en zonas de urogallo cantábrico– y planes para instalar más. Pregunté en la comida familiar sobre la opinión acerca de los complejos y los planes de aumento. La respuesta inicial de todos fue que sí, que daban trabajo. Vale, ¿cuánto trabajo? La nieta de mi tía, de unos 18 años, ya se fue soltando: en realidad en uno de los complejos, el más grande, con 59 aerogeneradores, trabajan dos o tres personas de forma estable. Mi tía se revolvió y dijo que también venía el de la grúa un par de veces al año… Cuando les hablé del mercado de ganados, hoy desaparecido, que se celebraba cada mes, con no menos de 200 terneros y un notable movimiento de tratantes, transportistas, comerciantes, etc…, se quedaron un momento pensativos.

Más allá de la anécdota, hay estudios en Galicia, en Aragón y en Cataluña que, analizando la evolución demográfica y de empleo de los municipios en que se instalan los complejos, muestran que las curvas son claramente decadentes. El modelo económico de actividad eólica industrial que se está proyectando es incompatible con otros que apuestan por un paisaje y una agricultura de calidad. El modelo eólico industrial no contribuye al equilibrio territorial, sino que favorece la despoblación; su beneficio económico es residual a escala local, inferior al 4%; es decir, del 96% restante nada verán los municipios afectados.

Son especuladores, pero no son tontos: nos van a contar que se crea empleo, que se atrae riqueza y que los aerogeneradores huelen a colonia, eso ya lo sabemos, no hay más que ver la factura de las eléctricas: ahora todas vienen con tonos verdes, girasoles, aerogeneradores en un país multicolor y pajaritos y familias sonrientes. Pero la realidad es otra. La industria eólica no solo no fija población, sino que se ha constatado que a mayor densidad eólica, mayor despoblación.

¿Qué proponéis en concreto, entonces? ¿Cuál es la alternativa? Evitar las zonas con alguna figura de protección natural a costa de saturar otras zonas rurales tampoco parece la solución, ¿no?

En primer lugar, lo que señalé antes: asentar bien toda la legislación y sus herramientas, tanto la nacional como la autonómica. Y la administración debe dejar de lado su permanente tendencia a tomar atajos, a hacer trampas en los procedimientos administrativos y a ningunear a la sociedad civil.

La producción debe dimensionarse según las necesidades de consumo reales. En abril de 2021, nueve años antes de la fecha objetivo del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC), Red Eléctrica de España ya había concedido permisos de conexión del 140% de la potencia eólica prevista para 2030. En cuanto a la fotovoltaica, aún es más grave, porque en abril de este año, REE ya ha concedido la conexión de 113,3 GW de potencia fotovoltaica (por supuesto, no a instalaciones en tejados sino a promotores de megaplantas), lo que representa el 289% de la potencia fotovoltaica prevista para 2030 en el PNIEC.

Instalación de un aerogenerador.

En paralelo, hay que zonificar claramente el territorio con carácter vinculante: la zonificación para renovables que la vicepresidenta Teresa Ribera anunció a bombo y platillo en diciembre no es vinculante sino solamente orientativa, como ella misma repitió en la presentación media docena de veces. Entonces, ¿para qué vale? Todos sabemos que las normas tienen que ser vinculantes. En España, la Dirección General de Tráfico no nos dice que nos orienta a circular como máximo a 120 por hora en autopistas y autovías, nos dice que superar esa velocidad es una infracción. Eso exigimos al Ministerio, que deje de poner paños calientes y se implique en medidas vinculantes. Y si las competencias en ordenación territorial son autonómicas, que se siente el Ministerio con las comunidades autónomas y lo ordenen.

Más allá de ello, los nuevos complejos deberían instalarse en áreas de la menor calidad ambiental, zonas periurbanas, zonas industriales, fomentar la fotovoltaica en las cubiertas de todos los núcleos urbanos, respetando naturalmente los edificios históricos, fomentar decididamente las comunidades energéticas locales con pequeñas instalaciones. Y algo de lo que no se habla o se habla muy poco: avanzar hacia la reducción de consumos, porque en la sociedad consumista actual hablar de decrecimiento es como hablar del demonio, pero todos deberíamos ser conscientes de que no podemos seguir consumiendo energía y agua al nivel actual, porque estamos hablando de unos recursos finitos en cuya producción generamos un impacto que, aún resolviendo parte de la crisis climática actual, producen otros impactos que en unas décadas estallarán.

