“El colmo de la elegancia es hacer feliz a la gente que quieres”

“El colmo de la elegancia es hacer feliz a la gente que quieres”

La escritora Milena Busquets. Foto: Gregori Civera.

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La escritora Milena Busquets (Barcelona, 1972) ha publicado su primer diario: ‘Las palabras justas’ (Anagrama), un libro sobre el amor, los hijos, la escritura, la vida… “Uno escribe solo ante el peligro, no hay otra manera honesta de hacerlo, el menor atisbo de autocomplacencia es una señal de cobardía. Escribes contra ti primero y luego contra el mundo”, señala en una de las entradas de este diario que abarca sus vivencias a lo largo de un año. 

Busquets, hija de la desaparecida editora Esther Tusquets, ama la literatura de Proust, cree que no hay que amasar dinero “pero hay que tener suficiente para no sufrir”, y asegura que enamorarse es irse a vivir a los extremos. La autora de novelas de éxito como También esto pasará o Gema opina que todos los amores tienen el potencial de hacer sufrir y “de convertirte en un dios inmortal durante un rato”.  Y añade:  “El mundo se divide entre los que se enamoran antes de conocer a la persona y los que se enamoran después. No, no. El mundo se divide entre los que dicen que se enamoran antes de conocer a la persona y los que dicen que se enamoran después”.

Busquets presentó ayer Las palabras justas en la Librería Tipos Infames de Madrid. 

“Lo más difícil para un escritor es borrar, eliminar, tirar, desechar, reconocer que algo no está a la altura que uno quiere”, señalas en una de las entradas de tu diario ‘Las palabras justas’, para añadir luego:  “Escribir como si fuésemos dioses y corregir como si fuésemos esclavos”. ¿Escribir es borrar?

Más que eso incluso, escribir es equivocarse muchas veces, tirar a la basura, volver a empezar, no tener piedad con lo escrito. Te puedes pasar un mes escribiendo algo con mucho esfuerzo y que no sirva absolutamente para nada. 

Aseguras que ser enamoradiza debería ser el octavo pecado capital. “Me ha hecho perder mucho más tiempo que los otros siete juntos”. ¿Cuál es el amor que más duele?

Todos los amores tienen el potencial de hacer sufrir muchísimo… y también de convertirte en un dios inmortal durante un rato.

Todo lo importante lo hacemos por amor…

En mí caso, sí, es mi perdición. Por suerte hay gente más lista y sensata por el mundo.

En tu diario y en otros libros reflexionas sobre la elegancia. En ‘También esto pasará’ dices que la ligereza es una forma de elegancia y que vivir con ligereza y alegría es dificilísimo. En ‘Las palabras justas’ comentas que la elegancia es una mezcla de bondad, inteligencia y generosidad. La verdadera elegancia no tiene nada que ver con la moda, con la ropa, con el dinero, ni con lo bonito, sino con la humildad, la sencillez, la alegría discreta…

Sí, también con la capacidad de hacer feliz a la gente que quieres. Eso es el colmo de la elegancia, creo yo. 

Ana María Matute fue la primera escritora que tu madre, Esther Tusquets, contrató para la Editorial Lumen allá por el año 1959. Cuando Ana María se hartaba del mundo, se encerraba en un mutismo que le duraba semanas. ¿Cómo crees que verían ellas hoy esta época de ruidos, prisas, agitación, exhibicionismo y post-verdad?

Bueno, no hace mucho que murieron, fueron bastante partícipes de esta época nuestra. Algunas de las últimas novedades les gustarían y otras, no, supongo. En cualquier caso, ambas eran demasiado inteligentes, vitales y tenían demasiado sentido del humor para caer en el catastrofismo, en el “cualquier tiempo pasado fue mejor”. Qué pena que no estén. 

Cuenta Esther Tusquets en ‘Confesiones de una editora poco mentirosa’ que le pediste que escribiera ese libro para que contara “las pequeñas anécdotas que constituyen la vida cotidiana de una editorial”. Tu madre te decía que de las cosas interesantes que podías hacer, dedicarte a ganar dinero era la menos apasionante de todas. ¿Cuáles fueron sus pasiones menos conocidas?

Pues no tengo ni idea. Mi madre amaba los libros, los perros, el mar, el juego… No sé si tenía pasiones secretas, a una hija no se las cuentas, ¿no? Ojalá tuviese muchas.

Una de las primeras muertes que te marcaron fue la de tu compañera de colegio, Gema, a la que has dedicado una novela. Hay ausencias de las que no nos recuperamos nunca…

Hay ausencias que nos acompañan siempre, sí. Afortunadamente; si no, estaríamos muy solos.

Uno de los diaristas que más te gusta es Jules Renard, que escribe en su ‘Diario’: “El hombre verdaderamente libre es el que sabe rechazar una invitación a cenar sin dar excusas”. ¿Estamos cuidando nuestra libertad?

(Risas). ¡Qué buena frase! No la recordaba. Tiene toda la razón Renard, lograr hacer lo que te dé la gana sin dar explicaciones ni justificarte es toda una conquista. Para ser libre te tiene que importar un pepino lo que los demás piensen de ti y, por desgracia, cada día nos importa más.

¿Cómo se llega a la verdad?

Como escritor, trabajando, trabajando y trabajando, y sin ninguna garantía de éxito. Como individuo, pues no lo sé, poco a poco.


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