Claudio Tolcachir: “Ahora cada función se disfruta el triple”

Claudio Tolcachir: “Ahora cada función se disfruta el triple”

El dramaturgo Claudio Tolcachir.

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“Cada función se disfruta el triple”, confiesa el director teatral argentino Claudio Tolcachir, que no ha parado en este extraño 2020: en noviembre ha representado en los Teatros del Canal (Madrid) ‘La máquina de Turing’ –saldrá de gira en 2021– y ha llevado a diversas ciudades ‘Próximo’, una historia de amor vía Skype entre dos hombres en las antípodas de la Tierra, escrita por él mismo. Mientras tanto, ensaya ‘Tercer Cuerpo’ en Italia, donde los teatros aún permanecen cerrados. “Hemos extrañado tanto, que vamos a volver con más fuerza”.

Claudio Tolcachir (Buenos Aires, 1975) viene de una estirpe de teatreros argentinos que se hicieron en la exigente escena porteña y que pronto fueron bien recibidos en España, especialmente en la capital, con sus obras, como formadores y, finalmente, como encargados de la puesta en escena de otros textos. En esta faceta del encargo cuidadoso, se inscribe La máquina de Turing, con Daniel Grao. Mientras tanto, una pieza propia, en este caso, Próximo (sobre una relación amorosa vía skype), ha experimentado una gira entrecortada a lo largo de 2020. Pero Tolcachir nos atiende desde Milán, donde trabaja en los ensayos de Edificio 3 para el Piccolo, cuyo estreno está previsto para este próximo fin de semana y programado hasta el día 23, tras las duras restricciones en Italia, que llevaron al cierre de las salas italianas por la segunda ola de la Covid-19.

El autor de las recordadas Emilia y La omisión de la familia Coleman fundó su compañía TIMBRe 4 hace más de una década, para representar sus textos en un espacio vecino al salón de su casa y de ahí viene el nombre del elenco, que alude a la dirección a la que tenían que concurrir los espectadores. Desde entonces, esa poderosa intimidad del hecho teatral que se sobrepone a todas las crisis se convirtió en virtud, y cruzó el océano. Y eso ha tenido al director yendo y viniendo entre Argentina y Europa, hasta esta pandemia, que parece haber trastocado ese vínculo, dejando al teatro (y a sus trabajadores) entre los colectivos más perjudicados por las suspensiones y el miedo al contagio. Con Tolcachir hablamos, justamente, de la revalorización del teatro, a medida que el virus nos va dando un respiro para volver a vivir.

¿Cómo estáis llevando el parón y las suspensiones, teniendo en cuenta que el teatro es una de las actividades más afectadas?

Es difícil pensar en qué es lo más afectado si uno piensa en los hospitales. En realidad, todos nos vimos afectados. El teatro, por supuesto, también, porque necesita de la presencia. Pero también las escuelas y cualquier persona que necesita tener su negocio abierto se ve influida por esta situación.

En la sala se percibe emoción por el simple hecho de estar juntos en un espacio de representación. El aplauso final es un momento de comunión como si hubiera terminado una guerra, pero, a la vez, con miedo a que ese momento sea efímero…

Estuve varios meses confinado en Argentina, como todo el mundo. Tuve la suerte de poder venirme a Madrid a ensayar. Y cuando empecé a trabajar me di cuenta de cuánto lo necesitaba y extrañaba: el contacto, el trabajo en vivo, más allá de que hayamos inventado miles de formas de comunicación en este tiempo. Y cuando empezó a venir el público, en los encuentros que mantuvimos, después de las funciones, en los Teatros del Canal, les dijimos que nos emocionaba que hubieran hecho el esfuerzo de venir, ponerse la mascarilla, tomarse la temperatura. Estábamos muy atentos a que se sintieran cuidados y seguros. Y el público nos decía que ellos nos agradecían a nosotros porque habían echado de menos ir al teatro, estar presentes, aplaudir todos juntos. Así que creo que tanto los que lo hacemos como los que lo disfrutan como espectadores y los técnicos estamos revalorizando este reencuentro. Cada función se disfruta el triple: es mucho más emocionante que antes, porque no sabemos si mañana vamos a volver a hacerla.

