¿Cómo ayudan los sumideros de carbono azul en la crisis climática?

¿Cómo ayudan los sumideros de carbono azul en la crisis climática?

El río Guadalete en la provincia de Cádiz / Proyecto LIFE Blue Natura.

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Buscar mecanismos de compensación entre los que emiten dióxido de carbono y la conservación de la naturaleza es lo que pretende el Proyecto LIFE Blue Natura. Este ha permitido cuantificar los depósitos de carbono azul de algunos sistemas marinos y costeros en Andalucía para poder emitir e impulsar un sistema de bonos en el mercado de compensación de emisiones, de modo que las empresas puedan asumir la responsabilidad de su impacto y ayuden a regenerar espacios necesarios y vitales como sumideros de carbono. Pero ¿qué son los sumideros de carbono azul y cómo contribuyen en la crisis climática? Viajamos a la Bahía de Cádiz y el Cabo de Gata (Almería) para entenderlo.

Los principales sumideros de carbono que tenemos en España son nuestros bosques, océanos, las costas, los suelos y también los humedales, que tienen un potencial muy grande de absorber emisiones de CO2.

Cuidar estos sumideros de CO2 comienza a ser una prioridad para paliar los efectos del cambio climático. Los más conocidos por todos son los bosques, denominados de carbono verde, y los océanos, llamados de carbono azul.

Pero existen otros que integrarían los llamados sumideros de carbono azul.

El carbono azul capturado por los organismos que viven en los océanos y en ecosistemas costeros se almacena en forma de biomasa y sedimentos, principalmente en los manglares, marismas de marea y praderas marinas.

A pesar de su papel clave en la mitigación del cambio climático, más del 85% de los humedales de España han desaparecido y el resto de los llamados sumideros de carbono azul están gravemente degradados.

Su situación actual en todo el mundo es preocupante, ya que su desaparición o mala conservación pueden llegar a ser estos también productores de CO2 que van a la atmósfera. Su buena conservación es lo que los convierte en buenos sumideros de CO2.

Se estima que en los últimos años se ha perdido un 67% de los manglares de la Tierra, un 35% de las marismas y un 29% de las praderas de fanerógamas marinas.

Los manglares: Cubren el 0,7% de la Tierra. Y el ritmo de su pérdida se estima que es de un 2% anual. Las emisiones de carbono debidas a la deforestación de los manglares representan hasta el 10% de las emisiones de la deforestación a nivel mundial.

Las marismas: Existen aproximadamente 140 millones de hectáreas de la superficie de la Tierra y han perdido más del 50% de su cobertura global histórica. Se están reduciendo a una tasa de 1-2% por año.

Las praderas marinas: Cubren menos del 0’2% del fondo del océano, pero almacenan aproximadamente el 10% del carbono enterrado en los océanos cada año. Se están perdiendo a una tasa del 1’5% por año y han descendido aproximadamente al 30% de su cobertura mundial histórica.

Estos datos ratifican la importancia del proyecto que ha presentado la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) que recientemente ha dado a conocer los resultados preliminares del proyecto LIFE Blue Natura, un proyecto pionero en Europa, basado en la medición del CO2 capturado en dos ecosistemas acuáticos: las marismas de la Bahía de Cádiz y el Parque Natural Cabo de Gata, en los que el CSIC ha calculado una captura total de más de 107.000 toneladas de dióxido de carbono.

En la Bahía de Cádiz

En la Bahía de Cádiz, este proyecto piloto prevé intervenir en la recuperación de marismas repartidas en tres zonas diferentes entre los términos municipales de El Puerto de Santa María y Puerto Real: en el margen norte del río Guadalete (155 hectáreas), en una zona de las salinas de San Carlos y San Jaime próximas al río San Pedro (34’5 hectáreas) y en Las Aletas (210 hectáreas). El total de las actuaciones está presupuestado en 403.235 euros y en un plazo de 50 años se proyecta una captura total de 106.367 toneladas de CO2 a través de un sistema de restauración.

La restauración de estas marismas de Cádiz, ya no explotadas debido a su abandono para la generación de sal, les permitirá tener una segunda oportunidad, cuidando el medioambiente y ayudando a la captura y retención de CO2 ya acumulado en sus fondos.

Debido a la disminución de las mareas se necesita una restauración para que el ecosistema esté vivo. “Cuando estos pozos de carbono azul o sumideros naturales de carbono se alteran o dañan, gran parte del CO2 que tienen almacenado sale a la atmósfera y se suman al resto de emisiones. Por lo tanto, proteger y restaurar los hábitats costeros es una buena manera de mitigar el cambio climático, porque pueden llevar a cabo su función de absorción y almacenaje de carbono azul”, explicó Miguel Ángel Mateo, investigador del Centro Español de Investigaciones Superiores (CSIC) y participe en el proyecto.

Salinas próximas al río San Pedro en Cádiz / Proyecto LIFE Blue Natura.

