Comienzan a vislumbrarse los confines de la Vía Láctea 

El grueso de creación de estrellas en la Vía Láctea ocurre a unos 40.000 años luz del centro galáctico.

La Vía Láctea es la galaxia en la que se domicilia el Sistema Solar y, por tanto, la Tierra. Es algo conocido por todos, pero algunas dinámicas de nuestro contexto galáctico son más difusas. Entre ellas, sus límites exactos. Sin embargo, comienzan a dilucidarse, gracias a una investigación publicada en la revista académica ‘Astronomy and Astrophysics’, en la que ha participado un equipo científico auspiciado por la Universidad de Malta y conformado por investigadores de primer nivel. Algunos de sus nombres son Karl Fiteni, Stuart Robert Anderson, Víctor. P. Debattista, Joseph Caruana, João A. S. Amarante, Steven Gough–Kelly, Laurent Eyer, Leandro Beraldo, Tigran Khachaturyants o Virginia Cuomo.

Estos especialistas han encontrado las claves para definir las fronteras de la Vía Láctea. Han cifrado la distancia del borde entre 11,28 y 12,15 kiloparsecs, lo que supone unos 40.000 años luz, por lo que el diámetro total galáctico puede alcanzar hasta unos 100.000 años luz. Aseguran que la piedra angular para haber conocido estas informaciones se halla en la edad de las estrellas, pero también en el comportamiento de la formación estelar, que varía según sea la distancia existente al centro del conjunto.

Y para llegar a dichas conclusiones, los mencionados científicos han realizado un trabajo ingente. Tuvieron que analizar más de 100.000 astros de gran tamaño, gracias a los datos brindados por el telescopio Lamost, el espectrógrafo Apogee y el satélite Gaia. De la mano de estas informaciones, y de simulaciones avanzadas sobre la evolución de la Vía Láctea, los investigadores consiguieron “trazar el perfil de edades estelares en la galaxia”.  Así, “Gaia está cumpliendo su promesa, ya que, al estar combinando sus datos con espectroscopias terrestres y simulaciones de galaxias, nos permite descifrar la historia de la formación de nuestro contexto galáctico”, expone Lauren Eyer, coautor del estudio y miembro de la Universidad de Ginebra, en Suiza.

Tras el análisis de los datos, se obtuvo un resultado que llamó la atención a los expertos. Si se apartaban del centro galáctico, las estrellas eran más jóvenes, aunque sólo hasta cierta cota. A partir de la misma, y al aproximarse a los límites de la Vía Láctea, los astros volvían a envejecer. De esta forma, se distinguía que el grueso de creación de estrellas en la Vía Láctea ocurre a unos 40.000 años luz del centro galáctico. “Ese punto marca el final de la juventud productiva de la galaxia y el comienzo de las zonas periféricas, donde las estrellas ya no nacen, sino que migran desde el interior”, explican los investigadores. Por tanto, la frontera de nuestro contexto estelar se encuentra marcada por “una reducción brusca en la eficiencia de aparición de los astros”, añaden en el estudio, publicado recientemente.

Como consecuencia, a partir de este enclave, la presencia de estrellas jóvenes se reduce, por lo que la mayoría de las existentes desde esa línea se definen por haber sido desplazadas  a causa de procesos internos galácticos. Una situación que responde a un patrón en forma de U, donde, en las regiones centrales de la Vía Láctea, “la abundancia de gas y polvo, en épocas tempranas, propició la rápida formación de estrellas”. Las mismas que, en la actualidad, son las de mayor edad y que se encuentran más alejadas del centro. Pero, ¿por qué se acaban desplazando hasta los límites galácticos? Entre las razones que explicarían este fenómeno se encontraría la influencia de la barra central de la galaxia, “una estructura alargada de estrellas y gas que podría acumular material en ciertos radios y frenar la formación más allá del borde”.

A mayor lejanía del centro galáctico, la densidad de gas se reduce, por lo que la creación de astros también es mucho más escasa. Una situación que señala el fin de la región activa de formación estelar y, en consecuencia, el principio de la terminación de la Vía Láctea. Una circunstancia que ocurre a una distancia de entre 35.000 y 40.000 años luz del núcleo de la Vía Láctea, momento en el que ya no existen estrellas jóvenes. “Los datos disponibles nos permiten obtener edades estelares cada vez más precisas, que se convierten en herramientas poderosas, inaugurando una nueva era de descubrimientos sobre nuestra galaxia”, subraya Joseph Caruana, uno de los responsables de la investigación.

