Buscando científicas españolas del siglo XX, toda una tarea detectivesca

Buscando científicas españolas del siglo XX, toda una tarea detectivesca

A la izquierda, la doctora en Ciencias Naturales Margarita Comas Camps; a la derecha, Felisa Martín Bravo, la primera doctora en Físicas de España.

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Desde hace años se está trabajando para que las niñas, las mujeres, encuentren referentes femeninos dentro de las carreras científicas. Se  piensa que esto ayudará a fomentar vocaciones y a no desfallecer en el intento. Por ello las iniciativas se suceden para dar a conocer a las científicas contemporáneas, pero también a aquellas, que con sus trabajos, abrieron las posibilidades actuales. Iniciativas como el libro ‘Tras las huellas de científicas españolas del XX’, en el que nos detenemos.

Buscar pioneras en España es como encontrar un aguja en un pajar o buscar setas en un pinar. Pero no por ello se desiste, como es el caso de tres científicas que se pusieron el objetivo de encontrarlas, a pesar de haber sido silenciadas en los libros y en la historia de sus respectivas disciplinas.

“Juntamente con la Literatura y el Arte, la Ciencia es una de las grandes expresiones históricas del espíritu y, en consecuencia, tiene tanto derecho como ellas a un sitio permanente y extensivo en el progreso escolar”. (Margarita Comas, 1922)

El libro escrito por Isabel Delgado, María José Barral y Carmen Magallón –reconocidas largamente por sus trayectorias, mujeres y científicas ellas también, del grupo Genciana de la Universidad de Zaragoza– sale al rescate de algunos nombres femeninos del siglo XX. Muchas de ellas se alegrarían de ver cómo Margarita Salas ha sido reconocida incluso en los sellos de Correos de España.

Mientras que en arte o literatura, a pesar de los déficit, han aflorado con mayor facilidad los trabajos y las obras de las mujeres, en la ciencia ha sido más difícil. Cuentan las autoras que muchas han podido ser localizadas porque en las revistas y documentos se las nombraba anteponiendo el Srtas delante de su nombre, pero otras, al casarse, llevaban el apellido de su marido, lo que complicaba todo. “Nuestros nombres, nuestros apellidos son importantes para poder nombrarnos y reconocernos. Necesitamos modelos más allá de Marie Curie”.

En esta investigación las autoras nos acercan a las aportaciones y trayectorias vitales de 12 científicas, con reconocimiento nacional e internacional, que abrieron paso, aún sin saberlo, a las siguientes generaciones, logrando la apertura y el avance en la educación científica de las mujeres. “Para encontrarlas hubo que mirar con otros ojos en la tarea de recuperarlas”.

Ofrecer una síntesis biográfica de esta docena de integrantes es el cometido que se fijaron las autoras de Tras las huellas de científicas españolas del XX, libro editado por Next Door. En él se pone en valor las indagaciones en fisiología vegetal de Dolores Cebrián, en genética de Jimena Fernández de la Vega, la pedagogía terapéutica de María Soriano y los trabajos sobre la intersexualidad en animales de la doctora en Ciencias Naturales Margarita Comas Camps.

Además de estas cuatro, son objeto de este libro:

Felisa Martín Bravo, la primera doctora en Física en España. Jenara

Vicenta Arnau Yarza, una de las primeras doctoras en Química. Josefa

Barba Gosé, doctora en Farmacia y Neurocientífica. Concepción

Aleixandre Ballester, médica, ginecóloga y feminista. Trinidad Arroyo

Villaverde, médica y primera oftalmóloga de España. Elisa Soriano

Fischer, médica, oftalmóloga, docente y sufragista. Felisa Fernández de la Vega, doctora en Medicina. Jimena Fernández de la Vega y Lombán, doctora en Medicina, especialista en genética. Y Regina Lago García, psicóloga y profesora.

“Por educación entendemos la educación en común, y de uno por otro, de los dos sexos”. (Margarita Comas, 1931)

Isabel Delgado recordaba en el  acto de presentación del libro organizado recientemente en el Espacio Fundación Telefónica que la semilla del libro fue sembrada hace seis años. “En esta selección atendemos a la trayectoria profesional de las 12 mujeres, pero también a su diversidad geográfica o social, incluso familiar”. A través de manuscritos y textos originales han podido reconstruir parte de estas trayectorias.

La investigadora remarcaba que han querido dejar claro que la ciencia es una empresa colectiva. “Su avance no se debe a individualidades. Otra cosa son los cargos o reconocimientos. Que solo destaquen algunos nombres depende más de otros factores que del trabajo científico: quiénes y en qué orden firman las publicaciones o cómo son las jerarquías de los grupos de investigación”.

Delgado añadía que las mujeres aparecen poco en los libros de ciencia y en los de historia de la ciencia. “Últimamente su presencia es mayor en la divulgación científica. Lo importante es cómo transmitimos el conocimiento; quién habla, quién puede hacerlo, desde dónde y qué narrativas construimos sobre la ciencia”.

