Cincuenta ediciones de La Kursala: elogio del fotolibro

Fotolibro de Cristina de Middel editado por La Kursala.

Fotolibro de Cristina de Middel editado por La Kursala.

Fotolibro ‘L’ de La Kursala, con obra de Cristina de Middel. Foto: Tres Tipos Gráficos.

La sala de exposiciones de la Universidad de Cádiz está de celebración; cumple siete años y tiene a sus espaldas 50 libros y 50 exposiciones que han servido para impulsar el recambio generacional en la fotografía de nuestro país. Qué mejor manera de celebrarlo que a través de una publicación especial que contiene algunos de los nombres imprescindibles para entender lo que está ocurriendo en el panorama fotográfico español. Esa golosina tiene nombre propio: ‘L’.

Si uno encontrara por ahí el ultimo cuaderno fotográfico de La Kursala sin conocerlo previamente, podría pensar que se trata de los apuntes que alguna autoescuela ofrece como contraparte al doloroso trance del pago de su matrícula. La L blanca que resalta sobre un fondo verde brillante en la portada y el canutillo negro de la clásica encuadernación reprográfica remiten precisamente a esa idea de aprendizaje e investigación. Y no es por casualidad.

Fue a Cristina de Middle, fotógrafa, a quien se le ocurrió durante una lluvia de ideas bautizar como L a la 50º publicación de la sala de exposiciones gaditana. L como el número romano, como libertad, libro o como el símbolo con que se identifica a los conductores noveles que comienzan a experimentar con el vehículo. Un nombre bello y polisémico para un libro que quiere rendir homenaje a la trayectoria de esta sala y sus cuadernos fotográficos.

Aunque las publicaciones nacieron para acompañar las muestras, el propio Jesús Micó, comisario de La Kursala, reconoce que los libros han tenido un alcance mucho mayor que las exposiciones, “convirtiéndose en los principales protagonistas del proyecto”. Quizá por esto, Micó decidió confiar el gobierno de la nave a Gonzalo Golpe, encargándole la coordinación y la edición de L.

Fotolibro de Juan Valbuena editado por La Kursala. Foto: Tres Tipos Gráficos.

Obra de Juan Valbuena en el fotolibro editado por La Kursala. Foto: Tres Tipos Gráficos.

Fotolibro de Aleix Plademunt editado por La Kursala. Foto: Tres Tipos Gráficos.

Obra de Aleix Plademunt. Foto: Tres Tipos Gráficos.

En un momento de repliegue del mercado privado e institucional del arte en España debido a la crisis, el fotolibro ha adquirido una relevancia que vertebra el empuje de la nueva generación de fotógrafos. Gonzalo Golpe, que ha trabajado en muchos de estos libros de fotografía que no se reducen a la convención del catálogo, es uno de los culpables de este fenómeno: “Ninguno de los cinco autores elegidos se limita a lo que el sistema le ofrece, todos intentan cambiar el sistema predominante generando uno alternativo. Por eso L también quiere ser un homenaje a lo que ha pasado en el mundo del fotolibro en los últimos años, cuando la autogestión y la independencia han jugado un papel primordial”, nos cuenta. “El desafío era traducir una exposición en un libro y no hacer simplemente un repertorio de autores, sino darle un peso propio a la publicación. Por eso era tan importante la conceptualización del diseño, la petición a los autores de contar con material inédito y la aportación de unos textos que deben potenciar la calidad. El libro tenía que funcionar como una publicación que rindiese homenaje pero que funcionase por sí misma. Ahí ha sido indispensable la labor de Tres Tipos Gráficos, porque yo trabajo con los diseñadores y mano a mano negociamos con el autor”, continúa.

Alberto Salván es miembro de Tres Tipos Gráficos, un estudio que firma muchos de los diseños de la constelación del fotolibro español: “El reto era articular una publicación de cinco proyectos distintos, que no predominara ninguno y hacerlo con coherencia. La fórmula que alcanzamos fue utilizar la idea de cuaderno de trabajo, a través de la encuadernación, los papeles escogidos y el formato. Tenía que resultar algo vivo, procesual, con reminiscencias de la investigación, huyendo del libro totémico y cerrado, recurriendo a elementos del diseño más propios de la revista. No queríamos un cuaderno que pesase como el fin de una etapa, sino que constituyera una parada en el camino para echar un vistazo atrás y continuar”, apunta. Además, “alcanzamos una solución para integrar en el libro a todos los autores que han pasado por La Kursala: recuperar los otros 49 cuadernos anteriores y elaborar con ellos unos bodegones que constituyen un hilo que hilvana toda la publicación y que a la vez nos sirven para que todos estén presentes”.

La primera autora en aparecer es Cristina de Middel, con Autocakeography, una serie que retrata momentos clave de la carrera de esta fotógrafa a través de varias tartas de cumpleaños, conectando con el motivo de este libro: la celebración. La serie arranca con la portada de un periódico llamado La Verdad, una referencia al leitmotiv de su obra: la frágil frontera entre realidad y ficción. Después aparecerá representado, por ejemplo, el apadrinamiento de Martin Parr, fan declarado de la alicantina o el éxito de su proyecto The Afronauts.