Castilla y León es ahora la comunidad con más eólica instalada, y el norte de Burgos, la comarca de Las Merindades, está viendo que se les avecina otra avalancha de molinos; como es una zona tan despoblada parece fácil convencerlos porque la oposición, por mucho ruido que quieran meter los pocos habitantes, es pequeña y la promesa de dinero para los Ayuntamientos grande. Te saco esta zona concreta, porque la conozco bien allí nací, allí viven mis padres, allí paso largas temporadas. Y lo planteado me parece una barbaridad.

Lo de Burgos es un escándalo. No hay otra descripción. Hemos firmado, en enero de este año, junto con varias decenas de entidades más, una declaración impulsada por la Mesa Eólica de Las Merindades. En ese documento se ponen negro sobre blanco datos que deberían hacernos reflexionar. En el Plan Eólico de Castilla y León se contemplaba para Burgos una opción que se denominó “desechada”, por la desproporción de sus 1.275 MW. Se optó por la opción “sostenida”, que contemplaba 695 MW. Pues bien, en 2019 ya había instalados complejos por una potencia de casi 2.000 MW, casi 700 más que los contemplados en la opción “desechada”. Pero no queda ahí, actualmente se tramitan varias decenas de complejos más. Una locura.

Todo esto en una comunidad que ha conocido de primera mano la llamada “trama eólica”, un adelanto de esa especulación de la que hablaba antes.

El caso del norte de Burgos es digno de estudio, con una de las mayores ratios de superficie afectada por complejos eólicos a nivel mundial. Se han cargado el paisaje de un territorio, con un impacto visual, acústico y ambiental sobrecogedor. Quizás suene a utopía, pero algunos pensamos que hay territorios en los que hay que comenzar a pensar en desmantelar complejos. Lo sucedido en Burgos es un reflejo de lo que puede suceder en el resto de territorios de montaña con la eólica, y de lo que puede suceder en áreas esteparias con la fotovoltaica.

¿Es cierto ese razonamiento que señala que la tecnología de los nuevos aerogeneradores permite ya situarlos en zonas en las que ya no sople tanto viento , las montañosas, que son además algunos de los parajes más extraordinarios, como sucedió con los primeros parques, situados en lugares privilegiados como Tarifa y Cabo Vilano?

No somos ingenieros, pero leemos artículos que señalan esto que indicas. Sí podemos hablar de lo que nos parece más próximo, del aprovechamiento de esas áreas periurbanas e industriales que antes citaba, o de las enormes superficies de cubiertas urbanas que tenemos. Llama la atención, por ejemplo, que el propio Ministerio reconocía en un artículo de hace unos meses que para cumplir el objetivo de crecimiento de las necesidades de fotovoltaica bastaría ocupar menos de un 0,5 % de las zonas de baja sensibilidad ambiental. Para la eólica, que ocupa más en extensión poligonal, ¿qué parte territorial de zonas de baja sensibilidad ambiental necesitamos? ¿Un 10%? No lo sé, analicemos y vayamos a promover la instalación en esas áreas. ¿Por qué asistimos al despliegue en esas zonas extraordinarias? Porque sopla más el viento, nos dicen. Discutámoslo con tu pregunta sobre la tecnología con expertos. Lo que conocemos es que en zonas de montaña despobladas, como señalabas antes en el caso del norte burgalés, ha habido hasta ahora una escasa contestación social, los precios de los terrenos son bajos y la obra pública que se mueve con un alto coste de instalación deja por el camino lo que conocemos de la construcción en este país: burbujas. En el marco del proyecto del Fondo para la Defensa Jurídica de la Cordillera Cantábrica estamos analizando los contratos que las promotoras presentan a los titulares de los terrenos, algunos directamente escandalosos. Insisto: tiene que ser el Ministerio de Transición Ecológica, con la vicepresidenta Ribera al frente, el que ponga orden en esto o vamos a ir a una situación de confrontación.