Para llevar a buen término este proyecto se contempla la creación de un mercado voluntario de emisiones de carbono azul. Las empresas tendrán aquí un papel fundamental que ayudaría a mantener este sumidero en buen estado. Este proyecto de la Bahía de Cádiz permitirá a los inversores privados compensar 106.367 toneladas de CO2 durante los 50 años de periodo de permanencia del proyecto a través de bonos de carbono en el mercado.

Es un proyecto económicamente ambicioso, con un presupuesto de 345.042 euros que actuará sobre una superficie de 365 hectáreas. Por su capacidad de secuestro y almacenamiento de carbono, los sumideros de carbono azul han empezado a ser considerados en las estrategias de mitigación del cambio climático por la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC). Este paso es fundamental para su inclusión en los mercados de carbono, y así fomentar acciones para su conservación, mantenimiento o restauración.

El delegado territorial de Desarrollo Sostenible de la Junta de Andalucía, Daniel Sánchez Román, asegura que habrá procesos de verificación, el desarrollo del primer estándar y el registro de huella de carbono en el que las empresas dejan constancia de sus emisiones para participar en este sistema de compensación. El papel de la Administración –la Junta de Andalucía– será reglar todo el proceso y dar seguridad jurídica al sistema. La Ley Andaluza del Cambio Climático que se aprobó en 2019 dará cobertura al Sistema Andaluz de Compensación de Emisiones (SACE) y en su catálogo de proyectos recogerá los “sumideros de carbono” en un apartado específico con el objetivo de incluir la conservación y restauración de, entre otros ecosistemas, praderas de fanerógamas marinas y de marismas de marea.

La coordinadora del LIFE Blue Natura de la Junta de Andalucía, Soledad Navarro, afirma: “El proyecto tiene voluntad de ofrecer herramientas y no se va a quedar solamente en mejorar el conocimiento, para lo que han desarrollado el primer estándar de certificación que establece las normas por las que se podrán regir la empresas que se acojan a la compensación y serán verificadas por terceros”.

Punto importante ya que la comercialización con el carbono generado por las empresas no siempre cuenta con transparencia. Así que los responsables del proyecto opinan que con la creación de estos bonos para las empresas ayudarán a compensar mediante su compra la degradación de ciertas zonas y a ellas avanzar en la neutralidad de emisiones.

Por su parte, la responsable del programa de Biodiversidad Marina y Economía Azul de UICN-Med, y responsable científicas de este LIFE, María del Mar Otero, indica: “Los ecosistemas costeros, humedales, marismas y praderas marinas en España juegan un papel fundamental en la lucha contra el cambio climático como sumideros de carbono y como potenciales fuentes de emisión si se degradan”. María del Mar Otero, tras cinco años de investigación, ha expuesto la necesidad de esta iniciativa, “ya que se restaurará su vegetación y se mejorará el flujo marino y las condiciones salinas de este humedal costero”. Ayudando a mantener y aumentar su ya rica biodiversidad.

Aunque la biomasa de los organismos responsables de la formación del carbono azul es muy inferior a la de los organismos responsables del carbono verde, se estima que aquellos absorben anualmente casi la misma cantidad de carbono que los organismos fotosintéticos terrestres, por lo que representan sumideros de carbono extremadamente eficientes y eficaces. A pesar de los beneficios y servicios que ofrecen estos ecosistemas costeros, se encuentran entre los más amenazados de la Tierra. Muchos expertos comienzan a incluir en este grupo a las macroalgas.

Estos ecosistemas retiran CO2 a través de la fotosíntesis y, además, una gran parte de ese carbono absorbido queda enterrado bajo su suelo, donde queda durante cientos o miles de años.

En el Cabo de Gata

Según los impulsores del proyecto Life Blue Natura, en Andalucía se está desarrollando otro foco de actuación en el Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar y ya hay empresas “muy interesadas” en este sistema de compensación de emisiones. El proyecto de Cabo de Gata tiene como finalidad la restauración y conservación de las praderas de Posidonia oceánica en un área de 11 hectáreas. La Posidonia destaca por su capacidad de almacenamiento albergando stocks de carbono acumulado durante miles de años.

“Tenemos un exceso de CO2 antropogénico en la atmósfera acumulándose a un ritmo de cuatro gigatoneladas cada año y estamos siendo capaces de devolver, en menos de dos siglos, lo que la naturaleza había retirado en cientos de millones de años. Nos interesa por tanto hablar de aquellos ecosistemas donde las entradas de carbono son muy superiores a las salidas. Si es lo contrario, serían sistemas en erosión como la Posidonia, que ha sido destruida y está liberando muchísimo carbono”, afirma Miguel Ángel Mateo.

En el Parque Natural del Cabo de Gata, con grandes hábitats en los fondos costeros en estas praderas, los científicos han detectado que uno de los causantes de su degradación a lo largo del litoral es el fondeo libre que utiliza sistemas de anclaje que dañan estas praderas. Estas pueden almacenar hasta 4.530 toneladas de CO2. La restauración de este ecosistema permitiría capturas 645 toneladas de CO2 durante los 50 años de permanencia de este proyecto.

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