Cincuenta plantas de asfalto nos cuentan sus historias

Cincuenta plantas de asfalto nos cuentan sus historias

El escritor Eduardo Barba es el autor del texto que acompaña a las ilustraciones de Raquel Aparicio en el libro ‘Una flor en el asfalto: la vida de las hierbas urbanas contada por ellas mismas’.

Menéalo

“A mí también me importáis un bledo. Hale, ya lo he dicho. Pero dejadme, por favor, vuestro perrito cerca. Me encanta vivir donde vuestras mascotas hacen aguas menores…”. Quien así se nos dirige es un bledo rastrero, el típico hierbajo que crece en el reino de las aceras y que los viandantes no se molestan en mirar mientras le plantan el zapato encima. Este bledo es una de las 50 plantas protagonistas de un compendio de biografías un tanto peculiar que han sido recogidas en el libro ‘Una flor en el asfalto: la vida de las hierbas urbanas contadas por ellas mismas’ (editorial Tres Hermanas), presentado recientemente en el Real Jardín Botánico de Madrid. Sus autores, Raquel Aparicio y Eduardo Barba, se han propuesto que conozcamos a estas vecinas de la gran ciudad a través de sus propias ‘voces clorofílicas’ y lo consiguen con ingenio, ironía y una buena dosis de ‘psicología vegetal’.

“Es el sueño cumplido de un niño que hace muchos años cuidaba malvas, amapolas y correhuelas en las macetas de la terraza familiar”, me cuenta Edu Barba, jardinero de profesión y desde ahora portavoz de esas hierbas que nadie puso ahí y nadie cuida, pero existen y crecen y viajan y, sobre todo, sobreviven en el ecosistema menos natural, entre ruedas de vehículos y aires negros. Pasear con este experto en botánica por la calle es un no parar de encuentros fortuitos. Acá una hierba cana, algo más allá un mastuerzo, sobre el césped un diminuto trébol blanco… “¿Sabes que las plantas emiten micro-sonidos a través de la raíz? Son como micro-chasquidos”, explica en su empeño de que dejen de ser consideradas malas hierbas.

Ilustración de Raquel Aparicio.

La idea de publicar este libro surgió en la mente de Raquel Aparicio, la ilustradora que ha puesto rostro a estas plantas callejeras y un tanto deslenguadas. “Las veía por la calle y me sorprendía su resistencia, porque no se entiende cómo pueden crecer en una pared de cemento o sobre un bordillo. Me interesaban, pero los libros de botánica usan un lenguaje demasiado especializado para quienes no sabemos nada del tema, así que conocí a través de Instagram a Eduardo Barba, que ofrecía sesiones para conocer las plantas, y le propuse hacer un libro sobre esas especies que nos rodean. El objetivo es que fuera muy divulgativo y como él es un poco friki de la documentación, descubrió una infinidad de historias que hay detrás, así que nos propusimos reflejar lo que llamamos su plantalidad, es decir, su personalidad”.

Mientras la ilustradora, que ha trabajado en medios como The New York Times o El Mundo, las buscaba para retratarlas, Eduardo las investigaba y encontraba el tono inspirándose en los insectos parlantes de la desaparecida revista El Cárabo. El resultado fue ponerlas a hablar en primera persona y contarnos sus orígenes, sus supuestos pensamientos y, cómo no, para soltarnos algunos reproches a esos humanos con los que conviven. La sagina, por ejemplo, tan pequeña que casi no se ve entre las grietas de las aceras pero es capaz de autofecundarse: “Mejor sola que mal acompañada”, parece refunfuñar antes de contarnos que su familia es la misma que la del clavel, sin flor “pero con mucho más salero”. Y la cerraja, que este año llenó de flores amarillas muchas jardineras urbanas como por arte de magia; nos explica que el misterio está en que sus semillas son grandes voladoras: “Las he equipado con unos paracaídas que son capaces de llevarlas muy lejos. Y produzco un porrón de ellas por planta. Hemos llegado a contar hasta 6.136 en una sola de tamaño habitual y hasta 40.000 en una de talla grande”, cuenta tras quejarse de que nadie la mira.

“No hemos podido poner todas las plantas del asfalto que hay, porque son muchas, así que hemos seleccionado las 50 más extendidas. Algunas se adaptan tan bien a los espacios que ocupan que acaban por desplazar a la flora local y el 90% crecen de forma espontánea. En realidad, el objetivo no era hacer una guía al uso, sino un álbum de familia más emocional, con diálogos muy callejeros”, señala el escritor jardinero. “Se trata una herramienta para que los habitantes de las ciudades podamos debatir y actuar sobre el modelo de ciudad que queremos. Y para hacerlo hay que saber de qué estamos hablando”

Ilustración de Raquel Aparicio.

Ilustración de Raquel Aparicio.

Para él, no se trata de la primera obra literaria. Ya hace unos años publicó El Jardín del Prado, un libro sobre plantas y arte que ya va por su séptima edición y que, en palabras del novelista Antonio Muñoz Molina, es “una declaración de amor apasionado a la botánica y a la pintura”. También es autor de un blog de jardinería en El País y ha participado en varios catálogos sobre arte y botánica.

Por su parte, Raquel Aparicio se ha quedado tan enganchada al mundo vegetal que ya tiene en mente nuevos trabajos en las que las plantas sean las protagonistas, algunos relacionados con el mundo textil y el diseño. “No podía imaginar que esas pequeñas plantas hicieran tantas cosas y tan distintas. Las hay que explotan, otras se quedan dormidas durante años, algunas auto-entierran sus semillas como con tornillos y otras las pinchan como agujas, las hay venenosas y dietéticas… Yo las veo a algunas muy macarras, otras punkies, amables o graciosas. La biodiversidad imprime su carácter y es lo que he tratado de reflejar con mis dibujos”, señala la ilustradora.

La presentación del libro tuvo lugar dentro del ciclo El jardín escrito , que inició en 2016 el Real Jardín Botánico  para dar a conocer este espacio como lugar de conocimiento, promover el debate y difundir la ciencia. Si la primera edición se dedicó a investigadores de la propia institución, la siguiente implicó a las editoriales para mostrar la biblio-diversidad (editores, temáticas, géneros…) dentro del panorama editorial relacionado con la naturaleza.

En la actual, que es la sexta y transitará entre 2021 y 2022, la idea seguirá pendiente de las novedades editoriales donde literatura, actualidad, ciencia, biodiversidad y naturaleza se funden. Las siguientes presentaciones serán: En busca de las especias, del botánico Pablo Vargas, y El Libro de las plantas olvidadas, de Ana Erice.

  COMPROMETIDA CON EL MEDIO AMBIENTE, HACE SOSTENIBLE ‘EL ASOMBRARIO’.


Deja tu comentario

¿Qué hacemos con tus datos?

En elasombrario.com le pedimos su nombre y correo electrónico (no publicamos el correo electrónico) para identificarlo entre el resto de las personas que comentan en el blog.

Comentarios

  • Rafael Pérez Lorenzo

    Por Rafael Pérez Lorenzo, el 29 septiembre 2021

    Me parece interesante

Te pedimos tu nombre y email para poder enviarte nuestro newsletter o boletín de noticias y novedades de manera personalizada.

Solo usamos tu email para enviarte el newsletter y lo hacemos mediante MailChimp.