¿Es otra solución la eólica marina?

Como sobre tierra firme, habrá zonas susceptibles de acoger complejos marinos y zonas que no se deberán tocar. En la mar hay afección a cetáceos, hay afección a peces, aves marinas, migraciones de aves terrestres o insectos que usan rutas que muchas veces atraviesan espacios oceánicos; puede haber afección a flora submarina, a los fondos, por supuesto habrá que analizar posibles efectos sobre organismos mucho más pequeños, esos en los que casi nunca pensamos y que son los que sujetan todo lo demás. Sin duda habrá que valorar los impactos paisajísticos.

Hace unas semanas nos contactó Lluisa, una amiga del golfo de Roses, preocupada por un proyecto que se plantea frente a esas costas de Girona. No podemos, no debemos exprimir todo lo que está a nuestro alcance. Hemos alcanzado niveles de tecnología y prácticas de ingeniería que permiten hacer casi cualquier cosa. Tenemos que comenzar a valorar desde un punto de vista ético, filosófico, con qué derecho seguimos creciendo y consumiendo. Por muy renovable que sea la fuente con que generemos energía, ya sea agua, viento, sol o geotermia, detrás hay toda una maquinaria para generarla, una maquinaria que no se hace de aire, se hace con hormigón, con acero, con materiales, con metales raros que salen de una mina en el Congo o en China, donde hacen un agujero que no vemos en Madrid ni en Gijón pero que genera un impacto ambiental y social, unos materiales que, como decía antes, son además finitos. Lo sabemos con los coches eléctricos, que se nos presentan como el mundo de la gominola. Las baterías contienen cobre y las reservas mundiales de cobre están contadas. ¿Qué vamos a hacer cuando se acabe el cobre? ¿Buscamos otro material? Se acabará también. Estamos aplazando permanentemente la decisión de decir basta. La eólica marina es como la terrestre y como la fotovoltaica, una alternativa que tenemos que usar con limitación y buscando hasta rompernos la cabeza la ubicación menos perjudicial. Y deberíamos buscar todas ellas siempre que la alternativa cero sea imposible, pero sin perderla de vista.

También se habla de que mejor que construir más eólica en tierra, se pueden repotenciar los parques ya existentes.

Sí, repotenciar se puede. Por poder, podemos hacer casi lo que queramos, como decía antes. El problema es que la repotenciación no es llevar un aerogenerador flotando, o en helicóptero, como alguien ingenuamente me decía hace unos meses, y sustituirlo por otro. Algunos de los actuales aerogeneradores que se plantean miden más de 200 metros de altura desde el extremo de la pala hasta la base de la columna, es decir, casi el triple de altura que los que hay ya instalados, que no suelen sobrepasar los 70 metros. Hablamos, pues, del triple de materiales de construcción. Hablamos de que para mover estos chismes necesitamos unos camiones y unas grúas gigantescas, de ampliar no moderadamente las pistas de acceso, pistas que, por cierto, quedan abiertas para siempre y por las que, en su mayoría, circulan vehículos convencionales por donde antes había que subir sudando la chaqueta, lo que genera actividades humanas no deseadas en áreas naturales.

En todo caso, repotenciemos en los enclaves menos sensibles tras analizar sesudamente todas las opciones siempre que ello suponga descartar construir nuevos complejos. Pero no vale eso de repotenciar todo y ponernos a cantar.

Molinos en La Cepeda, en el Bierzo, León.

¿Habéis tenido contactos, conversaciones con el MITECO?

A finales de 2020 solicitamos una entrevista con la Ministra y vicepresidenta, Teresa Ribera, y con el Secretario de Estado Hugo Morán. Ambos estaban ocupados y lo estarían durante meses, eso nos dijeron, y nos derivaron a la Secretaría de Estado de Energía y de allí a la Dirección General de Biodiversidad. Finalmente nos concedieron un encuentro con técnicos de Biodiversidad. Asistimos, porque no estamos en momento de dejarnos llevar por orgullos que no conducen a nada. Les planteamos nuestras inquietudes y suponemos que las habrán trasladado a quien corresponda.