Hay que tener en cuenta que, en los contextos galácticos, no se crean estrellas uniformemente en sus discos, sino que, con el paso del tiempo, crecen hacia afuera del conjunto. “La creación de los astros comienza en las regiones centrales de las galaxias y se extiende de manera gradual hacia el disco exterior, a lo largo de miles de millones de años”, indican los astrónomos. Un modelo que también se ha observado en nuestro contexto galáctico. Sin embargo, sólo sucede hasta un punto determinado, que corresponde con los 35.000–40.000 años luz ya mencionado, momento a partir del cual comienzan a envejecer, creando el ya referido patrón en forma de U y marcando los confines de la galaxia.

Así, se encontraría el proceso de “migración radial”, por el cual “las estrellas se alejan lentamente de sus lugares de origen al interactuar con ondas espirales que viajan por la galaxia, y que marcarían los espacios más alejados de la galaxia. “En astrofísica, utilizamos simulaciones con supercomputadoras para identificar los mecanismos físicos responsables de las características que observamos en las galaxias. En este estudio, hemos demostrado cómo la migración estelar moldea el perfil de edad del disco y hemos identificado dónde termina la región de formación estelar”, añade João As Amarante, otros de los responsables de la investigación y perteneciente a la Universidad Jiao Tong de Shanghái.

En este sentido, “otro punto clave sobre las estrellas en el disco exterior, y que las distingue del resto, es que están en órbitas casi circulares, lo que significa que tuvieron que haberse formado en el propio disco galáctico”, explica Víctor P. Debattista, otro de los autores de la investigación auspiciada en la Universidad de Malta. “No son astros que hayan sido esparcidos a grandes radios por el impacto de una galaxia satélite”. Por tanto, también forman parte de las dinámicas propias de la Vía Láctea, al haber nacido en su interior, aunque ahora se integren en sus partes más periféricas.

El porqué del desconocimiento de los confines de la Vía Láctea

Pero, ¿cómo es posible que, hasta ahora, no se conocieran los límites de nuestra galaxia? La respuesta es fácil. La Vía Láctea no tiene un fin abrupto. Su disco estelar se desvanece poco a poco, de forma progresiva, en el vacío. “La extensión del disco de formación estelar de la Vía Láctea fue, durante mucho tiempo, una incógnita en la arqueología galáctica. Pero, al mapear cómo cambia la edad de las estrellas dentro del disco, ahora tenemos una respuesta clara y cuantitativa”, comentó Karl Fiteni, autor principal del trabajo recién aparecido en la revista académica Astronomy and Astrophysics.

En cualquier caso, siempre es complicado estudiar nuestro propio sistema estelar. No sólo por encontrarnos en su mismo disco y, por tanto, no tengamos la suficiente perspectiva como para hacernos una idea más general del mismo. Además, las elevadas densidades tanto del polvo como del gas interestelar no permiten contemplar su “estructura global y sus verdaderos contornos”. Una circunstancia que no ocurre cuando los astrofísicos trabajan sobre otras galaxias, ya que las observan “desde fuera”. Una situación que, sin embargo, no ha sido óbice para que la nueva investigación haya permitido conocer los confines de nuestro sistema galáctico, del que ya se han comenzado a definir sus fronteras.

Pero, en cualquier caso, es fundamental comprender,  con más exactitud, los confines de la Vía Láctea, ya que nos permitirá dominar la estructura del Cosmos y avanzar en la comprensión de la evolución galáctica. “La identificación precisa del borde de la Vía Láctea servirá de referencia para futuras investigaciones sobre la formación de estrellas, la migración estelar y la influencia de factores dinámicos y gravitacionales en el desarrollo de las galaxias de disco”, confirman los investigadores. Por tanto, se ha de seguir por este camino, porque una mejor compresión del Universo permitirá un incremento del conocimiento de la Tierra y de nosotros mismos. Una circunstancia que, al fin y al cabo, acabará facilitando avances científicos y construir un futuro más favorable para las nuevas generaciones.

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