Timbre 4 era tu casa, con aquella disponibilidad de abrirla al público. Han pasado 15 años y estamos en un lugar al que pareció que nunca llegaríamos… Pasamos de abrirle la puerta al desconocido a cerrar nuestro espacio a cal y canto, por aprensión a cualquier contacto. ¿Eso permea lo que se escribe o las puestas en escena?

La particularidad del teatro es el contacto y la convivencia, que es justamente lo que no se pudo hacer en este tiempo. Es decir que lo que naturalizábamos como ir a hacer una función, ensayar, tomar clases, entrenar juntos, se volvió una piedra preciosa, por lo que seguramente esta situación nos afecta. En cuanto a las temáticas, cada uno verá de qué manera se traduce esta experiencia de vida en las obras, más allá de necesitar (o no) hablar específicamente de la pandemia. Pero si uno habla de convivencia, habla de pandemia; si uno habla de miedo, habla de pandemia; si uno habla de individualidad o solidaridad, habla de pandemia. Seguramente mucho de lo que vivimos como sociedad van a estar en el teatro. Pero creo que si hay algo positivo es que hemos extrañado el teatro tanto que vamos a volver con más fuerza.

¿De qué temas hay que hablar a partir de ahora?

No te sabría decir. Yo en este tiempo no he escrito. Me dispongo a hacerlo en el 21, que será un año de investigación y escritura para mí. No creo que sean temas nuevos. Son los mismos. Si uno revisa los temas de hoy posiblemente llegue a los griegos y hable del miedo a ver, o de la responsabilidad frente a los demás, que es un asunto que me atraviesa siempre. Creo que lo que ha hecho la pandemia es potenciar lo que somos frente a los demás, cómo hemos respondido a nuestra comunidad, si hemos sido solidarios, si nos hemos cuidado. Fue fuerte para todos ver cómo estábamos rodeados. Yo tengo la suerte de tener mi familia elegida, que es Timbre 4, un grupo de trabajo que se ayuda, que crece, que se estimula. Y la verdad es que tanto en Madrid, con el equipo que me tocó en la obra de Alan Turing, con el compromiso que han tenido, como en Italia, ha sido muy bello.

Y ahora Milán, ¿cómo es la experiencia de trasladar piezas de una cultura a otra, eso de “afinar” para otra lengua?

Lo más importante, por el carácter de mis obras, son los actores. Más que el cambio de idioma, los actores dan colores nuevos; no intento repetir lo que hice con el grupo argentino. Trato de aprovechar las características de cada actor, lo que puede dar, que cambia mucho de una persona a otra. No tengo certezas sobre unas características regionales o por países. Más que un cambio de país, el hecho cierto es que todos los actores trabajan de manera diferente y requieren procesos diferentes. En el mismo elenco, hay actores que necesitan análisis de texto y otros que no, a quienes un análisis de texto puede abrumar, así que les conviene organizar el espacio. El trabajo del director es, de alguna manera, darse cuenta lo más rápidamente posible de qué es lo que va a necesitar cada actor para trabajar.

¿Su casa sigue estando en Buenos Aires?

Mi casa está en Buenos Aires. Pero tengo la suerte, desde hace más o menos 12 años, de venir varios meses por año a España, o a Italia, o a Francia, y entonces se van abriendo las casas.

¿Qué le atrajo de la historia de Alan Turing, que es lo que lo ha tenido en Europa todos estos meses?

De Turing me conmovió la historia real, la de él, más allá de la obra de teatro. Me conmovió esta persona, lo que hizo, lo que era, la dificultad que tuvo para desarrollarse en la sociedad que le tocó, todo lo que aportó al mundo y, al mismo tiempo, cuánto sufrió. Y la voluntad que habrá tenido que tener para poder desarrollarse en tanta adversidad, con Asperger, siendo tartamudo, homosexual, totalmente incomprendido por su entorno. Como para mí lo interesante del teatro son los personajes, cuando aparece un personaje conmovedor creo que vale la pena contarlo.

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Comentarios

  • Andinnia

    Por Andinnia, el 27 febrero 2021

    motivación, objetivo, acción

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