La ministra dice que se ve habitualmente con los ecologistas. No. Teresa Ribera se ve habitualmente con cinco entidades ecologistas que están en lo que se denomina Consejo Asesor de Medio Ambiente, entidades con las que mantenemos una relación de cordialidad y con alguna de esas entidades intercambiamos información pero que no representan las sensibilidades del movimiento ecologista en su totalidad. No lo digo porque en esas entidades no haya personas muy válidas, que las hay, sino porque es sencillamente imposible. La ministra Ribera, en el actual estado de preocupación con la implantación de renovables, debería conocer lo que yo llamo el ecologismo periférico y mostrarse sensible a esa inquietud social.

Hemos pedido al Ministerio que ponga en su visor cartográfico toda la información sobre renovables, con todos los complejos existentes y con todos los proyectos en tramitación, las líneas de evacuación y todas las infraestructuras asociadas, con información sobre potencia, empresas promotoras, estado de tramitación, plazos, afección a Red Natura, a especies catalogadas, afección a cuencas visuales, etc… El Ministerio tiene los medios para hacerlo. Ello nos daría una visión general de qué estamos hablando y facilitaría la participación social en esta transición. Y tiene que hacerlo ya.

¿Dónde está vuestra fuerza, con qué apoyos contáis, cómo va vuestra generación de apoyos, en qué comarcas están más movilizados?

La Plataforma para la Defensa de la Cordillera Cantábrica es una asociación pequeña, como dije al principio. Con el proyecto en que nos hemos implicado hemos hecho un crowdfunding que ha tenido en poco más de un mes más de 800 donaciones y rondamos los 50.000 euros. Una barbaridad para una iniciativa que tiene más incertidumbres que certezas, porque meternos en una batalla judicial para frenar el desorden de las renovables es complejísimo, como toda acción judicial. Pero la atención que recibió la campaña es un síntoma de esa inquietud social que existe. En los casi 30 años que llevo militando en movimientos ecologistas nunca he visto una movilización como la actual.

La movilización es general, llama la atención el número de asociaciones y plataformas que han surgido a raíz de esto, en un momento además en que estamos con otras preocupaciones sociales y de salud. Sería injusto no citar los esfuerzos que a nivel local se están generando, en todos los territorios, desde Cantabria hasta Galicia, donde el Día Mundial del Medio Ambiente se llenó la Praza do Obradoiro en una manifestación multitudinaria rechazando el actual proceso de transición energética. Hay multitud de ejemplos y puedo decir sin ningún rubor que ha habido momentos en que me emocionó ver asambleas en boleras en Cantabria, o mesas instaladas en pueblos del norte de Burgos, o una movilización en un remoto concejo del occidente asturiano.

Se equivocará quien piense que este es un movimiento que terminará por diluirse con el paso de los meses, o quienes afirman que esta movilización es egoísta porque mira para su patio trasero, como se ha afirmado. El paisaje, el territorio, las montañas, provocan sentimientos muy enraizados y su destrucción, porque lo que se pretende es una destrucción disfrazada de verde, no se va a consentir sin agotar todas las fuerzas.

¿Cómo va a ser vuestro trabajo este verano y otoño?

Hace poco más de un mes finalizó la campaña de recogida de fondos para impulsar el proyecto de defensa jurídica. Estamos poniendo en marcha los equipos jurídico y técnico. No es fácil, es mucho trabajo y todo lo hecho ha sido sacando horas de donde casi no las hay, porque todos los que participamos en esto tenemos nuestros trabajos, nuestras vidas… A lo largo de agosto y las primeras semanas de septiembre quedarán asentados los trabajos de los equipos y muy pronto, quizás antes de agosto, comenzaremos a anunciar algunas acciones que tenemos avanzadas. Tenemos que poner en marcha herramientas para brindar apoyo a otras entidades locales, mejorar las bases de datos de las decenas de proyectos que siguen entrando, seguir con la cartografía, que es una herramienta útil porque da una visión de conjunto, y continuaremos con los seminarios en línea. Tenemos tela que cortar. Vamos a plantar cara a esto. Pero me gustaría terminar diciendo algo: no somos anti nada, aportamos lo mejor de nosotros por construir un país mejor y un futuro mejor para quien venga detrás y, sobre todo, para una infinidad de formas de vida que no dicen nada y son las que se llevan la peor parte de nuestras acciones.

