Cómo llenarte la cabeza de pájaros (de los que viven justo a tu lado)

Cómo llenarte la cabeza de pájaros (de los que viven justo a tu lado)

Un grupo de niños sigue las explicaciones de Javier Rico en una de las salidas ornitológicas de Aver aves.

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Con frecuencia las grandes ideas surgen de manera inesperada. Se enciende una luz en nuestra cabeza y ahí está, algo que estábamos buscando aunque no lo sabíamos. Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos, que diría Cortázar. Algo así es lo que le ocurrió a Javier Rico con ‘Aver Aves’, impulsor junto a María Luisa Pinedo de este proyecto que trata de acercar al mundo escolar las aves, las más cercanas, las que comparten con nosotros los parques y jardines de la ciudad, en este caso Madrid. A esta iniciativa va dedicada nuestra ‘Área de Descanso’ de hoy.

“Fue una especie de epifanía. Corría el año 2004 y estaba escribiendo un reportaje para una revista, de 25 páginas, sobre las aves de España. Como aquí tenemos aves para aburrir, llega un momento en el que te preguntas con qué empiezas el texto. Recuerdo que esa mañana, en Carabanchel, donde vivo, llovió copiosamente. Me asomé y vi que en el tejado de enfrente se había creado un importante charco, con algo de barro. A su alrededor se fueron acercando diversas especies de aves, primero gorriones, unas lavanderas, unas urracas que sentían curiosidad por ver lo que pasaba por allí, unas palomas más atrás, golondrinas. Y me dije: soy afortunado, quizás soy la única persona del barrio que está disfrutando de esto, de este momento tan especial. Esta escena me llamó mucho la atención, fue como un clic. Y pensé que tenía que contarlo, no solo en el reportaje, sino en persona”.

Javier Rico, veterano periodista ambiental y compañero de El Asombrario, nos cuenta esta experiencia por zoom, como invitado del curso sobre Escritura de Naturaleza que imparto cada año en el Taller de Clara Obligado. Para escribir sobre la naturaleza no hace falta irse a una cabaña y vivir allí más de dos años, como hizo Thoreau, un referente de esta corriente literaria, figura ineludible del ecologismo moderno y de la desobediencia civil. En realidad, basta con saber mirar la naturaleza que nos rodea, afilar nuestros ojos para ver los pájaros, los árboles y animales con los que compartimos el espacio. Y convertir esa mirada en universal. No se puede amar lo que no se conoce. Conocer la naturaleza, sí, escribir sobre ella, sí, pero para defenderla. “Nos dedicamos a leer y traducir como locos / nature writing / ¡Qué bueno tener por fin que a John Muir / y Terry Tempest Williams en español! / Con transformar el mundo / y cambiar la vida ya empezamos / otro día, si acaso…”, escribe Jorge Riechmann en Z (Huerga y Fierro). De ahí que me pareciera tan importante la presencia de Javier Rico en el curso para hablarnos de un proyecto que tiene mucho que ver con conocer el entorno natural, pero para transformar la sociedad.

Javier Rico es un gran comunicador, no solo en el papel, también con una voz que se emociona cuando habla de las grullas que atraviesan el cielo de Madrid en sus migraciones hacia Gallocanta, por ejemplo, o al describir “las caras ojipláticas de niños y profesores” cuando los lleva a conocer las aves de los parques cercanos. “¿Este es el pájaro que canta por las mañanas?, me preguntan. Un mirlo con el pico amarillo en el que no se habían fijado hasta ese momento”, nos cuenta, también con los ojos bien abiertos.

Le conozco desde hace años y siempre ha llevado el pelo largo, antes negro y ahora blanco, canoso, como raíces que salieran de su cabeza y lo enlazaran con la tierra y el cielo sobre el que tanto ha escrito desde 1989, cuando publicó su primer artículo. Miles de artículos en más de 60 medios. Y siempre, siempre, sobre naturaleza y medioambiente. “Nunca he escrito sobre otra cosa”, se enorgullece.

Aunque la idea de Aver Aves surgió en 2004, tardó en tomar cuerpo. “Al principio trabajábamos de forma altruista. Íbamos donde nos llamaban, siempre que podíamos. Y vimos que la experiencia nos llenaba, como pocas cosas. Descubrir un mundo no solo a los niños, también a los profesores”. Pero todo cambió con la crisis de 2008, momento en el que el periodismo (y el ambiental en particular) entró en caída libre. Empezó a ser difícil pagar la hipoteca con las colaboraciones. Un amigo les animó entonces a cobrar por el trabajo que estaban haciendo. “¿Y si montamos esto de Aver Aves a nivel profesional?, nos preguntamos. Le dimos vueltas y más vueltas. Necesitábamos una mínima infraestructura para comenzar (prismáticos, una web, folletos informativos…) y se nos ocurrió hacer un micromecenazgo entre amistades y familiares para comprar el material. Fue sorprende porque todas, y recalco el femenino, nos apoyaron. El 12 de diciembre de 2012 salimos por el Retiro con el primer grupo, el colegio Nuestra Señora de la Almudena”.

Al principio costó enganchar a los colegios e institutos, pero la experiencia ha ido entusiasmando a los padres y profes hasta el punto de que ahora son muchos los centros educativos que repiten. Ya no tienen que llamar a su puertas para proponerles esta experiencia novedosa, y única, de aprender cuáles son las aves que comparten el cielo con nosotros, que habitan los parques a los que vamos. Son ellos los que los reclaman cada año.

Desde su doble condición, de periodista y educador, Javier Rico opina que el trabajo que hay que hacer en este último campo es aún mayor que en el periodismo. La crisis climática ha situado el debate sobre planeta en la agenda política e informativa, pero en los centros educativos aún no se plantea trabajar el medioambiente desde un punto de vista transversal, como uno de los ejes que debería recorrer la educación de los niños y adolescentes.

Identificar las aves, conocer su hábitat, por qué está cambiando, cómo les está afectando el calentamiento del planeta, por qué el tiempo se acorta cada vez para tratar de conservar el planeta que hemos heredado. A ver aves va de todo esto. Es uno de esos pequeños pasos para lograr que, tal vez, quizás algún día lejano, se cumpla el sueño que Jorge Riechmann comparte con nosotros en uno de los poemas de Z: “Si fuera posible / encontrar dónde vivir / sin hacer daño ni hacerse daño”.


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