“La señorita Cebrián… La especialidad a que se dedica no es corriente en su sexo. Estudia Fisiología experimental, y me decían sus profesores que había producido asombro al verla realizar sus trabajos de laboratorio en Fisiología vegetal”. (‘El Heraldo de Madrid’, 1913)

Sus biografías están contextualizadas en el marco de acontecimientos científicos, sociales y políticos que condicionaron las vidas de las mujeres de aquella época: sus posibilidades de acceso a la educación, las barreras que artificialmente se interpusieron entre ellas y las ciencias, así como el nacimiento de los movimientos feministas en España.

A comienzos del siglo XX en España, las posibilidades de ejercer ciertas profesiones estaban muy limitadas para las mujeres, incluso para aquellas que contaban con estudios superiores. En 1904 escribía la profesora y periodista Carmen de Burgos: “Lo que detiene a las mujeres son las dificultades que encuentran, los prejuicios y, más que nada, la poca recompensa”.

Sin embargo, algunas de ellas gozaron por algún tiempo de las puertas que abrió la creación de la Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas en 1907. Así que algunas “sin sombrero y con bata”, decidieron ejercer profesiones relacionadas con la ciencia y la innovación. A pesar de las trabas capaces de frustrar vocaciones, hoy como ayer, decidieron cruzar la puerta por muy estrecha que fuera.

Pero como en muchas otras cosas, la Guerra Civil cambió la vida de estas pioneras. Siete se quedaron en España y cuatro se marcharon rumbo al exilio tras la Guerra Civil, como la psicóloga Regina Lago a México o Margarita Comas a Gran Bretaña. Algunas de las que permanecieron en España fueron inhabilitadas, como Dolores Cebrián, por su adhesión al Frente Popular y por su condición de esposa del socialista Julián Besteiro.

Otras se reciclaron, como Jimena Fernández de la Vega, que pasó de dirigir un laboratorio de genética a directora de balnearios como médica hidróloga. Otras continuaron en activo. María Soriano, después de la Guerra Civil, fue repuesta a su cargo de psiquiatra en instituciones para niños “anormales”. Felisa Martín Bravo, la primera doctora en Física de España, se pasó al bando franquista en plena contienda e hizo carrera en los servicios meteorológicos del Estado.

“Tenemos que usar nuestra imaginación para, entre el nacimiento y la muerte, hacer las cosas que más nos satisfacen y, si es posible, para satisfacer a la gente que nos rodea”. (Josefa Barba, 1991)

Hay rasgos comunes entre ellas, como su pertenencia a las clases ilustradas.

María José Barral, doctora en Medicina y profesora jubilada de Anatomía y Embriología en la Facultad de Medicina de Zaragoza, resaltó en la presentación que estas pioneras tuvieron otros puntos en común. “Todas llevaron a cabo estancias en el extranjero. Dominaban varias lenguas y guardaban el deseo de desarrollar una vida profesional que las convirtiera en autónomas e independientes. Estaban comprometidas con el avance de la mujer”. Algunas de ellas incluso fueron mediáticas, como la médica Concepción Alexandre por su especialidad en ginecología, además de feminista.

Barral remarcaba el papel reivindicativo del libro: “La historiografía convencional ha omitido el comportamiento, actividades e ideas de la mitad de la población. Consideraba irrelevantes las aportaciones de las mujeres a la sociedad. En general, tenemos que hablar de mujeres silenciadas. Queremos poner de relieve su trabajo y crear genealogía, ayudar a introducir en la docencia el conocimiento de estas mujeres”.

Para la tercera co-autora del libro, Carmen Magallón, catedrática de instituto, doctora en Historia de la Ciencia, licenciada en Física y postgrado en Filosofía, alude a estas pioneras como madres simbólicas: “Abrieron espacios a las que llegamos más tarde y aportan modelos a las más jóvenes. Necesitamos modelos más allá de Marie Curie”.

Según Magallón, en el libro las investigadoras de Gencianas han querido alejarse de la imagen de estas mujeres como víctimas: “Pese a las barreras que se encontraron, tuvieron la voluntad de salir adelante y estudiar. Las representamos como protagonistas. Lo singular del libro es que cruza trayectorias vitales y aportaciones científicas. Las biografías importan. Está latente el reto de la transmisión a las nuevas generaciones. La ciencia es el mejor conocimiento que tenemos, nos permite ver un horizonte más lejano y amplio”.

Tal vez hay más libros de pioneras científicas. Pero este libro se manifiesta como algo necesario para conocer nuestra propia historia. Son “nuestras madres simbólicas”. Necesitamos pasar de la edad de plata a, tal vez, por qué no, a una edad de oro. Estas pioneras pusieron las bases.


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Comentarios

  • Eduardo

    Por Eduardo, el 13 mayo 2022

    Ramona Vaamonde
    farmacéutica e profesora galega
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    Vixiar
    Editar
    Ramona Vaamonde Fernández, nada en Santiago de Compostela, o 28 de abril de 1907 e finada na mesma vila o 8 de agosto de 1997,[1] foi unha doutora en Farmacia que destacou no eido da microbioloxía.

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