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Comentarios

  • Camino de Santiago: ¿Peregrinos o ‘turigrinos’?

    Por Camino de Santiago: ¿Peregrinos o ‘turigrinos’?, el 04 agosto 2021

    […] la amenaza creciente de grandes instalaciones en plena naturaleza que están proliferando, como son los parques eólicos. “Cuando haces el Camino Inglés y llegas a El Ferrol, te encuentras con las rías gallegas muy […]

  • Mª Ángeles

    Por Mª Ángeles, el 04 agosto 2021

    Gracias Rafa por el artículo y por dar voz a este problema, a este círculo vicioso de destrucción de vida y naturaleza del que no somos capaces de salir.
    Quería pediros autorización para utilizar la foto de la obra de instalación de un aerogenerador en las alegaciones contra estos parque que estoy haciendo como abogada de las plataformas y asociaciones que se oponen a estos mega-parques. Nunca aparece en los proyectos ni estudios de impacto ambiental y es muy ilustrativa

  • Acrata

    Por Acrata, el 06 agosto 2021

    «nadie parece acordarse si no es para industrializarla, bien con macrogranjas bien con megapolígonos eólicos.»

    A ver junta letras llamado Rafa Ruiz.

    ¿Cómo quieres repoblar la «España vaciada» sin inversión?

    Quieres que la energía sea «verde» pero que no se contruyan muchos aerogeneradores. Que se industrialice el país pero sin construir polígonos industriales.

    EL PROGRESISMO ES A PROGRESO LO QUE CARTERISTA ES A CARTERA.

    Pronto defenderéis que las obras se hagan a pico y pala porque así dan mas trabajo que si se utilizase maquinaria pesada. Sois absurdos y salidos de una comedia de los Monthy Python.

    Un máximo de individuo y un mínimo de Estado. Eso es lo que hace falta pero no, defendéis las empresas «públicas» (estatales mas bien) para luego quejaros de los politicos corruptos que ponen a sus cuñados al frente de esas empresas estatales. Pedís al Estado mas leyes, prohibiciones y regulaciones para luego quejaros de que cada día tenemos menos derechos. Sois entrañables. Pronto dejaréis de tener la hegemonía cultural.

    La ventana de Overton acabará moviendose en vuestra contra. 40 años sangrando al pueblo español para contribuir al «bien común» que cada año es de menor calidad y nos sale mas caro porque nadie se puede dar de baja de un servicio estatal.

    No hay mayor democracia que el LIBRE MERCADO.

    Salud y Acracia.

  • Cazapaa

    Por Cazapaa, el 09 agosto 2021

    Me sorprenden estos artículos y opiniones, la verdad.

    No hacemos mas que quejarnos del cambio climático, de pueblos de la montaña se vacían, y cuando llega una ola inversora renovable, decimos que bien, pero en madrid. Y luego nos quejamos de que atrae capital y empleo.

    Por qué no se ponen parques eólicos en madrid? Pues porque no hay viento.

    No conozco ningún alcalde con un parque eólico en su municipio que no esté contento, pues suponen unos ingresos regulares que les ayudan a equilibrar sus presupuestos y poder acometer obras y mejoras que sin esos ingresos serían imposibles.

    Y decir que un parque eólico solo da trabajo a 3 personas es una simplificación terrible. A parte del mantenimiento, hay trabajos de seguimiento ambiental, de seguridad y Salud, … En un pueblo de 300 habitantes crear 10-22 trabajos estables y bien pagados no creo que sea para decir que mejor en madrid.

    Por supuesto que hay que poner límites y evitar parques en red natura, pero tenemos un problema terrible de calentamiento global que produce inundaciones o incendios devastadores, y tenemos que ser generosos y amplios de mente y pretender solucionarlo con paneles en los tejados o comunidades energéticas, que por mi experiencia son súper complicadas de cerrar aunque supongan inversiones pequeñas, por supuesto que ayudan en la solución, pero no son suficientes.

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