Enlazando con la ironía que sugiere De Middel, a continuación aparece la inquietante propuesta de Ricardo Cases. Podría haberse evitado, un trabajo con el que el autor, en sus propias palabras,“trataba de hacer un guiño a este momento tan peculiar que hemos atravesado, en el cual parecía que la culpa de todo la tenía el pueblo”. “Es una serie que documenta la rutina de una localidad levantina que va acompañada de unos textos que describen las fotos con un lenguaje objetivo”, añade. Todo ello para retratar la desconfianza generalizada, la socialización del recelo, como un estado de ánimo colectivo en tiempos de crisis, poniendo en evidencia que el lenguaje verbal construye imágenes.

Fotolibro de Simona Rota editado por La Kursala. Foto: Tres Tipos Gráficos.

Obra de Simona Rota en el libro ‘L’ editado por La Kursala. Foto: Tres Tipos Gráficos.

Fotolibro de Ricardo Cases editado por La Kursala. Foto: Tres Tipos Gráficos.

Obra de Ricardo Cases. Foto: Tres Tipos Gráficos.

La tercera autora presentada en el libro, Simona Rota, también aborda con su proyecto un tema propio de los tiempos que vivimos: la especulación inmobiliaria, en este caso, en Gran Canaria. «Instant Vilage III es la última parte de una trilogía con la que me propongo aportar estímulos visuales que ayuden a no olvidar y a reflexionar sobre lo que se hizo mal en el urbanismo español contemporáneo. (…) He elegido las islas Canarias como escenario de esta serie, por ser la situación que muestra de manera radical lo que en realidad ha ocurrido en casi toda la costa española. Que el recurso más preciado de una isla sea precisamente el más limitado, el territorio, evidencia aún más la gravedad de aquellas prácticas urbanísticas cuyo único fin parece ser el lucro inmediato, y que han generado una corrosiva topografía de la banalidad”, explica. A través de la fotografía de arquitectura, esta artista establece una dialéctica entre el bello equilibrio de sus imágenes y un contenido desgarrador.

Simona declara: “En mis proyectos personales, la fotografía me sirve para mostrar mi disconformidad con algo. Si no es para posicionarme con distancia crítica hacia algo de la realidad que me toca de manera más o menos directa, mejor no hago nada”. Una postura similar a la que tiene el siguiente autor en el índice: Aleix Plademunt. “La fotografía no está libre de un contexto social y político, y además, como cualquier otra disciplina artística, creo que se debe a la sociedad. Debe aportar claves e instrumentos de reflexión, crítica, emoción y sensibilidad”, defiende este fotógrafo. Con Lo siento mucho, me he equivocado, y no volverá a ocurrir, Plademunt busca “enumerar, señalar, e identificar solo algunos de los casos de corrupción, para que así, una lectura transversal pueda darnos pistas de la radicalidad de la corrupción en este Estado. La intención de esta lista es generar conciencia. Ver la magnitud de los hechos. Despertar disconformidad y rechazo”. Como ocurre con el trabajo de Ricardo Cases, aquí lo escrito revela información de lo fotografiado y de esta forma la imagen toma una nueva dimensión: “Es una alegoría de la corrupción”, sentencia Aleix.

El libro finaliza con el proyecto de Juan Valbuena, Dalind. Su trabajo reflexiona sobre la idea de frontera a partir de fotografías realizadas en las localidades gaditanas de Algeciras, Tarifa y Gibraltar. En él la palabra escrita y una puesta en página particular son sustanciales para una propuesta que rebosa poesía. La serie termina con el tatuaje de un ancla. El mismo ancla que sirve de portada para su proyecto Noray, editado por La Kursala como Cuaderno nº 33.

Visualmente, los bodegones sirven de entreacto intercalándose con las series fotográficas abiertas por una portadilla a doble página. Estos conservan los cubos de metacrilato utilizados para apoyar objetos y mantienen los hilos de sujeción que habitualmente los fotógrafos borran de la composición: un guiño más al proceso creativo. Además, los tres textos incluidos en la edición permiten un cambio de registro en la mirada y a su vez plantean un posicionamiento respecto a la fotografía en general, y al fotolibro y su edición en particular; una toma de partido de la mano de Horacio Fernández, Gonzalo Golpe y Jesús Micó.

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Comentarios

  • Alex Mene

    Por Alex Mene, el 29 noviembre 2015

    Unos fotolibros muy interesantes.

  • Martín Romaña

    Por Martín Romaña, el 03 enero 2016

    Buen artículo, de forma y fondo. Hay que dar a conocer la nueva fotografía…

  • Montse

    Por Montse, el 03 enero 2016

    Muy interesante artículo. Es bueno dar la palabra a los artistas, sobre todo si son noveles. Gracias Ezquiaga por ayudarnos a conocerlos.

  • paco

    Por paco, el 05 enero 2016

    Muy instructivo. Una pena no contar con vínculos para visualizar mejor los trabajos

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